Ars longa, vita brevis

Carta a mi sobrino

9 de November de 2015

¡Hola, Elías!

Son las 15:47 del 9 de noviembre de 2015, y existes desde hace aproximadamente 24 horas. He decidido escribir esto ahora porque, una vez pasada la locura que ha envuelto todo el asunto de tu nacimiento (hoy es lunes, y nos tuviste en el hospital desde las 5 de la madrugada del domingo; tu madre y tú seguís allí) quiero contarte unas cuantas cosas antes de que empieces a darnos trabajo y los sentimientos se mezclen y diluyan.

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Mi idea es que leas esto cuando tengas, no sé, entre quince y veinte años. Quizás podamos comentar esto juntos, yo espero que sí; calculo que a esa edad ya serás tan maduro como para comprenderlo. Me paro un momento a pensarlo y será el año 2030 o el 2035, y sé que a ti no, pero a mí ahora mismo me parece increíble, como de ciencia ficción.

No sé cómo serás en este momento, aunque, como conozco a tus padres, estoy bastante seguro de que serás alto y guapo. No obstante, sabes que tu tío no suele juzgar a la gente por sus apariencias (sobre todo porque yo no soy ninguna de las dos cosas). Espero que aún conserves y toques la guitarra que te regalaré dentro de tres o cuatro años. O quizás no, pero no me importa, con tal de que toques algún instrumento, o estés disfrutando de la música de alguna u otra manera. A tu padre le vuelve loco Queen, y es una opción que apruebo (el entendido en música de la familia soy yo, no importa lo que te hayan dicho). Cuando subía hacia el hospital para conocerte, en mi coche tenía puesta música en modo aleatorio, y comenzó a sonar Move, del gran Miles Davis, aunque a la gente en Facebook (pregúntame lo que era, y te lo contaré) le dije que estaba sonando Dedicated Follower of Fashion, de The Kinks, que fue la segunda, porque sé que tendrás estilo.

También te compré un alce de peluche minutos antes de encontrarme contigo en una tienda de cosas de bebés que había enfrente del hospital, y también espero que lo conserves, aunque creo que ya no dormirás con él.

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¿Te acuerdas de Nicky? La tengo sentada ahora mismo sobre el regazo. Ayer no se tomó muy bien eso de no ser ya la más pequeña de la familia, pero hablé con ella y ha comenzado a entenderlo.

Espero que ahora mismo seas al menos la mitad de feliz de lo que nos estás haciendo a todos desde que nos enteramos de que habías comprado un billete de ida para venirte a vivir con nosotros. Pero hoy no quería hablarte de eso. Hoy quería hablarte del mundo.

Para mí sería alucinante que estuvieses leyendo esto desde Marte o desde cualquier otro planeta, pero a los de la NASA y los de la ESA les andan recortando los fondos, y no lo veo demasiado probable. Así que ahora mismo estarás sentado en algún lugar de la Tierra.

Mientras escribo esto tengo abierta una página web de noticias y estoy leyendo las que me aparecen. Hablan de guerras, calentamiento global, gente que huye de sus países arriesgando sus vidas y mujeres asesinadas por sus parejas. La gente está perdiendo sus trabajos, y a los que los conservamos nos están robando nuestros derechos a una velocidad alarmante.

Me gustaría que ahora mismo tuvieras que llamarme por teléfono para preguntarme qué son esos conceptos, aunque es probable que, por desgracia, los conozcas. A esta edad ya sabes que los grandes problemas requieren de mucho tiempo y esfuerzo por parte de las personas que los quieren arreglar. Acabo de leer, por ejemplo, que en lo que llevamos de 2015, ha habido cerca de 90 asesinatos machistas, solamente en nuestro país (nuestro país, al menos hoy, incluye a Cataluña. Recuérdamelo y lo comentamos). Me gustaría que mirásemos los números de este año y que la cifra de este nos parezca una barbaridad inconcebible. También me gustaría que hablásemos de como todos los países han tomado medidas conjuntas para parar las guerras, el cambio climático, las muertes de personas que intentan mejorar sus vidas. Y de que la gente sigue teniendo derechos.

Porque, desde ayer, entiendo mucho mejor la tremenda importancia y la responsabilidad de seguir intentando hacer de este mundo, cada día, algo un poco mejor. Porque ya no me pertenece. Ahora simplemente lo estoy cuidando para ti. Y quiero que, cuando acabes de leer esto, me preguntes qué es lo que he hecho en estos quince o veinte años para que lo recibas en un estado mejor que el que tiene ahora.

Tu tío.

P. S.: También me gustaría que os pusieseis a trabajar en lo de vivir en Marte. Pero eso ya es responsabilidad tuya. A partir de ahora tú estás cuidando el mundo para otras personas: tus hijos (o tus sobrinos). Ah, y si aún no he dejado de fumar, enfádate conmigo. Son las 16:27. Cuídate.

Una anécdota sencilla

18 de September de 2012

Hoy he terminado las clases a las 14.20, y, siguiendo mi ritual, he encendido un cigarrillo en cuanto he salido por la puerta del instituto mientras caminaba hacia el coche (*). Mi centro es bastante grande, tiene más de mil alumnos, muchísimos de los cuales estaban en la puerta charlando o esperando que los padres los recogieran.

Cuando había recorrido unos cincuenta metros, alguien me ha tocado el hombro. Me he girado y he visto a un chico de unos quince o dieciséis años que no conozco, aunque supongo alumno del centro. Le he preguntado qué quería, y me ha respondido: «Profesor, toma, se te han caído estos veinte euros cuando has sacado el paquete de tabaco del bolsillo».

Y me pregunto cuántos de los adultos que pasan la vida criticando a los jóvenes, inventando etiquetas para ellos (los ni-ni), preguntándose qué futuro nos espera con ellos, me pregunto, decía, cuántos de esos adultos habrían hecho lo mismo.

(Me he quedado tan desconcertado que no he sabido qué hacer. Al principio solo me ha salido darle las gracias y alabar su honradez. Se me ha pasado por la cabeza decirle que se los quedara, ya que, de todas formas, los tenía perdidos, pero he pensado que quizás a sus padres no les hubiese hecho gracia. Ahora lamento no haberle preguntado su nombre para buscar el teléfono de sus padres en la base de datos del instituto y contarles la anécdota, y de paso felicitarlos por poner tanto empeño en su obligación como todos deberíamos poner en las nuestras. Pero ya sabéis que la mejor reacción siempre se te ocurre a toro pasado.)

(*) No, la llamada Ley antitabaco no dice absolutamente nada sobre que esté prohibido fumar a menos de no sé cuántos metros de los centros educativos o de salud, y mucho menos sobre algo tan jurídicamente vago como «inmediaciones».

¿Con ocho basta?

24 de April de 2011

Pues no sé, pero hoy es el octavo cumpleaños de este blog. Llevo tiempo sin escribir, entre trabajo, vacaciones y otras cosas (¿hay otras cosas?), pero aún no tengo pensado echar el cierre. Para que no os olvidéis de mí, os dejo con unas cuantas fotografías que he hecho esta Semana Santa en Málaga. Y si queréis ver el set completo, pasaos por mi página de Flickr. Saludos para todos, gracias por estar ahí, y oye: ocho años nada más que se cumplen una vez. A comentar todo el mundo.

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Last time

11 de April de 2011

Estaba haciendo una reserva de hotel en la web lastminute.com (no voy a poner el enlace, ya que no lo recomiendo; el que quiera ir, que escriba la dirección) cuando me encuentro con esto:


La rectilínea flecha es mía.

Por supuesto, la casilla esa viene por defecto sin marcar. Una jugada de estos señores para que, si no haces nada, te llegue a tu correo su spam. Sí, es cierto que hay que leer todo lo que se firma, se marca o se deja de marcar, pero menuda maniobra barriobajera y picaresca (y eso que la empresa no es española) para hacer negocio: lo normal es marcar algo si te interesa, pero en este caso, es al revés. Al igual que sucede con otra gran compañía, si quieres que dejen de molestarte, debes tomarte tú la molestia de hacer algo. El fastidio al ciudadano viene por defecto; que te dejen tranquilo es un extra.

Last time, Lastminute. Conmigo no contéis más.

Pero ¿dónde estamos ahora?

23 de February de 2011

El 23 de febrero de 1981 yo contaba seis años recién cumplidos, así que no voy a inventarme recuerdos de preocupación o lucha antifascista, como parece que hacen otros, que siendo casi niños de teta por lo visto ya militaban en la clandestinidad. Tengo, sin embargo, en la memoria imágenes nítidas del día, que solo años después he logrado contextualizar. El vecino de arriba, guardia civil retirado, se enfundó un uniforme que conservaba en algún armario y bajó a la calle; siempre he querido creer, y lo creo, que su actitud respondía a la intención de proteger, llegado el caso, a los vecinos del portal. Mi hermano y yo —mi hermana no llegaba al año de edad— preguntamos por qué ese día no podíamos salir a la calle a jugar con nuestros amigos, y mis padres nos dijeron que había una especie de desfile y que habría demasiada gente. A esa edad tus padres no mienten, así que coló. Hoy me ha confesado mi madre que nunca, en su vida, han pasado tanto miedo como ese 23 de febrero. Ya vivíamos en Melilla, donde hasta hace un par de años había en un cuartel una placa que conmemoraba el levantamiento militar de 1936, que en esta ciudad se produjo un día antes que en el resto de España. Comprenderéis que, aquí, uno sabía que o apoyaba o no se libraba, y mis padres no apoyaban.

Todos los políticos del Parlamento, que por lo visto fueron incansables luchadores contra el régimen de Franco —el cual, curiosamente, ni se enteró; quizás la lucha podría haberse hecho al modo tunecino, egipcio o libio, y no al del disimulo¹—, por primera vez en su vida sintieron miedo, y se escondieron bajo sus escaños. No les voy a afear su cobardía. Yo tampoco soy un héroe, y probablemente habría hecho lo mismo. Claro, que por eso no me meto a político. Si me creo tan importante como para merecer todo lo que se me dé, quizás debería demostrar merecer mis sueldos, dietas y exenciones de impuestos, y estar, por mis electores y mi democracia, no solamente dispuesto a cobrar, sino también a morir. No vivimos, ya, en tiempos de Troya.

¿Todos los políticos? No. Tres demostraron ser hombres, en el sentido menos machista y más antropológico de la palabra: Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado. Suárez, tal vez, pensó que la vergüenza de haberse ocultado habría sido más insoportable que la propia muerte, y si es así, le doy la razón. Carrillo pensó, con buen criterio, que iba a ser de los primeros en ser pasados por las armas, así que decidió que, si de todas formas lo iban a matar, no lo iban a sacar de un agujero como a una rata. Decisión lógica e inteligente, pero no exenta de la intervención de unos testículos como los del caballo de Espartero.

El capitán Gutiérrez Mellado, un anciano arrugado de 68 años, no solamente no se sentó, sino que se dirigió sin titubear a los atacantes para que depusieran su actitud, y no cejó hasta que lo sentaron a culatazos. Eso, perdonadme, sí son huevos.

¿Dónde estabas tú el 23-F? Es la pregunta del día, como cuando preguntaban a nuestros padres dónde estaban cuando Armstrong pisó suelo lunar, o cuando The Beatles actuaron en el programa de Ed Sullivan.

Mi pregunta es otra: ¿dónde estamos ahora? Después de la intentona golpista, sucedió la manifestación más multitudinaria de la historia de nuestro país (exceptuando esas por «la familia tradicional», que congregaron a miles de billones de ciudadanos en Madrid contra el matrimonio homosexual). ¿Para qué se hizo? Para que no mandaran los militares, claro, sino nosotros.

Pero ¿quién manda hoy? Se nos bajan los sueldos, se despide a gente a precio de rebajas, se congelan pensiones, se eliminan prestaciones, órganos políticos y no judiciales podrán cerrar nuestras páginas web, las empresas registran beneficios históricos mientras el poder adquisitivo de las familias desciende, trabajaremos más años para cobrar menos pensión… ¿sigo? ¿Quién manda hoy, treinta años después del golpe frustrado? ¿Mandan los ciudadanos? ¿Esas reformas son las que hemos pedido y demandado, las que necesitamos? ¿O manda el Banco de Santander, el lobby de entidades de gestión, la diplomacia estadounidense, el Fondo Monetario Internacional? ¿Quién ha tomado esas decisiones? Si no recordamos dónde estábamos el 23 de febrero de 1981, tal vez seamos unos desmemoriados, pero si no recordamos en qué encrucijada nos encontramos hoy, somos unos peligrosos inconscientes.

Quedan 87 días. No les votes.

(1) No niego, porque es innegable, que hubo miles de represaliados durante la dictadura del general Franco, gente que padeció exilio, cárcel, torturas y muerte por su oposición al régimen. Sí niego que la mayoría de los políticos en activo que hoy se dan golpes de pecho, y obtienen buenos beneficios de nuestra democracia, hicieran demasiado. En el mejor de los casos, nada; en el peor, eran beneficiarios de los privilegios que otorgaba el ser adictos, ellos o sus familias. Sí, tanto los de un lado, como los del otro.

Fe-licitación

14 de February de 2011

Bueno, me sentiría así si la única felicitación que hubiese recibido hoy hubiera sido la de un foro de Internet… Por suerte, no ha sido el caso, y da gusto cumplir años si es de esta manera. Algunos de los que leéis La Lengua me seguís en Facebook o en Twitter; a los que no, en este post os hago partícipes de mi alegría. Gracias por estar ahí.

En Twitter

24 de January de 2011

Bien, ya me di de alta una vez, y acabé borrándome, creo que sin escribir más que uno o dos tweets. Ahora la cosa se pone interesante, con estoy de la Ley Sinde y demás. A ver lo que dura. Estoy, por si a alguien le interesa, aquí.

Ni cuerpo que lo resista

8 de January de 2011

Mi hermano y yo nacimos en Madrid, de donde es mi padre, que a la sazón estaba ocupando su plaza de funcionario en esa ciudad. Poco antes de mi llegada a este mundo, mi madre le hizo a mi padre una propuesta: «Podríamos irnos a Melilla, a vivir con mi madre, que está sola; nos ahorraríamos la casa y además, en Melilla, cobrarías más. Ahora que somos cuatro no nos vendría mal». A ningún hombre le hace gracia la idea de irse a vivir con la suegra, así que mi padre se lo pensó durante unos momentos, sopesó las ventajas e inconvenientes, y al final dijo: «De acuerdo, vámonos a Melilla con tu madre. Después de todo, no va a vivir cien años, ¿no?»

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Epic win! Haz clic en las fotos para verlas a mayor tamaño en Flickr.com.

Feliz cumpleaños, abuela.

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Con cien años, mi abuela ha visto y vivido unas cuantas guerras —y tengo la sospecha de que ha sido causante de al menos tres o cuatro—. Trece partos, trece niños de los que sobrevivieron once, y tres tataranietos, de momento. De nietos y bisnietos uno ha perdido la cuenta.

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Madre, hija y tataranieto. Poco menos de cien años de diferencia entre una y otro.

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Ha llovido desde 1911 hasta hoy. Lo más duro que ha tenido que vivir, por puro imperativo natural, es la muerte de varios de sus descendientes. Como dice mi primo, «Abuela, es que, como tú no te mueres, nos tenemos que ir muriendo nosotros». Y razón no le falta. Por cierto, tranquilos, que parece que el gen responsable de todo esto solo se activa en la parte femenina de la familia. Estoy seguro de que mi abuela heredará mi casa.

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Mi padre, aceptando la derrota con su proverbial elegancia. Mi madre con cara de póker… no sé qué pensar.

Mi padre, para vengarse, hizo que viniera la Tuna, lo que mi abuela soportó con un estoicismo envidiable.

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¡En fin! Ha sido su día, y lo ha aprovechado todo lo que ha podido, porque sabe que no habrá más celebraciones hasta los 120, en que le haremos otra fiesta por todo lo alto (los que quedemos por aquí). ¡Felicidades otra vez!

¿Qué significa esto?

1 de January de 2011

Pues significa que una de mis determinaciones para este comienzo de 2011 es continuar con el blog, esta vez de forma regular. Espero contar todavía con algún lector. Si estáis ahí, feliz año nuevo.

De langostas y bogavantes

5 de December de 2010

En mayo de 2007, ¡hace más de tres años ya!, escribí un post sobre si las langostas sufrían o no al ser cocidas vivas. El artículo fue motivado por tres circunstancias: soy un activista por el trato razonable a los animales, e intento siempre que puedo que no sufran más de lo necesario; no obstante, me encanta comer, y no solo hierbas y hongos, sino también animales, si están ricos; y una serie de artículos que en ese año eran más o menos recientes parecían avalar la teoría de que estos crustáceos no sufren al ser cocinados vivos, al menos con un sufrimiento análogo al que experimentamos los mamíferos. En el post enlazado al principio están los enlaces a los estudios de los que hablo.

Como una suerte de disclaimer, afirmo desde aquí que solo he comido langosta una vez en mi vida, ya que siempre he sido modestamente pobre, y que cuando llegué a la casa donde estaba invitado, el animal hacía ya horas que había pasado a mejor vida. Estaba delicioso, por supuesto, aunque he de decir que disfruto más con otras clases de marisco, como los langostinos o las coquinas. Debo de tener paladar de proletario. Aquí una foto del artrópodo en cuestión, con un individuo de 1,78 metros, para que os hagáis una idea de la escala. Es mi abogado: si alguien quiere denunciarme, que hable con él.

El caso es que, tres años y medio después, el post sigue dando guerra. Hasta el momento lleva 21 comentarios, que han ido llegando regularmente. Esta mañana me ha llegado a la cola de moderación uno tan gracioso que no he podido resistir compartirlo con vosotros:

eso no es una langosta, lo primero, es un bogavante.
las langostas no tienen pinzas, como alguien puede hacer una web sobre langostas y poner un bogavante, si hablas de algo, has de saber de que hablas, poruqe es de ignorante.

Lo tiene casi todo: un punto mínimo de trolleo y de HOYGAN, lo justo para entretener sin ser irritante (lo primero, por el reproche rayano en el insulto; lo segundo, por la ausencia de puntuación y acentuación coherentes, pero ambas cosas, lo justo para divertir sin llegar a ofender) y un estilo de prosa poética, sin mucho ritmo pero con rima interna. Lo firma hxhx, y lo dejo aquí para la posteridad.

Por cierto, efectivamente, observando el dibujo con que ilustré la entrada, parece que el individuo es bogavante, y no langosta. Procede de la Wikipedia en inglés, idioma en que ambos animales se designan con la misma palabra. De ahí la confusión. La escasez de imágenes en la Wiki española —consecuencia, sobre todo, de las leyes de propiedad intelectual en este país— hace que normalmente tire de la versión inglesa para iluminar los posts.

P. S.: Me ha recordado una vieja tira del genial xkcd:

Y es que, cuando el deber llama, los valientes acuden. Sin acritud, en serio.

Hay que comer

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