Ars longa, vita brevis

La evolución es tu amiga

9 de May de 2015

Funny-Monkey-75

Ayer, en una clase de 2.º de Bachillerato (alumnos de 17 años en adelante), mientras comentábamos temas varios, unos alumnos declararon que no creían en la evolución. Que no creían eso de que venimos del mono, y además, preguntaban por qué sigue habiendo monos. Les intenté explicar que esto de la evolución no consiste en creer o no creer: existe, creas en ella o no.

La evolución es tan real que se ha observado en laboratorio. Pero dado que ni mis alumnos ni yo tenemos formación científica, mi objetivo aquí es hacerles ver de la manera más simple posible, tirando más de didáctica que de rigurosos datos, que la evolución es un hecho incontestable. Y quienes no sean mis alumnos y lo lean, espero que disfruten también.

1. ¿Venimos del mono?

Sí. Pero ¿de qué mono? No de los chimpancés, ni de los orangutanes. Venimos de unos monos anteriores, ya extintos, de los que los simios actuales también proceden. Nuestras líneas familiares se separaron hace millones de años, pero tenemos un tatarataratarataratarabuelo en común.

2. ¿Por qué sigue habiendo monos?

Pues por la misma razón por la que siguen existiendo tus primos lejanos. El que las líneas evolutivas se separen no implica que solamente una de ellas pueda sobrevivir. Algunas líneas se extinguen (como lo hicieron los dinosaurios), pero otras siguen viviendo, pues están bien adaptadas al entorno.

3. ¿Pero cómo es posible que de algo como un mono pueda surgir algo como el ser humano?

Pues aquí hay dos claves principales: genética y tiempo. Y una tercera no desdeñable: el ambiente. Pero dejadme explicar algo más sobre esto.

En los seres de reproducción sexual, como nosotros, los hijos nunca son una copia exacta de ninguno de los progenitores, dado que cada uno de ellos aporta el 50 % del material genético. Puedes ser muchísimo más parecido externamente a uno de ellos, casi idéntico, pero sigues teniendo la mitad de genes del otro. Estos genes pueden manifestarse de otra forma (como una enfermedad hereditaria) o no hacerlo (tengo entendido que hay genes que no sirven para nada, son código basura, o al menos aún no conocemos su utilidad).

Así que un hijo es distinto en un porcentaje muy alto a cualquiera de sus padres. Cuando este hijo se reproduzca con otro ser humano, este nieto será más distinto aún, lógicamente, pues el material genético del otro donante será, previsiblemente, también distinto al de sus abuelos.

Que los descendientes son distintos en cierto grado de sus progenitores no es algo que sea necesario demostrar científicamente, pues está a la vista de todos.

Claro, ningún hijo es tan distinto a sus padres como un mono a un hombre. Y es aquí donde entra el tiempo. En poco tiempo, las diferencias serán mínimas. Después de miles de generaciones, serán más notables. Pongamos un ejemplo. Yo dibujo un atardecer. Le doy este atardecer a un dibujante para que, a su vez, haga una copia de mi dibujo. Será, seguramente, muy parecido. Pero él hace lo mismo: entrega su dibujo a un tercer dibujante para que haga una copia. Ahora repitamos el proceso un millón de veces. Las únicas personas que hemos visto el dibujo original somos el autor —yo— y el que hizo la primera copia. Cada uno de los dibujantes únicamente ve el dibujo que le pasan, no el original. Pues después de un millón de veces, es bastante probable que el dibujo resultante ni siquiera parezca un atardecer.

Y así es como se convierte un mono en una persona.

Ah, el ambiente. La mayoría de las diferencias entre progenitores e hijos son muy pequeñas y tienen escasa diferencia en el rendimiento. Tener los ojos de un color u otro, en principio, no nos hace más proclives a sobrevivir y, lo que es más importante, a tener una descendencia a la que transmitir nuestros genes. Pero un par de centímetros más de estatura pueden otorgar una fuerza y una velocidad que nos permitan escapar de depredadores y tener más éxito en la competición por la comida. En una población de cien monos, un leopardo intentará cazar al más lento, pues la conservación de la energía es uno de los objetivos más importantes de todo ser vivo. Así, los monos más rápidos, en determinado contexto, tendrán más posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Y su descendencia, como es lógico, será, salvo fallos genéticos, una población de monos rápidos. En el apartado ambiental entran en juego varios factores: la comida, la climatología, los depredadores, lo atractivos que parezcamos a individuos del sexo opuesto, etc.

4. ¿Qué objetivo tiene todo esto?

Absolutamente ninguno. A no ser que creas en Dios o en algún otro tipo de ser superior que tiene un plan universal. Lo que, por supuesto, no está demostrado.

La evolución no quiere crear nada. No tiene un objeto. El ser humano no es un mono más perfecto, igual que tampoco somos humanos menos perfectos que los que habrá dentro de un millón de años (si los hay). Sencillamente, algunos individuos perecen antes de reproducirse y otros no. Eso es todo. Y los que se reproducen transmiten su información genética a su prole. El hombre es el ser vivo más inteligente, pero probablemente no podríamos haber sobrevivido, con toda nuestra inteligencia, durante el Cretácico. Y no solo por tener que competir con los terribles tiranosaurios, sino por otras cuestiones, como una atmósfera excesivamente cargada de oxígeno para nuestro organismo. Quizás tampoco fuesen comestibles para nosotros muchos de los alimentos disponibles. El ser humano está bien adaptado para las circunstancias actuales de nuestro planeta. Pero dejemos al ser humano, cuya supervivencia ahora tiene menos que ver con la adaptación al ambiente (dado que, cuando hay problemas, tenemos la capacidad de adaptar el ambiente a nuestras necesidades). Un diplodocus probablemente no podría sobrevivir en nuestra era, porque moriría asfixiado. Pero durante su existencia fue uno de los reyes.

No somos, a la vista de las pruebas, una maravilla de la creación. Existimos porque la casualidad y el tiempo lo han permitido.

5. Qué putada, ¿no?

Pues sí, queridos, sí.

¿Quieres aprender un poco más?

¿Y por qué hablamos?
¿Por qué no pueden hablar los monos?
Diferencias entre el lenguaje humano y las formas de comunicación animal (y un par de cosas más sobre los monos)

1 comentario en “La evolución es tu amiga”

  • # La Lengua » Charlie-Charlie y los antivacunas dice:
    3 de June de 2015 a las 19:09

    […] que me han expresado ya varios de mis alumnos, al igual que me han expresado sus dudas acerca de la evolución de las especies. Tiendo a relacionarlo siempre con el deterioro de los sistemas educativos, que están sufriendo un […]

Escribe un comentario

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho