Ars longa, vita brevis

El derecho a decidir

14 de February de 2013

Por supuesto, de entrada, sí. En una sociedad humana, siempre hay quien decide las cosas. Si no las decide la gente, las decidirá el dinero, u otro tipo de poderes.

Claro, esto no es tan simple, no es que cada uno decida lo que quiera, hay múltiples variables que se deben tener en cuenta: la primera, cómo afectan nuestras decisiones a los demás. Puedo decidir poner la música muy alta en mi casa a las tres de la madrugada, pero los vecinos, tal, ya sabéis. Aun así, me repito: en términos absolutos, siempre es mejor tener capacidad de decisión que no tenerla, porque si no decides tú, alguien decidirá por ti —por eso, tras muchos años de firme proselitismo abstencionista, ahora digo: ¡votad siempre!—.

Pues resulta que estaba revisando la etiqueta Libros en mi blog, para un asunto personal que no os interesa, y llegué a la crítica que escribí sobre la monumental obra Persépolis, de la dibujante de cómics iraní Marjane Satrapi; por algún motivo, en aquel momento, hace casi cinco años, elegí esta viñeta para ilustrar el artículo.

perse

Resulta que todo sigue teniendo sentido: en pueblos analfabetos —¿hay alguno que no lo sea, excepto algunos de los nórdicos?— , la bandera y el odio al que tiene un dios distinto es lo que más aglutina las mentes, las aspiraciones, la acción. Lo vemos en España, con los nacionalismos llamados periféricos, y el nacionalismo llamado no nacionalismo —el español—, que hace a la gente olvidar crisis y recortes y creerse todas las mentiras que cuentan, por ejemplo, los medios oficiales catalanes a los catalanes, y los medios oficiales estatales a todos los españoles; y lo vemos, por desgracia, en muchos países árabes, donde se han librado, o se están librando de tiránicas satrapías que gobernaban al servicio de los poderes económicos occidentales para votar democráticamente a gobiernos que imponen la ley islámica. Toma ya.

Quien piense que estoy en contra de Cataluña o de su nacionalismo en particular no me conoce; y quien piense que rechazo la religión islámica por encima de otras, es que no me conoce tampoco (de hecho, considero patria y religión casi como sinónimos). Pero la viñeta de Satrapi es absolutamente certera, tanto, que duele.

¿Entonces, estoy en contra del derecho a decidir en según qué casos? No. Por supuesto, no me gusta ningún país gobernado por leyes religiosas, se llame Egipto o Ciudad del Vaticano; tampoco me gusta que se me pida un pasaporte en la frontera con Cataluña, como no me gustaría que a un catalán se lo pidieran para entrar en La Rioja: me gustaría llamarme paisano de ellos, pero es cosa aparte. Creo que la viñeta de Persépolis tiene también la solución. Es necesario educar a la gente. Mejor. Y ya.

Es decir: hacer justo lo contrario de lo que estamos haciendo.

1 comentario en “El derecho a decidir”

  • # antonio molina dice:
    16 de February de 2013 a las 7:55

    Buen post para el día de tu cumpleaños. Y digo yo, ¿a quién le interesa que haya una buena educación? Los que mandan quieren borregos, los padres quieren (en el mejor de los casos) que el niño encuentre un buen trabajo y los chavales adolescentes tienen mil cosas que hacer antes que ponerse a hincar codos. Bueno, me he levantado pesimista…

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