Ars longa, vita brevis

¿Deben los menores tener un teléfono móvil inteligente?

15 de June de 2016

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Imagen: metronews.fr

Hace unas semanas, unos alumnos de alrededor de quince años me preguntaron si quería ver un vídeo del estado islámico en el que se veía como trituraban a un prisionero vivo atropellándolo con un carro blindado. Tenían el vídeo en sus teléfonos móviles, y se lo habían pasado por el grupo de Whatsapp en el que se encontraban todos los alumnos de ese grupo.

Todos los alumnos tienen un teléfono multimedia, con una gran pantalla y capacidades de conexión a internet. Por tanto, los chicos tienen un acceso permanente a material textual y audiovisual de todo tipo: la Wikipedia, las obras de Cervantes y de Shakespeare, multitud de películas y documentales de dominio público, y también vídeos pornográficos, de torturas, violaciones y decapitaciones, cuarentones haciéndose pasar por chicos o chicas de quince años y páginas web que los incitan a dejar de comer y vomitar hasta lograr una delgadez patológica que pone en riesgo su salud.

No soy un profesor carca. Mantengo una envidia sana ante las posibilidades que las nuevas tecnologías ponen al alcance de los adolescentes de esta época, y que a nosotros nos parecían ciencia ficción. Recuerdo enviar un cupón por correo para comprar unas partituras de guitarra, y recogerlas de veinte a treinta días después en la sede de Correos, abonando su importe. Hoy un adolescente con inquietudes musicales no tiene más que conectarse a Youtube y buscar un vídeo didáctico que le enseñe, paso por paso, a tocar su canción preferida. De hecho, trato de mantenerme al día en estos asuntos —también, no voy a negarlo, porque me atraen—, y no es infrecuente que, en los pocos ratos libres de que disponemos, mis alumnos me pregunten si por fin me he pasado aquella pantalla de Gears of War, y me ofrecen ayuda y trucos si aún no lo he hecho.

En mi centro están prohibidos para los alumnos el uso y la exhibición de teléfonos móviles y otros aparatos electrónicos. La principal razón, aunque en un principio pudiera pensarse, no es la necesidad de que atiendan a las clases y actividades y no a sus conversaciones. Estamos trabajando con menores que tienen derechos, entre ellos el derecho a la dignidad y a la propia imagen, y no es infrecuente que se suban a las redes sociales fotografías hechas a traición, en que algún alumno no sale muy agraciado, y que se aproveche esta circunstancia para denigrar al sujeto, a menudo de forma anónima. Además, los teléfonos son una herramienta milagrosa para el copieteo en los exámenes. No les prohibimos que los traigan, pues a sus padres les deja más tranquilos saber que pueden contactar con ellos en el trayecto entre el centro y sus casas; pero, dentro del instituto, no pueden usarlos (sus padres pueden llamar al teléfono del centro si necesitan hablar con sus hijos, y viceversa).

No voy a comentar casos que conozco de primera mano, pues lo primero de todo es el interés de los menores. Tampoco voy a enlazar noticias, pero todos hemos conocido por los informativos casos de fotografías y vídeos filtrados de menores desnudos, a veces manteniendo encuentros sexuales. Las leyes son muy estrictas y actúan para castigar al que ha filtrado las imágenes y para proteger al menor, pero todos sabemos que, una vez que el vídeo en cuestión ha alcanzado la red, su supervivencia ad aeternum se puede dar por segura.

He comentado a menudo con preocupación estos asuntos con compañeros y compañeras míos que tienen hijos adolescentes, y prácticamente siempre defienden la tenencia y el uso prácticamente ilimitado de este tipo de teléfonos para los adolescentes. A veces sus argumentos son sólidos (la permanente comunicación con ellos en caso de necesidad). Otras, no tanto (todos sus amigos tienen uno y no quieren que su hijo sea el «raro»). Cuando les pregunto si saben que sus hijos pueden estar, en ese preciso momento, consumiendo pornografía o vídeos de decapitaciones suelen encogerse de hombros y decir que es muy difícil controlarlo todo.

A veces me dicen que la palabra clave es «educación». Hay que educar para que los alumnos hagan un uso razonable del teléfono móvil. Curiosamente, los padres —incluso cuando esos padres son docentes— de los adolescentes suelen olvidar que sus padres les prohibieron beber, fumar, tener relaciones sexuales sin la debida protección (o matrimonio por la iglesia) y subirse en coches de desconocidos, y que todos lo hicieron. El adolescente es una máquina hermosa y terrible: sabe que su potencial está aumentando, no sabe cuáles son sus límites y quiere comprobarlo. Si a un adolescente lo han concienciado sus padres de que no es adecuado que a sus catorce años consuma pornografía, igualmente, al recibir un vídeo en un grupo de Whatsapp lo abrirá por curiosidad (ni siquiera meto aquí la rebeldía, algo también característico y hermoso de la adolescencia). El adolescente normal y sano verá y probará todo lo que esté al alcance de su mano. Por eso tenemos leyes que les prohíben consumir alcohol, además de educación para la salud, y, aun así, lo hacen.

¿Dejarías a tu hijo que, sin supervisión, tuviese a su alcance una parrilla de cien canales de televisión, sabiendo que incluye contenidos pornográficos que a veces juegan con la legalidad, confiando en que no los va a ver porque lo has educado para ello? Hablando sinceramente contigo mismo, ¿crees que no lo haría, si supiera que nunca lo vas a saber? Probablemente esta noche tu hijo cierra la puerta de su habitación y pone debajo de su almohada un dispositivo electrónico que le permite acceder a, virtualmente, toda la producción audiovisual de la humanidad hasta la fecha. Y, créeme, no lo está usando para buscar información para el examen de mañana ni para ver dibujos animados. ¿Lo habrías hecho tú a su edad?

Creo que es urgente que la sociedad se dé cuenta de una vez por todas de que podemos estar causando traumas personales severos a unos adolescentes que necesitan nuestra protección y que no la tienen. Estamos soltando sus ojos, sus oídos y sus cerebros en medio de la selva. Con que sus cuerpos crezcan sanos y grandes nos basta, y descuidamos la parte más delicada e importante de su físico: su cerebro.

Esta sociedad es ciegamente hipócrita cuando prohíbe la publicidad del tabaco y el acceso a salas de cine para ver determinadas películas por edades y luego deja en sus manos el mayor archivo sádico y pornográfico creado por el ser humano.

¿Se debe prohibir que los menores tengan un teléfono? La respuesta tiene una sola sílaba: no. Igual que no hay que prohibirles ver la tele o jugar a los videojuegos. Pero, si eres de esos padres que miran la clasificación por edades antes de comprar un videojuego para tu hijo, ¿luego le dejas solo con un dispositivo mediante el cual va a acceder a todo el contenido del videojuego y a contenidos mucho peores?

No soy legislador y no tengo la solución a este problema. Solo sé que dedicamos más energías a impedir que los críos se atiborren de grasas saturadas y refrescos cargados de azúcar que a impedir su acceso a contenidos multimedia que me hacen horrorizarme a mí, que tengo todos los años del mundo. Quizás se podría legislar para que se vendiesen teléfonos para menores de edad (igual que pueden conducir una bicicleta pero no un automóvil). No lo sé. Me han hablado de programas que bloquean el acceso de los teléfonos a determinados contenidos. ¿Cuántos de vosotros los habéis instalado en los teléfonos de vuestros hijos? Aun así, no se les puede dejar sin Whatsapp. Eso sí: os aseguro que si vuestro hijo o hija tiene un teléfono móvil con mensajería instantánea, tiene en este mismo momento en la memoria de su teléfono imágenes no aptas para sus edades. ¿De verdad no vamos a hacer nada?

Quedan noventa días. No les votes. ¿Por qué ahora?

20 de February de 2011

La primera iniciativa ciudadana que veo con posibilidades de convertir España en una democracia real: No les votes. La idea es ir a votar, pero votar a cualquier partido menos al PSOE, al PP o a CiU. La razón que ha disparado el asunto: la llamada ley Sinde. Lo que se pretende conseguir: que los tres partidos que han propiciado ese despropósito de ley, derecho y justicia vean mermados significativamente sus votos para que comprendan —si es que es verdad— que la gente no perdona ni olvida. Que a quien le toque gobernar a partir de 2012, si es que el mundo sigue en pie, se lo piense un par de veces antes de promulgar una norma que no se necesita, no se demanda socialmente, a buen seguro no solucionará ningún problema y recorta los derechos de la mayoría para satisfacer los intereses económicos de una minoría. El derecho que, según está redactada la Ley, puede verse comprometido: uno muy serio. El derecho a la libertad de expresión, a que lo que cada uno exprese siga sujeto a unas leyes aplicadas por unos jueces, y no por un órgano político.

En las últimas citas electorales, sin pretender decir a nadie qué tenía que hacer —aunque sí, por supuesto, pretendiendo influir en alguien, que para eso escribe uno—, escribí aquí sobre mi decisión de no ir a votar. No votaba porque la democracia montada en este país es un juego absurdo al que me negaba a jugar.

¿Qué ha cambiado?

Muchas cosas. Tu mamá tiene un Facebook. Casi todo el mundo está conectado. No necesitas dar la brasa a tus familiares: haz clic para decir que te gusta este grupo de Facebook y tus contactos leerán noticias sobre la iniciativa. Más: en el mundo islámico las cosas se están moviendo. Yo, como casi todo el mundo, pensaba, hasta hace unas semanas, que esos países se mantendrían en la Edad Media indefinidamente. Hace poco comprendí algo terriblemente esperanzador: no puede ser así. En algún momento tienen que cambiar, alcanzar la democracia y el laicismo. No se puede ir a peor eternamente. Nosotros también debemos avanzar, y está claro que se puede. La crisis. Mucha gente ha aprendido, por las malas, cómo las gastan los bancos y sus amigos políticos. Mucha gente está cabreada. Hay que estar cabreado para hacer algo, y en este país hay suficiente gente enfadada y con una situación tan mala que está dispuesta a hacer cosas para cambiarla.

¿Por qué ahora? Nos han rebajado y congelado salarios, nos han acribillado a EREs, han congelado pensiones, han prestado nuestro dinero a los bancos, no se han planteado mejorar las leyes sobre hipotecas, han aumentado mucho los impuestos a las clases medias y bajas, y poco a las clases altas… ¿por qué ahora? ¿Es que lo único que nos mueve es no poder bajar de Películas Yonkis?

Yo creo que es por otro motivo. Lo de las descargas no es tan importante. Antes de que existiera Internet, la gente se prestaba películas, discos y libros, y puede seguir haciéndolo, y lo hará: será otra comodidad que nos quiten, nada más (te obligan a desnudarte en el aeropuerto y no protestas, ¿no es eso más incómodo?). Es más: la mayor parte de la gente puede vivir sin productos culturales. En este país se lee muy poco, casi todo el mundo tiene en su ordenador música como para estar escuchando toda su vida sin repetir una canción, y lo más visto en la tele no es cine, sino fútbol y telebasura.

Creo que la razón es el descaro. Todas las medidas que se han tomado hasta ahora, las hemos visto como inevitables, porque así nos las han intentado vender. Y era posible hacerlo. Tienen que rebajarnos el sueldo, porque los bancos necesitan un préstamo, si no, la economía se resentirá, las empresas quebrarán, el cielo caerá sobre nuestras cabezas, ¿quién sabe? Es difícil, con tan poco tiempo libre, que uno se ponga en su casa a tratar de descifrar los misterios de la macroeconomía. Tal vez es necesario de verdad que los muchos de abajo ganemos un poco menos para que los pocos de arriba ganen mucho más. Con tantas horas que pasa uno en su trabajo, no hay tiempo para calentarse la cabeza.

Pero es mucho más fácil darse cuenta de que la famosa disposición de la Ley de Economía Sostenible no tiene ningún sentido, porque es mucho más sencillo el asunto. Además, ha sido como la gota que colma el vaso. Bajar los sueldos… vale. Pensiones… okay. Préstamos a los bancos, bueno. Puede que sirva para algo. Pero con la ley Sinde es como si se hubieran pasado de frenada. Si se hubiesen quedado en todo lo anterior, podría haber colado, pero ahora ya no. Estoy seguro de que todos los que leéis La Lengua sabéis de sobra de qué trata todo el asunto, pero si no, haced alguna búsqueda y encontraréis abundante información. Yo os remito, sobre todo, a los blogs de Enrique Dans y David Bravo.

En algún momento, en Túnez, Egipto, Marruecos, Siria y todos esos países, la gente se ha dado cuenta de que no pueden seguir así. Este es nuestro momento. Que no te engañen los partidos, sus medios de comunicación adictos ni los bloggers estúpidos: tu voto es tuyo, y es hora de hacer que sirva para algo. No vale el voto en blanco, ni el voto nulo, ni la abstención. Esta es una oportunidad de oro para demostrarles a esos que no somos tan tontos como parecemos. ¿O lo somos? Para la primera cita quedan noventa días.

Lo mejor de Twitter

7 de February de 2011

Os avisé hace unos días de que me he hecho una cuenta de Twitter (eliasmgf). Como os informaba en ese post, ya me abrí una hace dos o tres años, pero no le vi ningún sentido y la borré. En esta ocasión me he esforzado por encontrarle algo, aunque solo sea porque si tiene millones de usuarios, debe de tener algo interesante (ya, conozco lo de las moscas y las heces, pero ¿quiénes somos para juzgar a las moscas? Han estado en la Tierra mucho más tiempo que nosotros, y la seguirán habitando cuando ya no estemos aquí. Qué gracioso Noé, cuando tuvo la feliz idea de invitarlas al arca).

(Quien esté familiarizado con Twitter puede saltarse el siguiente párrafo)

Lo bueno que he descubierto son los hashtags. Son algo así como unas etiquetas que uno puede añadir a sus tweets —sus actualizaciones de estado— añadiendo la almohadilla al principio de la palabra. Cuando un hashtag es utilizado por mucha gente, se convierte en trending topic, o «tema del momento», es decir, las etiquetas más populares.

Hace unos días fue tema del momento en España el asunto de Bisbal y las pirámides, con el que eché alguna de las risas más intensas de los últimos meses (falta me hacía, vive Dios). Tenéis más información aquí y aquí, aunque supongo que habrá poca gente conectada que no se haya enterado del asunto; incluso apareció en las noticias de televisión.

El tema ahora es el vergonzoso espectáculo que protagonizó el diario El País cuando despidió a Nacho Vigalondo por una broma que el director cántabro gastó en su cuenta de Twitter. La broma hacía referencia al Holocausto nazi sobre los judíos. La broma podía tener mayor o menor gracia, mejor o peor gusto (yo no le veo ni la gracia ni el gusto), pero la solución de El País consistió en rescindir los contratos que tenía con Vigalondo y dejar de emitir el anuncio que había rodado este para la edición en iPad del diario de Prisa. Vigalondo se explica y pide disculpas en este post.

Ya he aclarado que la broma, a mí particularmente, no me hace gracia ni le veo el gusto, pero total, tanto el humor como el buen gusto son asuntos subjetivos: gente habrá que tenga una visión distinta. Lo que sí tengo clarísimo es que tomar medidas laborales y contractuales contra una persona por gastar una broma —en un medio, además, que nada tiene que ver con la empresa que lo contrata— desvela una enorme falta de sentido del humor, de perspectiva, y de respeto a la libertad de expresión. Hay quien achaca la situación a no sé qué enorme capital judío que alimenta a Prisa. Yo, que estoy abonado a casi todas las teorías de la conspiración, no soy muy aficionado a la judeomasónica, y veo más probable que la cosa esta se deba a la pérdida de sentido del humor que están sufriendo en general las sociedades occidentales, fruto del respeto cada vez mayor por los integrismos religiosos del signo que sean (El País fue uno de los diarios desde los que más se defendió que no había derecho a dibujar a Mahoma si a alguien le molestaba).

Lo más divertido de todo es que el caso ha desatado un gracioso trending topic en Twitter: #HumorElPais, donde los usuarios ejercen una desternillante crítica contra la cuasi censura del diario, contando chistes… políticamente correctos.

Lo mejor, sin embargo, aparte de leer las ocurrencias de los twitteros, es recordar cómo eran los chistes antes de sufrir la censura de las neo leyes de no discriminación, de respeto a las minorías o de igualdad de sexos. Hay incluso chistes que no conocía, y que por el final maquillado puedo adivinar en su versión original, lo que añade más diversión aún. Os dejo con los que más me han hecho soltar la carcajada. Que los disfrutéis.

#HumorElPais
– Ninguna mujer es fea por donde piensa.
– ¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? La que usará para brindar por la amada y valiosa igualdad de género.
– ¿En qué se parecen las mujeres a las hormigas? En nada, y mucho menos en lo referente al taponamiento de orificios.
– Mamá, en la radio he oído que han matado a una mujer en este edificio… ¿Mamá? ¿¡Mamá!? —Dime, que no te oía. —Jolín, qué susto.
– ¿Cuándo irán las mujeres a la luna? Cuando la NASA mejore su política de igualdad.
– Juguemos al teto: tú te agachas y yo te respeto.
– Mi cumpleaños es el día cinco. —¿Perdona? —El día cinco. —Perdona, no te había oído.
– ¿Qué hace un leproso tocando la guitarra? Expresarse mediante una maravillosa forma de arte.
– Entra un hombre con dos mujeres a una pizzería: —¿Me pone dos pizzas? —¿Familiares? —Sí, por favor, que estamos hambrientos.
– Por favor, ¿ha visto a mistetas? —Sí, está justo ahí. —¡Muchas gracias, caballero! Perrito malo…
– Un caballo entra a un bar, va a la barra y el camarero llama a la protectora de animales porque eso puede ser peligroso.
– Va un negro por la calle con un sapo en la cabeza. Se da cuenta y exclama «¡Eh!, ¿y este sapo? ¡Lo llevaré a alguna reserva ecológica!»
– Perdone, ¿la notaría? —Claro, señora, la primera a la derecha.
– Papá, ¿qué es peor, la ignorancia o la indiferencia? —Mira, hijo, ambas son muy graves.
– Mamá, en el colegio me llaman cabezón. —Hijo, vamos a presentar una denuncia.
– ¿En qué se parece un judío a una mierda? —En nada, qué mal gusto.
– Esto son dos amigos que deciden ir al puticlub, pero al final no porque eso degrada a la mujer.
– Doctor, ¿qué me había dicho? ¿Virgo? —Sí.
– Esto son dos y uno se cae pero su amigo le coge antes de que pueda hacerse algún daño.
– Papá, ¿me puedo tirar a la Bartola? —Sí, hijo. —Vale, cualquier cosa, estoy descansando en mi cuarto.
– ¿Te sabes el chiste del maricón que dijo que no? —No. —Qué pena, es un chiste muy gracioso.
– ¿Por qué los de Lepe ponen cinco teles, una encima de la otra? Para ahorrar espacio.
– Este es Jaimito que llega el lunes a la escuela, abraza lloroso a la profesora y pregunta: ¿Me perdona usted?
– Un físico, un químico y un informático van en un coche. El coche se estropea y el informático pregunta: ¿Y si lo llevamos a un taller?
– ¿Cómo meterías a cien judíos en un coche? No se puede, solo tiene cinco plazas.
– Hola, niño, ¿está tu madre? —No, ha ido a un entierro. —¿Cuándo vuelve? —No sé. —Vale, vendré mañana.
– Esto es un hombre que le dice a una viuda en el entierro de su marido: «Lo siento». Y va la mujer y dice: «Gracias».
– ¿Cuál es el colmo de un ciego? Ninguno, es una discapacidad terrible que merece todo nuestro apoyo y respeto.
– No es lo mismo dos bolas negras que dos bolas verdes.
– ¿Por qué se suicidó Hitler? Porque había hecho cosas terribles.
– Jaimito, dime algo redondo y con pelos. —Las bolas de billar. —Eso no tiene pelos. —Perdón, me habré equivocado.
– ¿Qué hacen cincuenta negros en una pared blanca? —Repasar lo pintado ya que están ejerciendo su derecho a un contrato digno.
– ¿Bailas? —No. —Deduzco, por ello, que no cabría posibilidad de entablar un diálogo sobre la posibilidad de practicar un coito recreativo. —Correcto.
– ¿Cómo congelan la imagen de TV los de Lepe? Pulsando el botón de pausa en el mando a distancia del DVD.

Y, a mi jucio, el mejor de todos:

– Cariño, ¿te traigo una naranja? —Sí, por favor. —¿Te la pelo? —No hace falta, gracias.

Y recordad: estamos perdiendo el sentido del humor y el gusto por la libertad. Dentro de poco, algunos de estos chistes podrían ser delito. ¿O lo son ya?

Estadísticas de 2009

15 de February de 2010

Dan Meyer, un profesor estadounidense, ha estado guardando estadísticas de sus principales actividades de ocio durante el año 2009 (beber cerveza, escuchar música, ver cine, enviar SMS, etc.). Después ha hecho un vídeo y lo ha subido a Internet, y el resultado es digno de verse:

Dan Meyer’s 2009 Annual Report from Dan Meyer on Vimeo.

En su blog cuenta con cierto detalle cómo lo llevó a cabo.
Vía Boing Boing.

Moscas contra el cristal

2 de December de 2009

A menudo, en mis clases, tengo que hablar a los alumnos de los aparatos de grabación y reproducción de la voz humana, para ilustrarlos sobre las diferencias entre la lengua oral y la escrita (una de las cosas buenas de dar una de estas asignaturas que los imbéciles critican porque «no sirven para nada» es que puedes hablar, prácticamente, de todo). Si quiero que me entiendan, les hablo del MP3, aunque el nombre no sea técnicamente adecuado, pero aprovecho para decirles que en realidad el MP3 es un formato, y que el nombre del aparato es «reproductor de archivos de audio digital», etc., etc. Les pregunto si saben lo que es un compact disc, y todos lo saben, sobre todo porque recuerdan que la PlayStation funcionaba con ese formato (a duras penas lo reconocen como un formato de almacenamiento de audio). Recuerdan que sus padres tenían cintas de casete, y han visto algún vinilo en una revista o en una foto de Internet.

Los alumnos de los que hablo tienen entre 16 y 18 años; los de los cursos más bajos, normalmente, solo saben que un CD es algo parecido a lo que meten en la PlayStation 3 o la Xbox. Diez o quince años más, a lo sumo, y serán ellos los que, tras un duro día de trabajo, salgan a la calle a hacer compras. Es decir, los jóvenes profesionales que decidan qué se vende y qué no son estos chicos que nunca, en su vida, han introducido un CD en un lector para escuchar música. Ellos van al Ares, ya no usan ni el eMule, o bien, cuando saben el título de una canción que les gusta, la buscan en YouTube. Los padres vienen a hablar conmigo y me cuentan lo preocupados que están porque sus hijos pasan las horas muertas en Facebook o Tuenti, y yo intento tranquilizarlos: las redes sociales no tienen nada de malo, más que las amistades que puedan hacer en la calle. Su obligación, como padres, es saber con quién se juntan y qué cosas hacen grosso modo, respetando una parcela de intimidad pero manteniendo el control, mientras sean menores y estén bajo su custodia. Exactamente igual que cuando los únicos amigos que tenías eran los de tu barrio, cuando conocías su olor, su forma de hablar y de vestir, sus aficiones de palabra viva y no por su perfil. La forma ha cambiado, pero no el fondo. Facebook no tiene nada malo que no tuviera el banco de su barrio; es simplemente la forma en que los jóvenes se comunican ahora. Y no creo que podamos hacer una ley para cambiar esa forma de comunicarse. Tampoco creo que podamos hacer una ley para obligar a los chicos a comprar discos compactos. Sería lo mismo que si, en mis tiempos mozos, una ley hubiese intentado obligarme a comprar vinilos en lugar de los compactos que nosotros comprábamos —muy caros— y coleccionábamos. Nosotros comprábamos CDs porque era lo más conveniente a nuestra forma de vida. Por el mismo motivo, los jóvenes de ahora consumen Ares o YouTube. Y, o cierran Internet, o va a seguir siendo así.

La cerrazón de miras y la obstinación de la industria musical española, que se empeña en mantener modelos de negocio antediluvianos y en presionar a la clase política para que reforme la sociedad y se adapte a ellos, en lugar de adaptarse ellos a la sociedad del presente y del futuro, me recuerda siempre al cotidiano espectáculo de una mosca que se da cabezazos contra el cristal de una ventana. No importa las veces que compruebe que el cristal sigue ahí, la mosca no cesa de estrellarse. Al final, o se mata por su cabezonería, o, si tiene suerte, algún humano benefactor le abre un postigo y le ofrece una una salida que no es el cristal por la que podrá continuar su vuelo alegremente.

¿Cuántas veces se van a tener que dar contra el cristal los músicos y los productores españoles hasta darse cuenta de que no tienen fuerza suficiente para romperlo, y encontrar los múltiples postigos que se les abren (descargas promocionadas con publicidad o pagadas, métodos de suscripción por la música, dejar de quitarnos dinero con el canon y bajar los precios de los originales, por poner solo tres ejemplos)?

Yo no tengo la respuesta. Igual que cuando veo una mosca dándose porrazos contra la ventana, sólo puedo contemplar el espectáculo y pensar que es patético.

Mientras esperamos la suerte de la mosca, si tienes dos dedos de frente lee esto

Noticias cachondas

29 de June de 2009

Últimamente los telediarios no me dan un respiro, así que me he tenido que buscar yo solo la información surrealista que necesito. Os recomiendo El Garrofer, donde podréis leer cada día las noticias más traviesas de la la información del mundo, España y Elche. Un botón de muestra (ojo, no os recomiendo leerla si estáis comiendo, os podéis atragantar):

Un señor pide hora en la Seguridad Social y luego no va

Un señor de Pontevedra pidió hora para su médico de cabecera de la Seguridad el pasado viernes, y luego no acudió a la cita, provocando un breve instante de silencio cuando se le llamó para entrar en la consulta, puesto que al no estar presente, nadie contestó.

“Fue un momento incómodo”, dijo una señora que sí estaba allí y tenia hora para más tarde. “Yo había ido un poco antes porque no me importa esperar ahí, pasando el rato. De repente se abrió la puerta de la consulta y la doctora llamó al señor ese, pero nadie contestó, los que estábamos ahí nos miramos un momento y luego la doctora llamó al siguiente en la lista”.

La doctora encargada de pasar consulta dijo a El Garrofer: “Eso es un hecho que acontece esporádicamente, si sumamos los instantes de silencio que se producen cada año debido a la ausencia de alguien que había pedido hora, puede que estemos hablando de seis minutos o seis minutos y medio”.

Al parecer no era la primera vez que el señor que se ausentó de su cita hacía lo mismo. Localizado en su domicilio, no quiso hacer comentarios. Sin embargo varios vecinos aseguran que pedir hora y luego no ir lo hace “a menudo” y “para divertirse”.

“A mí me dijo que lo hacía casi todos los días”, aseguró un vecino con el que frecuenta el bar de la esquina. “Cuando le pregunté por qué, me dijo que lo hacía como broma y que luego en el día y hora de la cita, se quedaba en casa pensando en que justo en ese momento estarían llamándole para entrar en la consulta. Le pregunté qué era lo que le hacía gracia de eso, y me contestó que no lo sabía”.

Más ejemplos: El 73 % de los españoles vería “bien” que Zapatero cometiera un asesinato; Los Aznar dicen que tratarán a Obama como a una persona normal; y así podría seguir durante días.

Si tenéis un par de horas libres, no dudéis en pasaros.

España: Estado del miedo

19 de May de 2009

Nuestra democracia tiene un par de características, especialmente en el apartado judicial, que permiten que en la práctica siga siendo poco más que un estado tiránico donde los ricos mandan y los pobres obedecemos. Cuando hablo con mi mejor amigo, que es abogado, tiemblo imperceptiblemente de emoción al comprobar que él de verdad piensa que el sistema, mal que bien, funciona, y que aunque no es perfecto es efectivamente un sistema garantista que ofrece protección legal a todos.

Pero luego está la realidad. La realidad en España es que la justicia es lenta y cara. Que es lo mismo, porque el tiempo cuesta dinero, vendes tu tiempo por dinero, y con el dinero que consigues compras más tiempo. Quien no tenga dinero, no puede aspirar a que se reconozcan sus derechos en un juzgado. Lo más que puede hacer es rezar todas las noches un padrenuestro para que nadie lo denuncie.

Comienza el juicio contra un joven talentoso que creó un programa informático que permite a sus usuarios compartir contenidos (El País). Contenidos puede ser cualquier cosa: una película o una canción que esté sujeta a derechos de autor, un cuento que haya escrito en mi ordenador, una canción de mi grupo o una foto de mis vacaciones. En el programa, yo comparto lo que me dé la gana. En cualquier caso, mientras no sean fotografías pornográficas con menores o cosas parecidas, no es un delito, han dicho hasta ahora los jueces. Pero las empresas que han denunciado a este chico alegan que muchos de sus usuarios han utilizado su programa de forma ilícita, para compartir material con derechos de autor. Algo así como denunciar al fabricante del cuchillo con el que algún animal haya asesinado a su esposa.

En los meses previos a los atentados de Atocha el 11 de marzo de 2004, los terroristas utilizaron una ingeniosa manera de comunicarse entre sí sin que sus mensajes fueran interceptados: en lugar de enviarse correos electrónicos, escribían sus réplicas en Hotmail y las guardaban como borrador. Así el mensaje no iba de un destinatario a otro, y no era captado. Todos tenían la contraseña de la cuenta, y cuando uno entraba, leía el mensaje del otro, lo borraba y escribía el suyo, y luego volvía a guardarlo como borrador (¿Quién vigila al vigilante?).

Si los jueces tienen la poca vergüenza de condenar a este chico por lo que algunos usuarios han hecho con su programa, que no me extrañaría mucho, inmediatamente deberían, de oficio, ir contra Microsoft, propietaria actual de Hotmail, o contra los creadores de este servidor de correo, pues su herramienta se utilizó para acabar con la vida de 192 personas, además de causar innumerables lesiones a otros miles y provocar un aborto.

Pero no creo que pase eso. De hecho, los que han denunciado a este chaval, que podría llegar a ser un genio informático reconocido internacionalmente, no esperan lograr otra cosa que crear miedo. No quieren justicia. Cuando todos los ciudadanos estemos tan temerosos de la ley que ni siquiera nos atrevamos a encender el ordenador, porque todo será delito, no les harán falta jueces ni abogados, pues nadie osará hacer nada que pueda molestarles, sea legal o no. Todos con miedo. Ya ha pasado.

Un ordenador por niño. ¿Y qué más?

23 de April de 2009

Leo en radiocable.com que el Gobierno dará un ordenador a cada niño de Primaria. Y me pregunto si va a dar algo más, porque dar, lo que es dar, se les pueden dar muchas cosas a los niños: PSPs, cachorritos de enormes ojos, ropa de marca. Hasta podemos teñirlos a todos de rubio, y tal vez así vayamos acercando nuestros niveles a los de Finlandia. ¿Quién sabe?

No. El problema no es que los niños no tengan ordenadores. Primero, porque calculo que el 80% de los alumnos que he tenido —y no doy clases precisamente en la autonomía española con mayor nivel de renta— ya tenían un ordenador en su casa. Y segundo, porque hay un extraño hecho que vengo comprobando desde hace un par de años, y que hasta el momento no me ha fallado: los niños que tienen un ordenador personal en su habitación siempre bajan su rendimiento respecto a los demás. Siempre.

Se me podría echar en cara que cometo la estupidez de pensar que un ordenador por sí solo es suficiente para disminuir el rendimiento de los alumnos. Y eso no es cierto. Pero tampoco voy a defender —porque creo que es una estupidez igual de grande— que un ordenador por sí solo es suficiente para mejorar el rendimiento de los alumnos. Un ordenador, per se, es un simple objeto, como una tiza, un libro o un cuaderno. Sí, tiene millones de posibilidades: como una tiza, un libro o un cuaderno. Y no solo sirve para el ocio, sino también para cosas creativas y educativas: una vez más, exactamente igual que los otros tres objetos.

Este Gobierno, como todos, pretende resolver los grandes problemas tomando un atajo, que en la mayor parte de los casos suele ser dinero. Igual que con el desastre inmobiliario español: podría emprender unas medidas legales y sociales de fondo para que, a medio y largo plazo, no nos vuelva a pasar lo que nos está pasando, con tantas empresas quebradas, familias en la ruina y pisos vacíos; sin embargo, se ha decidido por inyectar una cantidad lujuriosa de dinero para salvarles hoy el culo a los bancos y los especuladores urbanísticos. Y mañana ya tendremos otra estafa para tirar un par de lustros más, que en esto de la jeta de cemento no hay quien nos gane.

Si hay problemas en la educación, se le compra un ordenador a cada alumno y asunto arreglado. Ya veréis cómo suben las estadísticas de aprobados.

Pues tampoco. Voy a pasar por alto el tiempo de arranque y de apagado de los ordenadores actuales, y los problemas que suelen dar (en una clase de treinta alumnos, ¿cuántas posibilidades hay, estadísticamente hablando, de que el profesor tenga que pasar diez minutos intentando hacer que el ordenador de un alumno funcione? Suponiendo que solo falle uno entre treinta, claro). Voy a omitir, también, mi certeza de que este Gobierno socialista dará un montón de nuestros millones a Microsoft, la empresa del tipo más rico del planeta, para comprarle licencias de Windows y de MS Office. Supongamos que funcionan todos con Ubuntu y con OpenOffice y que nunca fallaran (que conste que adoro tanto esa distro como esa suite ofimática, pero lo que es fallar, también fallan cuando les da por ahí). Supongamos, digo, que desde el minuto 1 hasta el minuto 50 tengo treinta alumnos con 30 ordenadores plenamente operativos.

Que alguien me explique, por favor, por qué razón tengo que creer que eso va a mejorar necesariamente la calidad de la educación española. Porque dudo mucho que el problema de la educación en este país sea la falta de dinero ni la falta de ordenadores. Jamás ha habido en España tantos ordenadores en las aulas, ni tanto dinero, y jamás los resultados académicos han sido más bajos. ¿Por qué habrían de subir mágicamente los resultados en cuanto demos un ordenador a cada niño, teniendo en cuenta, además, que el 100% de los alumnos tienen acceso a ordenadores siempre que quieran, si no es en sus casas, en bibliotecas públicas o en los propios centros escolares?

No os equivoquéis conmigo. Cualquiera que me conozca personalmente sabe que soy literalmente incapaz de pasar 24 horas separado de mi ordenador (en mis frecuentes visitas por razones personales a Málaga, que suelen durar entre 24 y 48 horas, mi portátil viene conmigo). Adoro los ordenadores, adoro su funcionalidad, su utilidad, la puerta que constituyen a este increíble mundo del conocimiento y la maravilla que es Internet. Pero seguimos rehuyendo el problema auténtico: los alumnos no es que no estudien porque no les gusten los libros. Lo que no les gusta es lo que hay en los libros. En los libros hay complicados teoremas, rebuscados mecanismos sintácticos, vidas de gente que ni les va ni les viene y otros miles de datos que, no saben por qué —lo sabrán cuando crezcan y tal vez, ay, sea demasiado tarde— los obligamos a aprender porque los adultos lo consideramos de vital importancia para su futuro y el de la sociedad. Y en los ordenadores que les regalemos va a haber lo mismo, pero en colorines. No va a haber messenger ni tuenti ni fotolog. Y lo que vamos a conseguir, si nos ponemos pesimistas, es que odien los ordenadores tanto como odian los libros.

Oye, me diréis, pero es que un ordenador no es un libro. Un ordenador es un artilugio divertido con miles de posibilidades.

¿Y qué es un libro, sino eso mismo? ¿Y cómo hemos conseguido que todo el mundo los odie?

Que quede este humilde post como mi homenaje a este día de las páginas amarillentas e inolvidables.

El verdadero problema de la educación, en el post que viene. Estad atentos a vuestras pantallas. Mientras, echad unas páginas a mi salud.

Desde el peor lugar del mundo

12 de April de 2009

Minutes Before Six, el blog de un condenado a la pena capital desde el corredor de la muerte:

Podéis quitarnos nuestros nombres y reemplazarlos por números, enjaularnos y almacenarnos en condiciones que no son dignas ni para vuestros perros, y exterminarnos a vuestro antojo, pero aun así somos seres humanos, capaces de todo desde el amor y la belleza hasta la violencia y el odio. Este soy yo, sin editar.

Thomas Bartlett Whitaker
#999522

Es curioso que, negándoles a las personas el derecho máximo, el único que da sentido a todos los demás, se dediquen ahora a dar acceso a Internet a los que tienen las horas contadas. No, la negación del derecho a la vida hace que todos los demás sean solo inútiles y caprichosos divertimentos sin sentido. Este es el condenado, declarado culpable en Texas del asesinato de su madre y de su hermano menor, y de graves lesiones a su padre que lo llevaron al borde de la muerte:

bartwhitaker

Y estas, las palabras de su padre pidiendo clemencia al tribunal:

Un tercio de mis razones es porque soy su padre y no quiero que muera; otro tercio, porque quiero construir una relación con él y saber por qué ha ocurrido esto; y, sobre todo, porque la persona que volvió de México es diferente. Si él no ha pedido el perdón del Señor, quiero que el jurado le dé tanto tiempo como sea posible para su redención.

Para ellos y para vosotros

4 de March de 2009

Hace unos días os pedí ayuda para crear una página de inicio para mis padres, con el objetivo de que vieran las paridas graciosas que encuentro para ellos cuando iniciaran el navegador. De entre todas vuestras propuestas, que agradezco infinitamente, me decanté por la página pública de Google Reader, que tiene prácticamente todo lo que necesitaba en la forma en que lo necesitaba.

Esto ha hecho que abandone el lector de noticias que llevo usando por lo menos cinco años, Bloglines. Me sigue pareciendo un lector excelente y que me da lo que necesitaba de una forma sencilla, pero con la inexplicable ausencia de una página pública donde compartir las noticias que uno considere de interés para otros. Siempre lo recordaré con cariño, pero de momento dejo de utilizarlo. Para los que os planteéis algo parecido, sabed que tanto Bloglines como Google Reader tienen la opción de importar y exportar vuestros feeds, así que el cambio en uno u otro sentido puede hacerse en cuestión de un par de minutos. Si no usas ningún lector de noticias y lees La Lengua habitualmente, te recomiendo que empieces a usar alguno, pues es bastante conveniente. Si alguien necesita ayuda sobre cómo hacerlo o no sabe ni de qué demonios estoy hablando, puede pedir auxilio en los comentarios.

Mi página compartida, que contiene enlaces casi del todo blancos y entrañables, esta aquí. Tal vez alguno de vosotros quiera pasar el enlace a sus padres, si os encontráis en una situación parecida a la descrita en el primer post enlazado. Os garantizo que no aparecerán nunca fotos de cadáveres, desnudez ni cosas por el estilo.

Y una para vosotros, que por vuestra edad entendéis el inglés perfectamente y además aún apreciáis el humor negro. La historia de la II Guerra Mundial contada con unos geniales dibujos y una asombrosa fidelidad histórica. Pulsad en la imagen para leer el cómic completo (vía digg.com).

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