Ars longa, vita brevis

Sobre las horas de trabajo de los profesores

12 de September de 2011

Este es el octavo curso que inicio desde que comencé a trabajar como profesor, y, si os digo la verdad, hace solo un par de semanas, con toda la polémica, que me he enterado de que mi jornada laboral es de 37,5 horas semanales.

No digo que trabaje más, ni tampoco que trabaje menos. Solo que es muy difícil calcularlo. Hay períodos de mucho trabajo, y otros de menos (de poco no lo hay, no); supongo que esto sucede en cualquier empleo. El único otro sitio donde he trabajado de forma continuada ha sido un banco, y los finales de mes, por ejemplo, eran infernales, pero el quince de agosto te pasabas media mañana leyendo el periódico.

Mi jornada, en el banco, era de 40 horas semanales. No había semana que no trabajase, al menos, seis o siete horas más de lo estipulado en mi contrato, pero cada minuto que regalaba a esos usureros lo tenía contado y controlado. No soy de naturaleza metódica, pero sí observadora.

¿Por qué, entonces, soy incapaz de realizar un cálculo de mis horas trabajadas como profesor? Creo que la razón es la siguiente: no me importan tanto. Me indignaba bastante regalar unas horas de cada día para que el BBVA se hiciese un poco más rico, con la amenaza de que podrían hacerme fijo o echarme a la calle según su capricho.

Sin embargo, y escribo esto en un párrafo aparte porque quiero que quede bien claro; sin embargo, decía, cada hora que tengo que dedicar a mejorar en medida de lo posible la educación de mis pupilos, ya sea en el centro donde estoy destinado, en otro cualquiera, sea de Secundaria o universitario (mañana voy la mañana entera, y puede que parte de la tarde también, como vocal de mis centro para las PAU de septiembre), o bien en mi casa, preparando clases, exámenes o corrigiendo, las dedico sin mirar demasiado el reloj. No estoy diciendo que me guste regalar horas al Ministerio de Educación, y ni siquiera estoy diciendo que me dé igual. Me fastidia bastante trabajar fuera de mi horario. Lo que estoy diciendo es que lo hago y no miro el reloj, y cada uno de los minutos los doy por bien empleados. Y afirmo —no es que lo piense ni lo sospeche, lo afirmo— que la mayoría de mis compañeros tienen la misma actitud.

No sé cuántas horas son semanalmente, como os he dicho antes, si hago la media. Ya os digo que hay semanas que probablemente no llegue ni a las treinta horas, y otras que probablemente pase de cincuenta. Hay épocas en que no se trabaja mucho, como estos días tontos en que se han acabado las pruebas extraordinarias de septiembre, y aún los alumnos no han empezado las clases, y, aparte de preparar programaciones didácticas y pruebas iniciales, y alguna que otra reunión del departamento o del claustro, se hace poco más; en otras épocas clave, sin embargo, se trabaja a destajo (hay mucha gente que no lo llama trabajar; en este país somos especialistas, entre otras cosas, en despreciar el trabajo ajeno, y apreciar el nuestro como el más duro del mundo). La semana pasada estuvimos de evaluaciones de las pruebas de septiembre. Uno de los días entré al instituto a las nueve de la mañana, salí a las tres y cuarto para comer en un bar que hay enfrente (previa llamada a mi casa para que tirasen la comida que me habían preparado) y a las cuatro seguí con más evaluaciones, hasta las ocho de la tarde aproximadamente.

No sé cuánto trabajo la semana que menos trabajo del curso, porque no lo he calculado. Pero tampoco he calculado cuántas horas trabajé aquel día, el anterior o los siguientes. Francamente, si descubriese que he trabajado cincuenta, quizás me quejaría un poco delante de mis conocidos —otra especialidad patria—, pero no habría pensado en cambiar de trabajo, ni en solicitar un aumento al Ministerio, ni en que me computaran las horas extras en la nómina. Simplemente, un profesor, en el 90% de los casos, cuando tiene que estar en el instituto tres horas más, pues las está, y se acabó. Porque para que el presidente del BBVA gane 200 euros más (ignoro cuánto beneficio podría generar una hora de mi trabajo como bancario) estoy quejándome y contando cada minuto que pasa, pero para que mis alumnos conozcan sus notas mañana, en lugar de pasado mañana, me limito a fruncir el ceño y a seguir con las evaluaciones.

Una cosa es segura: los profesores tenemos bastantes más días de vacaciones al año que casi cualquier otro trabajador en este país. Negarlo sería de necios. También lo sería afirmar que pasamos gran parte de nuestras vacaciones formándonos: no es así en la mayoría de los casos (aunque sí conozco quien ha pasado buena parte del mes de julio acudiendo a cursos, pagados por él, mañana y tarde, pero no es norma general).

¿Qué decir? Lo cierto es que, desde el uno de julio hasta el treinta y uno de agosto, no suelo abrir ni un periódico, aunque leo frecuentemente blogs y artículos sobre educación, lingüística y literatura en internet. Pero lo hago más por gusto que por otra cosa. Para eso son mis vacaciones. Las Navidades y la Semana Santa no son tan relajadas, puesto que en esas casi siempre se corrige algo, o se prepara algo para la vuelta. Pero sí, en esos períodos también tenemos más días de descanso que casi todos los otros mortales.

Sí, tenemos más vacaciones que los demás.

Ignoro, sin embargo, si el hecho de que a mí me quitaran días de vacaciones iba a mejorarle la vida a alguien. Y ojo, no hablo de cuidar a los críos de nadie durante el mes de julio, puesto que mi labor no consiste en cuidar niños, no soy un canguro: estoy hablando de darles clases, encargarles trabajos, hacerles exámenes y corregírselos. Hablo de si vuestros hijos, por un lado, pueden aguantar once meses de trabajo por uno de vacaciones, como si fuesen adultos. Por otro, hablo de si hay derecho, de si ellos tienen obligación, de trabajar durante todos esos meses.

Se puede argumentar —y con razón— que podemos trabajar sin alumnos. Por supuesto, no estoy pensando en picar piedra (aunque a buen seguro que muchos de mis compatriotas contemplarían con gozo la medida; la envidia, el otro gran deporte nacional), pero podríamos, por ejemplo, pasar el mes de julio, o el de agosto, yendo a cursos de formación.

No voy a contraargumentar que nuestro trabajo es más duro que otros. Esto, a mí, me agota más que el banco, sobre todo moralmente (que el banco gane más o menos me afectaba poco, excepto en lo tocante a mi seguridad laboral, pero el que mis alumnos suspendan sí que me preocupa, y mucho). Sé, sin embargo, que meterse en una mina o subirse a un andamio es muchísimo más agotador que mi trabajo. Eso sucede siempre, sin embargo: a más estudios, a mayor preparación, a mayor complejidad y especificidad de un empleo, a mayor dificultad para conseguirlo, el sueldo suele ser mayor, y el trabajo menos duro físicamente. ¿Qué puedo decir? Ahí está la universidad, ahí están las oposiciones, para quien las quiera.

Así que no voy a negarme a trabajar en julio arguyendo que mi trabajo es más duro que otros. Lo es, y también es más blando que otros, pero no es mi argumento. Mi argumento es que no veo ningún beneficio para nadie en renunciar a conquistas sociales por las que muchas personas han luchado durante mucho tiempo. Sé que el que yo trabaje más días al año no va a beneficiar al resto de los trabajadores. Como mucho, los va a perjudicar. Recordad: si recortan derechos y salarios de un grupo de trabajadores, es aconsejable que los demás vayan calentando agua para sus barbas. Así, poco a poco, vamos aceptando un recorte de derechos que es generalizado en occidente desde mediados o finales de los años ochenta. Nos parecía que los controladores aéreos ganaban mucho, y aceptamos —la mayoría de vosotros con una sonrisa en la cara— que les metieran tipos violentos con fusiles detrás de sus sillas. Nos parecía que los funcionarios eran todos unos caraduras, y una vez más sonreímos cuando les recortaron el sueldo. También han congelado y recortado pensiones, pero, ¿quién es capaz de quejarse? Se ha ido fastidiando sector por sector a todos los trabajadores de este país. Lo hemos aceptado, y ahora nos parece normal.

Estoy dispuesto a trabajar más, aunque no me haga gracia (no me hace gracia que nadie trabaje más, sinceramente). Necesito una justificación, eso sí. Sin embargo, el que mi vecino de al lado disfrute viendo como me fastidian no lo es. Que alguien lo justifique diciendo —y demostrando— que el que yo renuncie a parte de mis derechos como trabajador es bueno para mis alumnos. Entonces, como he hecho siempre, como hace siempre la mayoría de los profesores, echaré las horas, las semanas que haga falta, y no miraré el reloj.

Pero que nadie me diga que necesito menos sueldo o menos vacaciones porque el prójimo tiene menos sueldo o menos vacaciones. Estoy dispuesto a salir a la calle para que te aumenten ambas cosas. Mientras tanto, ahí está la universidad, las horas de estudio sin salir, sin dinero, las malhadadas oposiciones, mi trabajo y mi sueldo. Aquí se entra por concurso oposición libre. Espero vuestros respetuosos comentarios, a favor o en contra de lo dicho aquí.

16 comentarios en “Sobre las horas de trabajo de los profesores”

  • # Sobre las horas de trabajo de los profesores dice:
    13 de September de 2011 a las 9:17

    […] Sobre las horas de trabajo de los profesores lalengua.info/2011/09/sobre-las-horas-de-trabajo-de-los-p…  por eclectico hace nada […]

  • # eclectico dice:
    13 de September de 2011 a las 9:20

    En mi caso, mi comentario es a favor, pese a no ser docente; pero sí tengo muchos docentes en mi círculo más próximo.
    Los hay haraganes, ineptos y vagos, cierto; pero sobre todo los hay vocacionales, conscientes de la importancia de su trabajo para construir una sociedad mejor.
    Como de costumbre, la educación se coloca en el punto de mira de las aspiraciones y mensajes políticos, sin centrarse en los auténticos problemas y sin plantear verdaderas soluciones.

  • # engañado dice:
    13 de September de 2011 a las 9:42

    El otro día hablaba con un vecino profesor y me explicaba los motivos de la huelga, o me mentía o lo que aparece en televisiones y periódicos no tiene nada que ver con la realidad, por que no dejais claro esta diferencia?

    Me explicaba que habrá menos asignaturas, menos docentes y mas niños por clase, es así? entonces…por que a todos nos hacen creer que protestais por recortes salariales y de personal (vaya, que os toca currar mas, cuando vuestra verdadera preocupación es por los alumnos y la peor calidad de enseñanza que tendrán a partir de ahora), no me lo explico

    Saludos y gracias

  • # Anna dice:
    13 de September de 2011 a las 11:51

    Más que los profesores, deberían los malos resultados de los alumnos españoles de 15 años del Informe PISA, ser el centro de la discusión. Los profesores españoles aparte de tener largas vacaciones son uno de los mejores pagados, según la OCDE. Además de tener el trabajo garantizado de por vida como funcionarios. Qué ejemplo les están dando algunos profesores a los que pretenden educar. Y que relación de ingreso y resultados tienen los profesores finlandeses, cuyos alumnos obtienen loa primeros lugares en el Informe PISA, año tras año y en todas las mediciones.

  • # Elías dice:
    13 de September de 2011 a las 12:43

    Gracias por vuestros comentarios.

    Engañado, no acabo de entender esa mentira que dices. Lógicamente, si cada profesor trabaja más horas lectivas (que no más horas totales, que se supone que serán las mismas), se contratará a menos profesores. Si hay menos profesores, se plantean dos alternativas, ya que la educación en España es obligatoria desde los seis hasta los dieciséis, y que además con la crisis hay gente que está volviendo a la escuela:

    1. Al haber menos profesores, se podrán hacer grupos de alumnos más numerosos. Si antes a 80 alumnos les daban clase tres profesores, ahora serán dos. Menos atención a cada alumno, menos atención personalizada.

    2. Al haber menos profesores, cada uno trabaja más horas (que parece que es lo que se va a hacer). Tenemos más alumnos totales. Eso influye en el tiempo que podemos dedicar a cada alumno de dos maneras:

    a) Por un lado, si tenemos 120 alumnos en lugar de 100, lógicamente no podremos atender de forma igual de intensa y personalizada a cada uno de ellos. Recuerdo que no se habla de ampliar las horas de trabajo, sino las horas lectivas. Las horas de trabajo, teóricamente, son las mismas, ni una más.

    b) Las que aumenten de clase tendrán que deducirse de algún lado, es decir, de todas las demás horas que trabajamos: informes sobre alumnos, preparación y corrección de exámenes y clases, citas con padres y con orientadores, etc.

    Sea como sea, el profesor pasará las mismas horas trabajando, solo que se dedicará menos al principio de atención personalizada, que es uno de los pilares de la Ley de educación.

    Anna: en Finlandia tienen entre doce y quince alumnos por aula. Aquí, entre veinticinco y treinta y cinco (aunque he visto aulas con más de 40 alumnos excepcionalmente). Eso da una idea clara de cómo Finlandia ha llegado a convertirse en referente mundial en educación: echando dinero, dinero y más dinero. Donde en España trabaja un profesor, en Finlandia trabajan dos o tres.

    Si crees que bajando el sueldo a profesores, restándoles vacaciones y convirtiendo su empleo en precario se va a mejorar la educación de los alumnos, estás en tu derecho, aunque me gustaría que me explicaras cómo, ya que le doy vueltas y vueltas y no logro comprenderlo. El que mis condiciones de trabajo sean peores puede ser bueno para ti (si es que te regocijas en el mal ajeno), pero no para los alumnos.

    Mi impresión es que lo que tienes en la cabeza es que los profesores vivimos muy bien (aunque nadie en este país quiera ser profesor, ¡es curioso!) y quieres que vivamos peor; y que la educación de los jóvenes te importa poco (menos que a mí, seguro).

    A buen seguro, el gobierno que entre en noviembre empeorará nuestras condiciones, porque eso es muy popular (ah, la envidia española). Ahora, que eso vaya a mejorar los resultados en PISA, está por ver, pero me juego un brazo a que no.

    ¿Queremos los resultados de Finlandia? Empecemos a aplicar las medidas finlandesas, o algo parecido (lo que funciona allí no tiene necesariamente por qué funcionar aquí). Tú dices que para acercarnos a Finlandia tenemos que alejarnos de sus métodos, lo que, con todos los respetos, es una soberana memez.

    Saludos.

  • # mechatoni dice:
    13 de September de 2011 a las 14:40

    Sin entrar a valorar la actitud de los profesionales de un sector, quisiera darle la razón en cuanto a que los recortes sociales son un hecho.

    Me duele el descrédito que se ha ido haciendo del profesorado en particular, como de muchos otros sectores profesionales en general (funcionariado o sanidad me vienen como ejemplos a la mente; y no ejerzo ninguna de estas).

    En mi opinión la labor educativa no está lo suficientemente reconocida. Es esencial para
    la formación de los jóvenes que están llamados a definir el futuro.

    Y es triste que en una sociedad que mira al futuro las personas individualmente no sean conscientes de que los logros en educación definirán el futuro de esta misma sociedad o su descendencia.

    Mis respetos a las personas como Vd. que dedican su también valioso tiempo a enseñar. Lo digo por su empleo, por este blog, y por esta entrada (porque supongo que la guitarra más la aprende que la enseña).

  • # engañado dice:
    13 de September de 2011 a las 16:15

    Hola, gracias por contestar, intentaré explciarme mejor:
    Mi vecino, que es profesor me explicaba que los recortes son de nº de docentes, lo que hará peor la enseñanza en definitiva.
    Lo que yo veo en la tv y en los periódicos y lo que “desde fuera”, por tanto, se cree es que os quejais de que vais a tener que “currar” mas por el mismo sueldo.
    No se si me explico pero a lo que me refiero es, creo que se está vendiendo en ciertos medios que protestais por cosas que no son, esto es lo que creo que debeis aclarar.
    saludos

  • # Economista dice:
    13 de September de 2011 a las 17:04

    Extraigo de tu entrada la siguiente frase: ‘Estoy dispuesto a trabajar más, aunque no me haga gracia (no me hace gracia que nadie trabaje más, sinceramente). Necesito una justificación, eso sí.’

    La justificación es puramente económica. Es sencillo ver que cuando los gobiernos (central, autonómicos), que es de donde sale el dinero para educación, tienen una deuda insostenible se me ocurre que pueden hacerse tres cosas:

    1) Recortar gastos, entre ellos los de personal y por tanto tener menos profesores para los mismos o más alumnos, lo que afectaría muy negativamente la calidad de la enseñanza.

    2) Recortar gastos, pero pidiendo un esfuerzo en cuanto a horas lectivas a cada profesor, sacrificando la atención personalizada, afectando también negativamente a la calidad de la enseñanza, aunque a mi juicio menos que la primera (creo sinceramente que las tutorías y las reuniones con los padres son menos importantes que las clases de matemáticas). Además, como dices que todos están fervientemente implicados, seguro que nadie rechaza reunirse con un padre o atender a un alumno que acuda al él con sus necesidades.

    3) Subir impuestos para mantener los niveles de educación actuales.

    De las tres, la que van a aplicar estas autonomías me parece la menos mala.

  • # Juvenal dice:
    13 de September de 2011 a las 18:12

    Amén, D. Elías. A los profesores cada cierto tiempo hay que doblegarnos, vayamos a acabar consiguiendo hacer nuestro trabajo. Cuando Maravall era ministro y se le puso toda la profesión en contra con una huelga prolongadísima, TVE (la única entonces) organizó una campaña de descrédito perfectamente orquestada, e incluso se convenció a los sindicatos de siempre que aceptaran un acuerdo que nadie quiso.
    Ahora se trata de recortar y que aparentemente no se note. En otros sitios, en vez de ampliar horario de clase, lo que hacen es aumentar astronómicamente las ratios y disminuir por decreto el número de grupos, suprimir atención a alumnos con dificultades varias, etc. Y eso sí, todos los medios de comunicación ponen por delante de la vuelta al cole que por fin los padres descansan de sus hijos.
    A mí me parece suicida una sociedad que desacredita su sistema educativo: por malo que sea, será mucho peor si los alumnos entran sin la menor fe en la posibilidad de mejorar. Y si no, que se lo pregunten a los alumnos que celebraban su llegada a los dieciséis para fugarse al ladrillo: ubi sunt?

  • # José Manuel dice:
    13 de September de 2011 a las 22:11

    He encontrado esta página por casualidad, estimado colega, y me ha alegrado encontrar una reflexión sensata que no se instala en el lloriqueo de nuestra profesión. El comentario de “engañado” es un síntoma claro de cómo hemos perdido la batalla de comunicación por una obcecación de sindicatos y dirigentes docentes en responder a la provocación de Aguirre: las 20 horas es un medio, lo importante es el ERE que se ha hecho de miles de trabajadores de la enseñanza taimada y subrepticiamente.
    La retórica de los justificadores de nuestro horario ha hecho que la sociedad se distraiga de lo fundamental. Yo el curso pasado asumí 20 horas para facilitar un desdoble en un grupo de 3º de ESO complicado. Este curso también tengo 20 horas, pero no hay desdoble en 3º ni en 1º de bachillerato, ni se abrirá la biblioteca fuera de los recreos, ni el único grupo de 4º puede cursar otras Matemáticas que no sean las B, aunque apenas media docena de alumnos vaya a seguir hacia bachillerato, y un profesor de Ciencias Sociales va a tener que impartir la Lengua de 3º… Yo no voy a notar cambio alguno en mi carga de trabajo, pero mis alumnos sí van a sufrir la reducción de personal. Pero estas realidades concretas, que sí darán resultados negativos en PISA y en sus vidas futuras, no las hemos sabido transmitir.

  • # Esther dice:
    13 de September de 2011 a las 23:31

    Plenamente de acuerdo, aunque hace mas de 20 años que no ejerzo y desgraciadamente comencé a trabajar en una compañía de seguros, teniendo las mismas sensaciones que tu en el banco.

  • # Marta dice:
    16 de September de 2011 a las 15:49

    Soy profesora de la concertada pero me duele exactamente igual lo que se está haciendo en la Pública. Coincido plenamente con los argumentos de Elías y Jose Manuel. Con el primero, por los argumentos tan sensatos que esgrime; y con el segundo por ese ERE encubierto que denuncia.Ayer recibía un correo cadena que criticaba un acuerdo entre Esperanza Aguirre y el sector privado para apoyar la educación con profesores “excelentes” formados en un centro llamado EMPIEZA POR EDUCAR. Os dejo en enlace http://www.empiezaporeducar.org/informacion/nuestros-socios No sé si será verdad; si lo es, mi indignación sube cien grados más. El colmo de los colmos.

  • # Ikima dice:
    16 de September de 2011 a las 19:27

    Lo suscribo totalmente.

    No entiendo esta campaña de desprestigio de los profesores que se viene haciendo no sólo ahora, sino desde mucho tiempo atrás. Antes se les respetaba, ahora se les denuesta. Yo, ciertamente, les/os admiro.

    Fui profesora sustituta durante un tiempo y es algo que sería incapaz de hacer durante toda mi vida: el desgaste psicológico de un profesor no se lo deseo a nadie. Todo el mundo me dice que por qué no preparo unas oposiciones para la enseñanza, que se me da muy bien. No logran entender que mi forma de ser me haría sufrir mucho. Es cierto que tengo una gran orientación didáctica: me encanta enseñar, divulgar la ciencia, hacer que les envuelva y que la vivan como yo (eso han hecho muchos profesores míos, y por eso les estoy tan agradecida). Sin embargo, cuando te impones a ti misma un objetivo tan alto y no lo logras en su totalidad, el sufrimiento es muy grande, aunque con el tiempo se llegue a tomar cierta distancia y un mayor sentido de la realidad.

    Por eso no me cabe en la cabeza que la gente diga que si “qué bien viven” que si “ya podrían trabajar picando piedra” y un etcétera tan largo que debería hacer sonrojar a España entera. No sólo deberían cobrar todavía más sino darles todos los medios para que la educación de las futuras generaciones sea la mejor posible. El día que tenga hijos querré que estén en un aula en la que unos profesores satisfechos disfruten de enseñarles y educarles. ¿Alguien quiere profesores malhumorados para sus hijos? ¿Alguien quiere clases de 40 alumnos? ¿Y una absoluta falta de atención personalizada en un área X, si da la casualidad de que nuestro hijo no es un lumbrera? Pues eso… ¡qué fácil es hablar cuando los hijos son de otro!

  • # Verónica dice:
    25 de September de 2011 a las 2:28

    Y como siempre digo que los problemas en España se trasladan a la Argentina, te cuento que por estos lares quieren aumentar los días de clase en todo el país y en cuanto a la ciudad autónoma de Bs As que se maneja bajo otro sistema quieren sacar materias y carga hororia en los primeros años. Pero como alguien antes comentó, sólo se fijan en cuestiones políticas y no en lo que realmente favorecería a la educación.

  • # profe dice:
    29 de November de 2011 a las 18:30

    Para Anna y compañía:
    Eso de que tenemos el trabajo asegurado lo dirás tú… Yo soy interina. Este es el cuarto año que estoy trabajando en un instituto. Cada año me mandan a un pueblo distinto ya sea para cubrir una plaza vacante o para sustituir a otro profesor. He de decir que el primer curso que trabajé, estuve en tres centros diferentes haciendo sustituciones. En mi comunidad esto funciona así: los lunes y los jueves tienes que estar pendiente por si sale alguna sustitución. Si sale echas papeles y si te toca a ti la sustitución, al día siguiente, a las ocho de la mañana tienes que estar en el Servicio Provincial de la provincia donde está el pueblo en el que vas a trabajar para firmar el contrato. De ahí vete corriendo con el coche al pueblo X y asegúrate de llegar cuanto antes. Llegas y entras directamente al aula, te presentas a los alumnos y comienzas tus clases en el punto donde se quedaron ,sin haber preparado nada porque ni siquiera sabías qué niveles ibas a impartir. Y lo haces contento. Cuando terminan las clases tu única preocupación es recuperar la maleta, que la tienen en conserjería, y ponerte a buscar un lugar donde dormir (porque es todo muy precipitado como para buscar un lugar previamente). Y lo haces contento, aunque da miedo, porque estás pagando un piso de alquiler mientras tanto en tu ciudad de toda la vida, y te vas a juntar con dos alquileres a fin de mes. Da penica dejar a tu pareja o a los niños en casa (como mucha gente)mientras tú estás toda la semana fuera. En algunos centros eres “solo un interino” y apenas te saludan. Te dejan los peores grupos y horarios… Y tú también pasaste el examen. Aprobaste pero sin plaza. Ahora si aumentan las horas lectivas semanales de los profesores dejaremos de hacer cosas importantes. Las tutorías son importantes… ¿¿Por qué las quieren quitar?? ¿¿A quién acudirán los padres?? Yo soy tutora este año y en mi hora de atención a padres siempre tengo varias madres. También tenemos atención a alumnos y nos reunimos con el orientador. ¿Todo esto se perderá? 🙁 Pero lo que nos tememos es que con esta medida personas como yo lo vamos a tener difícil para trabajar el curso que viene… En fin, no hay cosa peor que hablar sin conocer y con ese odio (que no entiendo). Bueno, pensándolo bien, todo el mundo odiamos en el pasado a ese profesor que nos hacía la vida imposible (será por eso??) Yo prefiero quedarme con la imagen de los que fueron buenos y me inculcaron valores o me ayudaron a crecer.
    Lo que tengo claro es que si no me llega para trabajar el curso que viene buscaré trabajo en cualquier otro sitio, como ya hice previamente.Me gustaría ver a mucha gente lidiando con un chaval de quince años paralizado en segundo de ESO, haciendo la vida imposible a sus compañeros porque no ha podido entrar en un PCPI. Despertad!!

  • # daniel dice:
    29 de April de 2012 a las 14:29

    Hola: me ha gustado tu artículo. La hipocresía de pedir mayores resultados y a su vez que recorten salarios y condiciones de vida de los trabajadores es archiconocida por los profes acá en Uruguay. También que se nos compare con Finlandia. No quiero contarte las condiciones de trabajo acá porque son mucho peores que las suyas. Pero sí decirte que a fuerza de recortes, desde hace 50 años han hecho pedazos la educación pública en nuestro país, y el que quiere formarse de forma más o menos decente ahora tiene que pagar. Los centros públicos se han convertido en una especie de alternativa previa a la cárcel, y es más importante retener a los alumnos allí (más días, más horas) que darles el derecho a una educación de calidad. Ah! y acá también somos los malos de la peli porque gozamos de licencias más largas y tenemos “el trabajo seguro”. Pero cada vez se anota menos gente para profesorado. Salú y suerte.

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