Ars longa, vita brevis

Nada ha salido mal: están teniendo suerte

2 de May de 2013

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Imagen: La Vanguardia.

Quizás, de todas las cosas que están haciendo, solamente hay una que de verdad le pesa al Gobierno: eso de subir los impuestos. En su ideología está incluido el principio de adelgazar el estado hasta límites famélicos: que cada uno se quede con lo que gane, aportando el mínimo posible para el sostenimiento de un estado que garantice por medio de la fuerza policial y judicial las ganancias de los poderosos, y después que cada cual se pague de su bolsillo las necesidades que tenga, de las cuales algunas (como la educación, la sanidad y esas cosas) constituyen la base de lo que unos cuantos comunistas filoetarras llamamos estado del bienestar.

Todo lo demás forma parte de su plan ideológico. Que el poder bascule todo en las manos de la empresa, y el trabajador sea un simple siervo sin derechos; que los que más tengan tengan no solo más lujos —lo que, hasta cierto punto, es lógico—, sino también más bienes de los que se han venido considerando fundamentales desde hace décadas: una educación básica, una salud garantizada y esas cosas; en definitiva, que toda la sociedad trabaje y se esfuerce por el bienestar de aquellos a quienes la ley natural ha puesto arriba. No, esto no me lo estoy inventando. El actual presidente de la nación, don Mariano Rajoy, escribió algunas cartas en los años ochenta en los que declaraba su apoyo a las ideas de que hay personas mejor que otras, y de que intentar el logro de una sociedad más equitativa era algo así como un desprecio por el ser humano. Aquí tenéis las cartas. Pero prosigamos.

Cuando a nuestro Gobierno se le ha acabado la pueril excusa de echarle la culpa a otro (en concreto, al anterior presidente, Rodríguez Zapatero, de recuerdo algo menos infausto desde que le disteis el carguito a este gallego), ha seguido incidiendo en su idea de que hacer lo contrario de lo que prometió no es algo que le guste, pero que no tiene más remedio. Y, como dije antes, esto es cierto únicamente en lo de los impuestos.

Porque la idea de esta gente es la de que no todos podemos ser iguales, porque de hecho no somos iguales (a pesar de lo que rezan los primeros artículos de todas esas constituciones liberales que tanto les gusta citar). La idea es que los individuos superiores, que casualmente proceden todos de la clase alta, de buenas familias, para entendernos, deben poseer y controlar las riquezas, y los demás, los que no hemos tenido la genética suerte de ser ricos por nuestra casa, debemos conformarnos con las migajas que caigan e ir dando las gracias.

Por eso llevan año y medio hablando de productividad y eficiencia, de competitividad y de ajuste, pero no se les ha oído aún desear que los trabajadores aumenten su poder adquisitivo. Porque, simplemente, eso es contrario a lo que piensan. Quieren que estemos vivos, porque nuestra fuerza laboral los puede hacer aún más ricos, pero que tengamos lo justo. Una vida saludable, una educación de calidad, algo más de dos prendas de ropa, un viaje de vez en cuando; eso son cosas para ellos, los elegidos. Al igual, si me permitís cumplir a Godwin, que a los nazis no les importaba mantener a los judíos desnutridos en los campos de concentración, porque en cuanto uno moría era sustituido por otro (había de sobra), poco importa que la esperanza de vida de nuestro país, que es la envidia del mundo, excepto de Japón, comience a bajar. Si un trabajador muere por no haber recibido la atención médica precisa, no constituye ningún problema. Hay 6.202.700 parados que ocuparán el puesto del caído, y que, con gusto, lo harán por un sueldo inferior.

Los datos de la economía y del paro no son ninguna desgracia para un gobierno liberal. Son una bendición. Teniendo en cuenta que la gente no se muere de hambre —aún no hemos llegado a eso—, y que no se prevé un estallido social, dado que en deportes nos va relativamente bien, el que haya millones de familias sin ingresos es una inyección de vitaminas para la política de «reformas» de Rajoy. Hay más de seis millones de personas que aceptarán lo que sea. Despido barato. Despido gratis. Despido pagando. Lo que sea, pero dejadme trabajar.

Mucha gente luchó para que cobráramos más, para que tuviésemos derechos laborales, para, en definitiva, que nos desarrollásemos como personas más allá de hormiguitas en un laberinto productivo. Ahora estamos dispuestos a lo que sea para que nos dejen ser hormiguitas.

A este Gobierno le está saliendo todo rodado.

(No descarto que creen alguna burbuja de cualquier tipo hacia el final de la legislatura. Estoy seguro de que antes de que votemos el paro bajará. Saben cómo hacerlo. Pero, por un lado, ese no es su objetivo, sino que será un mero anuncio electoral. Y, por otro lado, será interesante comprobar, y comparar, el nivel adquisitivo que tendremos entonces, nuestro nivel de bienestar, y nuestros derechos. Entonces, votéis lo que votéis, estad seguros de que ya lo estarán consiguiendo.)

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