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Bueno, ya os habréis enterado todos de que no podréis jubilaros hasta los 67 años. En el ámbito político, lo de siempre: el Gobierno hecho una piña, la oposición oponiéndose a la medida, más que nada por la inercia del no-a-todo, ya que imagino que los populares se habrán alegrado de que nos joroben la vejez más incluso que los socialistas (la cursiva es intencionada en ambos casos). Los sindicatos, por lo que se ve, han montado una campaña informativa (sic) «de rechazo a que la edad de jubilación se incremente en dos años». A veces me da la sensación de que me comporto con los sindicatos como con los vendedores de enciclopedias: me da cosa ir a darme de baja o dar orden al banco de que no les paguen más cuotas, por el interrogatorio indefinido al que me pueden someter, haciéndome sentir culpable de delito contra mi clase… No sé. Solo se me ocurre pensar que sin jubilación hasta los 67, con la mitad de parados y sin inyecciones a los bancos le montaron a Aznar una huelga general. Ya, ya sé que todos estáis pensando lo mismo, pero lo cierto es que la culpa es nuestra: no vamos a darnos de baja, y siguen haciendo de las suyas. Como me repiten mucho últimamente por cuestiones que no vienen al caso, más vale una vez colorado que ciento amarillo.
Creo que en las próximas elecciones el Partido Popular no presentará candidatura. No, no me he vuelto loco, creo que es lo lógico. Después de todo, la derecha liberal (en un mundo tan hipócrita como este, es necesario usar la cursiva constantemente), ¿qué es lo que pretende? Que el mercado se mueva a su antojo, obteniendo un máximo de beneficios, sin reparar en la situación de la masa trabajadora ni lindezas por el estilo. Eso ya lo está haciendo el Partido Socialista Obrero Español: inyecciones a los bancos, trabajar hasta más tarde, recorte de gasto social, contención de sueldos, rebaja de impuestos —menos para los de abajo, claro—, las SICAV intocables, aprobar EREs por un tubo, la necesaria reforma del mercado laboral, o dicho sin eufemismos: despido más barato y mayor inseguridad en un puesto de trabajo. Si la derecha consigue todo lo que necesita estando en la oposición, ¿para qué van a invertir el dinero y el esfuerzo necesario en unas elecciones? A no ser por cierto narcisismo, del que nunca están libres los políticos, no le veo sentido. Así que creo que avanzamos hacia un sistema democrático de partido único. Sí, el consabido PPSOE.
He insistido varias veces en que el gran triunfo de los poderes no democráticos, esto es, los ajenos a la voluntad de la gente, como grandes empresas, religiones y partidos políticos, es el hacer que la gente crea que decide. Nos han convencido a casi todos de que la democracia consiste en depositar un papel en una urna una vez cada cuatro años y el resto preparar nuestros orificios para que sean profanados, intentando paliar el dolor en medida de lo posible. Eso creemos: ponemos el voto en la urna, aguantamos cuatro años contemplando cómo menguan nuestros derechos, y a los cuatro años volvemos a poner el voto en la urna (normalmente, ¡ja!, al mismo partido, qué miedo, no vayan a salir los otros).
Dicen que el que no vota no tiene derecho a protestar ni opinar. Y yo les digo, con perdón de los palabros: que os den por donde amargan los pepinos. Vosotros, que votáis, y que votáis siempre al mismo partido (sea con unas siglas o con las otras), vosotros que me estáis convirtiendo este país en una dictadura que ríete tú del tío Paco, vosotros sois los que no tenéis derecho a quejaros, yo sí. Vosotros votáis al partido del Gobierno o al principal partido de la oposición, manteniendo la misma situación de siempre, lo hacéis a conciencia y además sabiendo que tanto uno como otro nos va a amargar la existencia, no solo a vosotros, sino también a los que no les hemos votado ni lo haremos, probablemente, nunca. Vosotros, mentecatos, idiotas, palurdos, vosotros sois los que no tenéis derecho a opinar. Yo sí, que yo pago con mi dinero y con mis derechos la imbecilidad que os empuja a colocar en el Congreso siempre a los mismos.
Pero retomemos el tema del principio, que uno empieza a insultar y no acaba. Ya he leído a varios blogueros sembrando el sentido común, apartándonos a nosotros, pobres mortales, de la demagogia y haciéndonos ver que no hay remedio, que tendremos que trabajar hasta los 67 años y que si no el mundo se derrumba. Sus argumentos no parecen rebatibles: cada vez vivimos más y en mejores condiciones (es decir, nuestro período de cobro de pensiones es mayor y además estamos más años en condiciones de trabajar), y además un grupo de iluminados chiripitifláuticos ha dicho que dentro de veinte o treinta años habrá no sé cuántos viejos y no sé cuántos niños a los que será necesario mantener. Hechas las matemáticas, la cosa está muy clara: o trabajamos hasta caer muertos, como en Auschwitz, o moriremos todos de hambre, enfermedades y tsunamis.
Nadie recuerda ya, o se hacen los olvidadizos, de que hace unos veinte años nos salieron con la misma historia: para 2000, ó 2010, ó 2015, no habría gente trabajando en España, esto sería un inmenso y desolado páramo geriátrico donde el único sonido en los parques iba a ser el de los bastones y no el de los balones. Temblad, decían, poneos a procrear como conejos o caerá un meteorito sobre vuestras cabezas.
¿Sabéis qué? Se equivocaron. De repente la inmigración se convirtió en el principal fenómeno social del mundo. Los hambrientos vinieron por millones, literalmente, no hubo más remedio que dar papeles a casi todos ellos en toda Europa, y ocuparon un montón de puestos de trabajo que nadie quería, y se pusieron a cotizar a la Seguridad Social. Este hecho, con el que nadie contaba, hizo que las predicciones de los iluminados tuviesen el mismo valor que las de Aramís Fuster. ¿Quién sabe qué pasará dentro de veinte años? ¿Hace veinte años pensábamos que más del 10% de la población española tendría origen extranjero, y que todos los colegios estarían colmados de sus hijos? Claro que no. ¿Qué pasará dentro de veinte años? ¿Quizá el mundo será un modelo matemático fijo y calmado, donde no hay más que hacer tres o cuatro sumas y ya sabemos qué pirámide de población vamos a tener? ¿O pasará algo inesperado? Tal vez el cambio climático nos convierta a todos los europeos en emigrantes, quién sabe. Tal vez se empiece a arreglar y a democratizar el tercer mundo, ya que el primero avanza con paso firme hacia la pérdida de libertades y derechos. Tal vez Arabia Saudí compre Europa y nos pague la jubilación a todos a cambio de no sé qué. ¿Quién puede saberlo?
Tal vez el Gobierno de España, sea el que sea, y si no dejáis de hacer el tonto cada cuatro años seguirá siendo el mismo (PPSOE), decida articular un estado algo más racional, donde los gastos administrativos no se vean duplicados o triplicados por las ansias de poder y de figurar de cuatro gerifaltes autonómicos; tal vez despidan a los chorrocientos altos cargos que nos cuestan tantos millones y no parecen hacer nada; tal vez las SICAV comiencen a cotizar a, digamos el 50% que les corresponde, y no al 1% actual, y tengamos superávit en las cuentas del Estado; tal vez se decida actuar firmemente contra el fraude fiscal y entre dinero a espuertas en Hacienda, en lugar de destinar tantos recursos a inspeccionar mi declaración (yo, funcionario, que soy de sota, caballo y rey) del derecho y del revés; tal vez implementen un sistema impositivo más razonable y todo el mundo pague lo que debe; tal vez… tal vez dejen de decirnos de una puñetera vez que nos hagamos a la idea de que cada vez iremos perdiendo más derechos, y nos cuenten que la idea es otra, que la idea que tenemos de que el mundo progrese es que nuestra calidad de vida y de trabajo vayan avanzando en lugar de retroceder. Tal vez abandonemos la idea de que estamos en el mundo para entregar nuestros mejores años a Zara, BBVA, General Motors, Telepizza, y nos hagamos a la idea de que son ellos los que nos tienen que pedir permiso para dar un paso, y que la política, la economía y las vidas de la gente no tienen que moverse al albur de sus capitales, no, que son ellos los que tienen que adaptarse a la vida de la gente, y no la vida de la gente a sus necesidades depredadoras.
No, yo tampoco creo que ocurra el párrafo anterior.