Ars longa, vita brevis

El topo

9 de January de 2012

Mi padre lleva años recomendándome que leyese alguna novela de John Le Carré, asegurándome que no es simplemente un novelista de género, sino que objetivamente es un gran narrador. Y, a pesar de que confío plenamente en su criterio, no lo había hecho hasta ahora, cuando hace unos días prácticamente me acompañó con esta novela a la puerta de la casa para asegurarse de que me la llevaba. Como siempre, debo decir que sus recomendaciones eran muy pertinentes.

Un topo es un agente extranjero infiltrado en los servicios secretos de otro país (en este caso, el topo trabaja para la Unión Soviética dentro del MI6, el servicio secreto británico. Estamos en los años 70). No es simplemente un advenedizo, por llamarlo así, sino alguien conocido por sus compañeros y que goza de total confianza, un nacional. Suele tardarse décadas en infiltrar a un topo, y por eso son tan peligrosos y difíciles de detectar: llevan años ganándose el aprecio de los servicios secretos y haciendo méritos. En El topo, el infiltrado es, con total seguridad, una de las cinco personas que, después de Control —jefe máximo de los servicios de inteligencia—, ostentan el poder dentro de la cúpula de los espías británicos.

Después de una operación en Praga que sale rematadamente mal, Control muere y uno de los altos espías, George Smiley, es despedido. Smiley no está en su mejor momento: en el otoño de su vida le expulsan del único oficio que sabe hacer, y además, descubre que su esposa se la está pegando con uno de sus compañeros. Una tarde monótona de esa gran monotonía en que se ha convertido su vida, unos antiguos compañeros van a por él en el más alto secreto y le confían una misión: están seguros de que hay un topo soviético en el servicio secreto, y dada su inteligencia, su gran experiencia y el hecho de que ya no está en activo, le encargan la investigación que ha de desvelar cuál es la manzana podrida. En el transcurso de la investigación, salen al encuentro de Smiley las miserias más patéticas de los servicios secretos: rencillas personales, intereses espurios, asesinatos selectivos, torturas. Dada la naturaleza de su investigación, no se fía de nada ni de nadie, ni siquiera de los que le han encargado el trabajo, y sabe que absolutamente todos son sospechosos… e incluso él mismo lo fue en un tiempo.

Hay que tener cuidado al comenzar esta novela. El gran número de personajes, que a veces parecen una cosa y son otra, y la complejidad de la trama, pueden provocar que te pierdas si no estás atento a todo. Es una de esas narraciones en las que conviene tener media cuartilla como marcapáginas e ir anotando nombres de personajes y lugares. Sin embargo, una vez estás metido en la historia, te conviertes en un espía ávido de información, de descubrimiento, de ir encajando todas las piezas de un enorme rompecabezas extremadamente inteligente. Cuando llegas al final, no sabes si en realidad estás sorprendido de saber quién es el topo o no —ni siquiera Smiley sabe si se sorprende—, pero está claro que has disfrutado durante el trayecto.

Aparte de esto, ha sido bonito leer una novela cuya mayor parte de la acción transcurre en sitios que uno ha visitado, y reconocer calles y plazas: por un lado, Londres, donde se desarrolla la acción de investigación, y por otro, Praga, donde tiene lugar la desastrosa misión que sobrevuela toda la trama principal.

Hay un par de novelas más centradas en el personaje de Smiley, si no recuerdo mal: El honorable colegial y La gente de Smiley. Y, aparte de un serial de la BBC de hace unos años protagonizado por sir Alec Guinnes (el Obi Wan de La guerra de las galaxias, la buena, claro), hay una película de Hollywood recién estrenada (El topo, dirigida por Tomas Alfredson y protagonizada por Gary Oldman) que sigue la historia con bastante fidelidad, y diría que condensa bastante bien las 360 páginas de las que aproximadamente consta el volumen.

Para mí, lo más interesante ha sido la forma tan realista —es un decir, claro— o verosímil de afrontar el mundo de los espías. Más que como lo presentan en las típicas películas de James Bond, donde los agentes son unos fornidos y perfectos agentes al servicio de Su Majestad, casi superhéroes, los espías de El topo son personajes totalmente creíbles: ambiciosos, envidiosos, leales hasta cierto punto, débiles, fuertes, bajitos, altos, gordos, delgados, guapos o feos. También es curiosa la descripción del oficio de agente secreto: las pequeñas normas que tiene cada uno particularmente, sus trucos para saber si les siguen o si han entrado en su casa, la rutina en que acaba convirtiéndose cualquier trabajo, por muy emocionante o cargado de glamour que pueda parecer desde fuera. Os recomiendo la novela sin reservas. Creo que os gustará. Si la habéis leído, dejad vuestra opinión en los comentarios.

1 comentario en “El topo”

  • # Manuel dice:
    9 de January de 2012 a las 23:34

    No conocía esta novela de Le Carre, aunque he leido bastantes suyas y hay que reconocerle que sabe cómo describir ese mundo.

Escribe un comentario

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho