Ars longa, vita brevis

Ya no somos niños

2 de January de 2016

Advertencia: Quien no haya visto aún la película y no quiera conocer detalles importantes de toda la trama —detalles que incluyen todo el metraje—, que deje de leer ahora y espere hasta verla. Escribo este artículo asumiendo que todo el que lo lea ha visto ya esta entrega de la saga.

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Salí de ver El despertar de la fuerza con un enfado evidente. Mi acompañante, que ya la había visto, y yo mantuvimos el silencio hasta minutos después de salir del cine. Tenemos gustos parecidos y él sabía cuál iba a ser mi opinión. Lo que pasa es que gran parte de los fallos de la película tienen su explicación en mí: ya no soy un niño.

Vamos con lo bueno. Creo que esta entrega de la famosa saga marca un hito de excelencia en los efectos visuales cinematográficos. Yo vi la saga original cuando niño (tan viejo soy), y en aquella época los efectos especiales de la primera trilogía también marcaron un máximo. Después el desquiciado George Lucas añadió sus muñequitos digitales con el desastroso resultado que todos conocemos. Desde la aparición de las imágenes generadas o modificadas por ordenador en el cine de animación real, siempre ha sabido uno qué personaje o criatura estaba formada por unos miles o millones de líneas de código. La integración de estas imágenes digitales en una película que muestra el mundo, que es analógico, no es cosa fácil. Hay que tener en cuenta las texturas, los movimientos, la atmósfera que nuestros ojos han aprendido a discriminar como ruido blanco pero nuestros ojos, de hecho, saben cuándo no está. Es como la coherencia en un texto: es bastante más sencillo detectar su ausencia que explicar su presencia.

Solamente si atendemos a la luz, podemos imaginar que en cualquier situación los cálculos que debe realizar un programa de ordenador para mostrar una situación realista son ingentes. Ahora mismo estoy sentado delante de dos monitores de ordenador. Sobre mi cabeza cuelga una lámpara con dos bombillas incandescentes. Por la ventana abierta entra la luz de las farolas de la calle, rebotada en mil superficies. Un led parpadea en un disco duro externo que tengo conectado al ordenador. Cada una de esas luces rebota millones de veces y configura una iluminación mucho más compleja de lo que puede imaginar cualquiera que no se haya sentado a pensarlo.

Pues bien, en El despertar de la fuerza no ha habido un solo momento en que haya notado que tal o cual personaje estuviese creado digitalmente. Había algunos que, lógicamente, estaban hechos de unos y ceros, como un ave carroñera que aparece hacia el principio, o las bestias que transporta Han Solo (y que parecen sacadas del videojuego Doom). Sin embargo, están perfectamente integradas.

La integración del resto de elementos también es sublime. Se pueden ver los efectos que produce el calor de los motores de las naves en el ambiente y cómo afectan las ondas a todo lo que rodea el movimiento de las máquinas.

El sonido está a la altura, y no me extrañaría que esta película se alzase con el Oscar a los mejores efectos de sonido (a los efectos visuales, lo doy por descontado).

La segunda cosa buena es que los roles de género se están actualizando. La princesa Leia era un personaje fuerte e independiente, y daba órdenes a sus inferiores en rango, que eran todos hombres. Esta película va un paso más allá. No solamente aparecen varios personajes femeninos importantes (la protagonista, de hecho, es mujer), sino que interactúan entre sí sin necesidad de hombres. La fortaleza de Rey resulta evidente cuando incluso no llega a comprender por qué el soldado renegado (al que, creo recordar, llaman Finn) intenta tomarla de la mano cuando huyen: no necesita su ayuda.

Y aquí acabaron las cosas buenas. Todo lo demás es malo.

Podría pararme a enumerar las múltiples razones por las que este episodio es casi un calco de La Guerra de las Galaxias (bautizada años después como Una nueva esperanza), pero ya hay innumerables artículos en internet que lo han hecho antes. Me gustaría centrarme en errores concretos.

Incoherencia y falta de carisma. El único personaje del que puede decirse que tiene algo de carisma es la protagonista, Rey, aunque no puedo decir que entre en la categoría de personajes inolvidables, como casi todos los de la trilogía original (no hablo aquí de la segunda trilogía, pues pretendo hacer como si no hubiese existido nunca). Quizás los de Disney quisieron pagar parte de la cuota a las minorías poniendo un personaje importante afroamericano (de hecho, creo que es el personaje que más minutos de pantalla se lleva). Sin embargo, no sale muy bien parado: es un traidor cobarde y patoso que solo mira por sus propios intereses. De hecho, cuando ya es evidente que se ha enamorado de la guapa protagonista, la abandona para poner pies en polvorosa y asegurarse una jubilación tranquila, aunque bien es verdad que al final regresa. Regresa mintiendo, por cierto, y poniendo en peligro las vidas de planetas enteros, dado que su pericia con cualquier cosa está a años luz de lo que presume. Al final, aparentemente, muere, aunque apostaría algo a que lo resucitan para la próxima entrega. Mi teoría es que intentaban hacer una réplica de Jar Jar Binks, el personaje más odiado hasta el momento de las siete entregas. Dato curioso: El personaje de Jar Jar Binks fue rodado con un actor real, también afroamericano, al que, en el último momento, Lucas le dijo que no iba a aparecer y que la imagen del personaje iba a estar creada completamente en una computadora. Lucas tuvo, además, la enorme crueldad de incluir en el making of del DVD el momento en que se lo decía. En el DVD puedes parar el momento exacto en que al actor se le hace trizas el corazón. Todo lo que rodea a Jar Jar Binks es maldad.

¿Kylo Ren? A ese pobre muchacho le ha tocado en la lotería representar lo que representó Darth Vader, uno de los personajes más reconocibles y poderosos de la historia del cine. No era una tarea fácil. La mera presencia física de Vader, con esa máscara —¿qué niño de cinco años ha diseñado la máscara de Ren, por cierto?— llenaba la pantalla y su respiración te dejaba sin la tuya. Ahora tenemos a un chaval obsesionado con su abuelo, con la espada láser peor diseñada de toda la saga, al que el patoso e incompetente Finn ¡le aguanta una lucha de sables! No se nos explica nada de su motivación, aparte de haber sido entrenado por su tío Luke, aun sabiendo que los jedis son los peores docentes de toda la Galaxia. ¿No han aprendido nada? Anakin Skywalker se convierte en un asesino sociópata por la falta de pericia pedagógica de Obi Wan (que, a su vez, había sido entrenado también de forma incompetente por Qui-Gon Jinn, alias Liam Neeson). Después de haber sido entrenado inicialmente por Yoda, Luke pierde una mano. ¿Cuál es el sistema de acceso a la docencia en una galaxia muy, muy lejana? Deberían revisarlo.

Han Solo, después de haber sido uno de los mayores héroes en el proceso de liberación de toda la galaxia y de ser el exmarido de una princesa, resulta que se gana la vida realizando contrabando de poca monta. Sabemos que ha pasado mucho tiempo, pero es poco creíble. ¿Por qué no nos explican nada?

Hay también un personaje llamado Poe que es el encargado de levantar suspiros entre las féminas asistentes, pero se pasa media película desaparecido. Al final te lo resucitan con un Deus ex machina como un piano de cola y hace dos o tres cosas.

Y hay otras dos cosas evidentemente malas. Un de ellas tiene que ver con la nostalgia. Esta película está dirigida principalmente a nosotros: adultos de treinta y muchos que disfrutamos con la trilogía original y compramos los muñequitos. A nuestras edades los hombres y mujeres de la generación de nuestros abuelos estaban a punto de ser abuelos, si no lo eran ya. Nosotros, en gran número, no tenemos hijos aún y seguimos coleccionando muñecos y hacemos fotografías de las cosas que nos comemos para mostrarlas al mundo. La película tiene muchos guiños a nosotros; repeticiones evidentes de guion, personajes y robots que se repiten. Parece intentar ser un revival para que pillemos las referencias y nos sintamos un poco como en la infancia. Todo está lleno de referencias. Pero al poner estas referencias se diría que se han olvidado de rodar una película.

La segunda cosa tiene que ver con la épica. La primera entrega de la trilogía (y aun la segunda, aunque, como ya he dicho, para mí no existe) es épica pura. Todos los personajes saben que están entregados a una causa mayor que ellos mismos que les trasciende. Hasta Solo acaba por comprenderlo. Aquí no. En su afán por hacer una película realmente para todos los públicos, tenemos pretendidas escenas de humor cada cinco minutos aproximadamente que dificultan un espíritu épico en una cinta que, supuestamente, te explica la lucha por la supervivencia de la libertad en una galaxia entera. Estos gags continuos convierten la película en una de esas que se olvidan fácilmente diez minutos después de salir del cine. Sí, te has reído y has amortizado el precio de la entrada. Y qué.

Oh, BB8. El famoso robot que todo el mundo adora. Reconozco que no lo odio tanto como antes, supongo que por todas las cosas que he odiado durante las dos horas largas de emisión. Aunque eso no es un mérito. No está mal como personaje. Pero por favor. No hay nada comparable a R2D2 y C3PO. ¿Y sabéis por qué? Porque los creó Lucas. La trilogía original fue una creación. Esta película es, simplemente, La Guerra de las Galaxias con esteroides.

Aunque supongo que el fallo principal de El despertar de la fuerza es que ya no soy un niño.

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