Ars longa, vita brevis

Esclavos

24 de February de 2016

Artículo dedicado a mis alumnos, de este año y de todos los anteriores.

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Estamos viendo El árbol de la ciencia, del enorme Pío Baroja, en 2.º de bachillerato, y he propuesto a mis alumnos este texto para que lo comenten:

—Hace unos años —siguió diciendo Iturrioz— me encontraba yo en la isla de Cuba en un ingenio donde estaban haciendo la zafra. Varios chinos y negros llevaban la caña en manojos a una máquina con grandes cilindros que la trituraba. Contemplábamos el funcionamiento del aparato, cuando de pronto vemos a uno de los chinos que lucha arrastrado. El capataz blanco grita para que paren la máquina. El maquinista no atiende a la orden y el chino desaparece e inmediatamente sale convertido en una sábana de sangre y de huesos machacados. Los blancos que presenciábamos la escena nos quedamos consternados; en cambio los chinos y los negros se reían. Tenían espíritu de esclavos.

Para que comprendieran a qué se refiere Iturrioz cuando habla del «espíritu de esclavos» he iniciado un pequeño debate sobre si nuestro país debería financiar la sanidad a todos los inmigrantes que se encuentren en él, en situación legal o no, paguen impuestos o no. Los que estaban a favor de dar sanidad a los inmigrantes eran —al menos al principio— minoría en los dos grupos en los que imparto clase. Les he pedido, como siempre, que argumentaran a favor o en contra de una u otra postura. Los alumnos que tengo este curso son gente muy inteligente (aunque, a decir verdad, nunca he tenido un alumno que fuera tonto), y en seguida se han ido definiendo las posturas.

A favor:

  • Son seres humanos.
  • Se les podría dar, al menos, la atención mínima.
  • La mayoría no viene por gusto, sino huyendo del hambre o la guerra.
  • Etc.

En contra:

  • Puede producir cierto «efecto llamada».
  • No han cotizado ni un euro.
  • Puede que sea económicamente insostenible
  • Etc.

Entonces he trazado en la pizarra una línea horizontal y he escrito un par de cosas en ella.

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Dramatización.

Les he preguntado si, en este momento, económicamente, se sienten más cerca de la izquierda de la línea o de la derecha. Han contestado todos que de la derecha, a pesar de que casi ninguno es inmigrante ni hijo de inmigrantes; la práctica totalidad es de nacionalidad española, como Ortega.

Luego les he pedido que imaginaran que tienen todos 50 € y que tienen que apostar. La apuesta es obligatoria. Yo sé ver el futuro, y sé que van a terminar bien como un magnate o bien como un refugiado o un exiliado económico que abandona su país en busca de mejores expectativas. No hay términos medios. Y tienen que apostar a doble o nada. Según su situación actual y como ven las expectativas de evolución de su futuro económico de acuerdo con las posibilidades que les ofrece nuestra sociedad, si tuvieran que apostar obligatoriamente esos cincuenta euros, ¿apostarían a que es más posible terminar como Amancio Ortega o como un exiliado? Y todos –excepto uno que puso la nota de humor— arriesgaron sus ahorros al inmigrante sin nombre ni apellido.

Y esa es la mentalidad de esclavo: preferir que alguien que —aunque tenga otro color de piel— comparte más de su situación con nosotros se quede sin sanidad para que el magnate pueda pagar menos impuestos.

Ya no somos niños

2 de January de 2016

Advertencia: Quien no haya visto aún la película y no quiera conocer detalles importantes de toda la trama —detalles que incluyen todo el metraje—, que deje de leer ahora y espere hasta verla. Escribo este artículo asumiendo que todo el que lo lea ha visto ya esta entrega de la saga.

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Salí de ver El despertar de la fuerza con un enfado evidente. Mi acompañante, que ya la había visto, y yo mantuvimos el silencio hasta minutos después de salir del cine. Tenemos gustos parecidos y él sabía cuál iba a ser mi opinión. Lo que pasa es que gran parte de los fallos de la película tienen su explicación en mí: ya no soy un niño.

Vamos con lo bueno. Creo que esta entrega de la famosa saga marca un hito de excelencia en los efectos visuales cinematográficos. Yo vi la saga original cuando niño (tan viejo soy), y en aquella época los efectos especiales de la primera trilogía también marcaron un máximo. Después el desquiciado George Lucas añadió sus muñequitos digitales con el desastroso resultado que todos conocemos. Desde la aparición de las imágenes generadas o modificadas por ordenador en el cine de animación real, siempre ha sabido uno qué personaje o criatura estaba formada por unos miles o millones de líneas de código. La integración de estas imágenes digitales en una película que muestra el mundo, que es analógico, no es cosa fácil. Hay que tener en cuenta las texturas, los movimientos, la atmósfera que nuestros ojos han aprendido a discriminar como ruido blanco pero nuestros ojos, de hecho, saben cuándo no está. Es como la coherencia en un texto: es bastante más sencillo detectar su ausencia que explicar su presencia.

Solamente si atendemos a la luz, podemos imaginar que en cualquier situación los cálculos que debe realizar un programa de ordenador para mostrar una situación realista son ingentes. Ahora mismo estoy sentado delante de dos monitores de ordenador. Sobre mi cabeza cuelga una lámpara con dos bombillas incandescentes. Por la ventana abierta entra la luz de las farolas de la calle, rebotada en mil superficies. Un led parpadea en un disco duro externo que tengo conectado al ordenador. Cada una de esas luces rebota millones de veces y configura una iluminación mucho más compleja de lo que puede imaginar cualquiera que no se haya sentado a pensarlo.

Pues bien, en El despertar de la fuerza no ha habido un solo momento en que haya notado que tal o cual personaje estuviese creado digitalmente. Había algunos que, lógicamente, estaban hechos de unos y ceros, como un ave carroñera que aparece hacia el principio, o las bestias que transporta Han Solo (y que parecen sacadas del videojuego Doom). Sin embargo, están perfectamente integradas.

La integración del resto de elementos también es sublime. Se pueden ver los efectos que produce el calor de los motores de las naves en el ambiente y cómo afectan las ondas a todo lo que rodea el movimiento de las máquinas.

El sonido está a la altura, y no me extrañaría que esta película se alzase con el Oscar a los mejores efectos de sonido (a los efectos visuales, lo doy por descontado).

La segunda cosa buena es que los roles de género se están actualizando. La princesa Leia era un personaje fuerte e independiente, y daba órdenes a sus inferiores en rango, que eran todos hombres. Esta película va un paso más allá. No solamente aparecen varios personajes femeninos importantes (la protagonista, de hecho, es mujer), sino que interactúan entre sí sin necesidad de hombres. La fortaleza de Rey resulta evidente cuando incluso no llega a comprender por qué el soldado renegado (al que, creo recordar, llaman Finn) intenta tomarla de la mano cuando huyen: no necesita su ayuda.

Y aquí acabaron las cosas buenas. Todo lo demás es malo.

Podría pararme a enumerar las múltiples razones por las que este episodio es casi un calco de La Guerra de las Galaxias (bautizada años después como Una nueva esperanza), pero ya hay innumerables artículos en internet que lo han hecho antes. Me gustaría centrarme en errores concretos.

Incoherencia y falta de carisma. El único personaje del que puede decirse que tiene algo de carisma es la protagonista, Rey, aunque no puedo decir que entre en la categoría de personajes inolvidables, como casi todos los de la trilogía original (no hablo aquí de la segunda trilogía, pues pretendo hacer como si no hubiese existido nunca). Quizás los de Disney quisieron pagar parte de la cuota a las minorías poniendo un personaje importante afroamericano (de hecho, creo que es el personaje que más minutos de pantalla se lleva). Sin embargo, no sale muy bien parado: es un traidor cobarde y patoso que solo mira por sus propios intereses. De hecho, cuando ya es evidente que se ha enamorado de la guapa protagonista, la abandona para poner pies en polvorosa y asegurarse una jubilación tranquila, aunque bien es verdad que al final regresa. Regresa mintiendo, por cierto, y poniendo en peligro las vidas de planetas enteros, dado que su pericia con cualquier cosa está a años luz de lo que presume. Al final, aparentemente, muere, aunque apostaría algo a que lo resucitan para la próxima entrega. Mi teoría es que intentaban hacer una réplica de Jar Jar Binks, el personaje más odiado hasta el momento de las siete entregas. Dato curioso: El personaje de Jar Jar Binks fue rodado con un actor real, también afroamericano, al que, en el último momento, Lucas le dijo que no iba a aparecer y que la imagen del personaje iba a estar creada completamente en una computadora. Lucas tuvo, además, la enorme crueldad de incluir en el making of del DVD el momento en que se lo decía. En el DVD puedes parar el momento exacto en que al actor se le hace trizas el corazón. Todo lo que rodea a Jar Jar Binks es maldad.

¿Kylo Ren? A ese pobre muchacho le ha tocado en la lotería representar lo que representó Darth Vader, uno de los personajes más reconocibles y poderosos de la historia del cine. No era una tarea fácil. La mera presencia física de Vader, con esa máscara —¿qué niño de cinco años ha diseñado la máscara de Ren, por cierto?— llenaba la pantalla y su respiración te dejaba sin la tuya. Ahora tenemos a un chaval obsesionado con su abuelo, con la espada láser peor diseñada de toda la saga, al que el patoso e incompetente Finn ¡le aguanta una lucha de sables! No se nos explica nada de su motivación, aparte de haber sido entrenado por su tío Luke, aun sabiendo que los jedis son los peores docentes de toda la Galaxia. ¿No han aprendido nada? Anakin Skywalker se convierte en un asesino sociópata por la falta de pericia pedagógica de Obi Wan (que, a su vez, había sido entrenado también de forma incompetente por Qui-Gon Jinn, alias Liam Neeson). Después de haber sido entrenado inicialmente por Yoda, Luke pierde una mano. ¿Cuál es el sistema de acceso a la docencia en una galaxia muy, muy lejana? Deberían revisarlo.

Han Solo, después de haber sido uno de los mayores héroes en el proceso de liberación de toda la galaxia y de ser el exmarido de una princesa, resulta que se gana la vida realizando contrabando de poca monta. Sabemos que ha pasado mucho tiempo, pero es poco creíble. ¿Por qué no nos explican nada?

Hay también un personaje llamado Poe que es el encargado de levantar suspiros entre las féminas asistentes, pero se pasa media película desaparecido. Al final te lo resucitan con un Deus ex machina como un piano de cola y hace dos o tres cosas.

Y hay otras dos cosas evidentemente malas. Un de ellas tiene que ver con la nostalgia. Esta película está dirigida principalmente a nosotros: adultos de treinta y muchos que disfrutamos con la trilogía original y compramos los muñequitos. A nuestras edades los hombres y mujeres de la generación de nuestros abuelos estaban a punto de ser abuelos, si no lo eran ya. Nosotros, en gran número, no tenemos hijos aún y seguimos coleccionando muñecos y hacemos fotografías de las cosas que nos comemos para mostrarlas al mundo. La película tiene muchos guiños a nosotros; repeticiones evidentes de guion, personajes y robots que se repiten. Parece intentar ser un revival para que pillemos las referencias y nos sintamos un poco como en la infancia. Todo está lleno de referencias. Pero al poner estas referencias se diría que se han olvidado de rodar una película.

La segunda cosa tiene que ver con la épica. La primera entrega de la trilogía (y aun la segunda, aunque, como ya he dicho, para mí no existe) es épica pura. Todos los personajes saben que están entregados a una causa mayor que ellos mismos que les trasciende. Hasta Solo acaba por comprenderlo. Aquí no. En su afán por hacer una película realmente para todos los públicos, tenemos pretendidas escenas de humor cada cinco minutos aproximadamente que dificultan un espíritu épico en una cinta que, supuestamente, te explica la lucha por la supervivencia de la libertad en una galaxia entera. Estos gags continuos convierten la película en una de esas que se olvidan fácilmente diez minutos después de salir del cine. Sí, te has reído y has amortizado el precio de la entrada. Y qué.

Oh, BB8. El famoso robot que todo el mundo adora. Reconozco que no lo odio tanto como antes, supongo que por todas las cosas que he odiado durante las dos horas largas de emisión. Aunque eso no es un mérito. No está mal como personaje. Pero por favor. No hay nada comparable a R2D2 y C3PO. ¿Y sabéis por qué? Porque los creó Lucas. La trilogía original fue una creación. Esta película es, simplemente, La Guerra de las Galaxias con esteroides.

Aunque supongo que el fallo principal de El despertar de la fuerza es que ya no soy un niño.

La evolución es tu amiga

9 de May de 2015

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Ayer, en una clase de 2.º de Bachillerato (alumnos de 17 años en adelante), mientras comentábamos temas varios, unos alumnos declararon que no creían en la evolución. Que no creían eso de que venimos del mono, y además, preguntaban por qué sigue habiendo monos. Les intenté explicar que esto de la evolución no consiste en creer o no creer: existe, creas en ella o no.

La evolución es tan real que se ha observado en laboratorio. Pero dado que ni mis alumnos ni yo tenemos formación científica, mi objetivo aquí es hacerles ver de la manera más simple posible, tirando más de didáctica que de rigurosos datos, que la evolución es un hecho incontestable. Y quienes no sean mis alumnos y lo lean, espero que disfruten también.

1. ¿Venimos del mono?

Sí. Pero ¿de qué mono? No de los chimpancés, ni de los orangutanes. Venimos de unos monos anteriores, ya extintos, de los que los simios actuales también proceden. Nuestras líneas familiares se separaron hace millones de años, pero tenemos un tatarataratarataratarabuelo en común.

2. ¿Por qué sigue habiendo monos?

Pues por la misma razón por la que siguen existiendo tus primos lejanos. El que las líneas evolutivas se separen no implica que solamente una de ellas pueda sobrevivir. Algunas líneas se extinguen (como lo hicieron los dinosaurios), pero otras siguen viviendo, pues están bien adaptadas al entorno.

3. ¿Pero cómo es posible que de algo como un mono pueda surgir algo como el ser humano?

Pues aquí hay dos claves principales: genética y tiempo. Y una tercera no desdeñable: el ambiente. Pero dejadme explicar algo más sobre esto.

En los seres de reproducción sexual, como nosotros, los hijos nunca son una copia exacta de ninguno de los progenitores, dado que cada uno de ellos aporta el 50 % del material genético. Puedes ser muchísimo más parecido externamente a uno de ellos, casi idéntico, pero sigues teniendo la mitad de genes del otro. Estos genes pueden manifestarse de otra forma (como una enfermedad hereditaria) o no hacerlo (tengo entendido que hay genes que no sirven para nada, son código basura, o al menos aún no conocemos su utilidad).

Así que un hijo es distinto en un porcentaje muy alto a cualquiera de sus padres. Cuando este hijo se reproduzca con otro ser humano, este nieto será más distinto aún, lógicamente, pues el material genético del otro donante será, previsiblemente, también distinto al de sus abuelos.

Que los descendientes son distintos en cierto grado de sus progenitores no es algo que sea necesario demostrar científicamente, pues está a la vista de todos.

Claro, ningún hijo es tan distinto a sus padres como un mono a un hombre. Y es aquí donde entra el tiempo. En poco tiempo, las diferencias serán mínimas. Después de miles de generaciones, serán más notables. Pongamos un ejemplo. Yo dibujo un atardecer. Le doy este atardecer a un dibujante para que, a su vez, haga una copia de mi dibujo. Será, seguramente, muy parecido. Pero él hace lo mismo: entrega su dibujo a un tercer dibujante para que haga una copia. Ahora repitamos el proceso un millón de veces. Las únicas personas que hemos visto el dibujo original somos el autor —yo— y el que hizo la primera copia. Cada uno de los dibujantes únicamente ve el dibujo que le pasan, no el original. Pues después de un millón de veces, es bastante probable que el dibujo resultante ni siquiera parezca un atardecer.

Y así es como se convierte un mono en una persona.

Ah, el ambiente. La mayoría de las diferencias entre progenitores e hijos son muy pequeñas y tienen escasa diferencia en el rendimiento. Tener los ojos de un color u otro, en principio, no nos hace más proclives a sobrevivir y, lo que es más importante, a tener una descendencia a la que transmitir nuestros genes. Pero un par de centímetros más de estatura pueden otorgar una fuerza y una velocidad que nos permitan escapar de depredadores y tener más éxito en la competición por la comida. En una población de cien monos, un leopardo intentará cazar al más lento, pues la conservación de la energía es uno de los objetivos más importantes de todo ser vivo. Así, los monos más rápidos, en determinado contexto, tendrán más posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Y su descendencia, como es lógico, será, salvo fallos genéticos, una población de monos rápidos. En el apartado ambiental entran en juego varios factores: la comida, la climatología, los depredadores, lo atractivos que parezcamos a individuos del sexo opuesto, etc.

4. ¿Qué objetivo tiene todo esto?

Absolutamente ninguno. A no ser que creas en Dios o en algún otro tipo de ser superior que tiene un plan universal. Lo que, por supuesto, no está demostrado.

La evolución no quiere crear nada. No tiene un objeto. El ser humano no es un mono más perfecto, igual que tampoco somos humanos menos perfectos que los que habrá dentro de un millón de años (si los hay). Sencillamente, algunos individuos perecen antes de reproducirse y otros no. Eso es todo. Y los que se reproducen transmiten su información genética a su prole. El hombre es el ser vivo más inteligente, pero probablemente no podríamos haber sobrevivido, con toda nuestra inteligencia, durante el Cretácico. Y no solo por tener que competir con los terribles tiranosaurios, sino por otras cuestiones, como una atmósfera excesivamente cargada de oxígeno para nuestro organismo. Quizás tampoco fuesen comestibles para nosotros muchos de los alimentos disponibles. El ser humano está bien adaptado para las circunstancias actuales de nuestro planeta. Pero dejemos al ser humano, cuya supervivencia ahora tiene menos que ver con la adaptación al ambiente (dado que, cuando hay problemas, tenemos la capacidad de adaptar el ambiente a nuestras necesidades). Un diplodocus probablemente no podría sobrevivir en nuestra era, porque moriría asfixiado. Pero durante su existencia fue uno de los reyes.

No somos, a la vista de las pruebas, una maravilla de la creación. Existimos porque la casualidad y el tiempo lo han permitido.

5. Qué putada, ¿no?

Pues sí, queridos, sí.

¿Quieres aprender un poco más?

¿Y por qué hablamos?
¿Por qué no pueden hablar los monos?
Diferencias entre el lenguaje humano y las formas de comunicación animal (y un par de cosas más sobre los monos)

El bailón más entrañable del mundo

7 de March de 2015

Sucedió en Londres: un señor estaba pasando la tarde (o noche) de su vida en un local y comenzó a bailar. De esto se percataron unos energúmenos, que comenzaron a reírse de él y hacerle fotos. Cuando Sean, que así se llama el bailarín, se dio cuenta, dejó de ejecutar las danzarinas maniobras y adoptó una pose de evidente tristeza, esa tristeza que te embarga cuando ves que hay imbéciles que no soportan que cada cual sea como quiera. No contentos con eso, los payasos subieron estas fotografías a la web imgur en un post en el que lo llaman espécimen.

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Y entonces internet comenzó a funcionar. Aparte de los miles de comentarios en que se afeaba la conducta de los fotógrafos, una chica (Cassandra) impulsó una iniciativa en Twitter para organizar una fiesta privada, donde el hombre podría bailar de forma desinhibida con todas las mujeres que quisiesen acudir. La iniciativa cuajó y el hashtag #FindDancingMan arroja en el momento de escribir este artículo miles de resultados.

Hasta el momento 1727 chicas han confirmado su presencia en la fiesta. No solo eso, sino que parece que el músico Pharrell Williams (sí, el del éxito Happy) está interesado en acudir a animar la velada.

Hasta la hora de escribir esto se han recaudado ya más de 23000 dólares para la fiesta.

Dancing Man fue encontrado, y, lleno de júbilo, declara que estará encantado de volar a California para ser agasajado por este par de miles de chicas de gran corazón.

Y es que, digan lo que digan en televisión, la gente es buena. La mayoría, al menos. Dance like nobody’s watching, Dancing Man.

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El amanecer del Planeta de los simios (crítica)

23 de July de 2014

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Diez años después de los sucesos narrados en la película El origen del Planeta de los simios, el llamado virus simio ha acabado con el 99 % de la población mundial y, después de una guerra entre simios y humanos, los simios viven en el bosque en una situación parecida a la de nuestro Paleolítico, cazando animales con armas rudimentarias e ignorantes de la agricultura y la ganadería. Cosa curiosa es lo de la caza, dado que los grandes simios que aparecen en la película —chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes— son principalmente herbívoros; sin embargo, esto puede no ser un fallo, sino una alusión a la teoría de que nuestro cerebro empezó a desarrollarse en gran medida cuando comenzamos a consumir carne, plena de proteínas y reservas calóricas en forma de grasa.

Los simios, establecidos en un bosque cercano a la ciudad de San Francisco, son seres pensantes que se comunican mediante lengua de signos, aunque uno (César, el protagonista del filme anterior y actual líder de los monos) es capaz de articular palabras. Se preguntan si han sobrevivido humanos en la Tierra, dado que hace diez años que no se encuentran con ninguno.

Y en estas estamos cuando hace aparición un grupo de humanos, surge el conflicto porque disparan a un simio temiendo una agresión, y los simios, como es natural, se cabrean, aunque en aras de la paz deciden dejar ir con vida a las personas bajo la promesa de que nunca regresarán al bosque donde los simios moran. Pero hay un problema: los humanos necesitan ir al bosque a poner en marcha una presa que les proporcionará energía (la catástrofe no ha sido solo humana, sino también tecnológica, y los humanos viven sin electricidad), así que deciden solicitar a los simios el permiso para realizar los trabajos pertinentes y largarse luego.

Viene entonces un par de interesantes debates, uno en el bando de los humanos, otro en el de los simios, sobre la conveniencia de acceder a una coexistencia —que no convivencia— pacífica o iniciar una guerra para exterminar a los otros.

La película tiene un guion interesante, creo que está rodada con bastante agilidad, y las interpretaciones son, por lo general, buenas. Creo que no os aburriréis si decidís ir a verla con cierto interés y sin prejuicios. Las imágenes CGI ya tienen en el cine una madurez impresionante, y aunque sigue habiendo momentos en que uno se da cuenta de que está viendo muñequitos dibujados en 3D, el trabajo es casi siempre excelente, especialmente en el modelado físico de los simios y en sus expresiones faciales. A partir de aquí vienen unos párrafos que os desvelarán detalles del desarrollo de la trama y del final, así que si no has visto la película aún, te recomiendo dejar de leer ahora.
(more…)

Los hechos

31 de May de 2014

1. El pasado lunes 26 de mayo entro por internet en la cuenta que tengo con el banco BBVA. Me encuentro un cargo de 1.188,40 euros. La única información proporcionada es “Apunte por operaciones varias”. Llamo por teléfono y no son capaces de darme mucha más información. Asumo que debe de tratarse de un error —he trabajado en banca y todos cometemos errores— y me dispongo a ir a mi oficina al día siguiente para arreglarlo.

2. En la oficina el empleado me dice que es un impuesto. Yo le digo que no, que la Agencia Tributaria no cobra ningún impuesto directamente de mi cuenta si no es con mi autorización o la de un juez. Entonces me dice que es una liquidación que ha hecho el banco por un impuesto sobre mi hipoteca, impuesto que no existía cuando la hice, pero que la Administración lo está reclamando. Me informa de que han recibido un correo para mí (???). Me lo imprime y me lo da: el correo dice que el pasado 5 de noviembre de 2013 la “Agencia Tributaria Autonómica” ha practicado la liquidación del impuesto, y me piden que procure tener disponible en la cuenta para cuando lo cobren (el correo me lo dan un día después de hacer el cargo en la cuenta, y porque yo había ido expresamente). Había acudido en una hora libre que tenía y ya se acababa, así que le digo al empleado que volveré el viernes más tranquilamente.

3. Vuelvo el viernes. El empleado me dice que me va a decir otra vez lo mismo. Yo le digo que no hace falta, que con una es suficiente. Le digo que quiero el dinero inmediatamente de vuelta en mi cuenta, y entonces me expliquen con tranquilidad en concepto de qué tengo que pagarlo, para hablar de cómo y cuándo lo hago. Me dice literalmente que el dinero no me lo van a devolver. Le digo que por última vez, si alguien ha cometido un error no quiero investigar, ni denunciar, ni que el banco me indemnice, ni siquiera que me pida disculpas, sino que me devuelva mi dinero antes de salir de la oficina y la cosa se queda ahí; que jamás en mi vida me he negado a pagar al BBVA, a la Agencia Tributaria o al frutero de la esquina el dinero que les debo, pero que así no se hacen las cosas, y que además dudo de que sea legal. Me dice que él piensa que sí es legal, pero que no puede asegurarlo (???). Le pregunto qué habría pasado si yo hubiese tenido ese dinero reservado para algún asunto urgente, y —perdonad las mayúsculas— ME OFRECE UN CRÉDITO. Me siento insultado. Le informo de que acudiré a Consumo, al Banco de España y a mi abogado, y que ahora sí que voy a intentar no solo que me devuelvan lo que me han quitado de forma improcedente, sino que, si es posible, les apliquen todo lo que les tengan que aplicar y paguen, si les corresponde, su responsabilidad (cosa que no tenía pensado hacer si me solucionaban el problema). Me dice que le parece muy bien. Me levanto y me voy.

4. Llego a casa y encuentro en el buzón el correo electrónico que el empleado me había imprimido el martes. Estamos a 30 de mayo y el dinero había sido retirado el día 26.

Addendum

El impuesto que se me reclama es un impuesto, posterior a la firma de mi crédito hipotecario, a la existencia de avalistas —mis padres, en este caso— y que las administraciones autonómicas están reclamando. Según me he informado por otros medios, los bancos están realizando una liquidación complementaria por ese concepto antes de que se lo reclamen, para evitar pagar un recargo. Como he dicho antes, jamás me he negado a pagar impuestos, es más, los pago con muchísimo gusto. Pero dudo mucho que el banco pueda retirar dinero de mi cuenta sin mi autorización y sin siquiera notificarme.

El asunto de si me corresponde o no pagar un impuesto posterior a la operación crediticia no es lo que trato aquí. Si se me reclama un impuesto, primero lo pago, y luego ya miro si debía haberlo pagado o no, para protestar en su caso. De lo que se trata es de que no retiren dinero de mi cuenta sin mi permiso.

Os ruego que deis a este artículo toda la difusión que podáis. No creo que el banco rectifique si no se les obliga, pero esto puede poner alerta a gente que se encuentre en una situación parecida. Asimismo, si tenéis cuenta de Twitter, os ruego que retuiteéis si lo veis procedente los tuits que he escrito sobre el asunto. Muchas gracias a todos.

Sin hacer prisioneros

4 de August de 2012

La periodista Ana Pastor ha sido cesada de manera fulminante por el flamante director de informativos de Televisión Española, Julio Somoano. Por si no te suena el nombre de Somoano, que sepas que viene directamente de un medio de comunicación tan plural y objetivo como Telemadrid, y que está encargándose de colocar en la televisión que pagamos todos a la cuadrilla —dicho sea con todo el cariño— de Alfredo Urdaci, ese señor que estaba al frente de los informativos cuando TVE fue condenada por la Audiencia Nacional por vulnerar derechos fundamentales. Una joyita, vamos.

Resumiendo, se puede decir que un tipo que cobra de mis impuestos ha quitado de en medio a una periodista numerosamente galardonada por su trabajo por el equipo de un periodista que consiguió que la Audiencia Nacional condenase a TVE.

Este es, quizás, el primer ataque que, aunque parezca una contradicción —que explicaré enseguida—, no es ideológico.

Aclaro. Hasta ahora, dejando aparte los incumplimientos de campaña y las mentiras (que no puede negarse que son algo consustancial a la política del signo que sea), se podría decir que las reformas realizadas por el gobierno de Mariano Rajoy responden a una ideología, la del liberalismo económico extremo. He discutido cientos de veces con votantes y simpatizantes del Partido Popular sobre la conveniencia e incluso la ética de las medidas, y yo, que, modestia aparte, soy un buen conversador, admito la posibilidad de que ellos estén en lo cierto y yo errado. Es decir, que me parece legítimo, aunque no lo entienda, que mis contertulios piensen que el dinero está primero para pagar las deudas de la banca y, después, para pagar pensiones, subsidios, salarios, educación y salud pública. Puedo entender que piensen que el derecho a la salud es para quien pueda pagárselo. Puedo entender que piensen que poniendo el despido muy, muy barato las empresas se van a liar a contratar como locas (ahí están los datos, je, je, con una risa muy amarga). Que todavía, más de medio año después, se le pueda echar la culpa de nuestra situación de hoy al anterior gobierno.

Lo que es de todo punto incomprensible es que un votante del Partido Popular esté contento sabiendo que eliminan de TVE a una periodista que se ha demostrado sobradamente imparcial para colocar a gente que le va a contar las más grandes mentiras cocinadas por los ideólogos conservadores. Porque lo que no puede negarse es que Pastor tiene caldo para todo el mundo, sea del signo político que sea. Y a los vídeos me remito.

No entiendo tanto de periodismo como para saber si Ana Pastor es una buena o mala profesional, pero tengo la cabeza suficientemente amueblada como para darme cuenta de que sí posee una de las principales características que un buen periodista debe tener: no callarse ante nadie.

Aunque yo creyese en el despido libre, en la sanidad y la educación solo para los que se la puedan costear, en que mimar a los bancos va a salvar la economía en lugar de hundirla aún más; aunque yo hubiese votado al Partido Popular y creyese firmemente en la bondad del presidente Rajoy, si tuviese dos dedos de frente no podría tolerar esto, que es un ataque libre de ideologías, un monumento a la mentira pura. Puedo estar de acuerdo con que se carguen el estado del bienestar, pero no con que me mientan.

Una nueva medalla de oro para el Partido Popular. Meses después de las elecciones, parece que la única promesa que han cumplido ha sido la sugerida por Ángel Mínguez, miembro de las Nuevas Generaciones del PP, en su cuenta de Twitter. Quitar de en medio a una de las mejores profesionales de la televisión pública. No paráis de luciros.

Nueve

24 de April de 2012

Hoy este blog cumple nueve años. Es un buen momento para saber quién sigue leyéndolo, aunque no esté en sus horas más altas. Gracias por estar ahí.

Revival

27 de December de 2011

Hace casi dos meses que no escribo, y, como cada año, me llena de satisfacción por estas fechas anunciar que estoy pensando en retomarlo. Sé que estáis ahí —no sé cuántos, la verdad— y, si no explicaciones, al menos algún post de vez en cuando sí que os debo.

Mientras se me van ocurriendo temas para nuevos artículos, ya que motivo hay para la indignación, os dejo con una selección de los posts que últimamente (me refiero a los últimos años) han tenido más éxito de este blog. Mi salud mental, pero sobre todo física, no me permite otra cosa que hacerlo a lo vago: he realizado una búsqueda en Menéame y he seleccionado los que se han llevado más votos. A falta de otra cosa mejor, si no tenéis nada que leer, espero que los disfrutéis, tanto los que estéis revisitándolos como los que seáis más o menos nuevos por aquí y no los conozcáis. Y, por supuesto, felices fiestas. Vamos allá.

  • Diez cosas que [probablemente] no sabías sobre el latín. Hace ya casi cinco años de este artículo. La gente lo encontró tan interesante que va de momento por los 61 comentarios, e incluso lo he visto por ahí plagiado alguna vez, lo que me alegra (la imitación es la forma más sincera de admiración). Tiene algún error aquí y allá, nada demasiado importante, así que la corrección puede esperar.
  • ¿Por qué no pueden hablar los monos?. Es uno de los artículos de los que me siento más orgulloso, no solo porque los simios se encuentran entre mis animales favoritos, junto con los gatos, sino porque ha sido una de las pocas veces que he realizado un breve pero agradable trabajo de investigación para escribir el post, incluyendo alguna colaboración. El artículo habla, ni más ni menos, de lo que dice el título: de por qué las criaturas más inteligentes de nuestro planeta —a excepción de nosotros— son incapaces de comunicarse mediante un lenguaje articulado. A pesar de que lo considero bastante apañado y ceñido a la verdad científica, ha sido uno de los que más comentarios han recogido del tipo: «I can’t go to bed right now. Somebody is wrong on the Internet!»
  • Varios artículos relacionados con la educación, mi ámbito profesional: Violencia en las aulas, que trata de desmontar el mito de que nuestros centros educativos son selvas, y que los profesores tenemos que ir al trabajo con chalecos antibalas; Un ordenador por niño. ¿Y qué más?, criticando la idea de que llenando las aulas de ordenadores hemos solucionado los problemas educativos; y El (verdadero) problema de la educación en España, creo que uno de los más felices hasta la fecha, y que va ya por los 85 comentarios.
  • Y un par de humor, para terminar con una sonrisa: Venganza y Top Secret, al revés. O al derecho, cuyos contenidos no os desvelo: los tendréis que visitar.
  • Aparte de estos enlaces, puede que también os guste, si os suele gustar lo que leéis en esta página, visitar las categorías Educación y Política, que, aunque no siempre han sido tan populares, han sido las más activas en mi mente y en mi teclado últimamente.

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El trabajo de Steve

6 de October de 2011

La imagen lo es todo.

Michael Douglas en Wall Street, de Oliver Stone (1987).


Steve Jobs (1955-2011).

Steve Jobs, el visionario cofundador de la empresa Apple, ha muerto hace unas horas a la edad de 56 años, víctima, al parecer, del cáncer de páncreas que lo ha estado amenazando durante los últimos años.

Ayer seguía sin ser el hombre más rico del mundo. Lo ha sido durante lustros su eterno —pero amigable— rival, Bill Gates, fundador de Microsoft. Tampoco su sistema operativo, Mac OS, es ni ha sido nunca el más usado, aun cuando desde hace tiempo roba cuota de mercado a Windows a paso lento pero firme. Ayer sus productos ya no eran exclusivos símbolos de estatus social, pues todo el mundo tiene un iPod o un iPhone, y los ordenadores Mac son cada día más populares, y están a precios más o menos asequibles. Es más, últimamente había despertado los odios de buena parte de la comunidad informática, por el ansia de Apple —no se sabe si directamente de Jobs— de controlar todo lo que el usuario puede hacer con los productos que compra.

No obstante, la noticia de su muerte ha abierto el telediario de Antena 3 este mediodía, y supongo que la de otros telediarios nacionales, además de ser portada de todos los diarios digitales, quizá de casi todos los del mundo. ¿Dónde residía el atractivo de este hombre, que fue entregado en adopción por sus padres al nacer y que nunca llegó a concluir ni un año universitario? ¿Cuál era su trabajo?

Visionario y artista son algunos de los epítetos que con más frecuencia han acompañado al nombre de Steve Jobs. Un hombre que era millonario en dólares antes de cumplir los treinta, que fue despedido de la empresa que creó, que compró Pixar por cuatro céntimos y un par de años más tarde se la vendió a Disney por una millonada, y que Apple volvió a fichar cuando la compañía estaba en sus horas más bajas, gracias a lo cual desde entonces no ha dejado de subir.

¿Cuál era el trabajo de Steve Jobs? Yo creo que tenía algo de visionario, sin duda. Su clarividencia ha llegado en forma de una pregunta equivocada y de una pregunta correcta. La equivocada es la que durante años se han estado haciendo las empresas que se dedicaban a los cacharros electrónicos: “¿Cómo podemos hacer esto más complejo?” La correcta es la que parece haber estado haciéndose él: “¿Cómo lo hacemos más simple?”

Tenemos un ejemplo claro de lo que digo en un mundo en el que Apple nunca ha llegado a meterse de lleno: los videojuegos. En un momento de su historia, las dos mayores empresas de videojuegos del mundo, Sony y Nintendo, se vieron ante el reto de crear una nueva consola portátil de videojuegos. Sony no tenía experiencia en este campo; Nintendo, con sus Gameboy, sí. Sony parió la PSP: un bellísimo aparato con una enorme y brillante pantalla de alta resolución, navegador de internet, donde podías ver una película en formato 16:9 en la cama, como si se tratase de un minicine. La calidad gráfica de sus videojuegos era comparable a los de la PlayStation 2, que por entonces gráficamente no tenía rival.

Nintendo destapó la Nintendo DS (Dual Screen), un feo cacharro con dos pantallas que tenían una resolución como de la década anterior, con juegos simples que se manejaban con un palo y escasas capacidades multimedia. Todo el mundo se reía de la DS, mientras que los creadores de PSP se frotaban las manos y encargaban una piscina más grande para llenar de dólares.

Ambas consolas fueron puestas a la venta en fechas próximas, con meses de diferencia. Han pasado varios años. De acuerdo con la Wikipedia (PSP, DS), la consola de Sony ha vendido unos 70 millones de unidades en todo el mundo, una cifra impresionante, sin duda. Nintendo ha colocado más de 140 millones: el doble que Sony.

La batalla se trasladó al mundo de las consolas fijas o de sobremesa. Aquí las cifras son aún más claras: unos 50 millones de Sony PlayStation 3, más de 150 millones de Nintendo Wii. La PlayStation 3 es un monstruo de elevadas prestaciones, un diseño moderno y elegante, reproductor BluRay, alta definición a 1.080 puntos verticales y capacidades 3D; la Wii es una especie de tostadora de líneas rectas que lo más que reproduce es un DVD, con unos gráficos que puedes ver perfectamente en tu televisor de hace treinta años, porque la Wii no tiene más resolución que él. Y lo más importante: un mando que se maneja moviéndolo de un lado para otro, o arriba y abajo.

Puede argumentarse que ambas consolas de Nintendo son más baratas, bastante, que las dos de Sony, pero eso no debe engañarnos: quien tenga hijos sabe que si el niño quiere la Play 3, el argumento de que papá solo gana 1.000 euros al mes no sirve. Apáñatelas y búscate el dinero. La Wii ha vendido más porque gusta más. Pero ¿a quién? Pues la respuesta es: a más gente.

A mi madre no puedo ponerle en las manos el mando de la Xbox 360 y explicarle cómo se manejan sus 14 botones, pero sí puedo ponerle en las manos un cacharro que es similar a un mando a distancia —algo que lleva manejando toda su vida— y decirle que si lo mueve hacia arriba el muñeco va hacia arriba y viceversa. Por eso hay cientos de miles de mujeres mayores en el mundo que usan una Wii y una DS, y muy pocas mujeres, incluso me atrevería a decir que jóvenes, que se aprenden un combo de 20 movimientos para marcar un gol en un juego de fútbol de la Playstation 3.

Nintendo no ha hecho una consola mejor para los que jugamos a los videojuegos desde que éramos pequeños; de eso se ha encargado Sony. Nintendo ha hecho una consola para vendérsela a la inmensa mayoría de la población mundial: la gente que nunca ha jugado a los videojuegos.

Volvamos al trabajo de Steve Jobs. ¿Qué ha hecho? Fundamentalmente, tres cosas que se resumen en una. El resumen es: haz la vida más agradable. Si haces eso, la gente te dará su dinero. Las tres cosas: haz un producto que sea bonito, fácil de usar y que tenga calidad.

El primer producto que compré a Apple fue un iPod con pantalla a color. Fue en septiembre de 2005.

Su diseño era impactante: de un blanco virginal y con una tapa trasera cromada que reflejaba todo como un espejo. Daba gusto mirarlo. Puede que fuese por el vacío de las vidas del hombre occidental, ¿qué sé yo? Pero lo cierto es que casi pasaba tanto tiempo mirándolo y enseñándolo como escuchando la música que tenía en él.

ipod-1

Tenía un disco duro de 20 gigabytes y dos botones, aparte del de bloqueo: una rueda táctil y un botón central. Con esa rueda y ese botón se manejaban todas las funciones del reproductor musical, las de la reproducción de fotos, la agenda, los juegos, la alarma y el resto de funciones. Nunca tenías que echar mano del manual de instrucciones. Nunca había un botón que se te hubiera olvidado tocar. Es cierto que no se podían hacer un montón de cosas que se podían hacer con otros reproductores que han ido naciendo y muriendo a su sombra, de las compañías más potentes, como Creative, Sony o Microsoft (Zune acaba de morir hace unos días). Pero Steve no pareció preguntarse: “¿Qué puede hacer un reproductor de música?” Se preguntó: “¿Qué quiere hacer la gente con un reproductor de música?” Y se respondió: “Escuchar música”. Así nació el iPod. Una memoria suficiente para albergar toda la discoteca del usuario medio, una gran calidad de sonido y facilidad de uso. Y la gente que se compraba un reproductor de música para escuchar música eligió el iPod, y lo sigue eligiendo desde su creación, por encima de los miles de wannabe competidores que le han surgido. Hace pocos meses adquirí un distribuidor de audio y vídeo de la marca Pioneer, con funciones 3D, vídeo a 1.080p y una calidad que supongo superior en una empresa que se ha distinguido en sus productos de audio a lo largo de los años. Su mando a distancia tiene 67 botones. Su. Mando. A. Distancia. Tiene. Sesenta y siete. Botones. Entre ellos, dos botones con la misma etiqueta: “Receiver”. Tengo el distribuidor encima del mueble del televisor, porque da una sensación tecnológicamente gratificante. Pero está desenchufado. El mando a distancia está en un cajón desde una semana después de su compra. 67 botones. No quiero tener que estudiar para poder ver una maldita película.

Mi iPod ha cumplido ya algo más de seis años. Hoy en día, uno no espera ni tan siquiera que un automóvil dure tanto. Tiene un disco duro, una pieza de ingeniería informática arcaica, lenta y ruidosa, que se estropea al estornudar. A mí se me ha caído decenas de veces, desde una altura aproximada de un metro y sobre las superficies más variopintas, entre las que se encuentran suelos de gran dureza. En los primeros años lo usé a diario varias horas: para ir andando al trabajo, para ir en coche al trabajo, para pasear al perro, para tumbarme una hora a escuchar música (algo que hacía años que no hacía). Fue siendo sustituido en algunas de sus funciones, primero por un iPod Shuffle, después por un Nano, más tarde, en 2009, por un iPod Touch. Estoy terminando la mudanza a mi nueva casa y mi viejo iPod asomó de una bolsa. Toqué un botón y la batería estaba muerta; llevaba al menos tres años durmiendo el sueño de los justos. Lo enchufé al ordenador, lo sincronicé y lo dejé cargando tres o cuatro horas. Ahora lo uso a diario, por las mañanas, cuando me preparo el café. Funciona. Una de cada veinte veces se queda colgado. Como casi cualquier producto informático nuevo que compres hoy. Pero funciona. Y suena mejor que mi iPod Touch con los mismos auriculares, y con mayor volumen.

Belleza, facilidad de uso y calidad. No nos engañemos. Podría haberme comprado un reproductor de otra marca por la mitad de dinero, y habría tenido radio FM y alguna cosa más. Pero mi iPod sigue funcionando después de seis años casi como el primer día. El dinero que cuesta un producto no es el que pagas por él: es el que pagas por él dividido entre el tiempo de vida útil. No sé cuánto le queda de vida a mi pequeño blanco de 20 gigas, pero apostaría por unos cuantos años más.

Lo que tenía Steve Jobs de visionario es lo siguiente: supo mirar al pasado. Como dijo en su célebre conferencia en la universidad de Stanford, cuando miras al pasado ves los puntos que se conectan. Al principio, los desarrolladores informáticos intentaban hacer a la gente la vida más fácil. Esa fue la excusa de la invención de los ordenadores. Un trabajo que antes resultaba tedioso, lo hacía un ordenador en menos tiempo y en menos pasos. Luego la cosa se fue complicando. Llegamos a un punto en que para usar un ordenador personal tenías que estudiar un manual de instrucciones. ¿Estamos locos? Hoy, si eliges el sistema operativo de Microsoft, tienes que preguntarte qué quieres hacer con él, y luego comparar las características de las seis o siete versiones existentes de Windows 7 para elegir una. Para usar el SO de Mac, lo compras y lo instalas. Sí, Apple ha vendido ordenadores a millones de snobs y hipsters que quieren verse por encima de los demás y no pueden hacerlo con su valía, así que se distinguen con un producto minoritario. Pero también hay millones de papás y abuelos a los que sus descendientes han comprado un Mac porque it just works. Simplemente, funciona. Lo enciendes, te hace una foto, te pide un nombre de usuario, se conecta a una red inalámbrica y a trabajar. Vale, no es exactamente así. Pero es así. Y hay poca gente que abandone Windows por Mac Os y luego se eche atrás.

Se le critica a Apple lo cerrado de sus sistemas, que solo pueden instalarse en productos de su marca, y que dejan poco margen de ingeniería al usuario comparado con los usuarios de Windows, y no digamos con los de Linux. Parece que no entienden una cosa. el 99,999% de la gente no quiere, no necesita modificar su sistema más allá de cambiar el fondo del escritorio. Ese pueril eufemismo con el que se califica a cierto software (“libre”) es importante para una cantidad de usuarios que, en términos comerciales, es despreciable. Sí, la filosofía del soft libre (que, por cierto, comparto, no me malinterpretéis) es muy ética, pero cuando la gente se compra un ordenador o un producto de software no está pensando en la ética, sino en lo que se llama ahora experiencia de usuario. Quiere simplemente usar su software. Windows es para quienes quieren sufrir con su software. Linux es para quienes quieren disfrutar con él. Mac OS es para quienes no necesitan saber qué significa la palabra software. Es decir, para la mayoría de la población mundial. Por eso no deja de subir.

¿Cuál era el trabajo de Steve Jobs? No creo que Jobs fuera un artista. Un artista pretende que su trabajo sea el mejor por la pura satisfacción de haber creado algo nuevo. Jobs no era un artista, era un vendedor de coches usados. Su trabajo no era hacer los mejores productos, sino venderlos. Es muy posible que ni el iMac, ni el iPod, ni el iPhone sean los mejores productos dentro de su sector. Sin embargo, te los vendía de una manera que hacía a la gente sentirse orgullosa de poseerlos. La gente que se compra un teléfono Samsung último modelo con el sistema operativo Android te enseña todo lo que puede hacer su teléfono, que es alucinante. Los que se compran un iPhone solo te enseñan la manzana. Sí, puede parecer una idiotez, y probablemente lo sea. Pero hay una cosa clara: el usuario de un iPhone no está presumiendo de dinero. Un HTC o un Samsung de última generación cuestan lo mismo, o más. Está presumiendo de algo que le han vendido bien. Desde luego, no lo necesita. Ninguno necesita comprobar permanentemente su cuenta de Twitter. A todos nos han vendido la moto. Es el negocio capitalista de la publicidad. El que piense que un iMac es un lujo inútil, debería saber que un ordenador con Windows de 600 euros probablemente lo sea también. ¿El usuario medio necesita un ordenador más potente que los que existían hace cinco años?

Steve era uno de los mejores vendedores del mundo. Cuando presentó el iPhone, un teléfono que no tenía prácticamente nada de revolucionario, comenzó a hablar de sus características: unas cuantas cosas que ya hacían los teléfonos por aquel entonces. Y también habló de cosas que los teléfonos por aquel entonces hacían, pero el iPhone no, como compartir archivos vía Bluetooth con cualquier otro dispositivo, o un simple copiado y pegado de texto. Los asistentes al evento aplaudieron las características del teléfono de Apple. También aplaudieron sus carencias. Lo aplaudieron todo. ¿Eran tontos? No, los habían convencido. Los había convencido un auténtico profesional de las ventas. Jobs te vendió un teléfono usando como una de sus bazas que no podía copiar ni pegar texto. Un par de años después, presentó otro iPhone que sí era capaz de realizar un copypaste. Los mismos que aplaudieron su ausencia, aplaudieron su existencia. A Sinatra le aplaudes, ya cante Fly Me to The Moon, ya cante la mayor horterada de la historia de la música. Es Sinatra, y te sabe vender una canción. A Jobs se le aplaudía, presentase algo revolucionario o algo mediocre. No aplaudes el producto, aplaudes el arte de vender.

Esto no era una cuestión de simple inspiración. Hace falta talento para ser bueno en lo que te gusta, pero casi todo es preparación y trabajo. Todos hemos asistido a algún curso donde un profesor mediocre nos lee una presentación hecha con PowerPoint. Jobs ensayaba sus presentaciones, las ensayaba y las ensayaba. El último era un ensayo general, llevando puesta la misma ropa que iba a llevar durante el acto. Como en una obra de Broadway, no dejaba nada a la improvisación. Y al final aplaudías el espectáculo, no el producto. Dudo que supiera mucho de programación. Pero sabía venderte un reproductor de audio sin pantalla, donde no tenías manera de saber qué canción venía a continuación. Habría vendido la luna tres veces a tres miembros de la misma familia.

¿Estoy haciendo una crítica negativa sobre él? En absoluto. No creo que Jobs cambiase el mundo en sí, como se está diciendo estos días. Sí, sin embargo, dio unos cuantos empujones al mundo de la informática. Existían los teléfonos táctiles antes del iPhone, pero todo el mundo quiere uno desde que él lo presentó. También existían las tabletas, pero los fabricantes se han dedicado a ellas enfervorecidamente desde la presentación del iPad. Fue el primero que apostó en firme por los puertos USB como estándar en los ordenadores. Te vendió todos los ordenadores posibles con puertos USB, pero su iPad no tiene uno. Te vende lo que sea. Te vende un ordenador portátil sin unidad de DVD. Te vendería a tu propia madre. A tu suegra. Pero es cierto que todo el que quiere vender una tableta, se fija en el iPad; todo el que quiere venderte un reproductor multimedia portátil se fija en el iPod; un teléfono, el iPhone; un ordenador de diseño, el iMac, el MacBook, el Mac Mini. Que la informática sería distinta sin él es algo que admite poca discusión. Si eso es bueno o malo, nos falta tiempo para saberlo.

No lo conocía personalmente, ni tampoco lo adoraba —ni lo odiaba—. Dicen que su ecologismo hace que los Mac se cuenten entre los ordenadores menos contaminantes. También que era vegetariano. Y que era un tirano sanguinario con sus trabajadores. Seguramente hay parte de verdad y de mentira en todas esas afirmaciones; ni lo conocí en persona, ni me interesaba tanto como para leerme una biografía suya. Sí puede decirse que ha sido una personalidad relevante en el tiempo que nos ha tocado vivir. Sería bueno para unos, malvado para otros. Descanse en paz.

Por si queda ser humano en el mundo que no lo haya visto, aquí está el inspirador discurso que Jobs pronunció en la universidad de Stanford. Yo no puedo decir que me haya cambiado la vida, como afirma mucha gente; sí, sin embargo, que verlo de vez en cuando me hace recordar cosas que quiero en mi vida y cosas que no quiero. Si no lo habéis visto aún, debéis hacerlo.

Epílogo: después de Steve Jobs

¿Qué va a ser de Apple tras Jobs? Parece haber sido una premonición que justo un día antes de su muerte se haya presentado quizás la única keynote que ha hecho que las acciones de Apple bajaran, la del iPhone 4S. Cuánto de Steve Jobs había en el diseño y la usabilidad de sus productos —neologismo que viene sustituyendo a facilidad de uso— y cuánto en la política comercial es algo que nos dirán los meses y años venideros. Yo estoy casi seguro de que si él hubiese presentado el iPhone 4S, las acciones habrían subido.

En cuanto a mí, no sé si coincidirá con el momento en que Jobs decidió que iba a dedicarse más a su vida y a su enfermedad que a su empresa, pero hace ya algún año que los productos de Apple me hastían cada vez más. Soy propietario de cuatro iPods, un MacBook —que murió—, un iMac y un iPad de primera generación. Nunca he sido fanboy de la marca, ni creo que llegue a odiarla. Pero hay cosas que están cambiando, y no para bien. Mi iPod Touch es del verano de 2009. Hace dos años. Se ha perdido las dos últimas actualizaciones del sistema operativo, y se perderá la que va a salir el 12 de este mes. La razón: al parecer el hardware de mi cacharro no tiene la potencia suficiente. Tiene solo dos años. Entre las funcionalidades que no puedo disfrutar se encuentra la de cambiar el fondo de pantalla. ¿De verdad mi iPod de 2009 no puede hacer algo que hacía un teléfono que me compré hace diez años? ¿O la política comercial de Apple dice que tengo que gastarme 400 euros anualmente en uno de sus productos? La última versión del sistema operativo, el Mac OS X Lion, está tan plagado de errores que parece una beta. Buscas información oficial de Apple y no la encuentras. Buscas ayuda en los foros y encuentras a miles de usuarios con el mismo problema, que la marca no soluciona. La solución, como siempre: haz exactamente lo que te digo y como yo te lo digo. Pero eso ya no es facilidad de uso. No es hacerme la vida más fácil, que es para lo que está la informática. No es como no dejarme alterar el registro del SO, algo que no quiero hacer para nada: es no dejarme hacer lo que quiero hacer.

Ya hay quien en el mundillo de la informática proclama como nuevo rey de la maldad a Jobs, sustituyendo a Gates. Jobs ya no puede reinar, pero ¿qué parte de su legado permanece? Lo dicho, debemos esperar para verlo. Como seres humanos, deseo a los familiares de Steve que pasen pronto estos momentos duros. Como marca, me trae sin cuidado que a Apple le vaya bien o mal. Seguiré investigando qué sistema o sistemas se adaptan mejor a mis necesidades. Hui de Windows porque me obligaba a aprender informática para usarla; estoy empezando a plantearme huir de Mac OS por el mismo motivo. Qué será, será.

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