Ars longa, vita brevis

Ampliación del campo de batalla

10 de May de 2013

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No me gusta este mundo. Definitivamente, no me gusta. La sociedad en la que vivo me disgusta; la publicidad me asquea; la información me hace vomitar. Todo mi trabajo informático consiste en multiplicar las referencias, los recortes, los criterios de decisión racional. No tiene ningún sentido. Hablando claro: es más bien negativo; un estorbo inútil para las neuronas. A este mundo le falta de todo, salvo información suplementaria.

No había leído nada de Michel Houellebecq; lo único que tenía más o menos claro es que es un autor que gusta a los modernitos, y por lo tanto a mí, que soy postmodernito, me tenía que repeler. Además, hace tiempo tomé la decisión —que no me he tomado demasiado en serio— de no leer literatura de autores vivos, al menos hasta que aumente mi bagaje de clásicos hasta niveles respetables. En fin, estaba comprando libros para regalar y vi esta novelita, y viendo que era bastante corta decidí darle una oportunidad. Por otra parte, ya uno no sabe cómo escapar de lo que está de moda, dada la actual tendencia (¡y ya ni tan siquiera es actual!) de huir de lo que está de moda; lo cual ya constituye una moda en sí misma.

¿Mi consejo? Lee y haz lo que te venga en gana: como en el chiste aquel del matrimonio que viajaba asnalmente, siempre habrá alguien a quien parezca mal.

El protagonista-narrador es un ingeniero informático que ronda la treintena y está un poco harto de todo. Le encargan un curso de formación para los funcionarios franceses, lo que le obliga a pasar unas semanas con un compañero de trabajo. Esto le sirve para criticarlo todo y para examinar de forma más o menos superficial o más o menos profunda las relaciones humanas.

Me da a mí que está narrada con gran agilidad, sin pretensiones verborreicas pero con gran acierto en la expresión. Tenemos, incluso, un par de ejercicios literarios que se me antojan elegantes: una especie de protagonista femenina, de gran importancia en las decisiones y pensamientos del protagonista, pero que no llega a aparecer; y algo de metaliteratura, cuando se nos presentan las curiosas fábulas que el personaje principal gustaba de escribir.

Lo encuentro especialmente afilado en sus descripciones de las relaciones personales y sexuales; lo noto muy amargo en una visión nihilista de la sociedad —no a gran escala, sino a la de las pequeñas sociedades interpersonales— y de la sexualidad.

Al final me parece demasiado descorazonador, muy deprimente. Yo no comparto esa visión tan desesperanzada de la vida. No obstante, para que una novela sea buena, por supuesto, no tiene por qué coincidir con mi visión del mundo; por otra parte, ni siquiera tiene que compartir la visión del mundo de su propio autor. Por último, la novela me ha gustado mucho, y os la recomiendo sin reservas. No si estáis un poco depres.

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