Ars longa, vita brevis

El problema de la bala

4 de March de 2013

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Acabo de terminar la tercera novela de Jaime Rubio Hancock, titulada El problema de la bala. Como casi siempre que acabo un libro, tenía intención de publicar un crítica meramente literaria, pero ciertas circunstancias alarmantes me obligan a detenerme antes en la penosa edición que la editorial Libro de Notas ha hecho del trabajo de este jovenzuelo escritor.

En primer lugar, el precio. El libro solo se distribuye en formato electrónico, y el precio no es demasiado alto (2,68 euros en Amazon). Sin embargo, con los gastos de envío la cosa se dispara. Uno ya está acostumbrado a que los gastos de envío a Melilla salgan algo más altos que en la Península, pero los 249 € que te cargan por enviarte este libro al iPad son un poco exagerados, al menos comparados con lo que uno acostumbra a pagar, que suele rondar los 200 euros como mucho.

En segundo lugar hay que hablar de la calidad física de la edición. A pesar de ser un libro electrónico, se emborrona cuando lo tocas, como si hubiese estado impreso en papel malo (alguien debería decirle a Libro de Notas que dejase de comprar los píxeles en China, y que sacrificase algo de sus insultantes márgenes de beneficio en aras de la calidad de la lectura).

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Por si fuera poco, se aprecia en la página que tenéis sobre estas líneas que el chimpancé que deben de tener como editor becado en la editorial estaría borracho el día que se encargó de este libro, porque incluye saltos de párrafo totalmente incoherentes, como cada vez que aparece el nombre de la novia del protagonista.

En fin, a la edición le otorgo una puntuación de tres coliflores y media sobre ocho.

Jaime Rubio (Barcelona, 1977 – 2016) es un joven escritor catalán que intenta abrirse paso a base de patadas en la espinilla en el agresivo mundo editorial español. Autoproclamado gurú de internet y amante 3.0, fue tristemente conocido hace unos años por encabezar una curiosa facción del catalanismo: aquella que pretendía que Cataluña se separase del resto de España, para llamarse —la comunidad autónoma escindida— España, y que el resto del país eligiese otro nombre, siempre que no fuese algo como España II, España la Buena, Aquí Hay Paella y otros nombres similares. Cuando amainó la polémica, no se volvió a saber de él, excepto por algún que otro escándalo nocturno fruto de sus juergas con el filántropo Salvador Sostres.

Y ahora vamos a la historia en sí. En general, el libro está entretenido, se lee rápido. Y la historia podría tener algo de gancho, de no haber existido un error tan de bulto, que uno no entiende cómo no han sido despedidos treinta o cuarenta trabajadores de la editorial, así como el amigo de copas de Rubio al que le haya enseñado el borrador en primer lugar. Voy.

La trama comienza con un joven barcelonés que se suicida de un disparo en la cabeza. Al enterarse la policía, acude al domicilio para detenerlo por sospechoso de suicidio, y días después comienza el juicio contra él. Pero, vamos a ver…

¿¿ES QUE NADIE SE HA DADO CUENTA DE QUE SI ESTÁ MUERTO NO SE LO PUEDE JUZGAR??”111

Este error, del que parece que ni Rubio, ni su amigo ebrio, ni el chimpancé editor ni nadie más se han dado cuenta, es olvidado pronto por el narrador —que encima es ¡en primera persona! Es decir, que el muerto no solo es juzgado, sino que cuenta la historia, toma ya— y durante todo el resto de la novela la gente actúa como si estuviese vivo. Asistimos al juicio, a los intentos de fuga, al juicio de apelación, a las escabrosas aventuras extramatrimoniales de los padres del muerto y otros vergonzosos episodios en los cuales podemos encontrar alguna palabra gruesa exactamente cada 162 palabras (como pene, vagina y cosas del estilo, pero dicho más como de chuletilla de extrarradio, ya me entendéis).

En fin, deseo toda la suerte del mundo a este escritor para su próxima novela, pero le aconsejo que la próxima vez cuente con alguien sin daños cerebrales evidentes antes de enviar su trabajo a la imprenta.

(Hay, por cierto, abierta una suscripción popular para ayudar a Jaime a pagar las facturas del psiquiatra, con la que podéis colaborar haciendo clic aquí. Si se arregla en la medida de lo posible la cabeza de este hombre, todos saldremos ganando.)

Agenda

22 de April de 2012

Poco puedo añadir a lo muchísimo que se ha dicho ya sobre el tema.

Apadrina a un hijo de puta

28 de December de 2011

¡Hideputa!

Anónimo, Lazarillo de Tormes, ed. Cátedra.

Oh, llega ese día del año.

Viviendo en España, uno ya está acostumbrado a padecer los más ensordecedores ruidos de sus semejantes, pero hoy estamos en una fecha especialmente entrañable: 28 de diciembre, día de los Inocentes. Hoy no solamente tiene uno la obligación patriótica de soportar a los berreantes y atronadores zopencos; hoy es el día en que incluso se te priva del derecho a quejarte.

Mantuve hace unos días cierta polémica con alguien por internet (lo sé, Carlos, no aprendo) acerca del asunto de los petardos. No expongo el enlace, pues aporté datos personales delicados de forma más o menos deliberadamente anónima. Aunque, según esta extraña democracia que es la red, yo ganaba la batalla, hubo dos o tres que me estuvieron tachando de delicado y diciéndome —literalmente— que, si el ruido de los petardos causaba problemas en mi descanso, o en mi salud, debería buscar alguna urbanización apartada donde esconderme, tal vez subvencionada, para no ser molestado. La gran estulticia del argumento me hizo abandonar la conversación en ese punto, y no llegué a preguntarle qué pasaría si, en el sacrosanto ejercicio de sus libertades, los ruidosos petarderos decidían mudarse a dar por saco a mi nueva urbanización. No se perdió un tesoro de la dialéctica, supongo.

¿Qué hacer? Estamos en un país que premia el ruido, el hideputismo y el arte de hacer la vida un poco más difícil a tus paisanos. Internacionalmente ya se reconoce el ruido como un tipo de contaminación, pero aquí no parecemos enterarnos. Todos ven normal que yo no tenga manera de esconderme de esos atronadores artefactos. Y no hablo de mí, que, hasta hace un par de días, gozaba de una relativamente buena salud. Hablo del derecho a descansar de los ancianos, del derecho a la ausencia de sobresaltos evitables en personas que padecen del corazón, del derecho a los que sufren algún trastorno psiquiátrico a que no se viole su mente de una forma tan agresiva.

Cierra la ventana, diréis. Pero eso no arregla el problema.

Y ahora pensemos en otro tipo de contaminación. La que se ve, la que se huele. ¿Cómo veríais que yo arrojase los regalos que deja mi perrito en la calle al interior de vuestra vivienda? ¿O que de alguna manera lograse colar el humo de mis cigarrillos por vuestras ventanas? Por suerte, en eso estamos bastante concienciados. ¿Por qué, entonces, se ve tan corriente que alguien introduzca otro tipo de contaminación en mi casa, un tipo de contaminación que me impide descansar (en el mejor de los casos), y que, al contrario de lo que pasa con el humo o las heces de los perros, cerrar las ventanas no impide que se cuele?

Siempre pensando en el progreso de mi país y en el bienestar de sus ciudadanos, he estado cavilando y he pensado algunas soluciones.

1. El Retrasódromo. Puede llamarse también, si se desea, Hijoputódromo. Sería un circuito cerrado para todos los que disfruten con un ruido que supera los decibelios máximos aconsejables para una salud auditiva razonable, y que además gusten de ser forzosa y aleatoriamente sobresaltados por los ruidos altos que provocan los petardos de sus compañeros retrasados. Lo sé, sé que para expresar la felicidad por el asesinato de miles de bebés hace 2.000 años es necesario hacer ruido, e incluso estoy dispuesto a admitir que ese ruido es un derecho y una forma refinada de arte social. Pero puede ejecutarse en un sitio adecuado para ello. ¿No existen la Tate Modern o el MOMA para las obras de arte más vanguardistas? Pues puede existir también un sitio donde los artistas del hideputismo puedan dar rienda suelta a sus mejores creaciones. Incluso os he hecho un dibujo:

Dada la alta demanda que preveo de este tipo de establecimientos, ayudarían además a reactivar la economía: dentro del Retrasódromo podría haber un bufete de abogados (porque encima, estos retrasados suelen ofenderse cuando uno les reprende por haberle reventado los tímpanos), un ambigú, una enfermería con cirujanos especialistas en coser amputaciones e incluso una capilla, estilo Las Vegas, para bodas rápidas. No podemos permitirnos que la gran especie del subnormal español corra el riesgo de desaparecer. El Retrasódromo podría recibir subvenciones para la conservación de los hideputas ruidosos, y además algún director español podría hacerles una película (ambientada en la Guerra Civil, acerca de cómo Franco inventó, a la par que el Cristianismo, la bandera constitucional de España y el castellano, la gente tranquila, y las penurias que tuvieron que pasar los retrasados mientras el Generalísimo se mantuvo en el poder).

Esta idea tiene un gran inconveniente. Las reservas de indios —perdón, nativos— americanos funcionan, porque total, cuando se aceptó que eran personas, ya quedaban solamente dos o tres cientos, y cabían perfectamente en un casino y un establo grande de Oklahoma. Sin embargo, el hideputa español es la especie mayoritaria de cuantas pueblan la península, amén de los archipiélagos y ciudades autónomas, y según este dato tendría más sentido encerrar en guetos a las personas que quieren que se respete su derecho a descansar y a su salud mental y auditiva. Lo que nos lleva a la segunda idea.

2. Programas educativos tendentes a la erradicación del hideputismo (PETALEs). Sí, amigos, hemos hecho ruido, hemos despertado a la gente con un susto en el cuerpo, algún altercado vecinal habremos formado, unos cuantos niños se han quedado sin dedos, y alguna vez un par de familias se habrán liado a navajazos. Quién sabe si el bueno del abuelo Richard, que padecía del corazón y al que nos encontramos muerto aquella tarde de un 28 de diciembre en que fuimos a visitarlo, entregó su vida en aras del hideputismo. Todo eso ha sido divertido, sin duda. Al igual que lo es la fiesta de los toros, no lavarse, emborracharse y conducir y encerrar a las mujeres en la cocina. Nos hemos reído. Pero en algún momento las cosas tienen que cambiar. Hemos hecho grandes esfuerzos y leyes para erradicar muchas de estas bonitas costumbres, pero sabemos que ninguna de ellas funcionaría si no van acompañadas de un trabajo educativo consciente y constante. No será fácil: vivimos en una península (bueno, yo no) en que la principal diversión consiste en sentarse a ver cómo corren 22 tipos. No partimos de un material intelectual demasiado potente, a decir verdad (con decir que los ministerios de Cultura y de Deporte van unidos, ya se ha dicho casi todo). Pero no puedo renunciar a la idea de que algún día el hideputa será un estrafalario modelo en un museo, y que servirá únicamente para lo que sirven hoy en día algunos grabados en que Goya retrató nuestras costumbres: para avergonzarnos de nuestro pasado y asombrarnos de cuánto hemos avanzado, desde un país poblado de paletos ruidosos hasta una nación europea moderna, relajada y moderadamente silenciosa.

¿Cómo se hace eso en un país donde se premia al inútil, se alaba al malvado, se eleva a los altares al irresponsable que se levanta todos los días pensando únicamente en molestar a su prójimo?

No será fácil, no. Pero sé que podemos lograrlo. Cada vez las conductas irresponsables tienen un mayor rechazo social, los chicos en los colegios juegan con muñecas, al quinto cubalibre decimos «basta» y nos vamos directamente al coche, rechazando el sexto. Hay que tener fe en esta gran nación. Todos somos personas. Todos tenemos derecho a mejorar. Las tribus del Amazonas que aún viven en la Edad de piedra tienen derecho a ser curadas con nuestras medicinas. El patán ruidoso que no sabe que hay diversión más allá de las molestias causadas a sus congéneres también tiene derecho a mejorar. No lo dudes. En estas fiestas, apadrina a un hijo de puta.

Con papel de fumar

25 de October de 2011

Estados Unidos es un enorme y fascinante país. Siendo un lugar donde el color de tu piel no solo puede prever tu nivel de ingresos, sino también tus posibilidades de ser condenado a muerte (por ahí están las estadísticas, no deben de ser muy difíciles de encontrar), es por otra parte también uno de los principales paladines del lenguaje políticamente correcto, del llamar a los indios nativos americanos —mientras se les mantiene en sus reservas cebados con el dinero de los casinos— y a los negros afroamericanos o africanos americanos —mientras estos engrosan la población penitenciaria—. Curiosamente, el término americanos lo reservan para los descendientes de anglosajones, sobre todo. Los autodenominados blancos (españoles que leáis esto, que sepáis que en los Estados Unidos no pertenecéis a ese grupo) copan la élite económica y política, pero en todas las películas aparece un juez negro. No seré yo el que no vea la viga en el ojo propio, pues, como buen español, veo en mi país más defectos que en ningún sitio, pero los EUA no dejan de ser una nación bastante paradójica.

Los STARS (ojo: “Estudiantes que enseñan en contra del racismo”) de la Universidad de Ohio han creado una campaña en contra de los estereotipos raciales en los disfraces, supongo que ahora que se aproxima Halloween, haciendo hincapié en que el respeto que merecen todas las culturas (?) debe impedir que uno decida disfrazarse de mexicano, oriental o negro basándose en estereotipos. La campaña, preparada con una afinación que me hace pensar en estudiantes de diseño y publicidad, ha producido carteles tan bonitos e impactantes como este:

No soy yo un entendido, pero sí un apasionado, del diseño, y creo notar gran maestría en cada uno de los detalles del cartel: el peor estereotipo posible con el que se identifica a alguien por su etnia —en este caso, a los musulmanes con los terroristas islamistas—, la cara de bueno y el aspecto de normal del individuo discriminado (casi siempre, cuando uno intenta demostrar su no racismo a toda costa, acaba mostrando que sí es racista), la cuidada aliteración de esos dos términos con relativa similitud fonética —culture y costume—, esos dos NOT resaltados con un azul idéntico al de la bandera de los Estados Unidos, entre letras blancas también presentes en el estandarte useño, que también contiene el rojo, que aquí, curiosamente, está representado en los cartuchos de dinamita que el falso terrorista ha pegado a su cuerpo.

Daría un premio al diseñador de estos carteles.

Lo malo viene cuando uno suelta sus creaciones en internet… Esto… Creo que poco se puede decir. Disfrutad (vía Boing Boing, imágenes de Know Your Meme).




¿Qué tiene de bueno?

4 de May de 2011

La viñeta de hoy, en el siempre fenomenal xkcd:

Traducción macarrónica:

—¡Guau! Los investigadores han enseñado a un ordenador a vencer al mejor de los humanos en otra tarea más. ¿Tenemos como especie algo todavía de lo que sentirnos orgullosos?
—Bueno, según parece, somos bastante buenos enseñando.
—¿Eh? ¿Y eso qué tiene de bueno?

Me encantan los chistes de profesores.

Top Secret, al revés. O al derecho.

15 de March de 2011

Todos los que sean más o menos de mi edad recordarán una de las comedias más grandes de la historia del séptimo arte: Top Secret (1984), dirigida por el talentoso tándem Zucker – Abrahams – Zucker, que nos dieron, aparte de esta, otras comedias tan tontas y divertidas como la que tratamos hoy.

Todas las escenas de Top Secret son desternillantes, pero hay una que llama la atención en especial, en que interviene, además de los protagonistas, el grandísimo Peter Cushing. La escena se produce en la librería propiedad del personaje de Cushing, supuestamente en alemán (desde luego, es un idioma que no entendemos ni los españoles ni los angloparlantes). Además del extrañísimo idioma, se suceden una serie de acciones con aire fantasmagórico y mágico. Esta es:


Enlace al vídeo en YouTube

Los que hayan visto la película, la recordarán. Los que no, se habrán dado cuenta inmediatamente de que la escena está editada para correr en sentido inverso a aquel en que fue rodada, y esto es lo que le da ese aspecto tan extraño. Pues bien, un usuario de YouTube se ha tomado la molestia de reeditarlo y volver a ponerlo al derecho, y el resultado es que la escena, por motivos totalmente diferentes, sigue siendo igual de divertida. Aquí la tenéis.


Enlace al vídeo en YouTube

Vía Neatorama.

Lo mejor de Twitter

7 de February de 2011

Os avisé hace unos días de que me he hecho una cuenta de Twitter (eliasmgf). Como os informaba en ese post, ya me abrí una hace dos o tres años, pero no le vi ningún sentido y la borré. En esta ocasión me he esforzado por encontrarle algo, aunque solo sea porque si tiene millones de usuarios, debe de tener algo interesante (ya, conozco lo de las moscas y las heces, pero ¿quiénes somos para juzgar a las moscas? Han estado en la Tierra mucho más tiempo que nosotros, y la seguirán habitando cuando ya no estemos aquí. Qué gracioso Noé, cuando tuvo la feliz idea de invitarlas al arca).

(Quien esté familiarizado con Twitter puede saltarse el siguiente párrafo)

Lo bueno que he descubierto son los hashtags. Son algo así como unas etiquetas que uno puede añadir a sus tweets —sus actualizaciones de estado— añadiendo la almohadilla al principio de la palabra. Cuando un hashtag es utilizado por mucha gente, se convierte en trending topic, o «tema del momento», es decir, las etiquetas más populares.

Hace unos días fue tema del momento en España el asunto de Bisbal y las pirámides, con el que eché alguna de las risas más intensas de los últimos meses (falta me hacía, vive Dios). Tenéis más información aquí y aquí, aunque supongo que habrá poca gente conectada que no se haya enterado del asunto; incluso apareció en las noticias de televisión.

El tema ahora es el vergonzoso espectáculo que protagonizó el diario El País cuando despidió a Nacho Vigalondo por una broma que el director cántabro gastó en su cuenta de Twitter. La broma hacía referencia al Holocausto nazi sobre los judíos. La broma podía tener mayor o menor gracia, mejor o peor gusto (yo no le veo ni la gracia ni el gusto), pero la solución de El País consistió en rescindir los contratos que tenía con Vigalondo y dejar de emitir el anuncio que había rodado este para la edición en iPad del diario de Prisa. Vigalondo se explica y pide disculpas en este post.

Ya he aclarado que la broma, a mí particularmente, no me hace gracia ni le veo el gusto, pero total, tanto el humor como el buen gusto son asuntos subjetivos: gente habrá que tenga una visión distinta. Lo que sí tengo clarísimo es que tomar medidas laborales y contractuales contra una persona por gastar una broma —en un medio, además, que nada tiene que ver con la empresa que lo contrata— desvela una enorme falta de sentido del humor, de perspectiva, y de respeto a la libertad de expresión. Hay quien achaca la situación a no sé qué enorme capital judío que alimenta a Prisa. Yo, que estoy abonado a casi todas las teorías de la conspiración, no soy muy aficionado a la judeomasónica, y veo más probable que la cosa esta se deba a la pérdida de sentido del humor que están sufriendo en general las sociedades occidentales, fruto del respeto cada vez mayor por los integrismos religiosos del signo que sean (El País fue uno de los diarios desde los que más se defendió que no había derecho a dibujar a Mahoma si a alguien le molestaba).

Lo más divertido de todo es que el caso ha desatado un gracioso trending topic en Twitter: #HumorElPais, donde los usuarios ejercen una desternillante crítica contra la cuasi censura del diario, contando chistes… políticamente correctos.

Lo mejor, sin embargo, aparte de leer las ocurrencias de los twitteros, es recordar cómo eran los chistes antes de sufrir la censura de las neo leyes de no discriminación, de respeto a las minorías o de igualdad de sexos. Hay incluso chistes que no conocía, y que por el final maquillado puedo adivinar en su versión original, lo que añade más diversión aún. Os dejo con los que más me han hecho soltar la carcajada. Que los disfrutéis.

#HumorElPais
– Ninguna mujer es fea por donde piensa.
– ¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? La que usará para brindar por la amada y valiosa igualdad de género.
– ¿En qué se parecen las mujeres a las hormigas? En nada, y mucho menos en lo referente al taponamiento de orificios.
– Mamá, en la radio he oído que han matado a una mujer en este edificio… ¿Mamá? ¿¡Mamá!? —Dime, que no te oía. —Jolín, qué susto.
– ¿Cuándo irán las mujeres a la luna? Cuando la NASA mejore su política de igualdad.
– Juguemos al teto: tú te agachas y yo te respeto.
– Mi cumpleaños es el día cinco. —¿Perdona? —El día cinco. —Perdona, no te había oído.
– ¿Qué hace un leproso tocando la guitarra? Expresarse mediante una maravillosa forma de arte.
– Entra un hombre con dos mujeres a una pizzería: —¿Me pone dos pizzas? —¿Familiares? —Sí, por favor, que estamos hambrientos.
– Por favor, ¿ha visto a mistetas? —Sí, está justo ahí. —¡Muchas gracias, caballero! Perrito malo…
– Un caballo entra a un bar, va a la barra y el camarero llama a la protectora de animales porque eso puede ser peligroso.
– Va un negro por la calle con un sapo en la cabeza. Se da cuenta y exclama «¡Eh!, ¿y este sapo? ¡Lo llevaré a alguna reserva ecológica!»
– Perdone, ¿la notaría? —Claro, señora, la primera a la derecha.
– Papá, ¿qué es peor, la ignorancia o la indiferencia? —Mira, hijo, ambas son muy graves.
– Mamá, en el colegio me llaman cabezón. —Hijo, vamos a presentar una denuncia.
– ¿En qué se parece un judío a una mierda? —En nada, qué mal gusto.
– Esto son dos amigos que deciden ir al puticlub, pero al final no porque eso degrada a la mujer.
– Doctor, ¿qué me había dicho? ¿Virgo? —Sí.
– Esto son dos y uno se cae pero su amigo le coge antes de que pueda hacerse algún daño.
– Papá, ¿me puedo tirar a la Bartola? —Sí, hijo. —Vale, cualquier cosa, estoy descansando en mi cuarto.
– ¿Te sabes el chiste del maricón que dijo que no? —No. —Qué pena, es un chiste muy gracioso.
– ¿Por qué los de Lepe ponen cinco teles, una encima de la otra? Para ahorrar espacio.
– Este es Jaimito que llega el lunes a la escuela, abraza lloroso a la profesora y pregunta: ¿Me perdona usted?
– Un físico, un químico y un informático van en un coche. El coche se estropea y el informático pregunta: ¿Y si lo llevamos a un taller?
– ¿Cómo meterías a cien judíos en un coche? No se puede, solo tiene cinco plazas.
– Hola, niño, ¿está tu madre? —No, ha ido a un entierro. —¿Cuándo vuelve? —No sé. —Vale, vendré mañana.
– Esto es un hombre que le dice a una viuda en el entierro de su marido: «Lo siento». Y va la mujer y dice: «Gracias».
– ¿Cuál es el colmo de un ciego? Ninguno, es una discapacidad terrible que merece todo nuestro apoyo y respeto.
– No es lo mismo dos bolas negras que dos bolas verdes.
– ¿Por qué se suicidó Hitler? Porque había hecho cosas terribles.
– Jaimito, dime algo redondo y con pelos. —Las bolas de billar. —Eso no tiene pelos. —Perdón, me habré equivocado.
– ¿Qué hacen cincuenta negros en una pared blanca? —Repasar lo pintado ya que están ejerciendo su derecho a un contrato digno.
– ¿Bailas? —No. —Deduzco, por ello, que no cabría posibilidad de entablar un diálogo sobre la posibilidad de practicar un coito recreativo. —Correcto.
– ¿Cómo congelan la imagen de TV los de Lepe? Pulsando el botón de pausa en el mando a distancia del DVD.

Y, a mi jucio, el mejor de todos:

– Cariño, ¿te traigo una naranja? —Sí, por favor. —¿Te la pelo? —No hace falta, gracias.

Y recordad: estamos perdiendo el sentido del humor y el gusto por la libertad. Dentro de poco, algunos de estos chistes podrían ser delito. ¿O lo son ya?

La Ley del Talión

13 de May de 2010

Los jóvenes, cada día peor

3 de May de 2010

Menos mal que hay programas como Collejeros que nos alertan de adónde estamos llegando:

Gracias, María Jesús.

Las edades del hombre

30 de July de 2009

El primer día, Dios creó al perro y le dijo: «Siéntate todo el día a la puerta de tu casa y ladra a todo el que se acerque o pase de largo. Para esto te concedo veinte años de vida».

El perro dijo: «Es demasiado tiempo para pasarlo ladrando. ¿Qué tal si me das diez años y te devuelvo los otros diez?»

Y Dios accedió.

El segundo día, Dios creó al mono y le dijo: «Entretén a la gente, haz trucos y hazles reír. Para esto te concedo veinte años de vida».

El mono dijo: «¿Trucos de mono durante veinte años? Es demasiado tiempo. ¿Y si te devuelvo diez como hizo el perro?»

Y Dios accedió.

El tercer día, Dios creó a la vaca y le dijo: «Debes estar en el campo con el granjero todo el día y sufrir bajo el sol, criar terneros y dar leche para mantener a la familia del granjero. Para esto te concedo sesenta años de vida».

La vaca dijo: «Es una vida demasiado dura para soportarla durante sesenta años. ¿Y si me das veinte y te devuelvo los otros cuarenta?»

Y Dios accedió de nuevo.

El cuarto día, Dios creó al hombre y le dijo: «Come, duerme, juega, cásate y disfruta de tu vida. Para esto te concedo veinte años».

Pero el hombre replicó: «¿Solo veinte años? ¿Qué tal si me das mis veinte, los cuarenta que te devolvió la vaca, los diez del mono y los diez del perro? Eso hace un total de ochenta, ¿trato hecho?»

«De acuerdo», dijo Dios, «tú lo has pedido».

Esa es la razón de que nuestros primeros veinte años los pasemos comiendo, durmiendo, jugando y disfrutando. Los siguientes cuarenta años estamos esclavizados bajo el sol para mantener a nuestras familias. Los diez años siguientes los pasamos haciendo trucos de mono para entretener a nuestros nietos. Y los últimos diez años de nuestras vidas los pasamos sentados en el porche y ladrando a todo el que pasa por delante.

Vía Demonicious.

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