Ars longa, vita brevis

Vacuna contra los libros (y 3)

11 de September de 2012


Parte de mi biblioteca, todo un monumento al desorden y a la, llamémosla así, «pluralidad de materiales». Clic para ver la imagen a tamaño completo.

Otro inicio más de curso, otra reunión del Departamento de Lengua de mi instituto para seleccionar las lecturas obligatorias del año. Sí, ya sé que lo de lecturas obligatorias es casi un oxímoron. Se supone que recomendamos libros a los alumnos para que aprecien la lectura, y se supone que recomendamos libros que encontramos agradables. La literatura, como la música, o así lo entiendo, se enseña en los centros educativos de este país para formar al ciudadano, para darle una posibilidad más de disfrute, para que aprecie el arte y goce con él. Queremos que, al final de nuestro trabajo, disfruten con un libro como lo harían en un parque de atracciones.

¿Os imagináis obligar a un niño a ir a un parque de atracciones? Algo falla desde el principio.

Uno de mis objetivos, uno de los objetivos de cualquier profesor de Lengua y Literatura, es que, de adultos, los ciudadanos lean y aprovechen estética e intelectualmente la lectura. Que se acerquen a los libros por sí solos y que los entiendan. Uno de los del profesor de Matemáticas es que aprendan a hacer la regla de tres. Estoy seguro de que la mayoría de los alumnos terminan la ESO sabiendo hacer una regla de tres; tanto como estoy seguro de que terminan la ESO odiando los libros y de que no vuelven a asomar su nariz por uno en sus vidas. No estoy cumpliendo con mi función. No estoy cumpliendo con mi obligación. No estoy haciendo bien el trabajo por el que se me paga.

Tengo la tremenda suerte de que en el centro donde doy clases hay un Departamento de Lengua con unos compañeros preocupados por su trabajo, imaginativos y —lo que es más difícil, dadas las circunstancias— motivados. Así que nos hemos puesto a hablar. Algunas de las apreciaciones que leeréis a continuación han sido unánimes, otras no, y otras son simplemente cosas que se me ocurren.

Problema: Una de las cosas que se han dicho es que, probablemente, la forma de acercarse a los clásicos no es muy atractiva, que digamos. Algunos de los libros que se han mandado secularmente —como el Lazarillo— aparecen en ediciones con numerosas notas a pie de página para que incluso nosotros, los filólogos, entendamos todo lo que se quiere decir. Han pasado siglos desde que esas páginas fueron escritas. El idioma ha cambiado: palabras han nacido y han muerto, expresiones han sido sustituidas por otras o han visto alterados sus significados. Es otro idioma. Los niños leen el Lazarillo (uno de los libros que más me han hecho reír en toda mi vida) y no se enteran de la historia tan divertida que cuenta.

(Inicio) (de posible) Solución: En los cursos más bajos, algunas de las lecturas obligatorias serán cómics. Algunos de esos cómics, además, serán adaptaciones de los clásicos. Será más fácil, en cursos más elevados, sugerirles que lean el Quijote si ya saben de antemano que es una historia loca e hilarante y les prometemos que el libro es aún mejor que la historieta. Además, si leen un cómic, no lo olvidemos, ya están leyendo. Gradualmente podemos ir introduciendo novelas gráficas donde la cantidad y la densidad de los textos sean mayores.

Problema: Los clásicos. Esta apreciación es exclusivamente personal. Algunos de los clásicos españoles son un tostón. No quiero citar títulos, porque no quiero pelearme con nadie, pero todos los profesores de Literatura que conozco tienen algún clásico que se les atraganta. En nuestra literatura ha habido épocas peores y otras mejores. El Barroco fue estupendo, el Neoclasicismo no. En algunas épocas, hay pocas obras que merezcan la pena, y otras da la impresión de que están en los manuales de literatura porque es necesario cumplir con un cupo, una especie de corpus obligatorio para no sentirnos inferiores. Pero tal libro —inserte aquí la obra del Realismo español que más rabia le dé— no es Anna Karenina ni Madame Bovary. No importa, los rusos no tienen a Cervantes, ni los franceses a Miguel Hernández. Emperrarse en solo enseñar los clásicos españoles es como si en clase de Matemáticas solamente enseñásemos las fórmulas o los teoremas descubiertos por matemáticos españoles. ¡Sería una locura! ¿Por qué nos obcecamos en ese estúpido chovinismo? ¿En qué cabeza cabe intentar hacer que los alumnos lean el Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos y no Viajes de Gulliver? ¿Estamos locos? La materia que imparto se llama Lengua Castellana y Literatura, no Lengua y Literatura Castellanas. Los Episodios Nacionales de Galdós tienen una gran calidad, sería un ciego si lo negara, pero si quiero que mis alumnos lo pasen bien leyendo, debería presentarles a Maupassant.

(Posible) Solución: Huir del nacionalismo literario. Especialmente en cursos inferiores, se me ocurren cientos de obras que podrían ser más atractivas que los clásicos de siempre (a los que ya llegarán) o la última obra chupiguay sobre un chaval que canta hip hop del advenedizo de turno. Algunos de los libros y autores que hoy han sonado son: Stevenson, Poe, Bradbury, El Principito, Alicia en el País de las Maravillas, El Hobbit. Algunas obras tienen mayor calidad que otras, pero todas son mejores que el último éxito mediático para jóvenes (¡vampiros!) y más atractivas que los clásicos, en un principio.

Problema: La obligatoriedad. El instituto es una cárcel, y las lecturas obligatorias son trabajos forzados que imponemos a los alumnos en castigo a crímenes que jamás cometieron. Así no se enseña, así se adiestra, y yo no trabajo con monos ni con perros, sino con personas.

(Inicio) (de posible) Solución: Queremos que lean. Ampliemos el abanico de posibilidades. Un curso en el que misteriosamente tuve cierta libertad de elección de las lecturas de mis grupos, no elegí una lectura por trimestre. Les seleccioné unas cincuenta obras de los más diversos géneros: terror, policíaca, de misterio, de aventuras, histórica, fantástica, romántica. Eran muy dispares en cuanto a su calidad y a su profundidad, pero es que en un aula de treinta alumnos hay treinta mentes muy dispares en intereses, en nivel intelectual, en capacidad de concentración. Supone algo más de trabajo para mí, pero hubo alumnos que leyeron más obras de las que tenían encomendadas (una por trimestre) y, al finalizar el curso, algunos me pidieron que les hiciese otra selección, por géneros, para el verano. Esta vez casi todos se leyeron los libros en lugar de buscar el resumen en El rincón del vago o en la Wikipedia o ver la película.

Sé que la lectura, con seguridad, tiene pocas aplicaciones prácticas en la vida para un ciudadano medio (como la música, la historia o la física cuántica). Pero aquí no estamos hablando de utilidad. Las matemáticas, la física, la medicina, hacen que la vida pueda existir y ser duradera. La literatura, la música, el cine, hacen que sea apetecible tener una vida y que sea larga.

Queremos que lean porque a nosotros leer nos ha hecho disfrutar y crecer intelectualmente. No los alejemos, entonces, a latigazos de los libros.

En La Lengua:

4 comentarios en “Vacuna contra los libros (y 3)”

  • # eduideas dice:
    12 de September de 2012 a las 10:12

    Lo que dices es lo que se va imponiendo cada vez más en la mayoría de los centros: un menú amplio de lecturas, de diferentes países, temas y niveles lectores, para poder comentar después la lectura entre ellos. Si hay departamentos que aún no lo tienen claro, que insistan con el lazarillo y perderán 20 lectores (imagino que a algún alumno sí le gustará)

  • # Rau dice:
    12 de September de 2012 a las 11:53

    Mientras que estoy de acuerdo con las ideas que propones, añadiría una cosilla. La lectura si tiene aplicaciones prácticas en el día a día: un empleado que lee y entiende bien el correo electrónico/carta del jefe, será más eficiente que aquel que tenga que preguntar cinco veces qué demonios quiere decir con la cartita.

    Además, la ortografía y la gramática no se aprenden bien con reglas, nunca se han aprendido así. Se aprenden leyendo y viendo casos reales. Así he aprendido yo castellano e inglés.

  • # Reset Reboot dice:
    15 de September de 2012 a las 1:33

    Pues qué quieres que te diga, que es cierto; a mi mi madre consiguió que me gustara leer con cositas como La Historia Interminable, Las Crónicas de la Dragonlance, El Hobbit, El Principito, El Señor de Los Anillos, las Rimas y Leyendas… y luego dejándome leer cosas más adultas como a Stephen King. Los libros de El Barco de Vapor también ayudaron mucho.

    Mi madre consiguió que me gustara leer siguiendo tus soluciones a esos problemas. El instituto no ayudo casi nada. Así que, personalmente, creo que vas bien encaminado con tus soluciones.

    PD: La frase «Las matemáticas, la física, la medicina, hacen que la vida pueda existir y ser duradera. La literatura, la música, el cine, hacen que sea apetecible tener una vida y que sea larga.» ¡es absolutamente genial!

  • # La Lengua » Amar la literatura (I). Lecturas obligatorias. Gominolas dice:
    7 de May de 2014 a las 7:09

    […] así es como veo las lecturas obligatorias. Son una vacuna contra los libros (1, 2 y 3). En todos los departamentos de Lengua y Literatura de los que he formado parte ha existido un […]

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