Ars longa, vita brevis

Sobre el mal llamado voto útil

8 de May de 2011

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Se acercan las elecciones municipales y autonómicas, y con ellas, el hatajo de caraduras que no pararán de pediros el llamado «voto útil» (esta tendencia se verá aumentada con las próximas elecciones generales, el año que viene).

Casi siempre, o siempre, los que hablan de voto útil suele ser gente que se autodenomina y considera «de izquierdas». Yo soy de izquierdas, y por eso no tengo que considerarme de izquierdas; creo que una cosa, o se es, o no se es. Hay gente que es tolerante, demócrata, no racista, y luego gente que se considera tolerante, demócrata o no racista. No es lo mismo. ¿Crees que los gitanos son peores que tú porque lo son y porque tú no lo eres? Entonces eres racista, te consideres como te consideres. ¿Me pides el voto para un partido que recorta derechos, subsidios y salarios, para que la redistribución de la riqueza beneficie a los que más tienen y perjudique a los débiles? Entonces, amigo, puedes considerarte Karl Marx redivivo, si lo deseas, pero no eres de izquierdas.

Pero vamos con el voto útil. Quienes te piden que votes de forma «inteligente», que hagas uso del «voto útil», en realidad, quieren decir otra cosa. Exactamente esto: «no votes a quien tú quieres que gane; vota a quien yo quiero que gane». Después te intentarán buscar mil argumentos para demostrarte que esa opción es la mejor, pero librando su palabrería de todo ornamento, lo que dicen es eso: vota a mi partido, no al tuyo.

Este hecho, por sí mismo, debería hacer que todo el mundo se diera cuenta de la enorme villanía que comete quien te pide que votes útilmente. Porque, curiosamente, nadie pedirá el voto útil para otro partido que no sea el suyo. ¿Cómo puede darse esta casualidad, siempre? ¿Nunca es recomendable, útil, votar a otro partido con el que no compartas el ideario? Es, cuanto menos, curioso.

La argumentación suele ir por aquí: en España, el voto conservador está concentrado en un solo partido, el Partido Popular. Además, entre los votantes de este partido no suele estilarse el llamado voto de castigo: por muchas corruptelas que se sospechen, descubran, juzguen o condenen, casi todos sus votantes siguen eligiendo esa opción (una de las curiosas características de nuestra llamada democracia es que el 80% de la población sabe lo que va a votar este año, el siguiente, y dentro de cinco o diez). A estos votos se les suman los votos de castigo de gente que en circunstancias normales vota al Partido Socialista, pero que en tal o cual cita electoral quiere echarlos del poder. Los votantes de izquierdas, sin embargo, son más críticos con su voto, y no votan siempre a los mismos, castigan por lo general al partido que se considera de izquierdas cuando lo ha hecho mal, y a menudo se quedan en casa y no votan, aun sabiendo que su actitud dará la victoria a la única opción conservadora.

Todo lo del párrafo anterior es cierto, probablemente. Esto resulta en que, debido al delirante cálculo que se hace en nuestro país para el reparto de escaños, esta actitud sea especialmente favorecedora para el Partido Popular y para otras opciones, en detrimento, casi siempre, de opciones de izquierda real, como Izquierda Unida.

En otras palabras: es cierto. Si la gente de izquierdas no vota, o si vota a opciones distintas del Partido Socialista, esto propiciará una posible victoria del Partido Popular.

Pero pido que hagáis caso de estas consideraciones. Primera. En esta segunda legislatura, ha quedado claro que las políticas del PSOE distan muy poco de las del PP en materia económica. Bajada de sueldos, mayor precariedad del empleo, privatización de beneficios y socialización de pérdidas. Segunda. Dicen que en estas elecciones es necesario votar con la nariz tapada, echar el voto útil al PSOE aunque se esté más de acuerdo con otras opciones, las de la izquierda real. Lo mismo dijeron en los anteriores comicios. Y en los anteriores a estos. Preguntas: ¿cuándo podré votar lo que quiera? ¿En las siguientes? ¿Alguna vez? ¿Me estáis diciendo que solamente es posible votar A o B? Eso no es una democracia. Tercera. Si el Sistema D’Hont perjudica la posibilidad de un Parlamento con mayoría de representaciones de izquierda, estableciendo un reparto de escaños que no se corresponde con el voto real de los ciudadanos (que casi siempre va mayoritariamente a partidos progresistas), habéis tenido ocho años para cambiarlo. Y antes tuvisteis trece. No lo habéis hecho. No habéis querido.

No les votes. Sin tu voto no son nada.

3 comentarios en “Sobre el mal llamado voto útil”

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