Ars longa, vita brevis

El olor de la guayaba

24 de May de 2010

Este artículo trata sobre el episodio final de Lost. Si no quieres que te lo chafe, ya sabes.


(more…)

Enter Sandman, por Lolcatz

23 de January de 2009

Todos conoceréis esta canción de Metallica, como es vuestra obligación:


Enlace al vídeo en YouTube

Say your prayers, little one,
don’t forget my son
to include everyone…

Pues aquí tenéis una nueva prueba de la superioridad evolutiva de los gatos: son capaces de cantar la letra de la canción completa, simpemente haciendo posturas. Para ver la imagen completa, haced clic en ella, o aquí.

Vía Digg.

De oídas

15 de January de 2009


Enlace al vídeo en Vimeo

Divertidísimo vídeo –la mala noticia es que hay que entender el inglés– donde una joven cuenta la trilogía de La guerra de las galaxias sin haber visto ni una sola de las películas. Solo conoce los conceptos que ya forman parte de la cultura popular, como la fuerza, lo que le han contado y algunas escenas sueltas. Me he reído a carcajadas en algunos momentos. No os lo perdáis. Vía Boing Boing.

Piezas de Star Wars

16 de November de 2008

Por estos días se puede ver en el centro de exposiciones Arte Canal de Madrid una muestra de figuras y modelos usados en las míticas películas de La guerra de las galaxias (pausa para respirar, arf, arf, esto de quedarse sin comas es un fastidio). El fotógrafo Nividhia estuvo y tomó un puñado de buenas instantáneas, que podéis ver aquí.

El mejor ordenador de la historia

25 de September de 2008

A mediados de los ochenta los ordenadores eran cosa de frikis. Y además era una cuestión estadística: si no tenías granos y gafas, no tenías uno. Y ni siquiera todos los cuatro ojos con acné estaban interesados o podían permitirse comprar una de esas máquinas.

A mediados de los ochenta los ordenadores eran grandes trastos con pantallas culonas de dos colores: verde y negro. Eran capaces de mostrar texto y eso era algo casi increíble.

A mediados de los ochenta el dispositivo mediante el que te comunicabas con el ordenador era un teclado grande y tosco. El ratón había sido inventado a mediados de los 60, pero nadie tenía uno.

A mediados de los ochenta un ordenador muy caro solía tener unos 256 kilobytes de memoria. Si multiplicas por cuatro, tienes un megabyte. Si luego multiplicas por 1.024, tienes un gigabyte. Si vuelves a multiplicar por dos, tienes la memoria que yo tengo instalada en el MacBook, que es el mínimo con lo que suelen venir los ordenadores actuales de gama baja. Es decir, que hemos multiplicado por 8.192 la memoria de un ordenador puntero de mediados de los ochenta para obtener la de uno barato de unos veinte años después.

Es curioso que teniendo en cuenta ese dato la mayor parte de la gente siga teniendo problemas con los ordenadores.

A mediados de los ochenta, con un ordenador podías escribir algún texto, crear alguna base de datos, algún programa –si sabías mucho– y poco más. Y entonces apareció el Amiga.

Cuando apareció el Commodore Amiga, los ordenadores caros podían hacer lo que habéis leído antes. Entonces, este extraño aparato con nombre español hizo cosas que hasta entonces eran, literalmente, no inimaginables sino imposibles. La mayoría de los ordenadores no podían dibujar una línea recta en la pantalla, y el Amiga 1000 era capaz de mostrar una imagen casi indistinguible de una fotografía en 4.096 colores simultáneos (la tarjeta gráfica VGA, creada tres años después, y que no se empezó a convertir en estándar en los compatibles IBM hasta principios de los noventa, mostraba a la vez un máximo de 256). La resolución máxima era de 640 x 512 (la VGA podía ofrecer una resolución de 640 x 400, limitando el número de colores a 16). Un sonido con calidad totalmente realista salía en estéreo por sus cuatro canales simultáneos (la primera SoundBlaster apareció en 1989). Venía con un ratón de dos botones y una disquetera que leía discos de densidad simple a 1 megabyte (los compatibles solo podían manejar 0,7 megabytes en los mismos discos). Su corazón incluía una serie de circuitos (llamados custom chips), de nombres femeninos, como Lisa y Paula, que se encargaban de diversas tareas y desahogaban al procesador central, el increíble Motorola 68000, de gran parte del trabajo. El Amiga 1000 fue el primer ordenador multimedia de la historia, muchos años antes de que a alguien se le ocurriera la palabra. Diez años antes de que Bill Gates pretendiera haber inventado la multitarea con su Windows 95, el Amiga ejecutaba diez programas a la vez sin despeinarse. Si querías tener un ordenador de otra marca que se le acercara un poco en posibilidades, debías esperar cinco años a que inventaran todo eso, gastarte el doble de lo que costaba el Amiga en otro ordenador, y luego comprarle un monitor en color, un ratón, una tarjeta gráfica y otra de sonido. Gastándote unas trescientas mil pesetas en hardware de Amiga, incluyendo el propio ordenador, podías montar en tu casa una empresa de edición de vídeo totalmente profesional, lo que con cualquier otra opción habría elevado el precio por encima de los dos millones.

¿Y entonces por qué la mayor parte de vosotros, especialmente los jóvenes, jamás habéis oído hablar de él? La historia es larguísima, y las razones aún no están claras del todo. Después de un comprensible éxito, las ventas empezaron a decaer, y el Amiga sufrió una larguísima agonía, la mayor parte de la cual en realidad se encontraba en estado de coma. Hubo, y creo que aún lo hay, un heroico grupo de supervivientes que nunca renunciaron a su querido ordenador, y que seguían programando para él, usándolo y defendiéndolo, hasta convertirse en fanáticos. Hoy en día, cualquier ordenador de 600 euros hace mucho más que un Amiga, y sin ningún inconveniente, salvo los continuos cuelgues. Y hasta ese problema puede reducirse casi a cero si usas Mac OS o Ubuntu. Sin embargo, sigue habiendo gente que vive aún en la época de la espada y la brujería. Porque el párrafo anterior, después de todo, solo habla de números. La experiencia está en el siguiente.

Porque si nunca usaste un Amiga en su momento, hay un hecho mágico que has perdido para siempre. La magia de presenciar lo imposible. Imagina que, mientras lees esto, Un rayo sale de tu monitor y se materializa en medio de la estancia con la forma de Natalie Portman, y que se sienta en tu regazo a ver cómo lees lalengua.info mientras te hace caricias y arrumacos. Sería algo imposible que te dejaría con la boca abierta y con ganas de enseñárselo a todo el mundo. Pues eso es lo que se sentía. Tu amigo te invitaba a ver su nuevo ordenador, del que habías oído hablar, y cuando te mostraba cualquier demo, cualquier juego, cualquier imagen digitalizada, pestañeabas un par de veces porque sabías que lo que estabas viendo y oyendo no era posible.

Quizá alguien de la vieja guardia de entre los lectores del blog pueda dejar un comentario para confirmar a vosotros, jóvenes maleducados, consentidos, bailadores de reguetón, escuchadores de hip hop y masticadores de Big Macs, que no me estoy inventando nada. Que el que tuvo la fortuna de presenciar una de estas máquinas en funcionamiento en aquella época no ha vuelto a tener una sensación igual al sentarse frente a un montón de chips de silicio.

Después ha habido tarjetas VGA y SVGA, y –¿cómo se llaman las que vienen con los ordenadores modernos? a nadie le importa– otras; PlayStations uno, dos y tres, Nintendos y SuperNintendos, Sega Saturn (otra que tal vez no les suene a los jóvenes) y Dreamcast, Xbox uno y trescientos sesenta, monitores de veintisiete pulgadas y discos duros de un terabyte. Gráficos en 3D y todo eso. Pero no ha vuelto a haber magia.

Recuerdo que la primera vez que encendí mi Amiga 500 en casa –fue el modelo que sucedió al Amiga 1000– y metí un juego de rol por turnos en la disquetera, cuyo nombre no recuerdo, dije en voz alta: «¡Madre mía! ¡Tengo estos gráficos en mi ordenador!» Días después, mi amigo se compró otro Amiga 500, y al introducir el mismo juego repitió exactamente la misma frase.

Veinte años después me compré una Xbox 360 y puse a cargar el DVD del juego Gears of War. Tras ver los gráficos y oír el sonido, me dije a mí mismo: «Dios mío, esto es increíble». Pero no añadí signos de exclamación. Y además sabía que me estaba mintiendo a mí mismo.

¿Qué fue lo que se cargó al Amiga? Nadie lo sabe, pero os doy unas cuantas pistas. Una fama inmerecida de que era un ordenador que solo servía para jugar. Sí, era cierto que los juegos del Amiga estaban a años luz de los que se podían ver en cualquier otra plataforma, pero se obviaba un dato: si el ordenador era capaz de hacer eso, además era capaz de hacer lo que hacían todos los demás usando solo un 1% de su potencia. Además, la empresa Commodore, hoy desaparecida, demostró una ceguera gigantesca en cuestión de publicidad y negocios. Bill Gates ya estaba empezando a mostrarse como el genio de las finanzas y los negocios –que no de la informática– que todos conocemos. El Amiga estuvo saltando entre varias compañías que no entendieron la magia que contenía y que fueron cargándoselo poco a poco. Y el resto es historia oculta.

Me enteré, ni sé cómo, de tantas horas que pasa uno aquí sentado, de que acaban de publicar el nuevo sistema operativo del Amiga, el AmigaOS 4.1. Ni siquiera sabía que aún podías comprar uno de estos trastos. Me picó la curiosidad y estuve investigando un poco, y he encontrado una inspirada y detallada historia de esta caja mágica en Ars Technica (en inglés). Aquí tenéis la entrada de la Wikipedia en español sobre este ordenador, y aquí la historia del Amiga en la Wikipedia en inglés. Están bastante bien, pero a los que no hayáis visto uno de estos monstruos en funcionamiento en 1988 no os dirá gran cosa. Y es normal. Mi abuela se emociona con los tangos de Gardel, y a mí me gustan, pero no llego a llorar con ellos. Supongo que, aparte de que Gardel fue algo muy grande, como el Amiga, la cuestión de fondo es que cuando mi abuela escucha a Gardel está usando los oídos de su juventud. Supongo que lo mío con este cacharro también es cosa de los ojos de mi juventud, que no han vuelto a ser los mismos.

Si sois de los míos, el comentario es obligado.

Epílogo

Hombrepordiós. Si en la Xbox 360 tengo gráficos de alta definición y sonido Dolby Digital envolvente 5.1. Y se conecta a Internet. Y sus escenarios tienen una iluminación totalmente fotorrealista.

Sí, pero ese no es el tema. Yo sé que dentro de diez años jugaré a un juego cuyas imágenes no podré distinguir de una película de Hollywood. Y tal vez ya habrá despegado la realidad virtual, y podré ponerme el casco, los guantes y todo eso. Es cuestión de tiempo, cantidad y trabajo bruto. Y de que los chips van a ir siendo cada vez más pequeños, potentes y baratos. Pero es algo que sé que va a ocurrir, porque es algo posible. La magia está en lo imposible, no en los números. Ya no se trata del doble de colores, o el cuádruple de resolución, o de veinte canales de sonido, o de que el mando me vibre en las manos. La vibración ha de sentirse dentro. No, no ahí, marranos. Más arriba. Hacia el centro del pecho, un poco a la izquierda.

Por fin

24 de July de 2008

A alguien se le ha ocurrido la feliz idea de congelar a George Lucas en carbonita. Lo malo es que no lo hayan hecho antes de que rodara la segunda trilogía de Star Wars, pero oye… nos hemos librado de la tercera.

Vía No puedo creer que lo hayan inventado.

Jo dic ‘no’ al iPhone

28 de May de 2008

¿Y por qué digo que no al iPhone, cuando es tan chulo? ¿Y cuando, además, dije hace unos meses que casi seguro que me lo iba a comprar?

En primer lugar, he experimentado una especie de maceración maduración. Ya no siento un impulso de comprar algo porque sea una relativa novedad tecnológica. Tampoco siento ya la atracción que sentí brevemente por los productos de Apple (estoy pensando incluso en vender el MacBook, cuando encuentre un ordenador algo más potente, que se lleve bien con Ubuntu y que no sea demasiado feo).

Tampoco siento esa fiebre que suelen pasar todos los bloggers que disponen de cierto dinero, fiebre que consiste en comprarse iPods, iMacs, iPhones, y diversos muñequitos y chorradas para luego contarlo en el blog y presumir de pertenecer a esa extraña nueva clase social denominada frikismo.

(Yo conocí la época de los freaks de verdad, y aunque compartía varias de sus aficiones, nunca llegué a ser uno. Me gusta La guerra de las galaxias, por ejemplo, pero no me siento atraído por Star Trek. Pero ¿a quién no le gusta La guerra de las galaxias? Eso no es friki, eso es simplemente que te gusta el buen cine, por Dios. Los freaks de verdad, que yo conocí antes de que se extinguieran, descargaban datos con unos enormes y ruidosos modems cuando la palabra «internet» aún no existía, pero sí la palabra «baudio». Jugaban a los aburridísimos juegos de rol, cuando la gente ni siquiera sabía que un niñato lo iba a poner como excusa para cometer un asesinato. Programaban sus propios procesadores de texto en un Amstrad CPC. Y, por supuesto, eran los únicos de su clase que tenían un ordenador. Casi nadie les hablaba. Nada que ver con los que han oído por ahí que ser «friqui» mola, y que han decidido serlo, y que el mes pasado fueron góticos y el que viene serán ecologistas.)

He pensado en comprar uno en eBay, dado que puedes obtener un iPhone liberado (para usarlo con la compañía que quieras) por menos de 400 euros, cuando seguro que aquí lo sacan por lo menos por 600 y atado a un contrato de permanencia. Pero entonces corres el riesgo de que la compañía Lobo con piel de cordero, Inc. (léase Apple Computer) te obligue a actualizar el teléfono mediante iTunes y te escacharre el invento. Cosa que sucederá, con seguridad, cuando vendan el teléfono en España, para obligar a la gente a pagar precios de consumidores irreflexivos y estúpidos (españoles, en una palabra).

Pero hay una razón que sobrepasa a todas las anteriores para no comprar el iPhone. Tengo un teléfono que, por ahora, considero que es mejor: el Nokia N91. Es el teléfono que tengo desde hace más de dos años, y creo que aún no han sacado ninguno que lo pueda igualar (con excepción del N95, que es superior en algunos aspectos, aunque tiene un defecto en mi opinión: no tiene disco duro y tienes que comprarle una tarjeta de memoria para almacenar los datos).

El N91, que me costó 665 euros (leer el análisis que escribí para Gizmodo), tiene casi todo lo que tiene el iPhone: cámara de 2 megapíxeles, 4 gigabytes de memoria (en un microdisco duro), conectividad Wifi y Bluetooth, y grandes capacidades multimedia. Y tiene además algunas cosas de las que el iPhone carece: cámara de vídeo (¡a estas alturas, hombre!), es 3G, y puedes conectarlo directamente mediante un cable USB a tu ordenador (con Windows, Mac OS o Linux) para intercambiar datos entre los dos dispositivos (en un iPhone tienes que hacerlo mediante el programa iTunes, lo que además impide que puedas usarlo si tu sistema operativo es Linux). Por otra parte, al N91 le puedes agregar todos los programas que quieras y sean compatibles con su sistema operativo Symbian, cosa que, parece ser, no puedes hacer con el bebé de Steve Jobs sin arriesgarte a fundirlo.

Sin embargo, hay un par de cosas que envidio del teléfono de Apple, no lo niego. Una es la pantalla, aunque lo cierto es que casi nunca consumo contenidos visuales en pantallas menores de 20 pulgadas, a no ser que sean videojuegos (ni siquiera veo podcasts de vídeo en mi iPod Nano, los veo en el ordenador). También creo que el sistema táctil de la interfaz del teléfono es una gozada, aunque lo he podido probar sólo brevemente en un iPod Touch. Lo que más me corroe, esta vez sí, es que el iPhone es finito como sílfide, mientras mi N91 es grande y pesado como un ladrillo.

Por lo demás, creo que seguiré tirando de mi Nokia, mientras siga siendo tan fiable como lo ha sido durante este medio lustro, a no ser que Movistar me haga una oferta que no pueda rechazar. Que tendría que ser entregarme un iPhone liberado (sin contratos draconianos con la compañía) por unos 150 euros como mucho… pero creo que antes criarán las ranas pelo.

Ergo, Jobs, te lo metes por donde te quepa, con perdón.

Lucha (III): que no te humillen

28 de April de 2008

No entiendo la telebasura, no entiendo a la audiencia. Será porque no trabajo en televisión. O tal vez nunca he pensado en trabajar en televisión por eso. Da lo mismo una cosa que otra.

No recuerdo exactamente en qué momento de mi vida me di cuenta de que las cosas, por muy mal que estuviesen, siempre podían empeorar. La primera vez que me pasó en cuestiones musicales fue con la llegada de Raúl (ya nadie se acordará de él, cantaba «hace tanto que sueño tu boca, que la vida se me ha vuelto loca», toma del frasco). Pero esto está relacionado con un acontecimiento anterior: la llegada y el triunfo de Alejandro Sanz. Cuando vi el éxito que tuvo, pensé que los gustos de la gente no podían caer más bajo. Y después llegó Raúl y se hartó de vender discos.

Con la tele, como os digo, no recuerdo cuál fue el catalizador, lo que en parte es lógico, porque es un medio que cambia aún más rápidamente que la música de usar y tirar. Quizá empezó con Nieves Herrero entrevistando a los padres de unas niñas que habían sido secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas, la misma noche en que encontraron sus cadáveres, tras unos agonizantes meses de incertidumbre. Esa noche –yo estudiaba el COU– quizás fue la primera vez que pensé que habíamos tocado fondo. Después llegaron diarios de patricias, tomates, dolces vitas y salsas de diversos colores y sabores, grandes hermanos y operaciones triunfo. Pero siempre se puede ir a peor, eso ya es un axioma incontestable en mi podrido esquema de certezas mentales.

Ahora lo que se lleva es la humillación de la clase media. Algún estudioso de la televisión debería hacerse cargo de la investigación, pero yo creo que la cosa empezó con El diario de Patricia. Ese programa comenzó a mostrar¹ freaks de todos los tipos imaginables, especialmente en las situaciones más humillantes: «quiero decirle a mi esposo que estoy liada con su madre», «traigo a mi amigo para decirle delante de España que es muy feo», «mi amiga me debe 30 euros desde hace dos años». He visto casos como esos directamente, y dada la duración del programa, es casi seguro que ha habido episodios exactamente como los descritos, por el asunto ese de los mil millones de monos escribiendo a máquina durante mil millones de años.

El problema es que la gente que acude a esa clase de programas suele haber sido despojada previamente de su dignidad (o bien ignoran el concepto mismo). Puede ser divertido ver cómo a un fracasado de la vida le dan plantón en directo, pero después de todo, cuando tu meta en la vida es aparecer en un programa de la tele, no hay demasiada dignidad restante para aprovecharla en el plató.

La evolución, como tanto se suele decir ahora, ha venido del mestizaje. La mezcla bastarda de dos tipos de programas. Por un lado, los programas donde la gente hacía el ridículo; por otro, aquellos en que artistas frustrados iban a obtener su última oportunidad de convertirse en estrellas. Algún genio de las ondas hercianas ha visto el futuro y se está forrando. ¡Ya está! Llevemos a gente normal, a gente que estudia o trabaja, a gente soñadora, que son los que más dignos suelen mostrarse. Y una vez los tengamos delante de ocho o diez millones de personas, vamos a destrozarlos hasta que lloren, hasta que vuelvan a sus pueblos –donde eran unas miniestrellas por haber ganado algún concurso de karaoke local– convertidos en el hazmerreír del vulgo.

Así que aquí están esos programas, ya sea de baile, de cante, o de dar el cante, que todo consiste en eso, con sus ristos de turno para que apaleen a los concursantes. ¿Creéis que es casualidad que la mayoría de los jurados de esos programas suelan ser viejas glorias venidas a menos, o incluso gente de la que no se conoce un solo trabajo? Ya lo dice el sabio refranero: no pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió. Ante la inapelable mesa compuesta por tres o cinco artistas fracasados se presenta el jovenzuelo imberbe que acaba de dar lo mejor de sí en el escenario, ante una audiencia masiva. Y los fracasados tienen la oportunidad de arrancar la dignidad a golpes, esa dignidad que ellos, tan buenos artistas como con seguridad se consideran, nunca pudieron obtener a base de trabajo ni de pelotazo. Acosan al aspirante hasta que llora. Y si no llora, siguen acosándolo. Ya llorará. Una vez suelta la lagrimita ya lo dejan que se siente tranquilo, sintiéndose un ridículo despojo de la chica mona que soñaba con salir en la portada de alguna publicación de la mano de uno que otro futbolista de Primera división.

¿Qué queréis, si pretendéis convertiros en nombres de referencia tras pasar un par de meses en un absurdo concurso? ¿Creéis que alguna vez ha salido algo grande de ahí?

Desearía que la gente no se dejase quitar la dignidad. Desearía que aspirase a trabajar duro para vivir bien, y que viviesen tan bien como duro trabajan. Desearía que la tele dejase de insistir en el manido cliché de que la clase media no merece dignidad. Son muchos deseos y la vida es corta. Ya lo dijo el clásico: ars longa, vita brevis. Y la señora lo reformuló con acierto: «Tantos hombres y tan poco tiempo».

Otro asunto, sociológico sin duda, es la cuestión de por qué el público disfruta tanto con la humillación de su vecino. Tal vez es la mala sangre creada por ver a quien tiene su sueño cerca. La identificación con el tribunal de los artistas fracasados. O que la leyenda negra española no es tan leyenda, aunque siga siendo muy negra. No tengo respuestas. Pero vosotros tenéis opiniones. A los comentarios.

En La Lengua:

(1) El término freak significa en inglés «monstruo de feria». El castellano monstruo viene del latín monstrare, «mostrar, enseñar».

Mundo freak

15 de April de 2008

Sin palabras, vía Boing Boing.

Me encanta mi boli

11 de December de 2007

bic.JPG

Esta es una bella historia de amor que, por suerte, tiene un final feliz. Un usuario de la tienda en línea Amazon compró un bolígrafo marca Bic de los de toda la vida (ya sabéis: Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal) y quedó tan satisfecho con su adquisición que escribió un análisis de 8 párrafos y 637 palabras: seiscientas treinta y siete palabras, una detrás de la otra. Entre los piropos que destina al amado, se pueden encontrar verdaderas confesiones apasionadas:

Desde que recibí el bolígrafo me he sentido muy feliz con la calidad del flujo de tinta en los distintos tipos de papel que he usado. El primer día, cuando abrí nervioso el paquete (¡gracias, Amazon, por la gran calidad de vuestros embalajes!) no pude reprimir mis ansias y anduve por ahí buscando cosas sobre las que escribir. […]

Mi boli es el que es transparente con capuchón azul. Elegí este en lugar del naranja porque me gusta saber cuánta tinta me queda, para poder pedir otro antes de que se agote. […]

Cuando la excitación inicial de la llegada de mi nuevo bolígrafo empezó a desvanecerse, me hice cargo de que no debía escribir por mera diversión: esto tenía que ser una empresa seria, así que el segundo día en posesión empecé a tener más cuidado con lo que escribía. Lo usé para firmar tres cartas, y en cada uno de los casos quedé totalmente contento con la claridad de la escritura que pude alcanzar. […]

Hoy es el cuarto día que tengo el bolígrafo, y puedo decir que estoy empezando a tratarlo como a un viejo amigo. Iba caminando por la oficina con el bolígrafo enganchado en el bolsillo de mi camisa y alguien del departamento de cuentas me lo pidió prestado mientras los dos estábamos frente a la fotocopiadora. ¿Os querréis creer que intentó largarse sin devolvérmelo? Se quedó muy avergonzado cuando lo llamé mientras se alejaba y le pedí que me lo devolviera. Estaréis contentos de saber que ya está de vuelta, totalmente seguro en mi bolsillo, preparado y listo para escribir de nuevo. […]

Resumiendo, recomendaría este bolígrafo a cualquiera que esté planeando escribir sobre papel.

Otros usuarios de la página han sabido apreciar este análisis, y también se han decidido a dejar sus comentarios:

Debe de ser un bolígrafo excepcional. No me sorprende que sea el más popular del mundo. En este momento estoy pensándome comprar unos cuantos para regalar por Navidad a mis amigos más queridos. Pero me da algo de miedo la posibilidad de que les roben los bolígrafos, parece que se están convirtiendo en costumbre los crímenes con arma blanca en Inglaterra, y esto [es decir, que los atracasen para robarles los bolígrafos] podría hacer que perdiese muchos amigos.

Quizás deberías incluir alguna clase de artilugio defensivo para evitar el robo de tu boli. Ayer estuve en un banco y tenían un cacharro que impedía que la gente se fuera con sus bolígrafos. Deberías contactar con tu proveedor para informarte.

Normalmente uso lápices para escribir en papel, pero he estado pensando en cambiarme a un bolígrafo. ¿Creéis que este es una buena elección para un novato?

Es un bolígrafo superior para un principiante. Si crees que estás preparado para actualizarte a los bolis, este modelo no te defraudará.

Me preocupan los zurdos… ¿Crees que será apropiado para mí, a pesar de mi discapacidad?

Y así sigue durante cuatro páginas de comentarios. El laureado bolígrafo, por cierto, cuesta 13 peniques británicos (unos 18 céntimos). Y si no os veis capaces de soportar el tiempo que tardará en llegar desde el Reino Unido, podéis encontrarlo en cualquier papelería.

Vía Menéame.

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