Ars longa, vita brevis

Leer entre líneas

15 de February de 2011

¿Por qué, a veces, decimos una cosa cuando claramente queremos decir otra, y no solo eso, sino que además sabemos con seguridad que la otra persona sabe lo que queremos decir?

La Lingüística se ha referido tradicionalmente a esta cuestión con los conceptos «significado» y «sentido». El significado es el plano conceptual inseparable de su significante. Esto es: para el significante «hacha» (es decir, el sonido de la palabra, o su escritura) existe un concepto mental: un instrumento usado para trabajar o, en tiempos antiguos, para la guerra, consistente en un mango de madera y una hoja plana y afilada. Así, el significado del significante «Eres un hacha» (i. e., del sonido de esa oración) es: «Eres un instrumento usado para trabajar o para la guerra». Sin embargo, cuando se lo decimos a alguien, el contexto —las palabras que hay antes o después de la oración— y la situación —el marco de la comunicación, la relación entre emisor y receptor y otras circunstancias— hacen que se entienda su sentido, que en este caso no se corresponde con el significado: «Eres muy bueno en eso que estás haciendo, de lo cual estamos hablando ahora».

La captación del sentido de una comunicación, cuando difiere del significado (o, dicho vulgarmente, del «significado literal»), requiere que tanto el emisor como el receptor compartan ciertos conocimientos comunes, y a veces cierta complicidad. Si en las noticias hablan del «país del sol naciente», literalmente están hablando de cualquier país, puesto que en todos ellos amanece en algún momento; pero sabemos que se trata de Japón si conocemos que precisamente ese astro es un emblema del país asiático. Para esto no es necesaria una doble intención entre los interlocutores. Sin embargo, cuando se dice «hay ropa tendida» para incitar a la persona con la que hablamos a que sea prudente en lo que dice, puesto que hay presentes personas que no queremos que sepan lo que se trata, es necesario no solamente que el receptor sepa que esa oración se emplea en esas circunstancias, sino también que su intención sea la misma que la nuestra, puesto que, si no es así, nuestro objetivo de guardar un secreto podría verse malogrado.

Las diferencias entre significado y sentido no se emplean solo para evitar repetir expresiones, como en el caso del sol naciente, o para ocultar información, como en el de la ropa tendida; también puede usarse con fines estéticos —las metáforas, metonimias, los tropos en general—, críticos —la ironía— o de otra índole.

Llego a través de Pedro Jorge Romero a una charla del psicólogo Steven Pinker, del que hemos hablado aquí en otras ocasiones, en que trata esta cuestión, relacionándola con los diferentes tipos de relaciones que pueden establecerse entre seres humanos. Es interesante el punto en el que afirma que a veces jugamos con el sentido y el significado para tramar una curiosa estrategia relacional: dar un paso en una dirección, intentando no arriesgar lo conseguido. Pinker habla de cuando, en una cita amistosa, una de las personas —generalmente, el hombre— trata de dar un paso más allá y conseguir un objetivo sexual. Entonces le dice a su pareja: «¿Subes a mi casa? Me gustaría enseñarte unos dibujos de mi salón». Es una situación relativamente tensa, puesto que tanto él como ella saben que lo que se propone es un encuentro sexual. Si la chica acepta a subir, es casi seguro que está accediendo a una relación sexual. Si se niega literalmente, es decir, si dice que está cansada y no tiene ganas de ver dibujos, los dos pueden mantener la ilusión de que estaban hablando, por así decirlo, en «significado» y no en «sentido», la chica ir a su casa a dormir la mona, el chico a la suya a hacer solitarios, y pueden seguir manteniendo la amistad. Es, como se diría en inglés, una win-win situation.

Si el ofrecimiento del joven hubiese sido literal, y hubiese propuesto: «¿Quieres acostarte conmigo?», la situación no es win-win, sino win-lose: o disfruta del cuerpo de la chica, o sufre un bofetón y además la amistad queda dañada. El uso del juego significado-sentido permite minimizar las pérdidas.

El vídeo de la charla lo tenéis aquí, con una representación en dibujos que la hace bastante expresiva:


Enlace al vídeo en YouTube

No hay subtítulos disponibles, pero si hacéis clic en el marco del vídeo, donde dice «CC», podréis leer una transcripción automática del audio en inglés relativamente fiable.

Hay en él, también, otra interesante reflexión acerca del funcionamiento de esta interpretación del sentido de lo que se dice. Se afirma que es muy importante que un interlocutor sepa que el otro sabe lo que él sabe, que el otro sepa que sabemos que lo sabe, y así. Afirma que quizás esto sea lo que haya permitido revoluciones como la de Egipto (aunque no recuerdo si llega a citar específicamente ese país). Así: en un país hay un montón de gente en sus casas que está descontenta con un régimen, y que desea un cambio, pero no sabe si el vecino de enfrente también desea ese cambio, o si por el contrario lo denunciaría si supiera que es un opositor. Entonces, un montón de gente se reúne en una plaza, y en ese momento se dan cuenta todos de que todos piensan lo mismo, y eso ayuda a verbalizar el mensaje, y el verbo se convierte en motor de la acción. Me parece impresionante como este mecanismo psicológico lingüístico, por sí solo, sea capaz de dar la vuelta a un país con una dictadura sólidamente establecida. En el vídeo hay referencias a otros elementos de la cultura popular, como las películas Fargo y Cuando Harry encontró a Sally.

Parece ser que el vídeo es una continuación de otro, en que Pinker habla, además de las implicaciones de lo que decimos en las relaciones sociales, de otros asuntos tratados en el libro sobre el que he enlazado más arriba (El instinto del lenguaje): el funcionamiento psicológico del lenguaje, de su forma y su estructura sintáctica. Este lo podéis encontrar en TED, y este sí está subtitulado. Espero que os parezcan, ambos, tan interesantes como a mí.

En La Lengua:

5 comentarios en “Leer entre líneas”

  • # C dice:
    16 de February de 2011 a las 1:40

    Very interesting. Tengo ese libro pendiente desde hace años. Por cierto, el dibujante del video es genial.

  • # MrBlonde dice:
    16 de February de 2011 a las 1:55

    Muy, muy, muy interesante todo esto de sobre cómo se establecen las relaciones interpersonales mediante el lenguaje, sobre todo porque estudiar el lenguaje es a la vez estudiar cómo pensamos y cómo nos entendemos, y si llegamos a comprender cómo nos entendemos podremos hacer máquinas (programas, de hecho) que se entiendan y se comuniquen con humanos más allá del nivel “ráscame la espalda” actual. Esto lo digo porque es lo mío, que estudio Ingeniería Informática y he hecho una asignatura de Procesamiento del Lenguaje Natural, cada uno lo cogerá por donde quiera.

  • # Pedro dice:
    20 de February de 2011 a las 22:32

    Vuelvo a comentar en tu blog, porque buscando información sobre el libro ‘el instinto del lenguaje, llegué por primera vez a él. A parte de saludar, quería comentar algo:
    ‘¡Supongo que las chicas también harán solitarios, no va a ser solo cosas de hombres!’.
    Hay dos combinaciones posibles más, lose-win y lose-lose.
    Puede parecer que estoy de cachondeo, pero por muy objetivo que pueda parecer un análisis, todavía hay posibilidades que no se exponen y no es que se omitan intencionadamente, sino que el analista no las ve.

  • # Liss dice:
    4 de March de 2014 a las 7:36

    Yo creo que existen personas que leen entre lineas naturalmente y según entiendo que es cuando están conectados el significado y el sentido… Y mi pregunta es la siguiente: Puede ser esto posible cuando al mantener una platica con alguien, de pronto sentir y ubicar lo que intentan esconder??? o bien, saber si están mintiendo o son sinceros??? le agradecería mucho su respuesta…

  • # angel gabriel sanchez hernandez dice:
    23 de November de 2016 a las 1:19

    estuvo bien bonita la lectura y que la linguistica siempre se a usado

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