Ars longa, vita brevis

Libertad

29 de September de 2012

La Comisión Islámica de Melilla ha convocado una protesta esta tarde en la ciudad para quejarse —¿a quién?— por el bodrio ese de película que circula por internet y ya, de paso, por una de las últimas portadas de la revista satírica El Jueves.

Que cada uno se manifieste cuando y por lo que le plazca a mí me parece muy bien, sobre todo ahora, que parece que la deuda obliga no solo a acabar con el estado del bienestar, sino también con la libertad de expresión (este autoritario gobierno ya está dando pasos para cargársela). Parafraseando a aquel, no solo me parece bien también cuando lo que se expresa es contrario a mis creencias, sino sobre todo cuando es contrario a mis creencias. Los límites que establece nuestro sistema jurídico me parecen por encima razonables, aun cuando creo que deberían ampliarse más (parece mentira que hoy aún sea ilegal quemar un trozo de tela, represente lo que represente, o que un juez pueda secuestrar una publicación).

Pero como ellos tienen su derecho a manifestarse y a protestar, yo también tengo, de momento, el derecho de opinar sobre la cuestión.

En esta ciudad siempre nos equivocamos. Se ha creado una quimera absurda desde la política y algunos de los agentes sociales, la ciudad de las cuatro culturas, que por supuesto, en lugar de servir para nada bueno, solo lo ha hecho para que una ciudad ya meapilas de por sí se convierta en el último reducto de los fanáticos de cualquier religión que se os ocurra.

No es raro, en la llamada prensa local —digo llamada porque tenemos, en una ciudad de 75.000 habitantes, tres rotativos, vendidos y leídos casi exclusivamente en las cafeterías y, por supuesto, subvencionados con los impuestos de todos— encontrarse con artículos que gente oficialmente religiosa o no escribe para contarnos no sé qué historia de sus supersticiones particulares: que por qué tal fiesta se celebra no sé cuándo, que quién fue no sé qué personaje «histórico» de tal o cual religión o qué hizo. No me parece mal, tampoco, que se publique ese tipo de chorradas, aunque ignoro su valor periodístico. Me produce cierto escalofrío, eso sí, que los escribientes a veces introduzcan la idea de que tal religión es más verdadera que otra por tal o cual cosa, siendo, para cualquiera que tenga un raciocinio superior al de un niño de teta, todas perfectamente falsas e increíbles. Incluso se incluyen fórmulas salmódicas para loar a este santo o a este profeta. Bueno, cada uno se entretiene como puede, y esta ciudad no es precisamente prolija en divertimentos.

Algo más de intranquilidad me causa el momento en que uno de estos defensores de no sé qué se autoproclama representante del pensamiento y la voz de una comunidad que, casualidades de la vida, comparte religión con él. Como yo soy —pongamos— musulmán o católico, o evangelista, y una publicación me abre sus páginas, lo que yo diga es necesariamente la opinión de cientos o miles de personas que viven en esta ciudad. Me cansan.

El otro día, en la radio, uno de los convocantes de esta manifestación compartía con los oyentes sus razones, con el victimismo secular de quienes —como todas las religiones— se han pasado la historia de la humanidad fastidiando al prójimo, quitándole libertades y asesinándolo en nombre de un tipo que un día creyó ver dioses, ángeles, vírgenes, demonios y otros seres fantásticos.

Cuando alguien dice que la religión es víctima de algo, en lugar de verdugo, que es lo que ha sido siempre, me entra una mezcla de histrionismo e indignación.

Este señor, cuyo nombre ignoro, decía algo así como que, en nombre de la paz y la concordia, los humoristas debían tener la maldita boca cerrada y reírse solo de lo que no pueda ofender a tal o cual creencia. Los entrevistadores —la cadena era la Cope, propiedad de la Conferencia Episcopal, con lo que podéis adivinar que el asentimiento y la simpatía ante la petición del recorte de libertades era casi unánime— coincidían con él en que las críticas a las religiones eran repugnantes.

Mis muy estimados caballeros: lo repugnante es vuestra actitud; lo peligroso, cizañero y denunciable es vuestra idea de que el que vosotros creáis en fantasías propias de alucinados nos debe impedir a los demás reírnos de lo que queramos. Ojo, no he dicho de quien queramos, porque ahí sí se acaba la libertad de expresión, en el límite a la dignidad de las personas.

Pero comprenderéis que yo también tengo la libertad de creer, verbigracia, en que un gato cósmico vendrá un día a acabar con todos los programas del corazón, los modernitos de gafas de pasta y la música de Miguel Bosé, es decir, a convertir este planeta en algo más habitable, pero no puedo pretender que desde ese momento la gente deje de reírse de los gatos.


¿Dónde está tu dios ahora?

Lo siento por vosotros, creyentes, pero vuestras creencias no están por encima de mi libertad de expresión: están muy, muy por debajo. Debéis aceptar —y si no, peor para vosotros— que cada cual puede reírse de lo que le venga en gana y que vuestra mejor opción, si eso os molesta, es ignorar las burlas y mirar hacia otro lado. Soy consciente de que entre las virtudes de las religiones, si es que tienen alguna, no se encuentra el sentido del humor, pero eso no es problema de la sociedad civil.

Lo que sí es uno de los grandes problemas de esta ciudad es que la tontería esta de las cuatro culturas, que podría haber servido al mismo Zapatero como inspiración para la memez de la Alianza de civilizaciones, ha hecho que aquí todo el mundo deba cogérsela con papel de fumar, permitidme la expresión, a la hora de hacer la mínima crítica a todo lo que apeste a sagrado.

Que cada quisque crea en lo que le venga en gana, por supuesto, pero que no pretenda que lo que hay dentro de su cerebro condicione las risas que salen de mi boca. El mundo a veces avanza, y a veces retrocede; a mí me gusta cuando avanza. Este será un mundo mejor cuando la humanidad se cure el sarampión de las religiones. Mientras tanto, todos esos seres fantásticos que hace siglos se inventó alguien (alguien con menos conocimientos del universo y de la ciencia de los que tienen los creyentes, que es que manda bemoles) hacen de nuestra especie un ser culturalmente curioso y pintoresco. La religión ha inspirado sobre todo enormes barbaridades, acciones que hacen que difícilmente se pueda llamar humano a alguien que las defiende, pero también grandes obras de arte. Hoy en día inspira, también, el humor. Alium et aqua, que podría decirse en un concilio. Esto es lo que hay.

11 comentarios en “Libertad”

  • # Crul dice:
    29 de September de 2012 a las 14:37

    Un placer seguir leyéndote de vez en cuando.
    Cada vez me recuerdas más a Pérez Reverte, espero que te lo tomes más como halago que como crítica, jeje.

    Saludos.

  • # Elías dice:
    29 de September de 2012 a las 15:36

    Gracias, amigo. No sé cómo tomármelo, así que me lo tomaré como tú dices 😉

  • # Daniel Doblado. dice:
    29 de September de 2012 a las 16:43

    Elias, no sabía que tenías un blog. La verdad que lo de la protesta de esta tarde es de risa. Este artículo no te lo publicaría, evidentemente, ningún periódico de aquí, pero para eso está la red. Me gusta tu modo de escribir, mucho ánimo para seguir.

  • # Antonio Molina dice:
    29 de September de 2012 a las 22:17

    Especialmente avinagrado esta vez, ofensivo, visceral, irrespetuoso, impropio de ti. No puedes tachar de chorrada lo indemostrable, ni ser históricamente reduccionista para hacer creer que todo lo que han hecho las religiones ha sido malo. Los creyentes no tenemos por qué ser ni fantasiosos ni alucinados (yo no lo soy), y el cristianismo (por lo que me toca) ni es vírico ni contagioso, ni mancha la piel ni inflama pulmones y cerebro. Además, no veo clara la comparación entre mis creencias y tu libertad de expresión. Aunque si comparamos los frutos de ambas, elevadas a su mejor expresión, no sales ganador.

  • # senda dice:
    30 de September de 2012 a las 12:40

    Aunque no profeso ninguna religión la puedo entender como un acto íntimo, un momento vital, un estadio de pensamiento, un misterio que acompaña al hombre desde el inicio de los tiempos. Nadie dudaría del misticismo de San Juan de la Cruz por poner un ejemplo. El problema radica en su utilización como adoctrinamiento o instrumento de poder. No seremos un país evolucionado mientra se utilice el tiempo y dinero
    de todos en adoctrinar desde nuestras escuelas.
    Claro está, ya sabemos que eso del dinero “de todos” es una broma de mal gusto.

  • # julifos dice:
    30 de September de 2012 a las 13:44

    Qué gusto da que cada vez haya más gente que hable con claridad.

    Creer está bien, si uno quiere creer en algo más o menos mágico o fantasioso, pero las religiones está demostrado que son malas, porque condicionan la vida de las personas (o lo intentan), como una enfermedad. Y sus presupuestos histórico-mágicos (de cualquiera de ellas) son para ‘escojonarse de la risa, si no fuera tan grave que haya gente que todavía cree a pies juntillas que dios hace hombres y mujeres con barro y costillas (era así, ¿no?).

  • # Elías dice:
    30 de September de 2012 a las 15:31

    A ver, Antonio. Creo que he dejado claro que la libertad de expresión no incluye la ofensa a las personas. No he llamado fantasioso a nadie, solamente he tachado de fantasías a ciertas creencias que me parecen pueriles. A partir de ahí, no puedo controlar si mis opiniones sobre algo —que no es una persona— ofenden a alguien, y desde luego no es mi intención.

    Cuando digo, y mantengo, que mi libertad de expresión está por encima de las creencias, lo que quiero decir es que no hay creencia alguna que deba coartarla. Imagina la cantidad de cosas en las que puede creer la gente porque le da la gana. Ahora imagina que todo este cúmulo de creencias fuese poniendo trabas a tu libertad. Eso es inadmisible.

    Ah, y digo claramente, en el último párrafo, que la religión —las religiones— han inspirado grandes obras de arte (aunque, cogiendo tu símil, si ponemos las cosas malas en un lado de la balanza y las buenas en el otro, creo que las malas ganan de forma aplastante).

    Por cierto, lo de que los frutos de tus creencias superan a los de mi libertad de expresión lo entiendo, como creo que quieres, como una opinión tuya, que por mi parte no comparto, pero que por supuesto respeto.

    No veo ninguna palabra en mi artículo que deba haberte ofendido, pero en fin, nos conocemos, y si ha sido así, lo siento. Pero no cambio ni una coma.

  • # antonio molina dice:
    30 de September de 2012 a las 18:58

    Me refiero a las creencias católicas y a sus frutos mejores, no en mí sino en cualquier otro cristiano. ¡Faltaría más! Además no todo cabe en el saco de la libertad de expresión que, por otro lado, suele ser coartada por siempre por los mismos. Inadmisible esto último, como el insulto. Y casi te diría que las obras de arte son lo de menos… Ah, lo de la balanza. Nos faltan a los dos elementos de juicio y conocimientos históricos no sesgados, así que no opino. Un poquito de discusión de vez en cuando no viene mal… 😉

    Senda, yo también creo que no se debería dar religión en centros públicos y concertados, para eso están las parroquias.

    Julifos, “las religiones está demostrado que son malas”. Enséñame el teorema, por favor. Y lo de Adán y Eva, como otras muchas historias de la Biblia, es un cuentecito con moraleja. No sabes mucho del tema…

  • # julifos dice:
    12 de October de 2012 a las 0:56

    Pues lo del cuentecito con moraleja se lo vas a tener que explicar a mi madre, porque yo ya lo he intentado y lo único que he conseguido es que me atice con el cucharón.

    De todas maneras, me cuesta mucho diferenciar lo que es cuento de lo que no (tenga o no moraleja). No veo diferencias entre hacer señores con barro, zarzas ardienteparlantes, la Santísima Trinidad y las revelaciones de Fátima. Pero claro, ahora se quita el limbo (porque es políticamente incorrecto) y luego ya se podrá ir a misa por Internet, porque lo de que el pan se convierte en Dios también es un símbolo; y habrá mujeres sacerdotisas, porque es un simple resto de machismo (culpa de los judíos, que conste, que son más de que les hagan la cama y les tengan la comida lista a las dos en punto). Pero bueno, como en esta cultura no lapidamos mujeres frente a la panadería, no corren mucha prisa los cambios en ese sentido.

    Cada vez me parece más incompatible ser buena persona y respetar a la Iglesia, especialmente cuando hay una buena porción de gente que quiere ser cristiana (o como quiera denominarse lo que representa una parte de la filosofía de esa religión) y está decididamente en contra del criterio de la “Iglesia oficial” en muchas materias. No distingo “iglesia” de “política”, ni en la religión mayoritaria de este país ni en ninguna, ni concibo nada que esté más alejado del ser humano. Unos administran lo físico y los otros lo mental, no como conviene al individuo, sino como conviene a la institución (cuyas leyes escriben entre cuatro colegas).

  • # antonio molina dice:
    12 de October de 2012 a las 8:11

    Se te olvida lo de que los curas se casen, que por cierto ya lo hacen los del rito católico oriental.

    Pero si tan en desacuerdo estás con todo, con no pertenecer basta, gracias a Dios ya no se obliga a nadie a creer ni a practicar en este país.

    Yo tampoco estoy conforme con ciertas cosas oficiales, como tampoco lo estoy con todo lo que dicen mi mujer o mi madre, pero no por ello dejo de pertenecer a mi familia ni dejo de crear otra. Cada caso de esa “buena porción de gente” es único y como tal hay que tratarlo.

    Vuelves a patinar en eso de que la Iglesia es lo “más alejado del ser humano”. Mira este enlace: http://www.caritas.es/qhacemos.aspx

  • # julifos dice:
    21 de October de 2012 a las 0:03

    ¿Pero en qué quedamos? Si un cura mata un perro, no es mala la Iglesia, sino una persona individual. Y si una ONG da de comer a un gato, es la Iglesia, no una ONG. No mezclemos una institución, que en mi opinión está podrida, con un conjunto de personas que se organizan para hacer una serie de cosas.

    Además, en el caso concreto de Cáritas, todos sabemos perfectamente que la aportación de la “iglesia oficial” es pequeñísima, y que casi todos sus fondos son privados y públicos.

    Si no existiese ninguna institución religiosa, creo firmemente que Cáritas existiría igualmente. Y probablemente tendría muchos más socios y más fondos. Yo, por ejemplo, me animaría más. De los del DOMUND, sin embargo, salgo corriendo en cuanto los veo.

    Además, conozco gente que hace mucho más con menos presupuesto, y sin darle ningún bombo. Porque vaya, cada vez que se habla en contra de la institución, a uno se le arroja Cáritas a la cara, a modo de lavaconciencias, como si fuese una prueba irrefutable de que sin la Iglesia (o cualquier otra institución religiosa, según el país) seríamos Sodoma y Gomorra… Que me aspen 😉

    Bien es cierto que para el hombre es natural agruparse según sus tendencias, y organizarse para perseguir bienes comunes… Pero igualmente cierto es que todas las intituciones que adquieren cierto tamaño, se corrompen de manera automática, e incluso pasan a tener en ocasiones funciones opuestas a las originalmente concebidas: la iglesia, la universidad, la democracia… Sin que eso signifique que los iglesios, universitarios o ciudadanos de la democracia sean malos. Pero consentir lo que se consiente a quien te representa, e incluso defenderlo en público, como mínimo te hace cómplice. ¿O no? Hay que enseñar más autocrítica personal y colectiva, y menos preservar a ciegas el poder. Digo yo (?).

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