Ars longa, vita brevis

La dama boba

24 de January de 2012

Lope de Vega ya estaba en plena madurez creativa cuando alumbró esta obra, en 1613. Es una de sus comedias más famosas, y es verdad que en esta relectura se me ha hecho bastante divertida, especialmente por las ocurrencias de Finea, la joven de gran belleza y poca sal en la mollera que da título a la obra. El argumento es simple: un joven de buena familia, pero poco dinero, acude a casarse con Finea, hermosa y tonta, como se ha dicho, pero con una herencia que la permitirá vivir desahogada el resto de su vida. Cuando Liseo, que así se llama el joven casadero, ve lo rematadamente boba que es su prometida, queda horrorizado, y a la vez se prenda de Nise, la hermana de la boba, también guapa, pero muy inteligente, aunque con menos posibles económicos. Otros galanes y otros personajes secundarios (especialmente los criados de los nobles) también se trabajan sus aventuras románticas, con más o menos éxito.

Como en todas las obras de Lope, no solamente tenemos el asunto tratado en las tramas, sino que además sobrevuelan la comedia varias cuestiones políticas, filosóficas, sociales y económicas. Por ejemplo, el papel que cada sexo debe ocupar en la sociedad, la capacidad que tiene el dinero de esconder los defectos, la obediencia debida a los padres, y una cuestión neoplatónica que por lo visto estuvo en boga en los primeros años del XVII: el poder civilizador del amor, que hace que una mula simple como Finea se convierta, casi por arte de magia, en una delicada bachillera que recita versos y cita a los clásicos. Como comedia, al final todo acaba bien, e incluso tiene la típica bromilla final algo pícara (se sugiere que dos de los caballeros, que quedan solteros, se casarán entre ellos… ¡siglos antes de que en España se aprobase la ley! Por supuesto, todo en broma).

Aunque a veces siento que le falta la profundidad que alcanza Calderón de la Barca, si a Lope se lo llamó en su tiempo Fénix de los ingenios españoles no fue en vano: fue todo un profesional del teatro, al que dedicó buena parte de su energía creativa, que no era escasa (hay quien le atribuye casi dos millares de obras teatrales, aunque la mayoría se habría perdido), fue además un teórico del teatro que supo entenderlo como lo que era, un negocio artístico, y aún le sobraba tiempo para escribir novelas, sonetos y toda clase de lírica, entregarse al amor a Dios y también al amor a las mujeres, pues fue un mujeriego reconocido. Incluso sus enemigos reconocían que era un talento fuera de serie, y su entierro fue uno de los más multitudinarios de la época.

La dama boba es una comedia relativamente ligera de leer, quizá no tanto para quien no haya estudiado castellano clásico ni la historia de nuestro idioma, aunque en esta edición de Cátedra —como en todas las de esta editorial— aparecen suficientes notas al pie como para no perderse. Leer esta comedia es, además, una oportunidad para comprobar la maestría de Lope manejando los distintos metros que estaban de moda en el Siglo de Oro, y ver, también, como acomoda cada métrica a los distintos personajes y situaciones.

Y como el teatro no se hace para ser leído, sino visto y oído, os he encontrado en YouTube una película producida por RTVE basada en esta obra, en la que, por lo que he visto, hay un par de escenas inventadas, y además otras aparecen cambiadas de sitio, pero en fin: conserva el verso, lo que no es poco. Si os apetece ver a todos los actores de todas las series y películas españolas representar esta obra, aquí tenéis el primero de diez vídeos, y en los relacionados os aparecerán los demás. Yo he aguantado poco, porque la pronunciación me ha parecido mejorable, por decir algo, pero en fin; que no se diga que no lo intenté.

Predicciones

27 de April de 2011

JAIMITO. Que no, tía, que no. Eso es cosa de esta gente de ahora que está podrida. Cuando éste sea mayor será totalmente diferente. Mira, para entonces, ya nadie tendrá que ir a la mili, ni habrá ejército, ni bombas, ni coñas de ésas. Ni habrá Móstoles, no te meterán en la cárcel, ni nada de nada. Si se te cae un ojo, te pondrán otro enseguida, pero no de cristal, como éste, no, de verdad, de los buenos, de los que se ve. Y si alguien se entera de que va a tener un niño, si no quiere tenerle, todas las facilidades, pero sin irse a Inglaterra ni rollos de esos malos. Aquí, a las claras y por la seguridad social. Y si lo quiere tener, pues ningún problema, estupendo, todos encantados. Y nacerán ya de más mayores cada vez, para que no lloren por las noches, ni se caguen, ni se pongan malos. Y nada más nacer, zas, una renta vitalicia, un dinero bien, como les pasa ahora a los ricos, pues a todos. De entrada naces, y un dinero para que estudies, o viajes, o vivas como quieras, sin tener que estar ahí como un pringao toda la vida; porque todo estará organizado justo al revés de como está ahora, y la gente podrá estar feliz de una vez, y bien. A gusto.

CHUSA. Sí, jauja.

José Luis Alonso de Santos, Bajarse al moro, ed. Cátedra (1985).

Este diálogo pertenece a la escena final de la obra, que, por cierto, aún no había leído, y me ha parecido soberbia (creo recordar que empecé a ver la película hace años).

El pobre de Jaimito intenta animar a Chusa informándole de cómo cree él que será el futuro, cuando el hijo que aquella espera sea mayor. Desde 1985 han pasado 26 años, así que podemos podemos intentar hacernos una idea de si Jaimito era demasiado cándido o, por el contrario, pesimista.

Hay cosas que, en efecto, se han arreglado: ya no hay que hacer el servicio militar desde hace bastantes años; el aborto se ha regulado mucho, y no es necesario huir a Inglaterra para practicarlo. Hay bastantes ayudas para el estudio, quizás mal repartidas, y también ayudas que combinan estudio, viajes y juergas (Erasmus). También ha avanzado un rato la medicina, aunque no tanto como para que puedan transplantarte un ojo biológico plenamente funcional (al menos que yo sepa), y tenemos que seguir tirando de los de cristal.

Por contra, siguen existiendo guerras y bombas, y ha vuelto, como en los tiempos de la guerra fría —que aún estaba librándose en el momento de publicarse la obra, aunque daba sus últimos coletazos— la amenaza nuclear, con los tiras y aflojas entre, principalmente, Estados Unidos, Israel e Irán. Y si te pillan llevando cierta cantidad de droga, sigues yendo a la cárcel, aunque no sé en qué medida ha variado ese asunto. Los ricos siguen siendo ricos, y los pobres, pobres. Pero ahora unos tienen muchísimo más dinero que antes, y los otros una tele plana y un matrimonio católico —de los que no se pueden romper— con un banco.

Y sigue existiendo Móstoles, eso sí.

Quedan noventa días. No les votes. ¿Por qué ahora?

20 de February de 2011

La primera iniciativa ciudadana que veo con posibilidades de convertir España en una democracia real: No les votes. La idea es ir a votar, pero votar a cualquier partido menos al PSOE, al PP o a CiU. La razón que ha disparado el asunto: la llamada ley Sinde. Lo que se pretende conseguir: que los tres partidos que han propiciado ese despropósito de ley, derecho y justicia vean mermados significativamente sus votos para que comprendan —si es que es verdad— que la gente no perdona ni olvida. Que a quien le toque gobernar a partir de 2012, si es que el mundo sigue en pie, se lo piense un par de veces antes de promulgar una norma que no se necesita, no se demanda socialmente, a buen seguro no solucionará ningún problema y recorta los derechos de la mayoría para satisfacer los intereses económicos de una minoría. El derecho que, según está redactada la Ley, puede verse comprometido: uno muy serio. El derecho a la libertad de expresión, a que lo que cada uno exprese siga sujeto a unas leyes aplicadas por unos jueces, y no por un órgano político.

En las últimas citas electorales, sin pretender decir a nadie qué tenía que hacer —aunque sí, por supuesto, pretendiendo influir en alguien, que para eso escribe uno—, escribí aquí sobre mi decisión de no ir a votar. No votaba porque la democracia montada en este país es un juego absurdo al que me negaba a jugar.

¿Qué ha cambiado?

Muchas cosas. Tu mamá tiene un Facebook. Casi todo el mundo está conectado. No necesitas dar la brasa a tus familiares: haz clic para decir que te gusta este grupo de Facebook y tus contactos leerán noticias sobre la iniciativa. Más: en el mundo islámico las cosas se están moviendo. Yo, como casi todo el mundo, pensaba, hasta hace unas semanas, que esos países se mantendrían en la Edad Media indefinidamente. Hace poco comprendí algo terriblemente esperanzador: no puede ser así. En algún momento tienen que cambiar, alcanzar la democracia y el laicismo. No se puede ir a peor eternamente. Nosotros también debemos avanzar, y está claro que se puede. La crisis. Mucha gente ha aprendido, por las malas, cómo las gastan los bancos y sus amigos políticos. Mucha gente está cabreada. Hay que estar cabreado para hacer algo, y en este país hay suficiente gente enfadada y con una situación tan mala que está dispuesta a hacer cosas para cambiarla.

¿Por qué ahora? Nos han rebajado y congelado salarios, nos han acribillado a EREs, han congelado pensiones, han prestado nuestro dinero a los bancos, no se han planteado mejorar las leyes sobre hipotecas, han aumentado mucho los impuestos a las clases medias y bajas, y poco a las clases altas… ¿por qué ahora? ¿Es que lo único que nos mueve es no poder bajar de Películas Yonkis?

Yo creo que es por otro motivo. Lo de las descargas no es tan importante. Antes de que existiera Internet, la gente se prestaba películas, discos y libros, y puede seguir haciéndolo, y lo hará: será otra comodidad que nos quiten, nada más (te obligan a desnudarte en el aeropuerto y no protestas, ¿no es eso más incómodo?). Es más: la mayor parte de la gente puede vivir sin productos culturales. En este país se lee muy poco, casi todo el mundo tiene en su ordenador música como para estar escuchando toda su vida sin repetir una canción, y lo más visto en la tele no es cine, sino fútbol y telebasura.

Creo que la razón es el descaro. Todas las medidas que se han tomado hasta ahora, las hemos visto como inevitables, porque así nos las han intentado vender. Y era posible hacerlo. Tienen que rebajarnos el sueldo, porque los bancos necesitan un préstamo, si no, la economía se resentirá, las empresas quebrarán, el cielo caerá sobre nuestras cabezas, ¿quién sabe? Es difícil, con tan poco tiempo libre, que uno se ponga en su casa a tratar de descifrar los misterios de la macroeconomía. Tal vez es necesario de verdad que los muchos de abajo ganemos un poco menos para que los pocos de arriba ganen mucho más. Con tantas horas que pasa uno en su trabajo, no hay tiempo para calentarse la cabeza.

Pero es mucho más fácil darse cuenta de que la famosa disposición de la Ley de Economía Sostenible no tiene ningún sentido, porque es mucho más sencillo el asunto. Además, ha sido como la gota que colma el vaso. Bajar los sueldos… vale. Pensiones… okay. Préstamos a los bancos, bueno. Puede que sirva para algo. Pero con la ley Sinde es como si se hubieran pasado de frenada. Si se hubiesen quedado en todo lo anterior, podría haber colado, pero ahora ya no. Estoy seguro de que todos los que leéis La Lengua sabéis de sobra de qué trata todo el asunto, pero si no, haced alguna búsqueda y encontraréis abundante información. Yo os remito, sobre todo, a los blogs de Enrique Dans y David Bravo.

En algún momento, en Túnez, Egipto, Marruecos, Siria y todos esos países, la gente se ha dado cuenta de que no pueden seguir así. Este es nuestro momento. Que no te engañen los partidos, sus medios de comunicación adictos ni los bloggers estúpidos: tu voto es tuyo, y es hora de hacer que sirva para algo. No vale el voto en blanco, ni el voto nulo, ni la abstención. Esta es una oportunidad de oro para demostrarles a esos que no somos tan tontos como parecemos. ¿O lo somos? Para la primera cita quedan noventa días.

Un perro elocuente y algo sobre ciencias y literatura

23 de January de 2011


Foto: Cass Sapir/Nova scienceNOW.

Llego, a través de Neatorama, a la historia de Chaser, un perro de raza Border Collie a quien su dueño, el psicólogo retirado John W. Pilley, ha logrado enseñar 1.022 palabras. Por supuesto, el perro no las puede pronunciar, dado que no tiene un aparato fonador análogo al de los seres humanos —o al de los loros, que también valdría—; sin embargo, Chaser es capaz de reconocer el objeto del que se le está hablando y traerlo.

Esta capacidad ha llevado a su dueño entre cuatro y cinco horas diarias desde 2004, en que adoptó a Chaser como cachorro. Tiene sus límites: por el momento —e imagino que seguirá así— el Collie únicamente es capaz de entender sustantivos, y no de cualquier clase, sino que tienen que ser objetos físicos. Nada de amor, el tres o el color verde. No obstante, sí que puede, por ejemplo, aprender por discriminación. Si se le ordena que traiga un objeto cuyo nombre no conoce, pero que está entre otros dos que sí sabe cómo se llaman, entiende que el objeto requerido es el desconocido, y desecha los otros dos.

Recuerdo, de mis años de estudiante, que en una asignatura en que se trataba estadística lingüística se calculaba el número necesario de términos de una lengua con el cual se podía entender determinado porcentaje de mensajes. Ahora mismo no tengo el texto a mano, pero buscando en Internet he llegado a esta tabla, donde podemos comprobar que, para el ruso, por ejemplo, con un vocabulario de 1257 palabras nos basta para entender el 70% de los mensajes. Se puede pensar que algo más de mil palabras es poca cosa, pero no creáis: simplemente, echad diez minutos en ir contanto el número de palabras que os sabéis. Probablemente más allá de 300 os cueste avanzar. La tabla que he enlazado un poco más arriba se ha preparado atendiendo a un corpus bastante extenso. Sin embargo, si vamos al lenguaje general, discriminando textos especializados o excesivamente formales, es muy probable que con entre 250 y 500 palabras seamos capaces de entender una cantidad de textos cercana al 100%. ¿Qué situaciones manejamos a lo largo del día? Normalmente, tienen que ver con el transporte, las faenas de la casa, diversiones bastante homogéneas —fútbol, salir a beber o comer algo, pasear, cine, televisión y poca cosa más—, la salud, el tiempo, relaciones familiares y, fuera de eso, las actividades profesionales de cada uno. Vamos a hacer un cálculo a lo bruto.
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Excusez-moi?

19 de January de 2011

Nunca, en todos mis años de vida, he leído una defensa tan directa y aplastante de la piratería:

[…] fue la piratería la que empujó a Cervantes a escribir la segunda parte de su novela […]

Y la autora es… Ángeles González-Sinde, Ministra de cultura del Gobierno de España, en El País.

Excusez-moi? ¿Está diciendo la señora Ministra que la piratería —juguemos nosotros también con su tendencioso léxico— es la causante de la creación de la que es sin duda la mayor obra de la literatura española, y una de las tres o cuatro mejores de la literatura universal? Siempre he estado en contra de la piratería, la de verdad, pero si es cierto que gracias a ella tenemos la segunda parte del Quijote, estoy empezando a replanteármelo.

Supongo que a lo que se refiere González-Sinde es a que Cervantes, al ver que un tal Avellaneda había publicado una segunda parte apócrifa de las aventuras de su caballero de la triste figura, aceleró la conclusión de la verdadera segunda parte, que tenía casi lista, pero modificó en un par de cosas para dejar por mentiroso al aprovechado autor. Fue un golpe de suerte, ciertamente, pues Cervantes murió solamente un año después de la publicación de la verdadera segunda parte, y el relativo éxito de la continuación falsa le había animado a finalizar la verdadera. Así que, después de todo, la Ministra va a tener parte de razón, aunque saliéndole el tiro por la culata.

O tal vez se refiera a que la primera parte del Quijote, a pesar de ser un éxito inmediato de ventas y de ser traducido a varios idiomas aún en vida de Cervantes, reportó al autor escasos beneficios económicos. En efecto, los cientos de ediciones no autorizadas de la gran obra de nuestras letras convirtieron a muchos en ricos, pero no a su autor. ¿Y quién se llevó el dinero? Pues… los editores, es decir, los empresarios que se lucraron con el libro pagando poco, o nada, a don Miguel, análogos a los editores y productores musicales de hoy, esos para quienes se prepara la llamada Ley Sinde.

Hablando en plata: Cervantes murió pobre porque, al igual que pasa hoy, los grandes empresarios de la «cultura» tenían la sartén por el mango, manejaban el negocio y el cotarro y solo dejaban al verdadero creador las migajas. Exactamente como sucede ahora. Si lo que pretende es que apoyemos su ley, señora Ministra, es mejor que cambie de argumentos. Porque cada vez que abre la boca, la gente tiene más claro que la Ley que llevará su nombre es un sinsentido de proporciones cervantinas.

Por cierto, como se comenta en La Aldea Irreductible, González-Sinde olvida, pensemos que de manera involuntaria (¡ja!) que esos derechos de autor que cita del año 1604 y que presuntamente protegían a Miguel de Cervantes, se extendían por un período de 10 (diez) años, y no más.

En fin. Cosas veredes.

(Gracias a César por darme la pista en Facebook.)

La metamorfosis

29 de April de 2010

Franz Kafka es un autor incomprendido, dicen todos los que entienden de algo, o los que quieren dárselas de eso. Y yo estoy de acuerdo. Pero no porque piense que en su narrativa hay disquisiciones metafísicas que es necesario desentrañar valiéndose de manuales de filosofía, sino precisamente porque, al ser un escritor y un fenómeno con un magnetismo tan evidente, todo el mundo quiere buscarle esos tres pies al gato, y leen sus narraciones sobrevolándolas, como si no fuese posible que el pobre bohemio quisiese, simplemente, contar la historia de un hombre que un día se despierta convertido en una cucaracha de un metro setenta y cinco. Lo del magnetismo de Kafka es evidente. Hay muchos escritores que cuentan con un adjetivo castellano creado en su honor (Cervantes, Homero, Calderón, Lorca, etc.), pero sus adjetivos suelen referirse a cuestiones literarias: obra cervantina, poema homérico, tragedia calderoniana, teatro lorquiano. Solo Kafka, y puede que algunos más, donaron su nombre a un adjetivo que puede aplicarse a la literatura y a la vida, pero sobre todo a la vida. ¿Qué no es kafkiano hoy en día? Mirad la tele, la política, la economía, las leyes, la educación pública… Creo que Kafka es el Jules Verne del siglo XXI, de igual modo que Verne fue el Jules Verne del siglo XX. Uno en ciencia y el otro en psicología y sociología.
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Dos inquietudes

11 de February de 2010

Una, sobre el rencor:

Es muy triste que el rencor de las personas alcance hasta los muertos; pero, ¿quién no tiene algo de podrido en el alma?

Y dos, sobre los prejuicios maritales racistas y clasistas:

[…] le recomiendo que tenga usted cuidado con sus hijos y con sus hijas: no les permita usted que se casen con individuos de cabeza redonda.
Verdaderamente sería el colmo de lo cómico impedir a un hijo que se casara con una buena muchacha por tener la cabeza redonda; pero no sería menos cómico oponerse a un matrimonio porque el abuelo del novio o de la novia hubiese sido en su tiempo zapatero o quincallero. En estas cuestiones, los jóvenes suelen tener mejor sentido que los viejos, porque no atienden más que a sus sentimientos.
Contaba una criada de mi casa, la Iñure, que un indiano rico de su pueblo, ex negrero, que estaba muy incomodado porque su hijo quería casarse con una muchacha pobre, hizo a la chica esta advertencia:
—Yo, como tú, no me casaría con mi hijo. Ten en cuenta que yo he sido negrero y que en mi familia ha habido dos personas que fueron ahorcadas.
—Eso no importa —contestó la muchacha—. Gracias a Dios, en mi familia ha habido también muchos ahorcados.
Realmente, esta muchacha discurría muy bien.

Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía. Leyéndolo que estoy en la estupenda aplicación Stanza para iPhone y iPod Touch.

Ya he leído unos cuantos cientos —o miles— de páginas de Baroja, y aún no he lamentado una sola. Este sí era un tipo inteligente.

Tiempo perdido

3 de August de 2009

Uno:

Mi madre se vio forzada a interrumpirse, pero sacó de esa obligación un pensamiento delicado más, como los buenos poetas a quienes la tiranía de la rima obliga a descubrir las mayores bellezas […]

Dos:

Pero, ¿qué quiere decir eso? ¿Acaso un hombre no vale tanto como otro? ¿Qué importa que sea duque o cochero, si tiene inteligencia y corazón?

Tres:

Yo no apartaba los ojos de mi madre pues sabía que, cuando estuviéramos a la mesa, no se me iba a permitir quedarme todo el transcurso de la comida y, para no contrariar a mi padre, mamá no iba a dejar que la besara varias veces delante de todo el mundo, como si estuviéramos en mi cuarto. Así es que me prometía, en el comedor, cuando se iniciara esa comida y yo sintiera acercarse la hora, hacer de aquel beso breve y furtivo todo lo que pudiera hacer con él solo, elegir con la mirada el lugar de la mejilla que iba a besar, preparar mi pensamiento para poder, gracias a ese comienzo mental de beso, consagrar todo el minuto que mamá iba a concederme sentir en su mejilla contra mis labios, como un pintor que sólo obtiene breves sesiones de pose y que prepara su paleta haciendo por adelantado, con el recuerdo y las notas, todo aquello para lo que, en verdad, podía prescindir de la presencia del modelo.

Cuatro:

[…] como me enteré más adelante, una angustia semejante fue la tortura de largos años de su vida, y quizá nadie hubiera podido comprenderme tan bien como él; pero a él, esa angustia que experimentamos al sentir que un ser que amamos está en un sitio de placer donde no estamos y al que no podemos ir, se la hizo conocer el amor, al cual está en cierto modo predestinada, por el cual será acaparada, especializada […]

Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, I: Del lado de Swann.

Lee a Poe

3 de April de 2009

poe

Situación: examen de Lengua castellana y literatura para unos alumnos de 2.º de la ESO, en que uno de los contenidos evaluables era el cuento literario. Aunque les había leído en clase El inmortal, de Borges, y lo habían disfrutado como enanos que son, el vocabulario preciosista del maestro argentino era demasiado para unas jóvenes mentes en tensión –cuando se lo leí, fui improvisando sinónimos para esquivar el complicado estilo del segundo gran rapsoda ciego de las letras universales–. Quería ponerles un texto que les llamase la atención de alguna manera, y no solo un montón de letras que se juntan para decidir su suerte. Un texto que les dijera algo, en otras palabras. Me decidí por el sobrecogedor inicio de El corazón delator, del desgraciado Edgar Allan Poe, en la clásica traducción al castellano de Julio Cortázar:

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí, se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Empezamos bien, porque enseguida relacionaron el título del relato con un episodio de Los Simpsons en que Lisa esconde el diorama que ha hecho su compañera y rival, y al final confiesa su crimen, agobiada por los latidos de ese espantoso corazón. Los Simpsons son como un millón de monos escribiendo a máquina durante un millón de años: si les das el tiempo suficiente, te sirven para que a los alumnos les suenen Hamlet, la Odisea, Cervantes, El cuervo de Poe o Whalt Whitman (todos estos casos son reales y aparecen en la serie).

No solo por la serie de dibujos animados, sino también por el tema tratado, el relato les picó en su joven curiosidad. Me pidieron que al día siguiente no se me olvidase traer el libro y les terminara de contar el cuento. Uno de los alumnos terminó pronto el examen –es de los que tradicionalmente han sido considerados alumnos malos, por cosas como esta–. Así que, para que no estuviese el resto de la hora aburrido o molestando a sus compañeros, le presté el volumen y le pedí que leyese para sí El gato negro, otro de los relatos en que un loco se deja llevar por sus delirios homicidas. Quince minutos después, el alumno de delante de él se levantó y me entregó su examen. Al volver a su sitio, disimulando para que no lo viese (en mis exámenes está terminantemente prohibido hablar, y debéis sorprenderos, porque no es norma general en estos tiempos aciagos), aprovechó el movimiento de sentarse para decirle en voz baja al otro: «¿Está guapo?» Su compañero, levantando del libro solamente los ojos, y con una mirada cómplice, asintió con la cabeza.

Es una opinión personal, lo sé, pero creo que la literatura es el mayor invento de la humanidad. Hemos sido capaces de agarrar algo malo a priori –la mentira– y convertirlo en algo que ha sido bueno durante miles de años. ¿Cómo nos las hemos arreglado los profesores de Lengua y literatura para convertirlo en una de las asignaturas más aburridas, pesadas, odiadas y difíciles de aprobar? ¿Por qué no somos capaces de reflejar en nuestros alumnos a ese mocoso que fuimos un día, que lo pasaba tan bien leyendo historias de miedo o de hidalgos locos que decidió dedicar el resto de su vida a este noble arte? Creo que tengo parte de la respuesta.

La literatura es importante y se enseña en las escuelas porque es arte, y como es arte, es hermoso y divertido. Mejor dicho, como es hermoso, divertido e inútil, es arte. Como es tan importante por ser un arte, estudiamos multitud de cosas que vuelan alrededor de ella: nombres, fechas, movimientos, recursos estilísticos. Con el tiempo y la madurez, cuando dejamos de ser jóvenes y nos convertimos en profesores al uso, olvidamos que lo importante es lo que está en el suelo y que las cosas que están encima son únicamente polvo suspendido en el aire. Hay y ha habido y habrá millones de borrachos en el mundo; ¿por qué nos debe interesar la borrachera de Poe? ¿Y es que Cervantes fue el único que quedó manco en Lepanto? Hubo otros miles o millones de soldados que sufrieron mutilaciones más macabras, y aunque nuestro Miguel fue sin duda un héroe, heroicidades más grandes se cometieron, seguro. Y Góngora fue cura, y eso no me importa ni a mí, que tengo la obligación de enseñarlo. ¿Por qué iba a interesar a los peques que amontonamos en esas sillas verdes? Pero cuando tengan edad suficiente para interesarse por los acertijos, explícales el laberinto donde espumoso el mar sicilïano/ el pie argenta de plata al Lilibeo/ (bóveda o de las fraguas de Vulcano/ o tumba de los huesos de Tifeo), […] y, si les puedes transmitir la misma belleza misteriosa que tú conoces, verás cómo se quedan con la boca abierta. Y si eres profesor de Física, antes de aburrirlos con las leyes de Newton, cuéntales la anécdota apócrifa de la manzana, o mejor aún, explícales el tirachinas gravitatorio (ignoro el nombre en castellano) que permite que un planeta inerte nos sirva para decidir la trayectoria de una nave de millones de toneladas sin gastar un gramo de combustible. Y, solo después, háblales de la leyes de Newton (o de que Góngora fue cura). Lo sé: son dos casos que nos llevan a una paradoja. Lo importante no es el tirachinas gravitatorio, sino la ley de atracción de las masas, y al revés, lo importante no es que don Luis fuera cura sino que escribió el Polifemo. Sin embargo, en ambos casos, de lo que se trata es de mostrarles que lo que enseñamos es algo real, no un dato escrito en un libro, y que puede afectarles en su vida, ya sea en su interacción con otros cuerpos –o planetas, llegado el caso– o en su ocio personal.

Prefiero que no sepan a quién dedicó Poe sus versos, y que algún día, en el futuro, se encuentren casualmente con uno de sus volúmenes de cuentos y piensen «mira, recuerdo que un día el profesor nos leyó El corazón delator y fue alucinante; veamos si hay algo más», a que me escupan en un examen dos nombres y diez fechas y que más tarde, tras acabar la enseñanza obligatoria, cuando se encuentren con ese objeto feo compuesto por unos cuantos gramos de árboles muertos, hagan una mueca de terror y griten, alejándose: Nevermore!

Los molinos atacan

16 de March de 2009

molinos

Si los molinos de viento se vuelven contra nosotros, who you gonna call? No, no llamarás a los Cazafantasmas. Haz clic aquí para saber la respuesta. Precioso homenaje, en mi opinión, al primer superhéroe de los patosos.

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