Ars longa, vita brevis

Noble a precio de saldo

12 de April de 2009

El Principado de Sealand (literalmente, «Tierra del mar») es una nación independiente cuyo territorio se limita a una base británica de la II Guerra Mundial construida en medio del mar, cerca del Reino Unido, aunque también reclaman 12 millas de agua alrededor del diminuto país (vía cracked.com). Su población asciende a 27 habitantes aproximadamente. Sí, aproximadamente 27, parece ser que los censos no son seguros.

Aunque la historia de Sealand es muy breve, no creáis que no ha tenido sus momentos épicos. Roy Bates fue el fundador del principado, pero al parecer un tipo llamado Ronan O’Rahilly ya había reclamado un tiempo antes de su llegada la posesión de la base. Así que un día se presentó con unos cuantos matones e intentó desalojar a Bates, que defendió su fortaleza con uñas y dientes y se mantuvo en el poder.

No acaba ahí la cosa. Poco tiempo después, Bates tuvo que defender sus fronteras del asedio de la mismísima armada británica. Al fracasar en el abordaje, el gobierno de Su Majestad reclamó el pedazo de chatarra en los tribunales… que dictaminaron que Sealand no estaba en aguas territoriales británicas y que, por lo tanto, pertenecía a Roy.

Y aún hay más. El primer ministro, Alexander G. Achenbach, estaba descontento con el régimen de Roy y organizó una revuelta, en la que tomó como rehén a Michael, hijo del primer hombre del país, aprovechando que este se encontraba de visita en el extranjero. No conocía lo suficientemente bien a Roy Bates, que se presentó en su helicóptero con un grupo de mercenarios y desalojó a Achenbach. No creáis que el primer ministro exiliado se ha rendido, pues ha creado una página web donde reclama que la comunidad internacional le reconozca su legitimidad en el trono de Sealand. Como veis, en este mundo el que se aburre es que no es suficientemente emprendedor. No creo que Mick Jagger, en su lecho de muerte –que espero que tarde mucho en visitar–, sienta haber vivido una existencia tan plena como la de cualquiera de estos tipos.

Y aquí viene lo bueno para vosotros: preocupado por su escasez de condes, duques y fauna por el estilo, el Principado de Sealand tiene una tienda en línea donde podéis comprar, por el módico precio de 6,36 libras esterlinas (unos 7,08 euros al cambio actual) un título de lord, lady, barón o baronesa de Sealand. Así es como lo venden:

Disfrute de la vida elevada

Este título individual de nobleza está aprobado y garantizado por nuestra Soberanía, la Jefatura del Estado y la Familia Real de Sealand, y está basado en las leyes constitucionales de nuestro gobierno, establecido en 1967. Esta distinción se concede en reconocimiento de su apoyo financiero al bienestar y el desarrollo de Sealand y el deseo de formar parte de nuestro Estado independiente soberano.

¿Qué? ¿Aún no estáis convencidos?

Use su título para:

Conseguir tratamiento VIP y pasar a los primeros lugares en la cola para acontecimientos importantes.
Impresionar a la gente y hacer amigos.
Ser invitado a todas las fiestas importantes.
Asegurarse la mejor mesa en los restaurantes.
Dar envidia a sus compañeros de trabajo.
Conseguir privilegios en los vuelos.

Si yo fuera vosotros, me lo pensaría.

Cuando una lengua se pierde…

19 de February de 2009

… ¿va al cielo?

Bromas aparte, me encuentro con este estupendo artículo de Pablo en Abundando. Ignoro la formación lingüística o histórica del autor, pero es un buen ejemplo de cómo explicar cosas bastante complicadas con pocas y muy claras palabras. Os lo recomiendo. El artículo trata sobre por qué hay tantas lenguas, y por qué no menos, ni más, y sobre cómo podrían perderse unas lenguas, aparecer otras y si es posible que en un futuro extraño todo el mundo hablase un solo idioma.

No entra en el tema de si hubo una sola lengua originaria de la que proceden todas las demás, y lo entiendo, porque siendo el tema interesantísimo, aún no ha habido lingüista ni escuela que lo haya podido solventar. Algo totalmente comprensible, ya que lo más seguro es que nunca se sepa: las únicas pruebas que probablemente pudiéramos utilizar para estudiar el lenguaje de nuestros antepasados serían registros escritos o sonoros, y la escritura se inventó miles de años después de la aparición del lenguaje, y las grabaciones sonoras miles de años después de la escritura. Gracias a la comparación de lenguas vivas y a los registros escritos hemos podido documentar de forma casi segura la existencia de lenguas de las que nadie ha hablado nunca, como el indoeuropeo, pero remontarnos más atrás parece tarea imposible, y como lingüista que cree firmemente en la Lingüística como ciencia, es verdaderamente una tristeza.

No dejéis de leer el artículo, aunque vuestro interés por las lenguas sea solo el de una persona interesada vagamente por cualquier cosa interesante. Mi comentario al artículo lo reproduzco a continuación:

[...] no tengo tan claro eso de que no pase nada si una lengua desaparece. Según los lingüistas idealistas, una lengua es una forma de ver el mundo, y si al final todo el globo acaba hablando una sola lengua (lo que veo muy probable, y que sea posiblemente un inglés muy contaminado con castellano y con rasgos del chino y del árabe), habrá una visión del mundo unitaria. Esto puede hacer posible que no haya gente que piense de manera muy distinta a los demás, lo que puede acarrea la dificultad de ver los propios fallos.

El contemplar lo felices que son algunas comunidades humanas alejadas de Occidente, que sobreviven trabajando en la naturaleza y con no muchas comodidades modernas, quizás ha hecho que en esta parte del mundo no nos olvidemos de que no todo es trabajar cuantas más horas mejor para tener una tele más grande que la del vecino. No digo que esto lo haya causado el distinto idioma que hablen en Nigeria, pero sí una forma distinta de ver el mundo, quizás propiciada en todo o en parte por un distinto idioma.

Sí estoy de acuerdo en que intentar imponer una lengua a martillazos (como hicieron los romanos, Franco o algunos gobiernos autonómicos aquí y ahora) es una barbaridad, especialmente cuando se hace con fines políticos inconfesables. Para que una lengua sobreviva, no siempre es imprescindible un proceso de normalización. El griego siguió empleándose como lengua de cultura durante toda la época imperial romana por su prestigio literario y filosófico. ¿No podrían empeñarse los gobiernos en promover la creación de obras literarias y la investigación científica en las lenguas propias, en lugar de condenar al fracaso escolar a muchos alumnos que han de aprender la lengua autonómica en la escuela a fuerza de castigo y estudio? Eso, en mi opinión, también ayudaría –quizá más– a evitar la pérdida de una lengua, y sobre todo se haría por medio del respeto a una lengua de cultura, y no por miedo a multas y suspensos.

Nectanebo I el Listo

2 de July de 2008

Estoy leyendo una biografía de Alejandro de Macedonia (también conocido como Magno, «el grande»), que murió con 33 años después de haber conquistado la mayor parte del mundo conocido por occidente en el siglo IV antes de Cristo. Este libro fue compuesto por un autor cuyo nombre nos es desconocido, al que se llama Pseudo Calístenes. El origen de esta denominación es curioso.

Resulta que el verdadero Calístenes fue un sobrino de Aristóteles que se dedicó a escribir la vida de Alejandro (del cual su tío había sido maestro). Varios siglos después, nuestro autor, basándose en los escritos del verdadero Calístenes, compuso una novelita que alcanzó un éxito asombroso, a pesar de sus inexactitudes y de muchos hechos inventados que añade para dar mayor intriga y valor comercial al relato. Y como no sabemos su nombre verdadero, lo llamamos pseudo («falso») Calístenes.

Pues bien, lo primero que se nos cuenta es la forma en que Alejandro fue engendrado. En el tiempo de los hechos, Filipo II, rey de Macedonia, estaba lejos de la patria luchando contra sus enemigos. Se rumoreaba en la polis que iba a abandonar a su mujer, Olimpia, que era extranjera, para casarse con una macedonia, lo cual la dejaría en desgracia si no lograba concebir un hijo antes. La gente preferiría a la reina del país, sobre todo si era capaz de dar un hijo al rey.

Pocos años antes, el faraón Nectanebo I de Egipto había huido cobardemente del país del Nilo porque unos adivinos habían presagiado que iba a ser derrotado y asesinado por los persas. Se afeitó la barba y la cabeza, se disfrazó y huyó a Macedonia, dejando a su país a merced del invasor, aunque con una profecía: volvería a aparecer, más joven, para librarlos del yugo persa. En Macedonia se forjó cierta reputación como adivino.

Cuando Olimpia estaba atribulada por los rumores, acudió a Nectanebo para pedirle consejo. Este le dijo que había visto en sueños que un dios iba a presentársele a la reina en su alcoba, para copular con ella y tener un hijo. Nectanebo le dijo que Filipo no se atrevería a repudiarlo, por ser hijo de un dios, y lo aceptaría y educaría como a un hijo suyo.

También le dijo que el dios era un engendro entre hombre y carnero, con grandes cuernos y la piel lanuda. Y le aconsejó que le preparara una habitación junto a su alcoba, para realizar los conjuros necesarios para la visita del dios. Olimpia, a determinada hora de la noche, debía cubrirse la cabeza con un velo y disponerse para la cópula divina.

Supongo que el resto de la historia lo habréis adivinado: a la hora acordada, Nectanebo se puso una piel de carnero por encima, se dirigió a las habitaciones de la reina y se la benefició (tal vez esta imagen tenga más fuerza para vosotros si os recuerdo que Olimpia fue interpretada por Angelina Jolie en la lamentable biografía cinematográfica que dirigió Oliver Stone, Alexander).

Y así, según la leyenda, fue concebido el mayor conquistador que ha conocido jamás el mundo.

No era listo ni nada este Nectanebo. Años después, su profecía se cumplió, cuando Alejandro llegó a Egipto y expulsó a los persas (era como un Nectanebo, pero más joven), y fundo la gran ciudad de Alejandría.

Por lo demás, el libro es muy entretenido, la traducción es de Carlos García Gual (creo que tengo por ahí también una Odisea traducida por él) y es una buena lectura para estas calurosas noches de verano y espera que me están torturando.

Historia de los griegos

24 de November de 2007

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Como dice el autor Indro Montanelli, no llamó a este libro Historia de Grecia (como sus historias de Roma o de la Edad Media) porque es imposible hablar de la historia de las ciudades helénicas sin detenerse pormenorizadamente en sus personajes. Es cierto que no puedes hablar de la historia del imperio romano sin nombrar a César, Marco Antonio, Caracalla o Constantino, pero la expansión y caída Roma se puede explicar perfectamente sin aludir a las personalidades de sus protagonistas. Pero ¿cómo explicar la historia de la antigua Grecia sin nombrar a Minos, a Homero, a Pericles, a Sócrates, a Arquímedes, a Esquilo, o a tantos otros? Sería una tarea imposible.

Esta Historia de los griegos tiene todas las virtudes y todos los defectos que se pueden encontrar en cualquier obra de divulgación historiográfica de Montanelli. Virtudes: su estilo es llano, llamativo y divertidísimo. Cuando tienes entre las manos un libro suyo, sigues leyéndolo, aunque solo sea por ver con qué nueva ocurrencia sale la próxima vez. Varias veces he soltado una carcajada mientras lo leía, al tiempo que mi novia, que lee cosas más serias (A sangre fría de Truman Capote) me miraba con cara de bibliotecaria solterona. Leer historia con Montanelli no sólo es divertido, es hilarante.

El defecto es que su estilo es tan bueno que te hace dudar de su exactitud. A veces se pregunta uno si, siendo tan divertido, el texto tendrá todo el rigor exigible a cualquier obra sobre historia. Además, de vez en cuando inserta apreciaciones subjetivas sobre este o aquel aspecto, relacionándolos con la historia contemporánea (entiéndase, la historia contemporánea al libro, que se editó en Italia en 1959). Esto acerca el libro al ensayo y lo aleja un poco de la historiografía. Pero sigue siendo una lectura apasionante.

La Historia de los griegos es precisamente lo que promete. Ni siquiera se detiene mucho en las ideas políticas de sus gobernantes, ni en las filosofías de sus pensadores: te habla de sus vidas. Es un libro plagado de anécdotas sacadas de fuentes clásicas, que el autor seguramente conocía al dedillo. Y, como ya se ha dicho, no es una historia de Grecia (que en la antigüedad nunca tuvo conciencia de ser una nación, y casi siempre las polis andaban a palos unas contra las otras), sino de los hombres que la vivieron y que vivieron en ella.

Y, como dice Indro Montanelli en el Epílogo, todo lo que en la vida de la Humanidad evoluciona es de origen griego. Ahí es nada.

(Sobre Hesíodo) Según él, fue una mujer quien trajo todos los males a los hombres, que hasta aquel momento habían gozado de paz, salud y prosperidad: Pandora. Y entre líneas da a entender que, rascando un poco, se encuentra una Pandora en cada mujer. De esto muchos críticos han deducido que debió de haber sido soltero. Nosotros creemos, en cambio, que cosas semejantes sólo pueden escribirlas los casados.

[...]

(Sobre Safo, la poetisa de Lesbos) [en Sicilia] casó con un industrial rico, como sucede a las «divas» de todos los tiempos, que eligen por marido a un caballero millonario. Y tuvo una niña: «que no cambiaría -escribió- por toda la Lidia y ni siquiera por la adorable Lesbos». El industrial, después de habérsela dado, cumplió también con el postrero de sus deberes de buen marido: la dejó viuda y dueña de toda su hacienda.

Poetas

21 de November de 2007

Otra vez [Dionisio de Siracusa] condenó a trabajos forzados en las minas al poeta Filoxeno, que había criticado sus versos. Luego se arrepintió, le llamó y ofreció en su honor un gran banquete al final del cual leyó otros versos e invitó a Filoxeno a juzgarlos. Filoxeno se levantó y, haciendo un signo a la guardia, dijo: «Llevadme a la mina.»

Historia de los griegos, de Indro Montanelli.

Abolicionismo

18 de April de 2007

Lincoln

[...] diré, entonces, que no estoy, ni lo he estado jamás, a favor de fomentar de ninguna forma la igualdad social y política de las razas blanca y negra… Yo, al igual que cualquier otro hombre, estoy a favor de mantener la posición superior asignada a la raza blanca.

Abraham Lincoln. Sí, ese Abraham Lincoln, conocido y venerado por la liberación de los esclavos negros en los Estados Unidos. He leído la cita en el prólogo de Donaldo Macedo, director del Applied Linguistics Graduate Program en la Universidad de Massachusetts, al libro de Noam Chomsky La (des)educación, que he empezado a leer. En ese pasaje concreto, la cita de Lincoln se refería a las grandes y pequeñas mentiras transmitidas y perpetuadas por la educación en los Estados unidos. Ya os contaré más cosas del libro a medida que vaya avanzando, pero la cosa promete.

Iggy

13 de February de 2007

Iggy

Dice una cita famosa que la muerte de una persona es una tragedia, pero la muerte de un millón es una mera estadística. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) murieron, por diversas causas, unos 60 millones de personas: aproximadamente el 2% de la población de todo el planeta por aquel entonces.

En realidad fueron 60 millones de tragedias. Nosotros, alejados en el tiempo y relativamente cerca en el espacio, no podemos llorar por cada una de esas personas, pero es totalmente seguro que alguien lo hizo por cada uno de ellos.

El sábado por la noche vi en el cine Banderas de nuestros padres, del director Clint Eastwood. Trata sobre la historia de la foto que se sacó en Iwo Jima, cuando se coronó la cima de monte Suribachi, en el transcurso de una de las batallas más sangrientas de la mayor guerra de la historia. La fotografía es probablemente la más famosa desde entonces, y la verdad e historia que la rodean es relativamente desconocida, al menos para mí hasta que vi la película.

La cinta está basada en el libro del mismo título escrito por el hijo del enfermero John Bradley, Doc, uno de los hombres que izó la bandera de la fotografía de Joe Rosenthal.

Creo que todos los personajes que aparecen en ella son históricos, aunque su personalidad y por supuesto las acciones y las palabras que aparecen serán probablemente más o menos inventadas. A mí durante todo el metraje me cayó simpático el personaje de Ralph Ignatowski, conocido por el sobrenombre de Iggy, un chaval jovencísimo (19 años), un poco patoso, que luchaba por encontrar su lugar entre los aguerridos varones bélicos mostrando un buen humor a prueba de balas y soportando las bromas de casi todos.

El verdadero Iggy nació en 1926, hijo de un inmigrante polaco y una alemana. En realidad no aparece en la foto famosa, ya que no ayudó a izar esa bandera, sino la primera que se había plantado en el Suribachi, que más tarde fue retirada porque un político quería colgarla como trofeo en su despacho. Pero durante algún tiempo se creyó que él aparecía, cuando en realidad el cuerpo agachado que aparece más a la derecha era el del marine Harlon Block.

Días después del famoso episodio de la bandera, Iggy estaba con su mejor amigo en la guerra, el enfermero Doc, cuando éste salió del agujero donde estaban escondidos para ayudar a un compañero caído. Al volver al agujero, Iggy había desaparecido. Doc lo llamó a gritos durante minutos, hasta que se percató de que había sido raptado desde uno de los túneles que los militares japoneses habían excavado para comunicar distintos puntos de la isla de Iwo Jima en el subsuelo (aunque creo que el descubrimiento de los túneles por Doc puede ser un episodio ficticio).

Días después, explorando los túneles, hallaron el cadáver de Iggy. Lo habían atado y torturado durante días, mutilándolo horriblemente (le cortaron las orejas y los genitales, le arrancaron las uñas y le rompieron brazos y piernas), y finalmente lo habían asesinado a bayonetazos. La secuencia debió de ser tan estremecedora, que en la película el cadáver aparece fuera de plano, aunque al parecer el momento de la ejecución aparece en la última película del director (Cartas desde Iwo Jima).

Hasta el mismo día de su muerte, Doc se despertaba de las pesadillas llamando a su amigo Iggy, atormentado por los remordimientos que le producía el no haber estado al lado de su amigo cuando lo necesitaba, aunque en realidad no fuera culpa suya.

A Iggy le concedieron el Corazón Púrpura, distinción con que se honra a los militares estadounidenses muertos o heridos en combate. Sin embargo, no goza de la gloria que dio a sus compañeros el simbólico acto de haber alzado un pedazo de tela en un palo.

Es sólo una de los 60 millones de muertes que se produjeron durante aquel horror interminable que casi acaba con el mundo. Y no me cabe duda de que fue una tragedia, aunque se haya producido treinta años antes de mi nacimiento, en una isla perdida en el Pacífico a miles de kilómetros, y cuyos testigos, verdugos y víctima, no entenderían mi idioma. Pero quizás no esté de más recordarlo: por su muerte, por cada una de esas muertes que forman esa estadística de los 60 millones, vivimos hoy en el mundo en el que vivimos, y no en el que soñaba con construir Adolf Hitler.

Sobre héroes y tumbas

5 de June de 2006

Esta es una de las fotografías más famosas del siglo pasado, y una de las más terribles: un policía survietnamita (o sudvietnamita, ¿cómo se dice?) descerraja un tiro en la cabeza de un presunto guerrillero del Vietcong, grupo autodenominado “Frente Nacional de Liberación de Vietnam”, de filiación comunista.

Lo que me ha helado la sangre ha sido leer el comentario de la foto, que traduzco chapurreramente:

Con la ofensiva Tet norvietnamita comenzando, Nguyen Ngoc Loan, policía nacional de Vietnam del Sur, hacía lo que podía para mantener las guerrillas del Vietcong fuera de Saigón. En el momento en que Loan ejecutaba a un prisionero del que se decía que era capitán del Vietcong, el fotógrafo de AP Eddie Adams apretó el disparador de su cámara. Adams ganó un premio Pulitzer por una fotografía que, como pocas, volvió a la opinión publica contra la guerra. Adams sentía que mucha gente había malinterpretado la escena, y cuando, en 1998, le informaron de que el inmigrante Loan había muerto de cáncer en su casa de Burke, Vancouver, dijo: “El tipo era un héroe. Estados Unidos debería llorarle. Odio ver que se va así, sin que la gente sepa nada sobre él”.

Del presunto guerrillero asesinado no sé nada, y dudo que se sepa el nombre. Sí, “presunto”, porque me da la impresión de que no hubo juicio, a juzgar por la foto. Supongo que estará en alguna fosa común, o se lo habrán comido los perros de la guerra. El caso es que antiguamente había que asesinar a cien mil hombres para ser considerado un héroe, pero parece que ahora está la cosa bastante más barata.

Es una tontería aceptada, por repetida machaconamente, que “el tiempo” o “la historia” pondrá a cada uno en su sitio. Nada más lejos de la realidad. El tiempo contribuye a que los asesinos se vuelvan héroes, y a que sus víctimas sean vueltas en números. No creo que los grandes héroes nacionales o sociales, los que se han hecho grandes matando, tengan un sentido mayor de la justicia o de la paz que el resto de las personas, lo que creo es que tienen el sentido sádico, si existe, muy bien desarrollado. Conozco a varias personas con las mismas ideas elevadas que Stalin o Hitler, aunque, por suerte para todos, no son tan malos como para llegar a héroes.

La Navidad, a sangre fría

24 de December de 2005

(Revista de blogs)

El día que Jesús vino al mundo no fue el 25 de diciembre del año 1 antes de Cristo (aC). A partir de lo que escribe Mateo, se deduce, no obstante, que Jesús nació antes de 4 aC, año en el que muere Herodes. “Pudo ser entre 6 aC y 4 aC”, apunta Saban. El censo romano del que habla Lucas –”tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino”– hay que descartarlo como fecha de referencia porque se hizo en el año 6, según Flavio Josefo, diez años después de la muerte de Herodes.

Los cristianos –excepto los ortodoxos– conmemoran el natalicio el 25 de diciembre desde que en 350 el papa Julio I lo declaró fecha oficial de la Navidad. Era el día en que los romanos celebraban la festividad del “nacimiento del sol invicto”, Mithras, el alargamiento del día frente a la noche invernal, la victoria de la luz sobre las tinieblas. La Iglesia se apropió así de una fiesta pagana. Sin embargo, la época del año del episodio bíblico no está clara, aunque los pastores a los que el ángel anuncia el nacimiento del Salvador dan una pista.

El resto de este interesante artículo, en Magonia.

Otra mirada sobre Japón

22 de December de 2005

(Revista de blogs)

César Iglesias (su blog) me envió un correo avisándome de un artículo que había escrito sobre barbaridades que habían cometido los japoneses en diversos países asiáticos como ejército invasor. Es una mirada diferente sobre el hermoso país del sol naciente, ya que estamos acostumbrados a los divertidos dibujos manga, la fascinación que nos producen las geishas y el refinamiento de su arte. No hay duda de que Japón sabe venderse: mucha gente piensa que lo único malo que han hecho es alinearse con el eje en la II guerra mundial.

Es un artículo muy descriptivo y crudo, no apto para estómagos sensibles. Se os revolverán las tripas y aprenderéis historia.

La otra cara de Japón.

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