Ars longa, vita brevis

Ahora me cuadra

22 de January de 2014

Views_of_a_Foetus_in_the_Womb_detail
Imagen: Wikipedia

Llevo días —meses, en realidad— dando vueltas a una aparente contradicción. Y es la que sigue: la reforma de la Ley de interrupción del embarazo propuesta por el ministro Ruiz-Gallardón es un retroceso en muchos aspectos, no solo de los derechos de las mujeres, sino de toda la sociedad. Sigue siendo, como todas las leyes conservadoras que se hacen sobre el asunto, un contrasentido: no permite la interrupción libre del embarazo, ni siquiera en las primeras semanas de gestación. Sin embargo, sí, durante un breve plazo, si el embarazo es fruto de una agresión sexual. De ello se deduce una perversa conclusión: no se puede detener la gestación de un feto, dado que es un ser humano… pero sí si es fruto de una violación. Entonces, ¿si ha habido una violación el feto no es un ser humano, pero si es un love child sí? O, si los dos son seres humanos, ¿justifica la reforma el asesinato de un feto si el padre ha cometido un delito para el que —curiosamente— no se pide la pena de muerte?

En general esta reforma es vista como retrógrada, opinión que comparto. Pero algo me escamaba. Casi todo el mundo achaca este retroceso al catolicismo militante de la cúpula del Partido Popular. Sin embargo, algo no cuadra. ¿No es el matrimonio entre personas del mismo sexo tan contrario a la doctrina católica imperante como la interrupción libre del embarazo por parte de las mujeres?

blackswan
Natalie Portman y Mila Kunis en Cisne negro, de Darren Aronofsky

Sin embargo, prácticamente nadie del gobierno ha levantado la voz anunciando la derogación del llamado matrimonio homosexual, ni tan siquiera de su aspecto más polémico, que es la adopción por parte de parejas homosexuales. El asunto no está en la agenda, y eso que las manifestaciones, ya fueran personales —de miembros de la iglesia cristiana—, ya convocadas como protestas pretendidamente multitudinarias, en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, han sido sensiblemente más numerosas que las que se han opuesto a la reforma de las leyes de interrupción del embarazo llevadas a cabo por los gobiernos de Rodríguez Zapatero.

Creo que he dado con la clave. Si se reducen a la mínima expresión los supuestos en que una mujer puede interrumpir el embarazo, no se limita este derecho a las mujeres; solamente a las mujeres pobres. Las pudientes van a seguir abortando igual, aunque les cueste, ahora, un viaje a algún país con leyes más permisivas. Sin embargo, una derogación del matrimonio entre personas homosexuales afectaría por igual a los homosexuales pobres y ricos, de derechas o de izquierdas, puesto que aunque fuesen a otro país a casarse —dado que, después de España, muchos países imitaron nuestra ley, una de las pocas ocasiones en que he sentido algo parecido a orgullo de ser español—, al volver a nuestro país ese matrimonio no tendría efecto, y la pareja carecería de los derechos que nuestra legislación otorga a los matrimonios. Esta reforma no es fruto de una conspiración ultracatólica. Tampoco es un atentado contra las mujeres ni contra su libertad. Es, simplemente, seguir eliminando los derechos de los que menos tienen, dejando intactos o ampliando los de los millonarios. Nuestra Constitución no permite hacer leyes que solo dejen casarse a los homosexuales ricos. Pero sí leyes que, de facto, impiden abortar a las mujeres pobres, mientras que las acaudaladas sigan conservando ese derecho.

Ahora me cuadra.

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho