Ars longa, vita brevis

Los nuevos MacBooks

15 de October de 2008

Imagen: apple.com

Cualquiera que esté más o menos al tanto de las noticias tecnológicas sabrá que ayer la marca Apple renovó su línea de ordenadores portátiles, tanto los de gama media-baja (Macbook) como los de gama alta (MacBook Pro). Yo voy a hablar del MacBook, que es el que conozco, ya que manejo uno de los primeros modelos desde hace unos dos años y medio.

Primero, el diseño. Lo más destacable, aparte de lo feo que me parece (comparado con mi viejo y leal MacBook de primera generación) es la nueva forma de diseñar el cuerpo del portátil, hecho prácticamente de una pieza de aluminio, lo que tiene una ventaja principal: a menor número de piezas, menos piezas que pueden romperse. Personalmente, el acabado en aluminio no me vuelve loco, y me parece más bonito el plástico blanco, pero claro, eso ya depende del gusto de cada cual. Las teclas del nuevo son negras, y también me parecen más feas que las del modelo anterior. Este modelo, sin embargo, es algo más delgado que el MB clásico.

En cuanto a la potencia, aquí sí que hay mejoras destacables: una tarjeta de vídeo de nVidia, bastante mejor que la Intel que solían traer, y que –según Steve Jobs– tiene un rendimiento de hasta cinco veces mejor que la anterior tarjeta. Ello combinado con un bus de datos más eficiente, hace que el nuevo pequeño Mac portátil sea si no una bala, sí una flecha comparado con el anterior.

¿Justifica esto comprarse un portátil nuevo? Depende… yo creo que usar un portátil para jugar es tirar el dinero. Un ordenador es una herramienta, y quien elige un portátil lo hace por sus características específicas: portabilidad, comodidad, tamaño y duración de la batería. En una palabra, independencia respecto a los ordenadores de siempre, ligados a un lugar fijo, con todos sus cables y sus componentes y su gran peso. El portátil es para quien necesita tener herramientas informáticas disponibles en varios sitios: en el trabajo, en casa, en las vacaciones. Si lo que quieres es jugar, lo mejor es que te compres un iMac, o que te montes un ordenador clónico con piezas buenas, una tarjeta gráfica potente y un buen monitor de veinte pulgadas para arriba. O, como en mi caso, cómprate una consola, que es un trasto fabricado específicamente para juegos. De todas maneras, las únicas ocasiones en que he echado en falta algo más de potencia gráfica han sido viendo películas en Full HD (1.080 puntos de resolución vertical, una burrada), lo que no hago prácticamente nunca, y cuando activo la vista de edificios 3D en Google Earth (que lo hago más a menudo y sí que me fastidia un poquito).

Por lo demás, el nuevo MB incluye una salida de vídeo distinta de la tradicional, lo que hace que tus viejos monitores sean inservibles (a no ser que te compres el adaptador, por el módico precio de cinco lechugas), y ha perdido su entrada FireWire. Personalmente, creo que la de mi MacBook solo la he usado una vez, con una grabadora externa de DVD, pero leyendo los comentarios de los blogs norteamericanos parece que a ellos les supone una gran pérdida. No habría estado mal, sin embargo, que en lugar de simplemente cargarse la entrada FireWire hubiese sido sustituida por otro puerto USB, ya que los dos del MB a menudo se quedan cortos.

Por último tenemos su trackpad (ignoro si hay una palabra para esto en español). Al parecer es una gozada, no tiene botón, sino que todo él es el botón, y reconoce los gestos que hagas con uno, dos, tres o cuatro dedos simultáneos, lo que sin duda le da una gran versatilidad. Me gustaría probarlo. Sin embargo, esa tampoco es una razón para comprarme un nuevo cacharro, ya que normalmente el mío lo uso en casa conectado a un ratón.

Todo esto viene envuelto en un aumento de precio de unos doscientos euros, que teniendo en cuenta las mejoras (excepto la falta de FireWire, y añadiendo un gigabyte al modelo básico, que empieza en dos) no parece una locura. Sigue habiendo, supongo que por poco tiempo, la opción de comprar el modelo blanco unos cincuenta euros más barato que ayer por la mañana.

También se presentó ayer un nuevo Cinema Display, realmente bonito por fuera, y con cámara, micrófono y altavoces incorporados. Además, añade una mejora destacable: tiene un solo cable con tres salidas, una para el vídeo, otra para un puerto USB (conectándolo a tu ordenador tienes otros tres puertos en la parte de atrás del monitor) y un conector de corriente, para que el monitor le suministre energía a tu portátil. Esto es bastante innovador y útil… siempre que tengas un portátil de Apple; en caso contrario, el adaptador de corriente es otro cable suelto e inútil. El tamaño de la pantalla es de 24 pulgadas, bastante grande, y viene con tecnología LED, de menor consumo y mayor brillo que los monitores tradicionales. El acabado es brillante, como el de la pantalla de los MacBooks, cosa que a mucha gente le molesta pero que a mí, personalmente, me parece que le da gran viveza a la imagen. Será probablemente porque no sé apreciar la verdadera calidad… pero eso es lo que hay, amigos. De todas maneras, a unos 900 euros que lo van a poner, yo sé de alguien a quien no le van a colocar uno de estos flamantes Cinema Displays.

Total, que no me lo compro, esperaré a ver si mejora mi economía, que quiero comprarme un iMac como ordenador principal y dejar el MB para uso exclusivamente portátil. Aun así, aunque solo sea por curiosidad…

¿Cuánto pagaríais por un MacBook blanco de segunda mano, con 2 gigabytes de RAM, 200 gigabytes de disco duro, procesador Intel Core Duo a 1,83 gigahercios, unidad combo –lector de DVD y grabador de CD– y un mando a distancia original de Apple (con los nuevos modelos tienes que comprártelo aparte)? Regalaría tres adaptadores, para poder enchufar el MacBook a un monitor VGA o DVI, o a un televisor mediante conexión RCA. Va incluido, por supuesto, el sistema operativo Mac OS X Tiger (versión justo anterior a la actual, y de todas maneras muy superior a Windows XP y Vista y, según algunos, incluso a Leopard), y la suite de ofimática iWork ’06 original y en su cajita, que, no quiero engañaros, me parece caca de la vaca. Ah, y una batería prácticamente nueva (la que tengo conectada ahora funciona perfectamente, solo que tiene un problema: se apaga cuando quiere si la desconectas de la corriente, pero para mantenerlo conectado va de maravilla).

Solo por preguntar, claro.

El mejor ordenador de la historia

25 de September de 2008

A mediados de los ochenta los ordenadores eran cosa de frikis. Y además era una cuestión estadística: si no tenías granos y gafas, no tenías uno. Y ni siquiera todos los cuatro ojos con acné estaban interesados o podían permitirse comprar una de esas máquinas.

A mediados de los ochenta los ordenadores eran grandes trastos con pantallas culonas de dos colores: verde y negro. Eran capaces de mostrar texto y eso era algo casi increíble.

A mediados de los ochenta el dispositivo mediante el que te comunicabas con el ordenador era un teclado grande y tosco. El ratón había sido inventado a mediados de los 60, pero nadie tenía uno.

A mediados de los ochenta un ordenador muy caro solía tener unos 256 kilobytes de memoria. Si multiplicas por cuatro, tienes un megabyte. Si luego multiplicas por 1.024, tienes un gigabyte. Si vuelves a multiplicar por dos, tienes la memoria que yo tengo instalada en el MacBook, que es el mínimo con lo que suelen venir los ordenadores actuales de gama baja. Es decir, que hemos multiplicado por 8.192 la memoria de un ordenador puntero de mediados de los ochenta para obtener la de uno barato de unos veinte años después.

Es curioso que teniendo en cuenta ese dato la mayor parte de la gente siga teniendo problemas con los ordenadores.

A mediados de los ochenta, con un ordenador podías escribir algún texto, crear alguna base de datos, algún programa –si sabías mucho– y poco más. Y entonces apareció el Amiga.

Cuando apareció el Commodore Amiga, los ordenadores caros podían hacer lo que habéis leído antes. Entonces, este extraño aparato con nombre español hizo cosas que hasta entonces eran, literalmente, no inimaginables sino imposibles. La mayoría de los ordenadores no podían dibujar una línea recta en la pantalla, y el Amiga 1000 era capaz de mostrar una imagen casi indistinguible de una fotografía en 4.096 colores simultáneos (la tarjeta gráfica VGA, creada tres años después, y que no se empezó a convertir en estándar en los compatibles IBM hasta principios de los noventa, mostraba a la vez un máximo de 256). La resolución máxima era de 640 x 512 (la VGA podía ofrecer una resolución de 640 x 400, limitando el número de colores a 16). Un sonido con calidad totalmente realista salía en estéreo por sus cuatro canales simultáneos (la primera SoundBlaster apareció en 1989). Venía con un ratón de dos botones y una disquetera que leía discos de densidad simple a 1 megabyte (los compatibles solo podían manejar 0,7 megabytes en los mismos discos). Su corazón incluía una serie de circuitos (llamados custom chips), de nombres femeninos, como Lisa y Paula, que se encargaban de diversas tareas y desahogaban al procesador central, el increíble Motorola 68000, de gran parte del trabajo. El Amiga 1000 fue el primer ordenador multimedia de la historia, muchos años antes de que a alguien se le ocurriera la palabra. Diez años antes de que Bill Gates pretendiera haber inventado la multitarea con su Windows 95, el Amiga ejecutaba diez programas a la vez sin despeinarse. Si querías tener un ordenador de otra marca que se le acercara un poco en posibilidades, debías esperar cinco años a que inventaran todo eso, gastarte el doble de lo que costaba el Amiga en otro ordenador, y luego comprarle un monitor en color, un ratón, una tarjeta gráfica y otra de sonido. Gastándote unas trescientas mil pesetas en hardware de Amiga, incluyendo el propio ordenador, podías montar en tu casa una empresa de edición de vídeo totalmente profesional, lo que con cualquier otra opción habría elevado el precio por encima de los dos millones.

¿Y entonces por qué la mayor parte de vosotros, especialmente los jóvenes, jamás habéis oído hablar de él? La historia es larguísima, y las razones aún no están claras del todo. Después de un comprensible éxito, las ventas empezaron a decaer, y el Amiga sufrió una larguísima agonía, la mayor parte de la cual en realidad se encontraba en estado de coma. Hubo, y creo que aún lo hay, un heroico grupo de supervivientes que nunca renunciaron a su querido ordenador, y que seguían programando para él, usándolo y defendiéndolo, hasta convertirse en fanáticos. Hoy en día, cualquier ordenador de 600 euros hace mucho más que un Amiga, y sin ningún inconveniente, salvo los continuos cuelgues. Y hasta ese problema puede reducirse casi a cero si usas Mac OS o Ubuntu. Sin embargo, sigue habiendo gente que vive aún en la época de la espada y la brujería. Porque el párrafo anterior, después de todo, solo habla de números. La experiencia está en el siguiente.

Porque si nunca usaste un Amiga en su momento, hay un hecho mágico que has perdido para siempre. La magia de presenciar lo imposible. Imagina que, mientras lees esto, Un rayo sale de tu monitor y se materializa en medio de la estancia con la forma de Natalie Portman, y que se sienta en tu regazo a ver cómo lees lalengua.info mientras te hace caricias y arrumacos. Sería algo imposible que te dejaría con la boca abierta y con ganas de enseñárselo a todo el mundo. Pues eso es lo que se sentía. Tu amigo te invitaba a ver su nuevo ordenador, del que habías oído hablar, y cuando te mostraba cualquier demo, cualquier juego, cualquier imagen digitalizada, pestañeabas un par de veces porque sabías que lo que estabas viendo y oyendo no era posible.

Quizá alguien de la vieja guardia de entre los lectores del blog pueda dejar un comentario para confirmar a vosotros, jóvenes maleducados, consentidos, bailadores de reguetón, escuchadores de hip hop y masticadores de Big Macs, que no me estoy inventando nada. Que el que tuvo la fortuna de presenciar una de estas máquinas en funcionamiento en aquella época no ha vuelto a tener una sensación igual al sentarse frente a un montón de chips de silicio.

Después ha habido tarjetas VGA y SVGA, y –¿cómo se llaman las que vienen con los ordenadores modernos? a nadie le importa– otras; PlayStations uno, dos y tres, Nintendos y SuperNintendos, Sega Saturn (otra que tal vez no les suene a los jóvenes) y Dreamcast, Xbox uno y trescientos sesenta, monitores de veintisiete pulgadas y discos duros de un terabyte. Gráficos en 3D y todo eso. Pero no ha vuelto a haber magia.

Recuerdo que la primera vez que encendí mi Amiga 500 en casa –fue el modelo que sucedió al Amiga 1000– y metí un juego de rol por turnos en la disquetera, cuyo nombre no recuerdo, dije en voz alta: «¡Madre mía! ¡Tengo estos gráficos en mi ordenador!» Días después, mi amigo se compró otro Amiga 500, y al introducir el mismo juego repitió exactamente la misma frase.

Veinte años después me compré una Xbox 360 y puse a cargar el DVD del juego Gears of War. Tras ver los gráficos y oír el sonido, me dije a mí mismo: «Dios mío, esto es increíble». Pero no añadí signos de exclamación. Y además sabía que me estaba mintiendo a mí mismo.

¿Qué fue lo que se cargó al Amiga? Nadie lo sabe, pero os doy unas cuantas pistas. Una fama inmerecida de que era un ordenador que solo servía para jugar. Sí, era cierto que los juegos del Amiga estaban a años luz de los que se podían ver en cualquier otra plataforma, pero se obviaba un dato: si el ordenador era capaz de hacer eso, además era capaz de hacer lo que hacían todos los demás usando solo un 1% de su potencia. Además, la empresa Commodore, hoy desaparecida, demostró una ceguera gigantesca en cuestión de publicidad y negocios. Bill Gates ya estaba empezando a mostrarse como el genio de las finanzas y los negocios –que no de la informática– que todos conocemos. El Amiga estuvo saltando entre varias compañías que no entendieron la magia que contenía y que fueron cargándoselo poco a poco. Y el resto es historia oculta.

Me enteré, ni sé cómo, de tantas horas que pasa uno aquí sentado, de que acaban de publicar el nuevo sistema operativo del Amiga, el AmigaOS 4.1. Ni siquiera sabía que aún podías comprar uno de estos trastos. Me picó la curiosidad y estuve investigando un poco, y he encontrado una inspirada y detallada historia de esta caja mágica en Ars Technica (en inglés). Aquí tenéis la entrada de la Wikipedia en español sobre este ordenador, y aquí la historia del Amiga en la Wikipedia en inglés. Están bastante bien, pero a los que no hayáis visto uno de estos monstruos en funcionamiento en 1988 no os dirá gran cosa. Y es normal. Mi abuela se emociona con los tangos de Gardel, y a mí me gustan, pero no llego a llorar con ellos. Supongo que, aparte de que Gardel fue algo muy grande, como el Amiga, la cuestión de fondo es que cuando mi abuela escucha a Gardel está usando los oídos de su juventud. Supongo que lo mío con este cacharro también es cosa de los ojos de mi juventud, que no han vuelto a ser los mismos.

Si sois de los míos, el comentario es obligado.

Epílogo

Hombrepordiós. Si en la Xbox 360 tengo gráficos de alta definición y sonido Dolby Digital envolvente 5.1. Y se conecta a Internet. Y sus escenarios tienen una iluminación totalmente fotorrealista.

Sí, pero ese no es el tema. Yo sé que dentro de diez años jugaré a un juego cuyas imágenes no podré distinguir de una película de Hollywood. Y tal vez ya habrá despegado la realidad virtual, y podré ponerme el casco, los guantes y todo eso. Es cuestión de tiempo, cantidad y trabajo bruto. Y de que los chips van a ir siendo cada vez más pequeños, potentes y baratos. Pero es algo que sé que va a ocurrir, porque es algo posible. La magia está en lo imposible, no en los números. Ya no se trata del doble de colores, o el cuádruple de resolución, o de veinte canales de sonido, o de que el mando me vibre en las manos. La vibración ha de sentirse dentro. No, no ahí, marranos. Más arriba. Hacia el centro del pecho, un poco a la izquierda.

Jo dic ‘no’ al iPhone

28 de May de 2008

¿Y por qué digo que no al iPhone, cuando es tan chulo? ¿Y cuando, además, dije hace unos meses que casi seguro que me lo iba a comprar?

En primer lugar, he experimentado una especie de maceración maduración. Ya no siento un impulso de comprar algo porque sea una relativa novedad tecnológica. Tampoco siento ya la atracción que sentí brevemente por los productos de Apple (estoy pensando incluso en vender el MacBook, cuando encuentre un ordenador algo más potente, que se lleve bien con Ubuntu y que no sea demasiado feo).

Tampoco siento esa fiebre que suelen pasar todos los bloggers que disponen de cierto dinero, fiebre que consiste en comprarse iPods, iMacs, iPhones, y diversos muñequitos y chorradas para luego contarlo en el blog y presumir de pertenecer a esa extraña nueva clase social denominada frikismo.

(Yo conocí la época de los freaks de verdad, y aunque compartía varias de sus aficiones, nunca llegué a ser uno. Me gusta La guerra de las galaxias, por ejemplo, pero no me siento atraído por Star Trek. Pero ¿a quién no le gusta La guerra de las galaxias? Eso no es friki, eso es simplemente que te gusta el buen cine, por Dios. Los freaks de verdad, que yo conocí antes de que se extinguieran, descargaban datos con unos enormes y ruidosos modems cuando la palabra «internet» aún no existía, pero sí la palabra «baudio». Jugaban a los aburridísimos juegos de rol, cuando la gente ni siquiera sabía que un niñato lo iba a poner como excusa para cometer un asesinato. Programaban sus propios procesadores de texto en un Amstrad CPC. Y, por supuesto, eran los únicos de su clase que tenían un ordenador. Casi nadie les hablaba. Nada que ver con los que han oído por ahí que ser «friqui» mola, y que han decidido serlo, y que el mes pasado fueron góticos y el que viene serán ecologistas.)

He pensado en comprar uno en eBay, dado que puedes obtener un iPhone liberado (para usarlo con la compañía que quieras) por menos de 400 euros, cuando seguro que aquí lo sacan por lo menos por 600 y atado a un contrato de permanencia. Pero entonces corres el riesgo de que la compañía Lobo con piel de cordero, Inc. (léase Apple Computer) te obligue a actualizar el teléfono mediante iTunes y te escacharre el invento. Cosa que sucederá, con seguridad, cuando vendan el teléfono en España, para obligar a la gente a pagar precios de consumidores irreflexivos y estúpidos (españoles, en una palabra).

Pero hay una razón que sobrepasa a todas las anteriores para no comprar el iPhone. Tengo un teléfono que, por ahora, considero que es mejor: el Nokia N91. Es el teléfono que tengo desde hace más de dos años, y creo que aún no han sacado ninguno que lo pueda igualar (con excepción del N95, que es superior en algunos aspectos, aunque tiene un defecto en mi opinión: no tiene disco duro y tienes que comprarle una tarjeta de memoria para almacenar los datos).

El N91, que me costó 665 euros (leer el análisis que escribí para Gizmodo), tiene casi todo lo que tiene el iPhone: cámara de 2 megapíxeles, 4 gigabytes de memoria (en un microdisco duro), conectividad Wifi y Bluetooth, y grandes capacidades multimedia. Y tiene además algunas cosas de las que el iPhone carece: cámara de vídeo (¡a estas alturas, hombre!), es 3G, y puedes conectarlo directamente mediante un cable USB a tu ordenador (con Windows, Mac OS o Linux) para intercambiar datos entre los dos dispositivos (en un iPhone tienes que hacerlo mediante el programa iTunes, lo que además impide que puedas usarlo si tu sistema operativo es Linux). Por otra parte, al N91 le puedes agregar todos los programas que quieras y sean compatibles con su sistema operativo Symbian, cosa que, parece ser, no puedes hacer con el bebé de Steve Jobs sin arriesgarte a fundirlo.

Sin embargo, hay un par de cosas que envidio del teléfono de Apple, no lo niego. Una es la pantalla, aunque lo cierto es que casi nunca consumo contenidos visuales en pantallas menores de 20 pulgadas, a no ser que sean videojuegos (ni siquiera veo podcasts de vídeo en mi iPod Nano, los veo en el ordenador). También creo que el sistema táctil de la interfaz del teléfono es una gozada, aunque lo he podido probar sólo brevemente en un iPod Touch. Lo que más me corroe, esta vez sí, es que el iPhone es finito como sílfide, mientras mi N91 es grande y pesado como un ladrillo.

Por lo demás, creo que seguiré tirando de mi Nokia, mientras siga siendo tan fiable como lo ha sido durante este medio lustro, a no ser que Movistar me haga una oferta que no pueda rechazar. Que tendría que ser entregarme un iPhone liberado (sin contratos draconianos con la compañía) por unos 150 euros como mucho… pero creo que antes criarán las ranas pelo.

Ergo, Jobs, te lo metes por donde te quepa, con perdón.

Receta para fabricar un MacBook Air

16 de January de 2008

mbair.jpg

-Coge un MacBook.

-Reduce su grosor de 2,75 a 0,99 centímetros (media entre el grosor máximo y el mínimo del MacBook Air).

-Reduce su peso de 2,27 a 1,36 kilogramos.

-Reduce la velocidad de su microprocesador 0,4 gigahercios.

-Reduce la velocidad de su disco duro de 5.400 a 4.200 revoluciones por minuto.

-Quítale la unidad lectora-grabadora de DVD y CD.

-Quítale un puerto USB, el puerto Firewire, el puerto de entrada de micrófono/línea, el puerto de red Ethernet, y la ranura para el cable de seguridad.

-Quítale la opción de que el usuario cambie la batería, y aumenta la duración de esta una hora.

-Convierte su salida miniDVI en microDVI.

-Convierte su salida de sonido digital en analógica.

-Convierte su sistema de altavoces estéreo en un sistema monoaural.

-Quita de la caja el mando a distancia (Apple Remote) e incluye un adaptador de microDVI a VGA y a DVI.

-Aumenta su memoria de 1 a 2 GB.

-Cobra 700 euros más.

Déjese reposar el resultado delante de un montón de tontos.

Tengo un amigo (hola, Carlos) que me acusa de ser un fanboy de la marca Apple. Nada más lejos de la realidad, y le agradezco al señor Jobs la oportunidad que me brinda para demostrarlo. Siempre he defendido -y lo sigo haciendo- que el MacBook original, con el que estoy escribiendo este post, y la mayoría de los iPod -a excepción del iPod Touch- son unos productos magníficos, y no importa cuántos reproductores multimedia o cuántos portátiles de otras marcas pruebe: los MacBook y los iPod me siguen pareciendo muchísimo mejores que cualesquiera de la competencia. Pero este MacBook Air es una clarísima tomadura de pelo.

Hasta aquí hemos llegado, Steve Jobs.

Me encanta mi boli

11 de December de 2007

bic.JPG

Esta es una bella historia de amor que, por suerte, tiene un final feliz. Un usuario de la tienda en línea Amazon compró un bolígrafo marca Bic de los de toda la vida (ya sabéis: Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal) y quedó tan satisfecho con su adquisición que escribió un análisis de 8 párrafos y 637 palabras: seiscientas treinta y siete palabras, una detrás de la otra. Entre los piropos que destina al amado, se pueden encontrar verdaderas confesiones apasionadas:

Desde que recibí el bolígrafo me he sentido muy feliz con la calidad del flujo de tinta en los distintos tipos de papel que he usado. El primer día, cuando abrí nervioso el paquete (¡gracias, Amazon, por la gran calidad de vuestros embalajes!) no pude reprimir mis ansias y anduve por ahí buscando cosas sobre las que escribir. […]

Mi boli es el que es transparente con capuchón azul. Elegí este en lugar del naranja porque me gusta saber cuánta tinta me queda, para poder pedir otro antes de que se agote. […]

Cuando la excitación inicial de la llegada de mi nuevo bolígrafo empezó a desvanecerse, me hice cargo de que no debía escribir por mera diversión: esto tenía que ser una empresa seria, así que el segundo día en posesión empecé a tener más cuidado con lo que escribía. Lo usé para firmar tres cartas, y en cada uno de los casos quedé totalmente contento con la claridad de la escritura que pude alcanzar. […]

Hoy es el cuarto día que tengo el bolígrafo, y puedo decir que estoy empezando a tratarlo como a un viejo amigo. Iba caminando por la oficina con el bolígrafo enganchado en el bolsillo de mi camisa y alguien del departamento de cuentas me lo pidió prestado mientras los dos estábamos frente a la fotocopiadora. ¿Os querréis creer que intentó largarse sin devolvérmelo? Se quedó muy avergonzado cuando lo llamé mientras se alejaba y le pedí que me lo devolviera. Estaréis contentos de saber que ya está de vuelta, totalmente seguro en mi bolsillo, preparado y listo para escribir de nuevo. […]

Resumiendo, recomendaría este bolígrafo a cualquiera que esté planeando escribir sobre papel.

Otros usuarios de la página han sabido apreciar este análisis, y también se han decidido a dejar sus comentarios:

Debe de ser un bolígrafo excepcional. No me sorprende que sea el más popular del mundo. En este momento estoy pensándome comprar unos cuantos para regalar por Navidad a mis amigos más queridos. Pero me da algo de miedo la posibilidad de que les roben los bolígrafos, parece que se están convirtiendo en costumbre los crímenes con arma blanca en Inglaterra, y esto [es decir, que los atracasen para robarles los bolígrafos] podría hacer que perdiese muchos amigos.

Quizás deberías incluir alguna clase de artilugio defensivo para evitar el robo de tu boli. Ayer estuve en un banco y tenían un cacharro que impedía que la gente se fuera con sus bolígrafos. Deberías contactar con tu proveedor para informarte.

Normalmente uso lápices para escribir en papel, pero he estado pensando en cambiarme a un bolígrafo. ¿Creéis que este es una buena elección para un novato?

Es un bolígrafo superior para un principiante. Si crees que estás preparado para actualizarte a los bolis, este modelo no te defraudará.

Me preocupan los zurdos… ¿Crees que será apropiado para mí, a pesar de mi discapacidad?

Y así sigue durante cuatro páginas de comentarios. El laureado bolígrafo, por cierto, cuesta 13 peniques británicos (unos 18 céntimos). Y si no os veis capaces de soportar el tiempo que tardará en llegar desde el Reino Unido, podéis encontrarlo en cualquier papelería.

Vía Menéame.

Gran Verdad

5 de September de 2007

Por supuesto, en el blog de Mauro Entrialgo.

Piropos geek

14 de July de 2007

Ojalá hubiese más mujeres que entendiesen piropos como estos:

  • Dime cómo te llamas y te agrego a favoritos
  • Mi Mac OS X tiene envidia de tu belleza
  • Juntos somos como un procesador de doble núcleo
  • Eres el socket de mi CPU
  • Siempre estás en C:/Mi corazón
  • Tienes permisos de root en mi vida
  • Tú tienes la máxima prioridad en mi lista de procesos
  • Ninguna gráfica podría renderizar al 100% tu perfecta figura
  • En la cama eres puro overclocking

Y unos cuantos más en iYube.com.

¿Qué hacer si te quedas sin conexión en el ordenador?

7 de February de 2007

He encontrado este interesante artículo leyendo Lifehacker, y dado lo mal que va la conexión a Internet en España, me ha parecido bien traducirlo para uso y disfrute del personal. Cinco cosas que puedes hacer si te quedas sin conexión (aunque en realidad son seis):

  • 1. Limpia y organiza tus favoritos (o marcadores si usas Firefox). No sé tú, pero yo tiendo a hacer clic en el típico botón “Bookmark this page” y tiro para adelante […] Si no has visitado un sitio durante un mes, no es importante […] Crea distintas categorías y ordena tus marcadores.
  • 2. Desinstala los programas que no usas. ¿Por qué hacerlo, si tienes disco duro de sobra? Pues porque hace que programas como Scandisk y el desfragmentador vayan más rápido.
  • 3. Desenchufa el ordenador, quita la tapa y limpia el polvo. Utiliza aire comprimido en bote. El calor es enemigo del ordenador, e incluso en un ambiente limpio, los ventiladores aspiran polvo a través de cada abertura. Si tienes mascotas, hazlo una vez al mes.
  • 4. Escribe el próximo post para tu blog. Puedes hacerlo como documento de texto y darle formato cuando vuelva la conexión.
  • 5. Ejecuta todos los programas de mantenimiento que no tengas programados para que corran automáticamente. Ello puede permitir que tu ordenador vaya más rápido.
  • 6. Escribe en papel tus nombres de usuario y contraseñas para todas las webs, blogs, cuentas de correo electrónico, programas afiliados, etc. Toda esa información es clave para tus asuntos. Si te pasara algo, tu mujer u otra persona importante podrían necesitarla.

Y venga iPhone

29 de January de 2007

iPhone strikes again

Traducción:

Viñeta 1: -¡Ayuda! Se ha caído y no puede levantarse.
-¡Que alguien llame a urgencias!
-¡Yo lo haré! Tengo aquí mi iPhone.

Viñeta 2: -Y entonces, si lo giras noventa grados, la imagen se vuelve panorámica…
-¡Oooooooh!
-¡Aaaaaaah!

The Joy of Tech, vía New Launches.

Camiseta para bloggers obsesionados

25 de January de 2007

Muchos bloggers, que parece que viven y respiran para su blog, serían felices con esta camiseta cartesiana:

Blogito ergo sum

Vía Popgadget.

Hay que comer

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