Ars longa, vita brevis

Crisis del periodismo

4 de January de 2012

No me gustan las películas españolas. No, espera, eso no es cierto. Me gusta cierto cine español, el de calidad. Durante toda la historia del cine se han hecho en este país películas buenas, pero parece que nuestro cine tiene bastante mala fama, y puede que no sea debida solamente al vergonzoso régimen de subvenciones que mantiene unas producciones pésimas que nadie va a ver a costa de los impuestos de todos. Sin embargo, en los últimos años he visto no pocas películas españolas decentes, e incluso algunas que no dudaría en calificar como obras maestras (me viene a la cabeza Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, y también Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín). Qué delicia. En cuanto a series, me sucede lo mismo que con el cine: la mayoría de las que veo me parecen patéticas, pero de vez en cuando hay alguna que me parece un dechado de calidad (la última que he disfrutado, y bastante, fue Aquí no hay quien viva).

Creo que la calidad de estas tres producciones tiene que ver con algo más que con la calidad del trabajo de sus profesionales. Me niego a pensar que la mayoría de los actores, decoradores, guionistas, directores y maquilladores en activo en nuestra industria sean unos incompetentes. Supongo que, como en cualquier trabajo, casi todos los que se dedican a esto serán buenos profesionales (aunque el artista tiene tendencia a creerse, por el hecho de serlo, algo especial). ¿Qué es lo que falla? Siempre he pensado que lo que falla es que no queremos hacer cine español. Queremos hacer cine estadounidense, series estadounidenses, pero con dinero y actores españoles. Y es entonces cuando metemos la pata. Porque, al igual que no se nos ocurriría declarar la guerra a Irak ni mandar a un hombre a la luna, no debería pasársenos por la cabeza tampoco hacer una película norteamericana.

Poniendo un ejemplo: en Estados Unidos tienen decenas de series de policías, de investigadores de la Científica, de hospitales. En España se nos ocurre copiarlos —casi literalmente—, y nos sale un pufo. Porque veo a dos tipos vestidos de azul persiguiendo a un ratero por las calles de Chicago y me lo creo. Veo a Cobra (Stallone) conduciendo un deportivo con sus Ray-Ban, y me lo creo. No es que sea un crédulo, es que me pilla muy lejos. Pero veo a un policía nacional soltando frases cortantes a un detenido, llamando a sus compañeros por el apellido y trabajando en sus horas libres para resolver un caso y me parto el pecho de la risa. Porque he estado en una comisaría. Y porque tengo conocidos policías. No sé si me explico.

Cuando el cine español ha contado historias que, por lo que sea, han resultado creíbles (que no es lo mismo que verídicas), y ha puesto empeño y buen trabajo en ello, ha dado la campanada. Es lo que ha pasado con las producciones a las que he aludido más arriba. Pero si me ponen al cantante de El canto del loco a hacer de Mike Hammer, no tengo más remedio que partirme el pecho y cambiar de canal.

Quizá eso es lo que ha pasado con el diario Público, que ha presentado un concurso de acreedores, sea eso lo que sea (en resumidas cuentas, creo que quiere decir que están en quiebra). Ha querido ser un periódico, pero sin ser un periódico. Ha querido renunciar a lo que siempre se ha entendido por un periódico. Era una apuesta arriesgada, y cuando se apuesta, se puede perder, sobre todo si se arriesga. Yo compré el primer número —que no sé si algún día llegaría a valer algo, pero ya no importa, porque una empleada de hogar lo utilizó para secar la encimera— y compartí parte de su ilusión. Tenía ciertas características que no me desagradaban: una atención especial por temas científicos y culturales en general, una intención de culturizar a la gente (una de las viejas ambiciones de la prensa escrita), una cierta ética cuando trataba asuntos relacionados con los animales, etc. Había algunas extravagancias que no llegaba a entender (como el prescindir de editorial), y otras cosas que me desagradaban profundamente, como una tendencia tan descaradamente clara a favorecer al PSOE, digan lo que digan, pero al menos era una voz más. Tanto su formato como sus ideas iban enfocados a un sector joven, y han sido uno de los que mejor ha sabido apreciar que internet está aquí para quedarse, y que la hora de intentar competir con la red ya ha pasado.

Estos dos últimos puntos, combinados, han sido a mi parecer los que han provocado su crisis. Y creo que no puede entenderse uno sin el otro. Me refiero a que, sí, a todos los periódicos se les ve el plumero, pero algunos tratan de disimularlo. En El País no engañan a nadie, pero formalmente sigue siendo un periódico independiente. Y, digan lo que digan, las formas importan. El diario citado tiene incluso un defensor del lector que de vez en cuando afea la conducta a sus redactores o incluso a su director. Luego sigue siendo bastante tendencioso, pero formalmente es difícil dejar de considerarlo un rotativo serio. Desde Público han seguido, desde el inicio de sus tiempos, la estrategia Iñaki Gabilondo: yo soy de esta idea política y se me tiene que notar. Y eso está bien, si diriges exclusivamente una cabecera de opinión. Pero si te declaras periódico, tienes que asumir que la mayor parte de la gente que te compre va a buscar cierta objetividad en las informaciones. Por “cierta” se entiende “la mayor posible”. Y luego, en las páginas de opinión, puedes ser lo tendencioso que quieras, que para eso están. Pero hemos visto portadas de Público como esta:

¿A qué tipo de lector —no de lector; no lo olvidemos, de comprador— puede atraer esta portada? La opinión puede y debe ser importante en un periódico, y más en un mundo como el actual, en el que cuando compras el papel las noticias ya las conoces. Pero no debes olvidar que estás intentando vender un periódico, y no El Jueves. ¿Y qué me decís de esta?

En este caso, no puede negarse que la portada es objetiva, pero se parece más al típico borracho en un bar hablando de lo que cuesta el Papamóvil que a un periódico haciendo un análisis serio de nada. Que sí, que el problema es que unos tienen mucho y otros tienen poco, pero esa portada, y otras de este rotativo, podrían llenar un manual que explique qué es la demagogia, sin texto ni nada.

Se puede argumentar que diarios de derecha como La Gaceta caen en el mismo simplismo, y en otros peores, y es verdad; pero la idea es que Público siempre se ha considerado, moralmente al menos, por encima de lo que se ha llamado la prensa cavernaria, pero formalmente no lo han demostrado. Y las formas importan, y mucho.

Otros detalles de este diario me han resultado desconcertantes. Por ejemplo, su red de columnistas y blogs. He encontrado dentro algunos finos ejemplos de análisis de la realidad con sus opiniones, que he considerado dignos —tanto en fondo como en forma— de ofrecer a mis alumnos de 2.º de Bachillerato para analizar en los exámenes. Y otros que parecen simplemente un espacio que el director del periódico le ha cedido a su amiguete, ese que tiene tanta gracia cuando nos hacemos un botellón. Es decir: que la sección de opinión, a veces, se parecía peligrosamente a internet.

Y, para leer lo malo que es Rajoy y para que la gente se ría de que Fraga tiene muchos años, la gente, una de dos: o se va a internet, o se compra El País, que tiene más solera. Igual que la gente lee muchos blogs de derechas, pero difícilmente empezaría a comprar un diario nuevo de derechas. Es muy difícil que la gente que no ha leído periódicos nunca se ponga a comprarlos ahora. Y si encima el valor añadido que les vas a dar lo pueden encontrar en internet gratis, ¿para qué van a gastar dinero?

Resumiendo: creo que han intentado hacer algo que no era un periódico, pero venderlo como si fuera un periódico. Y creo que la estrategia les ha salido mal. Y por eso comenzaba este post hablando sobre el cine español: porque creo que, del mismo modo, cuando alguien ha intentado hacer una película estadounidense, pero vendiéndotela como una preciosa muestra del peculiar arte patrio, la gente se ha dado cuenta y no ha picado.

¿Qué intentaba vender Público? Si intentaba hacer un periódico, no lo han hecho bien, puesto que era más una especie de red de blogs como los autollamados progresistas aderezado con alguna que otra noticia de agencia y algún reportaje más o menos decente. Y si lo que intentaban era venderte internet, el fallo ha sido de base: internet no se compra, se consume gratis.

Pero quizás el fallo más grande ha sido el mismo que aqueja a las viejas empresas productoras de discos musicales. La gente que compra periódicos, igual que la que compra CD, ya se está haciendo vieja. Algunos se están muriendo. Cuando solo había periódicos, la gente los compraba. El cambio generacional no se para, y la gente acabará por no comprar ningún periódico en ningún quiosco. Y esto es lo mismo que lo de los CD. Puedes hacer todas las maniobras que quieras para intentar frenarlo, pero si eres listo, debes intentar saber por qué cosas va a pagar la gente a partir de ahora. Una pista: no va a ser ni por música en CD, ni por noticias de ayer impresas sobre árboles muertos.

4 comentarios en “Crisis del periodismo”

  • # MrBlonde dice:
    4 de January de 2012 a las 17:33

    Estoy de acuerdo con tu opinión, pero me da lástima porque era mi periódico favorito, un periódico que se podía leer de cabo a rabo ignorando las dos páginas diarias dedicadas a decir algo malo del PP aun cuando no había noticia, y aquellas dedicadas a halagar al PSOE aun en los momentos en que nadie en su sano juicio podía hacerlo.

    Un periódico puede casar, y así lo hacen todos, su línea editorial (aquí no explícita como editorial) con una ideología política, pero no debería casarla con un partido. Y Público, que se ha definido siempre como periódico de izquierdas, progresista y republicano, ha seguido apoyando al PSOE aun cuando no era ninguna de esas cosas. Y eso, unido a las dificultades que tiene hoy en día cualquier medio en papel, les ha llevado a la tumba.

    Mañana puede ser el último día en que se publique Público. Intentaré comprarlo, como hice con el primer número.

  • # Periodismo en crisis | La Voz de Barcelona dice:
    4 de January de 2012 a las 18:45

    […] (que sigue vivo, aunque las expectativas no son buenas)… y los que vendrán. Es la hora de hacer periodismo y adaptarlo a los tiempos y a los medios. Compartir […]

  • # Manuel dice:
    9 de January de 2012 a las 23:47

    Coincido contigo.

    Yo hace años leía Diario16, precisamente por ser de lo más objetivo, por contarme las noticias y no por intentar convencerme de cuál debe ser mi opinión mientras la leo.

    Pero desde que Diario16 cerró y aunque busqué alternativas, ninguna me convención precisamente por lo que tú comentas.

    Y en Público era aún mucho más patente esa total falta de objetividad. Durante la era Zapatero, todo lo que hiciese el Gobierno era defendible, aunque unas semanas antes hubiesen sostenido una opinión contraria y luego se viesen sorprendidos por el giro.

    Como bien dices, eso está bien para quien busque solo esa forma de pensar y solo quiera conocer una visión de la noticia, pero a los demás nos cansa.

    Y me ha encantado el simil con el cine (o series) español, porque lo veo realmente acertado. Intentamos jugar a ser algo que no somos y que además no gusta, no sale mal, pero lo peor es que luego nunca reconocemos nuestro culpa… siempre es culpa de los demás.

  • # Nacho dice:
    29 de February de 2012 a las 16:19

    Pues… si admitimos que EL País es tendencioso…
    ¿Qué podemos decir de ABC, La Razón o El Mundo?. ¿Son quizá menos tendenciosos?. El Mundo hasta recorta las fotos de manifestaciones en Euskadi para que aparezcan las siglas ETA por doquier.
    La época de portadas “peculiares” del ABC con Ansón, aún es recordada. Y claro, la trasladó a La Razón…
    Entonces… ¿cuál es el diario objetivo, imparcial, independiente…?
    Lo que sí es indudable es que El País es el periódico con más prestigio internacional; por algo será.
    Saludos. Muchas gracias.

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