Ars longa, vita brevis

Las claves de la sorpresa

27 de May de 2014

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Pablo Iglesias Turrión, cabeza de lista de Podemos

Vistos en frío los resultados electorales del pasado veinticinco de mayo, en realidad, aparte de los números, las únicas sorpresas han sido el éxito de Podemos y el aumento —casi testimonial— de la participación, ya que casi todo lo demás era esperado. Quitando, como ya he dicho, los números: todos esperaban que PP y PSOE perdieran apoyos, aunque no tantos. También era previsible que las opciones soberanistas (el eufemismo ese, «consulta», que utilizan ellos mismos, queda un tanto ridículo a estas alturas) aumentaran sus apoyos en Cataluña, y que en esa comunidad se incrementara la participación: números. El aumento de apoyos a pequeños partidos ya conocidos (IU, UPyD, Ciutadans) también se veía venir.

La gran sorpresa, repito, ha sido el éxito de Podemos. Para algunas formaciones, como IU —inexplicablemente dolida, dado que ha triplicado su representación parlamentaria y sus votos— esto ha sido incomprensible y casi una traición, y se han apuntado al tic reaccionario, más propio de PP y PSOE, de pensar que los votos de determinados ciudadanos les pertenecen a ellos y no a los propios ciudadanos. En Twitter he leído a algunos simpatizantes y dirigentes de la coalición quejarse del arduo trabajo que ellos llevan años realizando, y de cómo una formación liderada por una cara conocida y formada hace menos de dos meses les ha quitado más de un millón de votos (la cursiva es mía, no he leído eso literalmente, pero lo he entendido y creo que es lo que se quería decir).

El error de Izquierda Unida aquí, muy típico de los políticos patrios, es haberse preguntado tras unas elecciones «¿Por qué se ha equivocado la gente?» en lugar de hacerse dos preguntas más inteligentes: «¿En qué me he equivocado yo?» y «¿En qué han acertado los otros?»

Y la clave de que la gente se haya subido al carro de Podemos es, a mi parecer, doble: por una parte, la gente ha dicho que está harta de los políticos de toda la vida. Legislatura tras legislatura hemos visto las mismas caras y, salvo el espejismo de los años de la burbuja, cada vez hemos sido más pobres y hemos tenido menos derechos. Año tras año nos han prometido todo y no nos han dado nada. Hay un porcentaje creciente de la población que, simplemente, ya no soporta ver las mismas caras de gente prometiendo, mintiendo y recortando. Y, aunque Izquierda Unida prácticamente nunca ha tenido oportunidad de demostrar su honradez (que, como al soldado primerizo el valor, hemos de suponerle), las caras de la coalición también son las mismas que forman parte del sistema que lleva años sangrando la teta del ciudadano para engordar la barriga del poderoso. Lo que me lleva a la segunda clave: los españoles, aleluya, no están hartos de la política, sino de los políticos de siempre. Es probable que la mayor parte de los nuevos votos a Izquierda Unida hayan venido de votantes del PSOE descontentos. IU y Podemos tienen programas similares; el hecho de que gran parte de los votantes se haya decantado por Podemos se debe, en mi opinión, a que el ciudadano, con razón o sin ella, relaciona las caras conocidas de la política con una forma de hacer política, la forma de siempre: la que ha llevado a su extremo Mariano Rajoy cuando declaró que cumplir las promesas le importaba un pimiento, que él iba a hacer lo que fuera necesario, aun cuando ello implicara hacer exactamente lo contrario de lo que había prometido (es decir, lo que está haciendo actualmente). Sin embargo, las caras de Podemos no son conocidas —como las de VOX o UPyD— por haber militado ya en otras formaciones. Lo que atrae es su virginidad. Parece que por fin el ciudadano ha entendido que las ideas (por lo general) no son malas: lo malo son los malos políticos. Una formación, y me refiero nuevamente a VOX y UPyD, que esté liderada por políticos que pasaron años representando a los partidos que nos han arruinado no convence, por mucho que haya que reconocerle a UPyD su aumento de escaños. Los de Podemos aún nos tienen que engañar, porque todavía no lo han hecho. Quizás nos reste algo de esperanza; si Podemos la traiciona, el golpe a la democracia podría ser fatal.

El aumento de la participación, por otro lado, no debe ser motivo de mucha euforia. La clave aquí está en Cataluña: en las anteriores elecciones (2009) se contabilizaron algo menos de dos millones de votos allí; en las de este año, los sufragios emitidos han superado los dos millones y medio. Algo más de medio millón de votos, de un total de emitidos en todo el país de unos dieciséis millones, dan para cambiar una tendencia. Sin embargo, y dadas las preferencias de los votos catalanes, esto tiene indudablemente más que ver con el ansia de la consulta —legítima—, creada de forma artificial por los políticos catalanes y alimentada por el torpe trato y nulo entendimiento de aquella comunidad mostrados por el anterior gobierno de Rodríguez Zapatero y por Mariano Rajoy, tanto en la oposición como en el gobierno actual, que por deseos de cambio del electorado catalán.

En cuanto al PSOE, esto no ha sido más que otro capítulo de la vieja historia en que la madre le dice al niño que se va a caer, y el niño sigue sin hacer caso, y la madre se lo dice mil veces y al final el niño se cae. El electorado lleva años dando muestras al PSOE de que estaba harto de su giro derechista: de que, para votar a la copia, antes votaban al original o se abstenían. La puntilla fue cuando los dos partidos grandes reformaron la Constitución a espaldas del pueblo por orden de los mercados. Pero en el fondo está el mismo asunto del que hablaba al principio: llevamos décadas viéndole la cara a Rubalcaba. No paran de hablar de renovación, y las caras que se postulan son las que también llevamos viendo años o décadas: Madina, Chacón. No ilusionan a nadie, no cambian el discurso. Su maquinaria está anquilosada, y detrás del cadáver político de Rubalcaba no hay más que buitres esperando alimentarse de él, y conocemos las caras de los buitres. Creo que una de las claves de que un incompetente como Rodríguez Zapatero llegase a ilusionar tanto fue que era prácticamente un desconocido para la gente (debido, entre otras cosas, a que pasó años en el Parlamento español sin hacer una sola pregunta ni realizar una intervención). Así pudo ilusionar. Las nuevas caras del PSOE son la vieja guardia de siempre. Ignoro hasta qué punto han de hundirse para darse cuenta; en cualquier caso, me preocupa poco.

Pero, quizás, la clave de estas elecciones está en el mensaje rotundo que los españoles han dado a la clase política, y que se resume en escasas palabras: Estamos hartos de lo de siempre.

3 comentarios en “Las claves de la sorpresa”

  • # manuti dice:
    28 de May de 2014 a las 0:36

    El otro buscando información sobre un antiguo episodio de corrupción, cuando un italiano se hizo pasar por delegado de Benetton y le dieron ayudas más la antigua fábrica de Intelhorce en Málaga. Y se llevó las ayudas y la maquinaría que aún valía. Entre las noticias estaba ya Rubalcaba haciéndose el yo no he sido. Es curioso ver el registro de noticias pasando de la euforia de que Benetton viniera a Málaga al fraude final.
    http://www.google.es/search?q=benetton%20intelhorce

  • # manuti dice:
    28 de May de 2014 a las 19:01

    Solchaga, era Solchaga y no Rubalcaba.

  • # antonio molina dice:
    28 de May de 2014 a las 20:49

    Sin que sirva de precedente, no puedo cambiar ni una coma. 😉

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