Ars longa, vita brevis

Groupies

14 de August de 2013

Maria_Dolores_de_Cospedal_(19_de_noviembre_de_2008,_Getxo)_500
Imagen: Wikipedia.

La Wikipedia en inglés define groupie como (traduzco improvisadamente) «un tipo particular de admiradora que se supone más interesada en relaciones personales con las estrellas del rock que en su música. Una groupie es considerada una fan devota de una banda o un intérprete musical».

Las groupies suelen abundar más en músicos —y no voy a nombrar ninguno— prefabricados, de estos que los productores musicales reúnen entre los púberes más guapetes de un gimnasio de barrio y les enseñan a cantar y bailar, o los salidos de los estúpidos concursos televisivos, que de músicos más respetados. Dada la motivación y, por lo que puede inferirse, escaso gusto musical y edad de las groupies, es lógico que muestren su amor irracional al guapete de turno cuyos estribillos los ha compuesto un ordenador siguiendo la moda que del músico vocacional con arriesgadas y originales notas que, además, no suele ser demasiado guapo.

A la groupie le da igual que le demuestres que el estribillo que le está vendiendo su ídolo ya se lo vendieron hace cinco años a su hermana mayor, o que le volverán a vender el mismo, con la imagen adaptada a la estética imperante, dentro de cinco años a su hermana pequeña. La música le importa más bien poco (aunque no dudo que le guste). Lo que siente es idolatría, más que melomanía. Nada tengo en contra de ello.

Que las grandes productoras musicales decidan hacer de un niño mono un millonario ídolo de masas ha pasado al menos desde los inicios del rock, aunque es cierto que cada vez la balanza se inclina más a la monería y menos a la música. Pero bueno; dudo que haya muerto mucha gente que no lo mereciera por el fenómeno groupie.

Claro, el problema viene cuando el amor irracional e incondicional se dirige no a quien después de todo solo te hace gastar veinte euros en un disco o cincuenta en unas entradas para un concierto, sino a quien está en la cúpula de los que están dirigiendo un país.

Aquí vemos a unos jóvenes de Nuevas Generaciones (los «cachorros» del Partido Popular) que han acudido esta mañana a la puerta de la Audiencia Nacional a jalear a María Dolores de Cospedal, que iba a declarar como testigo en el archiconocido caso de la corrupción dentro del seno del partido que gobierna los destinos de esta nación. En ese momento había también un grupo de afectados por la estafa de las participaciones preferentes, que habían ido a afear a la política que el poder no haya hecho nada en el pasado, ni lo esté haciendo ahora, por deshacer la estafa, compensar e indemnizar a los afectados y ya de paso (iluso que he sido siempre) meter en chirona por unos cuantos años a los responsables.

Según se ve en el vídeo, después, probablemente, del cruce de palabras gruesas entre ambos grupos, un anciano estafado amaga con una especie de bastón con agredir al grupo de fans de Cospedal, mientras un policía lo impide y los cachorros populares se burlan de él. A estas alturas ya casi todo el mundo habrá visto el vídeo, así que no es eso lo que quiero comentar aquí.

Lo que más me preocupa es que dentro de la política, en este país, haya habido y siga habiendo groupies, especialmente en los dos partidos que conforman el siniestro bipartidismo que está arrojando a España al desastre. Les dan igual los EREs, el caso Gürtel, los recortes, los GAL, cualquier cosa que haya pasado. Como cuando a una chica de catorce años le demuestras que el gran hit de su ídolo es un refrito de cuatro acordes que llevan setenta años funcionando en la música popular y una letra más tonta que caerse de lado, y ella solo se tapa los oídos y grita «¡Justin! ¡Justin!» (vaya, al final he dicho un nombre), esta gentecilla se tapa la nariz y grita, como en el caso del vídeo que nos ocupa, «¡Cospedal! ¡Cospedal!».

Están jaleando a una persona sobre la que recaen fundadas sospechas de haber recibido cobros ilegales, olvidando, por supuesto, de tributar por ellos el dinero que hace falta para construir escuelas y hospitales y comprar medicinas. A una señora que es una de las cabezas de un gobierno cuyas políticas mantienen el desempleo estatal por encima del 25% (y sin previsiones de que baje). Estas juventudes del partido con más afiliados de España van a vitorear a la secretaria general del partido cuyas políticas han llevado a que el 65% de los jóvenes estén en una situación tan salvaje como para emigrar por un trozo de pan. A que Aragón se jacte de tener solamente un 39,8% de desempleo juvenil.

La secretaria general de un partido que ha mantenido hasta hace dos días a un señor que cogía todo el dinero que se están ahorrando en sus estudios, en sus medicinas, en sus subsidios y en sus políticas activas de empleo, y se lo llevaba a bancos suizos.

Cuando una groupie se vuelve loca por un joven imberbe, el mayor perjuicio que puede haber es que compre una canción de mierda a precio de The Long and Winding Road. Pero cuando un grupo de atolondrados fans van a las mismas puertas del juzgado a llamar «guapa» a eso, es que nuestro país tiene un problema mucho más serio de lo que podemos llegar a concebir.

3 comentarios en “Groupies”

  • # eduideas dice:
    15 de August de 2013 a las 18:52

    Bueno, más que groupies son fanáticos, como los de sectas religiosas. Porque como dices las fans adolescentes no hacen mucho daño, inspiran más risa que otra cosa y estos seguidores de partido son irracionales y promueven con su seguidismo acciones (leyes) que hacen mucho daño. Además las groupies crecerán y quizá se volverán racionales, ellos no

  • # antonio molina dice:
    16 de August de 2013 a las 15:29

    “Amor irracional e incondicional”. No creo que sea ese el sentimiento que ha empujado a los jóvenes aprendices de político a jalear a la número dos de su partido a las puertas de la Audiencia Nacional. Esa gente, como sus mayores, suele moverse impulsada por intereses mucho más racionales (un cargo desde el cual poder influir y trincar, incluso una vez fuera de él, siendo invisible y, a ser posible, aforado) y condicionados (la fidelidad, en política como en la calle, ya no es moneda común; está subordinada a la conformidad con lo exigido y lo recibido. Es tan así, que creo recordar que los dos grandes partidos se pusieron de acuerdo hace un par de años para aprobar una ley con la que protegerse de sus tránsfugas. Ya no vale aquello de: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, como dicen que hablaban Franklin D. Roosevelt de Somoza o Kissinger de Pinochet).
    Dicho esto, muestro mi conformidad con todo lo que has expuesto, salvo con la canción. Yo habría elegido “Carry that weight” jeje.
    ¡Un abrazo!

  • # Groupies dice:
    16 de August de 2013 a las 19:42

    […] Groupies […]

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