Ars longa, vita brevis

Los hechos

31 de May de 2014

1. El pasado lunes 26 de mayo entro por internet en la cuenta que tengo con el banco BBVA. Me encuentro un cargo de 1.188,40 euros. La única información proporcionada es “Apunte por operaciones varias”. Llamo por teléfono y no son capaces de darme mucha más información. Asumo que debe de tratarse de un error —he trabajado en banca y todos cometemos errores— y me dispongo a ir a mi oficina al día siguiente para arreglarlo.

2. En la oficina el empleado me dice que es un impuesto. Yo le digo que no, que la Agencia Tributaria no cobra ningún impuesto directamente de mi cuenta si no es con mi autorización o la de un juez. Entonces me dice que es una liquidación que ha hecho el banco por un impuesto sobre mi hipoteca, impuesto que no existía cuando la hice, pero que la Administración lo está reclamando. Me informa de que han recibido un correo para mí (???). Me lo imprime y me lo da: el correo dice que el pasado 5 de noviembre de 2013 la “Agencia Tributaria Autonómica” ha practicado la liquidación del impuesto, y me piden que procure tener disponible en la cuenta para cuando lo cobren (el correo me lo dan un día después de hacer el cargo en la cuenta, y porque yo había ido expresamente). Había acudido en una hora libre que tenía y ya se acababa, así que le digo al empleado que volveré el viernes más tranquilamente.

3. Vuelvo el viernes. El empleado me dice que me va a decir otra vez lo mismo. Yo le digo que no hace falta, que con una es suficiente. Le digo que quiero el dinero inmediatamente de vuelta en mi cuenta, y entonces me expliquen con tranquilidad en concepto de qué tengo que pagarlo, para hablar de cómo y cuándo lo hago. Me dice literalmente que el dinero no me lo van a devolver. Le digo que por última vez, si alguien ha cometido un error no quiero investigar, ni denunciar, ni que el banco me indemnice, ni siquiera que me pida disculpas, sino que me devuelva mi dinero antes de salir de la oficina y la cosa se queda ahí; que jamás en mi vida me he negado a pagar al BBVA, a la Agencia Tributaria o al frutero de la esquina el dinero que les debo, pero que así no se hacen las cosas, y que además dudo de que sea legal. Me dice que él piensa que sí es legal, pero que no puede asegurarlo (???). Le pregunto qué habría pasado si yo hubiese tenido ese dinero reservado para algún asunto urgente, y —perdonad las mayúsculas— ME OFRECE UN CRÉDITO. Me siento insultado. Le informo de que acudiré a Consumo, al Banco de España y a mi abogado, y que ahora sí que voy a intentar no solo que me devuelvan lo que me han quitado de forma improcedente, sino que, si es posible, les apliquen todo lo que les tengan que aplicar y paguen, si les corresponde, su responsabilidad (cosa que no tenía pensado hacer si me solucionaban el problema). Me dice que le parece muy bien. Me levanto y me voy.

4. Llego a casa y encuentro en el buzón el correo electrónico que el empleado me había imprimido el martes. Estamos a 30 de mayo y el dinero había sido retirado el día 26.

Addendum

El impuesto que se me reclama es un impuesto, posterior a la firma de mi crédito hipotecario, a la existencia de avalistas —mis padres, en este caso— y que las administraciones autonómicas están reclamando. Según me he informado por otros medios, los bancos están realizando una liquidación complementaria por ese concepto antes de que se lo reclamen, para evitar pagar un recargo. Como he dicho antes, jamás me he negado a pagar impuestos, es más, los pago con muchísimo gusto. Pero dudo mucho que el banco pueda retirar dinero de mi cuenta sin mi autorización y sin siquiera notificarme.

El asunto de si me corresponde o no pagar un impuesto posterior a la operación crediticia no es lo que trato aquí. Si se me reclama un impuesto, primero lo pago, y luego ya miro si debía haberlo pagado o no, para protestar en su caso. De lo que se trata es de que no retiren dinero de mi cuenta sin mi permiso.

Os ruego que deis a este artículo toda la difusión que podáis. No creo que el banco rectifique si no se les obliga, pero esto puede poner alerta a gente que se encuentre en una situación parecida. Asimismo, si tenéis cuenta de Twitter, os ruego que retuiteéis si lo veis procedente los tuits que he escrito sobre el asunto. Muchas gracias a todos.

Las claves de la sorpresa

27 de May de 2014

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Pablo Iglesias Turrión, cabeza de lista de Podemos

Vistos en frío los resultados electorales del pasado veinticinco de mayo, en realidad, aparte de los números, las únicas sorpresas han sido el éxito de Podemos y el aumento —casi testimonial— de la participación, ya que casi todo lo demás era esperado. Quitando, como ya he dicho, los números: todos esperaban que PP y PSOE perdieran apoyos, aunque no tantos. También era previsible que las opciones soberanistas (el eufemismo ese, «consulta», que utilizan ellos mismos, queda un tanto ridículo a estas alturas) aumentaran sus apoyos en Cataluña, y que en esa comunidad se incrementara la participación: números. El aumento de apoyos a pequeños partidos ya conocidos (IU, UPyD, Ciutadans) también se veía venir.

La gran sorpresa, repito, ha sido el éxito de Podemos. Para algunas formaciones, como IU —inexplicablemente dolida, dado que ha triplicado su representación parlamentaria y sus votos— esto ha sido incomprensible y casi una traición, y se han apuntado al tic reaccionario, más propio de PP y PSOE, de pensar que los votos de determinados ciudadanos les pertenecen a ellos y no a los propios ciudadanos. En Twitter he leído a algunos simpatizantes y dirigentes de la coalición quejarse del arduo trabajo que ellos llevan años realizando, y de cómo una formación liderada por una cara conocida y formada hace menos de dos meses les ha quitado más de un millón de votos (la cursiva es mía, no he leído eso literalmente, pero lo he entendido y creo que es lo que se quería decir).

El error de Izquierda Unida aquí, muy típico de los políticos patrios, es haberse preguntado tras unas elecciones «¿Por qué se ha equivocado la gente?» en lugar de hacerse dos preguntas más inteligentes: «¿En qué me he equivocado yo?» y «¿En qué han acertado los otros?»

Y la clave de que la gente se haya subido al carro de Podemos es, a mi parecer, doble: por una parte, la gente ha dicho que está harta de los políticos de toda la vida. Legislatura tras legislatura hemos visto las mismas caras y, salvo el espejismo de los años de la burbuja, cada vez hemos sido más pobres y hemos tenido menos derechos. Año tras año nos han prometido todo y no nos han dado nada. Hay un porcentaje creciente de la población que, simplemente, ya no soporta ver las mismas caras de gente prometiendo, mintiendo y recortando. Y, aunque Izquierda Unida prácticamente nunca ha tenido oportunidad de demostrar su honradez (que, como al soldado primerizo el valor, hemos de suponerle), las caras de la coalición también son las mismas que forman parte del sistema que lleva años sangrando la teta del ciudadano para engordar la barriga del poderoso. Lo que me lleva a la segunda clave: los españoles, aleluya, no están hartos de la política, sino de los políticos de siempre. Es probable que la mayor parte de los nuevos votos a Izquierda Unida hayan venido de votantes del PSOE descontentos. IU y Podemos tienen programas similares; el hecho de que gran parte de los votantes se haya decantado por Podemos se debe, en mi opinión, a que el ciudadano, con razón o sin ella, relaciona las caras conocidas de la política con una forma de hacer política, la forma de siempre: la que ha llevado a su extremo Mariano Rajoy cuando declaró que cumplir las promesas le importaba un pimiento, que él iba a hacer lo que fuera necesario, aun cuando ello implicara hacer exactamente lo contrario de lo que había prometido (es decir, lo que está haciendo actualmente). Sin embargo, las caras de Podemos no son conocidas —como las de VOX o UPyD— por haber militado ya en otras formaciones. Lo que atrae es su virginidad. Parece que por fin el ciudadano ha entendido que las ideas (por lo general) no son malas: lo malo son los malos políticos. Una formación, y me refiero nuevamente a VOX y UPyD, que esté liderada por políticos que pasaron años representando a los partidos que nos han arruinado no convence, por mucho que haya que reconocerle a UPyD su aumento de escaños. Los de Podemos aún nos tienen que engañar, porque todavía no lo han hecho. Quizás nos reste algo de esperanza; si Podemos la traiciona, el golpe a la democracia podría ser fatal.

El aumento de la participación, por otro lado, no debe ser motivo de mucha euforia. La clave aquí está en Cataluña: en las anteriores elecciones (2009) se contabilizaron algo menos de dos millones de votos allí; en las de este año, los sufragios emitidos han superado los dos millones y medio. Algo más de medio millón de votos, de un total de emitidos en todo el país de unos dieciséis millones, dan para cambiar una tendencia. Sin embargo, y dadas las preferencias de los votos catalanes, esto tiene indudablemente más que ver con el ansia de la consulta —legítima—, creada de forma artificial por los políticos catalanes y alimentada por el torpe trato y nulo entendimiento de aquella comunidad mostrados por el anterior gobierno de Rodríguez Zapatero y por Mariano Rajoy, tanto en la oposición como en el gobierno actual, que por deseos de cambio del electorado catalán.

En cuanto al PSOE, esto no ha sido más que otro capítulo de la vieja historia en que la madre le dice al niño que se va a caer, y el niño sigue sin hacer caso, y la madre se lo dice mil veces y al final el niño se cae. El electorado lleva años dando muestras al PSOE de que estaba harto de su giro derechista: de que, para votar a la copia, antes votaban al original o se abstenían. La puntilla fue cuando los dos partidos grandes reformaron la Constitución a espaldas del pueblo por orden de los mercados. Pero en el fondo está el mismo asunto del que hablaba al principio: llevamos décadas viéndole la cara a Rubalcaba. No paran de hablar de renovación, y las caras que se postulan son las que también llevamos viendo años o décadas: Madina, Chacón. No ilusionan a nadie, no cambian el discurso. Su maquinaria está anquilosada, y detrás del cadáver político de Rubalcaba no hay más que buitres esperando alimentarse de él, y conocemos las caras de los buitres. Creo que una de las claves de que un incompetente como Rodríguez Zapatero llegase a ilusionar tanto fue que era prácticamente un desconocido para la gente (debido, entre otras cosas, a que pasó años en el Parlamento español sin hacer una sola pregunta ni realizar una intervención). Así pudo ilusionar. Las nuevas caras del PSOE son la vieja guardia de siempre. Ignoro hasta qué punto han de hundirse para darse cuenta; en cualquier caso, me preocupa poco.

Pero, quizás, la clave de estas elecciones está en el mensaje rotundo que los españoles han dado a la clase política, y que se resume en escasas palabras: Estamos hartos de lo de siempre.

Amar la literatura (I). Lecturas obligatorias. Gominolas

7 de May de 2014

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Una atípica pero excelente antología.

Esta mañana mi queridísima jefa, Silvia, me ha enseñado un recorte de periódico donde aparecía el obituario del poeta Demetrio Castro Villacañas, muerto el pasado 3 de abril a los noventa y muchos años. Al final del texto aparece un soneto que el conquense dedicó a su primera mujer cuando esta falleció, y que a continuación reproduzco.

Está lloviendo. El agua es como un manto
que abriga los cipreses y las losas.
Húmedas de la lluvia están las rosas
que mi dolor esparce por el canto

que dice nombre y fecha. ¡Tengo tanto
que hablarte siempre! ¡Y tengo tantas cosas
que decirte de nuevo…! Silenciosas,
se me hunden las palabras en el llanto…

Sigue lloviendo suave y mansamente.
Yo estoy aquí, de pie, junto a la nada,
pensando en ti, pensando nuevamente

que hay que seguir; que nunca está acabada
la razón de vivir; que es mi simiente
media vida que tengo aquí, enterrada.

Al igual que mi jefa, yo me he emocionado al leerlo. Minutos más tarde, me encontraba yo delante de una veintena de alumnos de 2.º de la ESO (entre trece y dieciséis años) escribiendo los primeros versos de la nana que Miguel Hernández escribió para su hijo cuando, mientras él estaba en la cárcel por haber colaborado con la causa republicana durante la Guerra Civil, ella le comunicó que, por ser la mujer de un traidor, y estando el país como estaba, famélico, no tenían casi nada para comer; nadie les ayudaba, y lo único que podía comer eran cebollas. Hernández imaginó al niño mamando de la teta y sacando únicamente el fruto de las cebollas, y comenzó a escribir algunos de los mejores versos en nuestro idioma:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Sangre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Después de medir los versos, intenté explicárselos: primero el contexto histórico y social, y a continuación los recursos estilísticos. Las metáforas que identifican las cebollas con la escarcha, la sangre con el hielo, la hipérbole de traer la luna, etc. Para mi sorpresa, casi todos los alumnos entendían el mensaje a la perfección y lo captaban rápidamente, pero seguían mirándome con los ojos vacíos, apuntando —algunos— las cosas que yo iba diciendo. Entendían el poema plenamente, pero no estaban emocionados. La poesía había fracasado, y yo estaba ahí hablando como quien habla de cómo se cambia el fondo de pantalla de un sistema operativo, o del déficit tarifario (sea este lo que quiera ser).

Puedes obligar a una persona a que consuma literatura, e incluso puedes obligarla a que la comprenda, pero jamás podrás obligarla a que la aprecie.

Un estudio revela que los españoles de 14 a 24 años son los que más leen. A medida que uno va saliendo de la veintena, y más allá, se lee menos. No tengo datos que lo confirmen, pero tengo una fuerte sospecha: los que se encuentran en esa franja de edad leen más porque están obligados. Obligados por sus profesores de Secundaria y universitarios. Una vez acabados los estudios, y gracias a las lecturas obligatorias, lo que se consigue es que huyan de la literatura como de la peste.

Yo creo que esto es como las gominolas. A mí me pueden gustar las gominolas, y por ello me gustaría que a mis hijos también les gustaran. Podría darles gominolas todos los días. Podría dejarlas por ahí y ofrecérselas. O también podría olbigarlos a comer gominolas todos los días, les apetezcan o no. No sé, a mí me encantan las gominolas, pero creo que si, desde pequeño, obligase a un hijo mío a comer gominolas a diario durante su vida, en cuanto cumpliese dieciocho años escaparía de casa y no se acercaría ni por casualidad a una tienda de chucherías (y yo me sentiría desgraciado).

Puede que, con el tiempo, descubriese que, aunque no le gusten las gominolas, hay otro tipo de artículos dulces con los que sí disfruta, pero también es posible que se alejase para siempre de todo lo que contenga un atisbo de dulzura, por si acaso.

Y así es como veo las lecturas obligatorias. Son una vacuna contra los libros (1, 2 y 3). En todos los departamentos de Lengua y Literatura de los que he formado parte ha existido un catálogo de lecturas literarias que los alumnos no solo deben leer, sino además demostrar que han leído mediante un examen o un trabajo. Es decir, no solo se somete a los alumnos a la tortura de leer algo por la razón de que las generaciones anteriores a la suya lo consideramos imprescindible, sino que además —y esto ya parece recochineo— tienen que revivirlo en un examen donde se juegan la nota.

¿Os imagináis que quisiéramos que a nuestros alumnos les gustasen The Beatles? Puede sustituirse el grupo de Liverpool por cualquier otro, o por cualquier otro músico, como Vivaldi o B. B. King. ¿Os imagináis que les obligamos a escuchar el Abbey Road de pe a pa, y que luego les hacemos una prueba para que demuestren que lo han escuchado? ¿Creéis que, los que lo escuchasen, estarían pensando en disfrutar, o más bien angustiados por si no entienden lo que han de entender y fallan en el posterior examen? ¿Creéis que volverán a escuchar a The Beatles cuando deje de ser obligatorio? ¿Cuántos se apartarían definitivamente de la música, eso que los adultos les hemos dicho que por narices les tiene que gustar, y que les hemos obligado a tragar con la nariz tapada?

Y, con todo, la mayor tragedia no es que no nos hagan caso: la mayor tragedia es que, gracias a nosotros, nunca sentirán lo que nosotros.

I

Seis años ya que el alma de mi alma
en la triste postrera despedida
me dijo su adiós tierno.
¿Por qué, infiel corazón, lates en calma?
¿Por qué, cuando es eterna la partida,
no es el dolor eterno?

II

Y eterno es mi dolor, que aún el agudo
dardo yo siento en la cerrada llaga
cuando una voz la nombra.
No está muerto mi duelo, aunque está mudo.
Secos al llanto, por mis ojos vaga
siempre una triste sombra.

III

Cuando el invierno pálido se aleja
y primavera con las frescas galas
orna el árido suelo,
cual mariposa que la cárcel deja,
su alma entreabrió las transparentes alas
para volar al cielo.

(Vicente Wenceslao Querol, A la memoria de mi hermana Adela)

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