Ars longa, vita brevis

El PP, ETA (Guillotin, Robespierre)

8 de May de 2013

Este post es, en parte, irónico

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1. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, afirma que «el aborto tiene algo que ver» con ETA, aunque «no demasiado».

2. Beatriz Escudero, diputada del Partido Popular, nos pregunta: «¿Saben que en España las mujeres que se ven abocadas al aborto son las que menos formación tienen?»

3. Desde que tomó posesión el actual Gobierno, no solo se han aumentado las tasas universitarias, sino que además se han endurecido los requisitos para acceder a las becas. Estas medidas, con la excusa de reducir el gasto, tienen, lógicamente, el efecto de que conseguir una buena formación sea más caro y, por ende, más difícil.

4. ¿El PP es ETA?

CODA

Aunque existía desde tiempo atrás, fue el doctor Joseph Ignace Guillotin el que, durante la Revolución Francesa, recomendó el uso de la guillotina en las ejecuciones. Sus razones estaban bien motivadas. El ideal de fraternidad de la Revolución recomendaba que las ejecuciones —a las que, históricamente, puede que Europa fuese demasiado joven para renunciar aún— se realizasen de la forma más humana posible. La separación de la cabeza del tronco del ejecutado en una maniobra casi instantánea constituía, en aquellos tiempos, la forma más rápida de morir. Por otra parte, la égalité —«igualdad»—, otro de los pilares de la revuelta, exigía un método de asesinato (basta de eufemismos) igual para todos; hasta el momento, en casi todos los países únicamente los nobles gozaban del derecho de ver reducido el suplicio en sus últimos momentos. Tardaron unos pocos años, pero al final la Asamblea escuchó al doctor Guillotin y la cuchilla homicida se generalizó en la Francia revolucionaria.

Maximiliem Robespierre es tristemente conocido por el «terror»; aunque había sido, en sus primeros tiempos como abogado, un firme opositor a la pena capital, cuando se convirtió en uno de los líderes de la revuelta fue el principal impulsor de las ejecuciones por guillotina durante el bienio 1793-1974. Todo sospechoso de ser un enemigo del pueblo o de la Revolución era detenido, interrogado y ejecutado. Los números son inciertos, pero las estimaciones más conservadoras sospechan que el número de ajusticiados entre septiembre de 1793 y la primavera de 1974 no bajó de 11.000 (otros cifran en un máximo de 40.000 las personas asesinadas en ese periodo).

El 28 de julio —10 de Termidor, según el calendario republicano— de 1794 Robespierre fue arrestado y decapitado en la guillotina.

Hay historiadores que afirman que toda revolución es seguida por un periodo particular de terror: la francesa, la cubana, la china, la rusa, la misma dictadura fascista del general Franco. Si no se asesina de forma más o menos indiscriminada a un número elevado de personas sospechosas, el régimen corre el peligro de estar mostrando debilidad, y es susceptible de fracasar. Pero, para los revolucionarios, el terror añade un riesgo sobrevenido: sus impulsores pueden acabar siendo víctimas, como le sucedió a Robespierre, o a tantos hombres de confianza de Stalin que acabaron frente al pelotón de fusilamiento o internados en un gulag.

El PP comenzó diciendo que cualquier partido que apoyara la independencia del País Vasco —que me parece una memez, pero eso no es el asunto— era ETA; más tarde, los que apoyasen la independencia de cualquier impulso de un proceso soberanista en cualquier parte del estado; después, simplemente los simpatizantes de esos procesos; después, los que nos manifestábamos con las plataformas del 15 de marzo; luego, Ada Colau y los militantes o simpatizantes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca; finalmente —de momento—, también las mujeres que abortan. Es como el terror revolucionario: todo el que no acate cualquier ocurrencia de este Gobierno hasta sus últimas consecuencias, es sospechoso de ser un enemigo del pueblo. Pero, una vez más, se produce lo que en todos los periodos de terror: de tanto ser enemigo del pueblo —o ETA— todo el mundo, resulta que la rueda finaliza su giro completo y, al final, acaban siendo ETA los que acusaban de ser ETA a todo el mundo.

(Habría venido muy bien aquí, de haber sido cierto, el bulo de que el mismo Guillotin fue víctima de la hoja asesina; no obstante, esto es falso: fue otro doctor Guillotin el que murió decapitado en el cadalso, y la coincidencia de nombres dio base al erróneo dato. No sé si decir: lástima; no creo, sin embargo, que invalide lo defendido aquí.)

Breve historia del cero

7 de May de 2013

Aun sin estar seguro de su fiabilidad histórica en los detalles, me ha resultado muy simpática esta «historia del cero» que aparece en el libro Las trampas del deseo, del psicólogo israelí Dan Ariely, que estoy leyendo ahora:

Fueron los babilonios quienes inventaron el concepto de cero; luego los antiguos griegos debatieron sobre él en elevados términos (¿cómo algo podía no ser nada?); el antiguo erudito indio Pingala lo emparejó con el numeral 1 para obtener los dígitos dobles, y tanto los mayas como los romanos hicieron de él parte de sus sistemas de numeración. Pero en realidad el cero encontró su lugar alrededor del año 498 de nuestra era, cuando el astrónomo indio Aryabhata se levantó de la cama una mañana y exclamó: ‘Sthanam sthanam dasa gunam’; que traducido quiere decir más o menos: «De posición a posición, 10 veces su valor». Con ello nacía la idea de notación decimal que relaciona el valor de un dígito con su posición. A partir de ahí el cero experimentó un auge: se difundió al mundo árabe, donde floreció; atravesó la península Ibérica rumbo a Europa (gracias a los musulmanes hispanos); fue objeto de algunos retoques por parte de los italianos, y luego cruzó el Atlántico para llegar al Nuevo Mundo, donde a la larga resultaría tremendamente útil (acompañado del dígito 1) en un lugar llamado Silicon Valley.

Esto viene en un capítulo dedicado, ahí es nada, a investigar por qué ejerce en nosotros una influencia mágica cualquier oferta que incluya algo gratis, incluso en las circunstancias —que las hay— en las que puede ser contraproducente para nosotros.

Según yo tenía entendido —y según defiende también el artículo en la Wikipedia—, los romanos no conocieron el cero. Cuando algo no era nada, usaban el indefinido nihil (de donde proceden, por ejemplo, los vocablos castellanos «nihilismo» y «aniquilar»). Es por ello que el castellano, cuyo léxico procede mayoritariamente del latín, hubo de adoptar el arabismo sifr («vacío») que dio un doblete en nuestro idioma: «cero» y «cifra», si los recuerdos de mis estudios de Historia de la Lengua Española no me han abandonado del todo. Pero para mí lo más llamativo del párrafo que he citado más arriba, sin duda, es la idea de que, si al final el cero no hubiese llegado a nuestra civilización, los adelantos informáticos habrían sido distintos. La mitad del lenguaje que entienden los ordenadores —léase: teléfonos, televisores modernos, videoconsolas, documentos electrónicos— es el número cero. ¿Cómo nos las habríamos arreglado? Es una interesantísima idea, creo, para una distopía que yo no estoy capacitado para imaginar.

Amor de cuatro milenios

18 de February de 2013

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Restos de escritura cuneiforme en un bajorrelieve —creo recordar que— asirio. British Museum, Londres, agosto de 2009.

¡Ah, el amor! Unos historiadores descifraron en 1939 el contenido de la que, creo, es la carta de amor más antigua que se conserva en su forma original. Alguien escribió hace 4.000 años en una pequeña tabla de arcilla estas palabras:

Para Bibea. Que los dioses, si me son propicios, te conserven la salud. Dime cómo estás. Fui a Babilonia, pero no te vi. Fue una gran decepción. Cuéntame la razón de tu marcha, y permite mi alegría. Mantente siempre bien, hazlo por mí. Gimil.

Poco que ver con el reggaeton. Aquí el artículo original de la revista Popular Science, vía Neatorama.

¿Y por qué hablamos?

10 de January de 2013

¿Por qué hablamos? ¿Por qué, entre tantas formas de comunicación posibles, la preferida por nuestra especie es la palabra hablada? ¿Tiene que ver con la inteligencia? ¿Habría sido posible desarrollar una inteligencia superior, como la del ser humano, si nuestra forma preferida de comunicación fuese otra? A la inversa, ¿habríamos desarrollado un lenguaje oral de doble articulación si la evolución de nuestro cerebro hubiera seguido otros derroteros? ¿Por qué no pueden hablar los monos?

Estas y muchas otras preguntas relacionadas con el lenguaje y con la comunicación en general han originado ríos de tinta y montañas de libros, y lo seguirán haciendo, aun a sabiendas de que muchas de ellas tienen una respuesta muy difícil de obtener, y de que hay otras que, o se desmonta la Teoría de la Relatividad y se empiezan a realizar viajes hacia atrás en el tiempo, o no obtendrán una respuesta nunca (como, por ejemplo: ¿cuál fue la primera palabra?).

Hay una de esas preguntas, sin embargo, que tiene una respuesta ampliamente aceptada y que se da prácticamente por cierta en casi todos los círculos lingüísticos. Esta pregunta es: ¿Por qué hablamos? O, expresada de otro modo: ¿Por qué nuestro principal canal de comunicación es acústico, siendo, como es, la vista el sentido más desarrollado por nuestra especie, y del que más nos fiamos? ¿Por qué, a pesar del consabido refrán de que vale más una imagen que mil palabras, sigue siendo la palabra nuestro principal medio de comunicación? ¿Por qué podemos expresar cualquier cosa con palabras, pero no con imágenes?

La respuesta, en una palabra, es: desertización.

Viajemos, mentalmente, en el tiempo.
(more…)

Noble a precio de saldo

12 de April de 2009

El Principado de Sealand (literalmente, «Tierra del mar») es una nación independiente cuyo territorio se limita a una base británica de la II Guerra Mundial construida en medio del mar, cerca del Reino Unido, aunque también reclaman 12 millas de agua alrededor del diminuto país (vía cracked.com). Su población asciende a 27 habitantes aproximadamente. Sí, aproximadamente 27, parece ser que los censos no son seguros.

Aunque la historia de Sealand es muy breve, no creáis que no ha tenido sus momentos épicos. Roy Bates fue el fundador del principado, pero al parecer un tipo llamado Ronan O’Rahilly ya había reclamado un tiempo antes de su llegada la posesión de la base. Así que un día se presentó con unos cuantos matones e intentó desalojar a Bates, que defendió su fortaleza con uñas y dientes y se mantuvo en el poder.

No acaba ahí la cosa. Poco tiempo después, Bates tuvo que defender sus fronteras del asedio de la mismísima armada británica. Al fracasar en el abordaje, el gobierno de Su Majestad reclamó el pedazo de chatarra en los tribunales… que dictaminaron que Sealand no estaba en aguas territoriales británicas y que, por lo tanto, pertenecía a Roy.

Y aún hay más. El primer ministro, Alexander G. Achenbach, estaba descontento con el régimen de Roy y organizó una revuelta, en la que tomó como rehén a Michael, hijo del primer hombre del país, aprovechando que este se encontraba de visita en el extranjero. No conocía lo suficientemente bien a Roy Bates, que se presentó en su helicóptero con un grupo de mercenarios y desalojó a Achenbach. No creáis que el primer ministro exiliado se ha rendido, pues ha creado una página web donde reclama que la comunidad internacional le reconozca su legitimidad en el trono de Sealand. Como veis, en este mundo el que se aburre es que no es suficientemente emprendedor. No creo que Mick Jagger, en su lecho de muerte –que espero que tarde mucho en visitar–, sienta haber vivido una existencia tan plena como la de cualquiera de estos tipos.

Y aquí viene lo bueno para vosotros: preocupado por su escasez de condes, duques y fauna por el estilo, el Principado de Sealand tiene una tienda en línea donde podéis comprar, por el módico precio de 6,36 libras esterlinas (unos 7,08 euros al cambio actual) un título de lord, lady, barón o baronesa de Sealand. Así es como lo venden:

Disfrute de la vida elevada

Este título individual de nobleza está aprobado y garantizado por nuestra Soberanía, la Jefatura del Estado y la Familia Real de Sealand, y está basado en las leyes constitucionales de nuestro gobierno, establecido en 1967. Esta distinción se concede en reconocimiento de su apoyo financiero al bienestar y el desarrollo de Sealand y el deseo de formar parte de nuestro Estado independiente soberano.

¿Qué? ¿Aún no estáis convencidos?

Use su título para:

Conseguir tratamiento VIP y pasar a los primeros lugares en la cola para acontecimientos importantes.
Impresionar a la gente y hacer amigos.
Ser invitado a todas las fiestas importantes.
Asegurarse la mejor mesa en los restaurantes.
Dar envidia a sus compañeros de trabajo.
Conseguir privilegios en los vuelos.

Si yo fuera vosotros, me lo pensaría.

Cuando una lengua se pierde…

19 de February de 2009

… ¿va al cielo?

Bromas aparte, me encuentro con este estupendo artículo de Pablo en Abundando. Ignoro la formación lingüística o histórica del autor, pero es un buen ejemplo de cómo explicar cosas bastante complicadas con pocas y muy claras palabras. Os lo recomiendo. El artículo trata sobre por qué hay tantas lenguas, y por qué no menos, ni más, y sobre cómo podrían perderse unas lenguas, aparecer otras y si es posible que en un futuro extraño todo el mundo hablase un solo idioma.

No entra en el tema de si hubo una sola lengua originaria de la que proceden todas las demás, y lo entiendo, porque siendo el tema interesantísimo, aún no ha habido lingüista ni escuela que lo haya podido solventar. Algo totalmente comprensible, ya que lo más seguro es que nunca se sepa: las únicas pruebas que probablemente pudiéramos utilizar para estudiar el lenguaje de nuestros antepasados serían registros escritos o sonoros, y la escritura se inventó miles de años después de la aparición del lenguaje, y las grabaciones sonoras miles de años después de la escritura. Gracias a la comparación de lenguas vivas y a los registros escritos hemos podido documentar de forma casi segura la existencia de lenguas de las que nadie ha hablado nunca, como el indoeuropeo, pero remontarnos más atrás parece tarea imposible, y como lingüista que cree firmemente en la Lingüística como ciencia, es verdaderamente una tristeza.

No dejéis de leer el artículo, aunque vuestro interés por las lenguas sea solo el de una persona interesada vagamente por cualquier cosa interesante. Mi comentario al artículo lo reproduzco a continuación:

[…] no tengo tan claro eso de que no pase nada si una lengua desaparece. Según los lingüistas idealistas, una lengua es una forma de ver el mundo, y si al final todo el globo acaba hablando una sola lengua (lo que veo muy probable, y que sea posiblemente un inglés muy contaminado con castellano y con rasgos del chino y del árabe), habrá una visión del mundo unitaria. Esto puede hacer posible que no haya gente que piense de manera muy distinta a los demás, lo que puede acarrea la dificultad de ver los propios fallos.

El contemplar lo felices que son algunas comunidades humanas alejadas de Occidente, que sobreviven trabajando en la naturaleza y con no muchas comodidades modernas, quizás ha hecho que en esta parte del mundo no nos olvidemos de que no todo es trabajar cuantas más horas mejor para tener una tele más grande que la del vecino. No digo que esto lo haya causado el distinto idioma que hablen en Nigeria, pero sí una forma distinta de ver el mundo, quizás propiciada en todo o en parte por un distinto idioma.

Sí estoy de acuerdo en que intentar imponer una lengua a martillazos (como hicieron los romanos, Franco o algunos gobiernos autonómicos aquí y ahora) es una barbaridad, especialmente cuando se hace con fines políticos inconfesables. Para que una lengua sobreviva, no siempre es imprescindible un proceso de normalización. El griego siguió empleándose como lengua de cultura durante toda la época imperial romana por su prestigio literario y filosófico. ¿No podrían empeñarse los gobiernos en promover la creación de obras literarias y la investigación científica en las lenguas propias, en lugar de condenar al fracaso escolar a muchos alumnos que han de aprender la lengua autonómica en la escuela a fuerza de castigo y estudio? Eso, en mi opinión, también ayudaría –quizá más– a evitar la pérdida de una lengua, y sobre todo se haría por medio del respeto a una lengua de cultura, y no por miedo a multas y suspensos.

Nectanebo I el Listo

2 de July de 2008

Estoy leyendo una biografía de Alejandro de Macedonia (también conocido como Magno, «el grande»), que murió con 33 años después de haber conquistado la mayor parte del mundo conocido por occidente en el siglo IV antes de Cristo. Este libro fue compuesto por un autor cuyo nombre nos es desconocido, al que se llama Pseudo Calístenes. El origen de esta denominación es curioso.

Resulta que el verdadero Calístenes fue un sobrino de Aristóteles que se dedicó a escribir la vida de Alejandro (del cual su tío había sido maestro). Varios siglos después, nuestro autor, basándose en los escritos del verdadero Calístenes, compuso una novelita que alcanzó un éxito asombroso, a pesar de sus inexactitudes y de muchos hechos inventados que añade para dar mayor intriga y valor comercial al relato. Y como no sabemos su nombre verdadero, lo llamamos pseudo («falso») Calístenes.

Pues bien, lo primero que se nos cuenta es la forma en que Alejandro fue engendrado. En el tiempo de los hechos, Filipo II, rey de Macedonia, estaba lejos de la patria luchando contra sus enemigos. Se rumoreaba en la polis que iba a abandonar a su mujer, Olimpia, que era extranjera, para casarse con una macedonia, lo cual la dejaría en desgracia si no lograba concebir un hijo antes. La gente preferiría a la reina del país, sobre todo si era capaz de dar un hijo al rey.

Pocos años antes, el faraón Nectanebo I de Egipto había huido cobardemente del país del Nilo porque unos adivinos habían presagiado que iba a ser derrotado y asesinado por los persas. Se afeitó la barba y la cabeza, se disfrazó y huyó a Macedonia, dejando a su país a merced del invasor, aunque con una profecía: volvería a aparecer, más joven, para librarlos del yugo persa. En Macedonia se forjó cierta reputación como adivino.

Cuando Olimpia estaba atribulada por los rumores, acudió a Nectanebo para pedirle consejo. Este le dijo que había visto en sueños que un dios iba a presentársele a la reina en su alcoba, para copular con ella y tener un hijo. Nectanebo le dijo que Filipo no se atrevería a repudiarlo, por ser hijo de un dios, y lo aceptaría y educaría como a un hijo suyo.

También le dijo que el dios era un engendro entre hombre y carnero, con grandes cuernos y la piel lanuda. Y le aconsejó que le preparara una habitación junto a su alcoba, para realizar los conjuros necesarios para la visita del dios. Olimpia, a determinada hora de la noche, debía cubrirse la cabeza con un velo y disponerse para la cópula divina.

Supongo que el resto de la historia lo habréis adivinado: a la hora acordada, Nectanebo se puso una piel de carnero por encima, se dirigió a las habitaciones de la reina y se la benefició (tal vez esta imagen tenga más fuerza para vosotros si os recuerdo que Olimpia fue interpretada por Angelina Jolie en la lamentable biografía cinematográfica que dirigió Oliver Stone, Alexander).

Y así, según la leyenda, fue concebido el mayor conquistador que ha conocido jamás el mundo.

No era listo ni nada este Nectanebo. Años después, su profecía se cumplió, cuando Alejandro llegó a Egipto y expulsó a los persas (era como un Nectanebo, pero más joven), y fundo la gran ciudad de Alejandría.

Por lo demás, el libro es muy entretenido, la traducción es de Carlos García Gual (creo que tengo por ahí también una Odisea traducida por él) y es una buena lectura para estas calurosas noches de verano y espera que me están torturando.

Historia de los griegos

24 de November de 2007

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Como dice el autor Indro Montanelli, no llamó a este libro Historia de Grecia (como sus historias de Roma o de la Edad Media) porque es imposible hablar de la historia de las ciudades helénicas sin detenerse pormenorizadamente en sus personajes. Es cierto que no puedes hablar de la historia del imperio romano sin nombrar a César, Marco Antonio, Caracalla o Constantino, pero la expansión y caída Roma se puede explicar perfectamente sin aludir a las personalidades de sus protagonistas. Pero ¿cómo explicar la historia de la antigua Grecia sin nombrar a Minos, a Homero, a Pericles, a Sócrates, a Arquímedes, a Esquilo, o a tantos otros? Sería una tarea imposible.

Esta Historia de los griegos tiene todas las virtudes y todos los defectos que se pueden encontrar en cualquier obra de divulgación historiográfica de Montanelli. Virtudes: su estilo es llano, llamativo y divertidísimo. Cuando tienes entre las manos un libro suyo, sigues leyéndolo, aunque solo sea por ver con qué nueva ocurrencia sale la próxima vez. Varias veces he soltado una carcajada mientras lo leía, al tiempo que mi novia, que lee cosas más serias (A sangre fría de Truman Capote) me miraba con cara de bibliotecaria solterona. Leer historia con Montanelli no sólo es divertido, es hilarante.

El defecto es que su estilo es tan bueno que te hace dudar de su exactitud. A veces se pregunta uno si, siendo tan divertido, el texto tendrá todo el rigor exigible a cualquier obra sobre historia. Además, de vez en cuando inserta apreciaciones subjetivas sobre este o aquel aspecto, relacionándolos con la historia contemporánea (entiéndase, la historia contemporánea al libro, que se editó en Italia en 1959). Esto acerca el libro al ensayo y lo aleja un poco de la historiografía. Pero sigue siendo una lectura apasionante.

La Historia de los griegos es precisamente lo que promete. Ni siquiera se detiene mucho en las ideas políticas de sus gobernantes, ni en las filosofías de sus pensadores: te habla de sus vidas. Es un libro plagado de anécdotas sacadas de fuentes clásicas, que el autor seguramente conocía al dedillo. Y, como ya se ha dicho, no es una historia de Grecia (que en la antigüedad nunca tuvo conciencia de ser una nación, y casi siempre las polis andaban a palos unas contra las otras), sino de los hombres que la vivieron y que vivieron en ella.

Y, como dice Indro Montanelli en el Epílogo, todo lo que en la vida de la Humanidad evoluciona es de origen griego. Ahí es nada.

(Sobre Hesíodo) Según él, fue una mujer quien trajo todos los males a los hombres, que hasta aquel momento habían gozado de paz, salud y prosperidad: Pandora. Y entre líneas da a entender que, rascando un poco, se encuentra una Pandora en cada mujer. De esto muchos críticos han deducido que debió de haber sido soltero. Nosotros creemos, en cambio, que cosas semejantes sólo pueden escribirlas los casados.

[…]

(Sobre Safo, la poetisa de Lesbos) [en Sicilia] casó con un industrial rico, como sucede a las «divas» de todos los tiempos, que eligen por marido a un caballero millonario. Y tuvo una niña: «que no cambiaría -escribió- por toda la Lidia y ni siquiera por la adorable Lesbos». El industrial, después de habérsela dado, cumplió también con el postrero de sus deberes de buen marido: la dejó viuda y dueña de toda su hacienda.

Poetas

21 de November de 2007

Otra vez [Dionisio de Siracusa] condenó a trabajos forzados en las minas al poeta Filoxeno, que había criticado sus versos. Luego se arrepintió, le llamó y ofreció en su honor un gran banquete al final del cual leyó otros versos e invitó a Filoxeno a juzgarlos. Filoxeno se levantó y, haciendo un signo a la guardia, dijo: «Llevadme a la mina.»

Historia de los griegos, de Indro Montanelli.

Abolicionismo

18 de April de 2007

Lincoln

[…] diré, entonces, que no estoy, ni lo he estado jamás, a favor de fomentar de ninguna forma la igualdad social y política de las razas blanca y negra… Yo, al igual que cualquier otro hombre, estoy a favor de mantener la posición superior asignada a la raza blanca.

Abraham Lincoln. Sí, ese Abraham Lincoln, conocido y venerado por la liberación de los esclavos negros en los Estados Unidos. He leído la cita en el prólogo de Donaldo Macedo, director del Applied Linguistics Graduate Program en la Universidad de Massachusetts, al libro de Noam Chomsky La (des)educación, que he empezado a leer. En ese pasaje concreto, la cita de Lincoln se refería a las grandes y pequeñas mentiras transmitidas y perpetuadas por la educación en los Estados unidos. Ya os contaré más cosas del libro a medida que vaya avanzando, pero la cosa promete.

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