Ars longa, vita brevis

No se os puede dejar solos

3 de November de 2011

El que no es de izquierdas a los dieciocho años, es que no tiene corazón. Y el que lo sigue siendo a los cuarenta, ¡es que no tiene cabeza!

Hace muchos años, mi mejor amigo hizo un viaje a la lejana y hermosa Galicia (la otra punta del país, nada menos). Cuando volvió, trajo como broma a un amigo común, que era de izquierdas (aunque ahora es del PSOE) un llavero con la efigie de Franco, algo parecido a la foto que tenéis aquí arriba, y la leyenda «No se os puede dejar solos».

Yo a menudo he pensado que la falta de espíritu democrático del español, que vota, casi irremediablemente, al PSOE o al PP —partidos que están claramente en contra de la democracia— se debía a la mentalidad de siervos que nos había quedado después de casi cuarenta años de dictadura. Sin embargo, yo nací el año en que el general estiró la pata, y ya ha pasado mucho, mucho tiempo, y gente de mi generación o incluso más joven sigue yendo cada cuatro años a fichar como besugos, esto es, a votar a uno de estos dos partidos, con la motivación principal, ¡cosa bárbara!, de que el otro no gane, porque aún no he conocido a nadie a quien alguno de los dos partidos convenza (incluyo a gente que va en sus listas). Yo no me acuerdo de Franco, tenía meses cuando murió; ¿cómo va a acordarse un pimpollo de veinticinco, de veinte años? Debo buscar las razones en otro sitio.

Ahora creo que puede que tenga más que ver con la forma de nuestro estado. La monarquía es algo que, sinceramente, ni me gusta, ni me molesta en exceso; el Rey no me cae ni bien ni mal, y sé que gastamos cantidades mucho mayores de dinero en otras soplapolleces que lo que nos cuesta mantener a esos seres de sangre azul. Sin embargo, es posible que un español nunca pueda sentirse plenamente ciudadano, porque siempre habrá alguien, mientras dure la monarquía, que estará legalmente por encima de él: una figura intocable, inviolable, irresponsable. Siempre he visto la república como una cosa necesaria. Ahora, cada vez más, la veo como una cosa urgente.

Sobre Grecia: la que se ha montado, porque el presidente de los griegos ha cometido la tremenda osadía, oh, cielos, de decir que va a consultar a los griegos lo que quieren que haga con su dinero los próximos años, tal vez décadas. Inaceptable, irresponsable, inasumible, son algunos de los adjetivos que colegas suyos le han dedicado. En un alarde de cinismo que, por desgracia, ya no es que no me sorprenda, es que ni me escandaliza, el Secretario de Estado para la Unión Europea, Diego López Garrido (PSOE), afirma que los referendos deben limitarse a reformas constitucionales. ¡Él, cuyo partido acaba de reformar nuestra Constitución por las buenas, sin consulta a los ciudadanos, para dar más facilidades a bancos y empresas! Cosas veredes.

Me acuerdo estos días del llavero del Generalísimo. Así ven la democracia nuestros políticos, tanto los españoles, como el resto de los políticos europeos: estamos aquí para ir a fichar cada cierto tiempo, para cambiar el nombre del partido que gobierne. Poco más. Sabido es que, una vez en el poder, las promesas son papel mojado, y las cumplirán en tanto en cuanto favorezcan sus intereses o los de sus amigos. Vosotros decidís qué mitad del PPSOE gobierna, y ahí acaba vuestro ámbito de decisión. A partir del día después de las elecciones, los bancos, los mercados dirán qué es lo que pasa. Y esto de que se pregunte a la gente por cualquier asunto, sea una reforma constitucional, un rescate financiero, o el color de las corbatas de los ministros, esto, ¿qué es? ¿Pero qué os habéis creído? ¿Quiénes son los votantes para decidir nada? ¿Es que os habéis creído eso de la democracia?

Hasta ahí podríamos llegar. La palabra «responsabilidad», tan usada ahora para forzar al presidente griego para que no consulte a los votantes, a los que pagan impuestos, a los que van a padecer la presencia o ausencia del rescate, se ha prostituido hasta convertirse en una ramera de tres al cuarto en un callejón lleno de charcos. La RAE me dice que responsabilidad significa, entre otras cosas, «Cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado». Esto es, que si yo me equivoco, yo cargo con la obligación de padecer las consecuencias de ese error, o de repararlo en medida de lo posible. Si Papandreu se equivoca, lo pagarán los griegos. Lo justo es que quien se equivoque sean los griegos, puesto que ellos son los que van a pagar, durante años, las consecuencias de lo que decidan: ni Papandreu, ni Merkel, ni Sarkozy.

Hurtar a los griegos la capacidad para decidir en algún asunto apelando a la responsabilidad es lo mismo que hizo Franco, cuando acabó con el sistema democrático porque, imagino, pensaba que los españoles, los votantes, el pueblo de la primera parte de la palabra democracia, no estaba capacitado para hacerlo bien. No se os puede dejar que decidáis. Sois como niños.

No se os puede dejar solos.

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