Ars longa, vita brevis

Más razones

27 de February de 2011

Hoy es 27 de febrero.

Cada día hay más razones para no votarles. Hoy os traigo dos vídeos. En el primero de ellos, el secretario general de las Juventudes Socialistas de Badajoz critica el movimiento nolesvotes.com, usando como argumentos falsedades que no sé muy bien si son mentiras intencionadas o simple desconocimiento: que este movimiento es un partido político (¿dónde pueden consultarse sus estatutos, sus listas, si es una formación política?), que está dirigido en la sombra por Mariano Rajoy (¡pero si se pide específicamente que no se vote al Partido Popular!), que es un movimiento abstencionista (cuando uno de sus principios es que la ciudadanía debe votar). En cualquier caso, sea por mentiroso, sea por desconocedor de un asunto relevante y hablar de él sin informarse mínimamente, demuestra por qué no debemos votar a su partido. Además, en Twitter se ha referido a la gente que se critica como “trolls”, se mantiene en sus trece y se niega a debatir. Por mentiroso, por ignorante, o por arrogante, que en cualquier caso son tres características intemporales de los partidos que nos han estado ninguneando las últimas décadas: no los votes. Aquí el vídeo. El fragmento donde se explaya se encuentra entre los minutos 8 y 12 (vía Nación Red).


Enlace al vídeo en YouTube

Otra razón: la diputada del partido Unión, Progreso y Democracia, Rosa Díez, recuerda, desde su escaño (en una intervención de una calidad y un respeto que me gustaría ver siempre en sus señorías), al presidente Rodríguez Zapatero cuánto ha empeorado la vida de los españoles desde que gobierna, por culpa de su idealismo infantil y su inconsciencia. No se trata de las palabras vacías de Rajoy o de Sáez de Santamaría; aporta argumentos y datos de distintos organismos. Mientras la escucha hablar del empobrecimiento de las clases medias, de las dificultades que atraviesa el país, de los pésimos resultados educativos, Zapatero, en su escaño, se desternilla. Aquí tenéis el vídeo (vía Menéame).


Enlace al vídeo en YouTube

Quedan 83 días. No les votes.

En La Lengua:

Las razones de hoy

24 de February de 2011

Hoy es 24 de febrero.

He decidido, de aquí hasta las elecciones, ir publicando de vez en cuando algún post que nos recuerde cómo están las cosas, y por qué debemos cambiarlas. Todos nos quejamos de la educación, de la pérdida de poder adquisitivo y de derechos laborales, de la tele: podemos hacer huelgas, concienciarnos como profesores —los que lo somos—, no ver telebasura, pero lo cierto es que quien tiene un poder mayor, más directo y más rápido para cambiar las cosas es el Gobierno. Pensemos en qué Gobierno queremos. Pensemos en quién queremos que nos represente, en qué ideas queremos que defienda y aplique en los ordenamientos legales. Las razones de hoy:

Celia Villalobos, diputada del Congreso (Partido Popular), se refiere a los discapacitados como «tontitos». Cuando se le afea su expresión, lejos de rectificar, huye hacia adelante.

Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores (Partido Socialista Obrero Español), habla de las manifestaciones de protesta en Marruecos, y destaca su «total normalidad democrática» (sic).

No soy amigo de los eufemismos estúpidos, y me pareció una imbecilidad cuando el presidente del Gobierno dijo aquello de que «minusválidos» es una mala expresión y había que sustituirla por «discapacitados» (cuando, si lo piensas, ambas están diciendo lo mismo). Pero de ahí a insultar a miles de personas que se ven afectadas por una condición física o psíquica que no han pedido, media un abismo. Cuando lo hace una persona que, además, cobra de ellos (entre otros), el tema es indignante. No la votes.

Por otro lado, está el asunto de Jiménez. Marruecos es una dictadura de base religiosa y política que no duda en encarcelar, torturar y asesinar a sus súbditos. Algunos de estos, cuando tienen suerte, logran huir hacia otros países —exilio— en busca de sustento o seguridad. Debo entender, por tanto, que para Trinidad Jiménez, el período franquista también constituyó en España una democracia normal, ¿verdad? Hay gente que pide que se ilegalice el Partido Popular, mediante la Ley de partidos, por no efectuar una condena clara y rotunda de la dictadura de Franco, lo que podía constituir de facto una apología del terrorismo de estado. Por las mismas razones, digo yo, se podría pedir la ilegalización del PSOE. No la votes.

Quedan 86 días. No les votes.

Pero ¿dónde estamos ahora?

23 de February de 2011

El 23 de febrero de 1981 yo contaba seis años recién cumplidos, así que no voy a inventarme recuerdos de preocupación o lucha antifascista, como parece que hacen otros, que siendo casi niños de teta por lo visto ya militaban en la clandestinidad. Tengo, sin embargo, en la memoria imágenes nítidas del día, que solo años después he logrado contextualizar. El vecino de arriba, guardia civil retirado, se enfundó un uniforme que conservaba en algún armario y bajó a la calle; siempre he querido creer, y lo creo, que su actitud respondía a la intención de proteger, llegado el caso, a los vecinos del portal. Mi hermano y yo —mi hermana no llegaba al año de edad— preguntamos por qué ese día no podíamos salir a la calle a jugar con nuestros amigos, y mis padres nos dijeron que había una especie de desfile y que habría demasiada gente. A esa edad tus padres no mienten, así que coló. Hoy me ha confesado mi madre que nunca, en su vida, han pasado tanto miedo como ese 23 de febrero. Ya vivíamos en Melilla, donde hasta hace un par de años había en un cuartel una placa que conmemoraba el levantamiento militar de 1936, que en esta ciudad se produjo un día antes que en el resto de España. Comprenderéis que, aquí, uno sabía que o apoyaba o no se libraba, y mis padres no apoyaban.

Todos los políticos del Parlamento, que por lo visto fueron incansables luchadores contra el régimen de Franco —el cual, curiosamente, ni se enteró; quizás la lucha podría haberse hecho al modo tunecino, egipcio o libio, y no al del disimulo¹—, por primera vez en su vida sintieron miedo, y se escondieron bajo sus escaños. No les voy a afear su cobardía. Yo tampoco soy un héroe, y probablemente habría hecho lo mismo. Claro, que por eso no me meto a político. Si me creo tan importante como para merecer todo lo que se me dé, quizás debería demostrar merecer mis sueldos, dietas y exenciones de impuestos, y estar, por mis electores y mi democracia, no solamente dispuesto a cobrar, sino también a morir. No vivimos, ya, en tiempos de Troya.

¿Todos los políticos? No. Tres demostraron ser hombres, en el sentido menos machista y más antropológico de la palabra: Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado. Suárez, tal vez, pensó que la vergüenza de haberse ocultado habría sido más insoportable que la propia muerte, y si es así, le doy la razón. Carrillo pensó, con buen criterio, que iba a ser de los primeros en ser pasados por las armas, así que decidió que, si de todas formas lo iban a matar, no lo iban a sacar de un agujero como a una rata. Decisión lógica e inteligente, pero no exenta de la intervención de unos testículos como los del caballo de Espartero.

El capitán Gutiérrez Mellado, un anciano arrugado de 68 años, no solamente no se sentó, sino que se dirigió sin titubear a los atacantes para que depusieran su actitud, y no cejó hasta que lo sentaron a culatazos. Eso, perdonadme, sí son huevos.

¿Dónde estabas tú el 23-F? Es la pregunta del día, como cuando preguntaban a nuestros padres dónde estaban cuando Armstrong pisó suelo lunar, o cuando The Beatles actuaron en el programa de Ed Sullivan.

Mi pregunta es otra: ¿dónde estamos ahora? Después de la intentona golpista, sucedió la manifestación más multitudinaria de la historia de nuestro país (exceptuando esas por «la familia tradicional», que congregaron a miles de billones de ciudadanos en Madrid contra el matrimonio homosexual). ¿Para qué se hizo? Para que no mandaran los militares, claro, sino nosotros.

Pero ¿quién manda hoy? Se nos bajan los sueldos, se despide a gente a precio de rebajas, se congelan pensiones, se eliminan prestaciones, órganos políticos y no judiciales podrán cerrar nuestras páginas web, las empresas registran beneficios históricos mientras el poder adquisitivo de las familias desciende, trabajaremos más años para cobrar menos pensión… ¿sigo? ¿Quién manda hoy, treinta años después del golpe frustrado? ¿Mandan los ciudadanos? ¿Esas reformas son las que hemos pedido y demandado, las que necesitamos? ¿O manda el Banco de Santander, el lobby de entidades de gestión, la diplomacia estadounidense, el Fondo Monetario Internacional? ¿Quién ha tomado esas decisiones? Si no recordamos dónde estábamos el 23 de febrero de 1981, tal vez seamos unos desmemoriados, pero si no recordamos en qué encrucijada nos encontramos hoy, somos unos peligrosos inconscientes.

Quedan 87 días. No les votes.

(1) No niego, porque es innegable, que hubo miles de represaliados durante la dictadura del general Franco, gente que padeció exilio, cárcel, torturas y muerte por su oposición al régimen. Sí niego que la mayoría de los políticos en activo que hoy se dan golpes de pecho, y obtienen buenos beneficios de nuestra democracia, hicieran demasiado. En el mejor de los casos, nada; en el peor, eran beneficiarios de los privilegios que otorgaba el ser adictos, ellos o sus familias. Sí, tanto los de un lado, como los del otro.

¿En qué país vivimos?

21 de February de 2011

En este:

Para ser estrictos, lo más probable es que tanto uno como otro grupo estén integrados por personas de otros países de habla hispana, aparte del nuestro. Pero eso no lo hace menos preocupante.

España. Donde la ignorancia es algo de lo que se hace gala.

(Los grupos son reales: uno, dos)

Quedan noventa días. No les votes. ¿Por qué ahora?

20 de February de 2011

La primera iniciativa ciudadana que veo con posibilidades de convertir España en una democracia real: No les votes. La idea es ir a votar, pero votar a cualquier partido menos al PSOE, al PP o a CiU. La razón que ha disparado el asunto: la llamada ley Sinde. Lo que se pretende conseguir: que los tres partidos que han propiciado ese despropósito de ley, derecho y justicia vean mermados significativamente sus votos para que comprendan —si es que es verdad— que la gente no perdona ni olvida. Que a quien le toque gobernar a partir de 2012, si es que el mundo sigue en pie, se lo piense un par de veces antes de promulgar una norma que no se necesita, no se demanda socialmente, a buen seguro no solucionará ningún problema y recorta los derechos de la mayoría para satisfacer los intereses económicos de una minoría. El derecho que, según está redactada la Ley, puede verse comprometido: uno muy serio. El derecho a la libertad de expresión, a que lo que cada uno exprese siga sujeto a unas leyes aplicadas por unos jueces, y no por un órgano político.

En las últimas citas electorales, sin pretender decir a nadie qué tenía que hacer —aunque sí, por supuesto, pretendiendo influir en alguien, que para eso escribe uno—, escribí aquí sobre mi decisión de no ir a votar. No votaba porque la democracia montada en este país es un juego absurdo al que me negaba a jugar.

¿Qué ha cambiado?

Muchas cosas. Tu mamá tiene un Facebook. Casi todo el mundo está conectado. No necesitas dar la brasa a tus familiares: haz clic para decir que te gusta este grupo de Facebook y tus contactos leerán noticias sobre la iniciativa. Más: en el mundo islámico las cosas se están moviendo. Yo, como casi todo el mundo, pensaba, hasta hace unas semanas, que esos países se mantendrían en la Edad Media indefinidamente. Hace poco comprendí algo terriblemente esperanzador: no puede ser así. En algún momento tienen que cambiar, alcanzar la democracia y el laicismo. No se puede ir a peor eternamente. Nosotros también debemos avanzar, y está claro que se puede. La crisis. Mucha gente ha aprendido, por las malas, cómo las gastan los bancos y sus amigos políticos. Mucha gente está cabreada. Hay que estar cabreado para hacer algo, y en este país hay suficiente gente enfadada y con una situación tan mala que está dispuesta a hacer cosas para cambiarla.

¿Por qué ahora? Nos han rebajado y congelado salarios, nos han acribillado a EREs, han congelado pensiones, han prestado nuestro dinero a los bancos, no se han planteado mejorar las leyes sobre hipotecas, han aumentado mucho los impuestos a las clases medias y bajas, y poco a las clases altas… ¿por qué ahora? ¿Es que lo único que nos mueve es no poder bajar de Películas Yonkis?

Yo creo que es por otro motivo. Lo de las descargas no es tan importante. Antes de que existiera Internet, la gente se prestaba películas, discos y libros, y puede seguir haciéndolo, y lo hará: será otra comodidad que nos quiten, nada más (te obligan a desnudarte en el aeropuerto y no protestas, ¿no es eso más incómodo?). Es más: la mayor parte de la gente puede vivir sin productos culturales. En este país se lee muy poco, casi todo el mundo tiene en su ordenador música como para estar escuchando toda su vida sin repetir una canción, y lo más visto en la tele no es cine, sino fútbol y telebasura.

Creo que la razón es el descaro. Todas las medidas que se han tomado hasta ahora, las hemos visto como inevitables, porque así nos las han intentado vender. Y era posible hacerlo. Tienen que rebajarnos el sueldo, porque los bancos necesitan un préstamo, si no, la economía se resentirá, las empresas quebrarán, el cielo caerá sobre nuestras cabezas, ¿quién sabe? Es difícil, con tan poco tiempo libre, que uno se ponga en su casa a tratar de descifrar los misterios de la macroeconomía. Tal vez es necesario de verdad que los muchos de abajo ganemos un poco menos para que los pocos de arriba ganen mucho más. Con tantas horas que pasa uno en su trabajo, no hay tiempo para calentarse la cabeza.

Pero es mucho más fácil darse cuenta de que la famosa disposición de la Ley de Economía Sostenible no tiene ningún sentido, porque es mucho más sencillo el asunto. Además, ha sido como la gota que colma el vaso. Bajar los sueldos… vale. Pensiones… okay. Préstamos a los bancos, bueno. Puede que sirva para algo. Pero con la ley Sinde es como si se hubieran pasado de frenada. Si se hubiesen quedado en todo lo anterior, podría haber colado, pero ahora ya no. Estoy seguro de que todos los que leéis La Lengua sabéis de sobra de qué trata todo el asunto, pero si no, haced alguna búsqueda y encontraréis abundante información. Yo os remito, sobre todo, a los blogs de Enrique Dans y David Bravo.

En algún momento, en Túnez, Egipto, Marruecos, Siria y todos esos países, la gente se ha dado cuenta de que no pueden seguir así. Este es nuestro momento. Que no te engañen los partidos, sus medios de comunicación adictos ni los bloggers estúpidos: tu voto es tuyo, y es hora de hacer que sirva para algo. No vale el voto en blanco, ni el voto nulo, ni la abstención. Esta es una oportunidad de oro para demostrarles a esos que no somos tan tontos como parecemos. ¿O lo somos? Para la primera cita quedan noventa días.

Leer entre líneas

15 de February de 2011

¿Por qué, a veces, decimos una cosa cuando claramente queremos decir otra, y no solo eso, sino que además sabemos con seguridad que la otra persona sabe lo que queremos decir?

La Lingüística se ha referido tradicionalmente a esta cuestión con los conceptos «significado» y «sentido». El significado es el plano conceptual inseparable de su significante. Esto es: para el significante «hacha» (es decir, el sonido de la palabra, o su escritura) existe un concepto mental: un instrumento usado para trabajar o, en tiempos antiguos, para la guerra, consistente en un mango de madera y una hoja plana y afilada. Así, el significado del significante «Eres un hacha» (i. e., del sonido de esa oración) es: «Eres un instrumento usado para trabajar o para la guerra». Sin embargo, cuando se lo decimos a alguien, el contexto —las palabras que hay antes o después de la oración— y la situación —el marco de la comunicación, la relación entre emisor y receptor y otras circunstancias— hacen que se entienda su sentido, que en este caso no se corresponde con el significado: «Eres muy bueno en eso que estás haciendo, de lo cual estamos hablando ahora».

La captación del sentido de una comunicación, cuando difiere del significado (o, dicho vulgarmente, del «significado literal»), requiere que tanto el emisor como el receptor compartan ciertos conocimientos comunes, y a veces cierta complicidad. Si en las noticias hablan del «país del sol naciente», literalmente están hablando de cualquier país, puesto que en todos ellos amanece en algún momento; pero sabemos que se trata de Japón si conocemos que precisamente ese astro es un emblema del país asiático. Para esto no es necesaria una doble intención entre los interlocutores. Sin embargo, cuando se dice «hay ropa tendida» para incitar a la persona con la que hablamos a que sea prudente en lo que dice, puesto que hay presentes personas que no queremos que sepan lo que se trata, es necesario no solamente que el receptor sepa que esa oración se emplea en esas circunstancias, sino también que su intención sea la misma que la nuestra, puesto que, si no es así, nuestro objetivo de guardar un secreto podría verse malogrado.

Las diferencias entre significado y sentido no se emplean solo para evitar repetir expresiones, como en el caso del sol naciente, o para ocultar información, como en el de la ropa tendida; también puede usarse con fines estéticos —las metáforas, metonimias, los tropos en general—, críticos —la ironía— o de otra índole.

Llego a través de Pedro Jorge Romero a una charla del psicólogo Steven Pinker, del que hemos hablado aquí en otras ocasiones, en que trata esta cuestión, relacionándola con los diferentes tipos de relaciones que pueden establecerse entre seres humanos. Es interesante el punto en el que afirma que a veces jugamos con el sentido y el significado para tramar una curiosa estrategia relacional: dar un paso en una dirección, intentando no arriesgar lo conseguido. Pinker habla de cuando, en una cita amistosa, una de las personas —generalmente, el hombre— trata de dar un paso más allá y conseguir un objetivo sexual. Entonces le dice a su pareja: «¿Subes a mi casa? Me gustaría enseñarte unos dibujos de mi salón». Es una situación relativamente tensa, puesto que tanto él como ella saben que lo que se propone es un encuentro sexual. Si la chica acepta a subir, es casi seguro que está accediendo a una relación sexual. Si se niega literalmente, es decir, si dice que está cansada y no tiene ganas de ver dibujos, los dos pueden mantener la ilusión de que estaban hablando, por así decirlo, en «significado» y no en «sentido», la chica ir a su casa a dormir la mona, el chico a la suya a hacer solitarios, y pueden seguir manteniendo la amistad. Es, como se diría en inglés, una win-win situation.

Si el ofrecimiento del joven hubiese sido literal, y hubiese propuesto: «¿Quieres acostarte conmigo?», la situación no es win-win, sino win-lose: o disfruta del cuerpo de la chica, o sufre un bofetón y además la amistad queda dañada. El uso del juego significado-sentido permite minimizar las pérdidas.

El vídeo de la charla lo tenéis aquí, con una representación en dibujos que la hace bastante expresiva:


Enlace al vídeo en YouTube

No hay subtítulos disponibles, pero si hacéis clic en el marco del vídeo, donde dice «CC», podréis leer una transcripción automática del audio en inglés relativamente fiable.

Hay en él, también, otra interesante reflexión acerca del funcionamiento de esta interpretación del sentido de lo que se dice. Se afirma que es muy importante que un interlocutor sepa que el otro sabe lo que él sabe, que el otro sepa que sabemos que lo sabe, y así. Afirma que quizás esto sea lo que haya permitido revoluciones como la de Egipto (aunque no recuerdo si llega a citar específicamente ese país). Así: en un país hay un montón de gente en sus casas que está descontenta con un régimen, y que desea un cambio, pero no sabe si el vecino de enfrente también desea ese cambio, o si por el contrario lo denunciaría si supiera que es un opositor. Entonces, un montón de gente se reúne en una plaza, y en ese momento se dan cuenta todos de que todos piensan lo mismo, y eso ayuda a verbalizar el mensaje, y el verbo se convierte en motor de la acción. Me parece impresionante como este mecanismo psicológico lingüístico, por sí solo, sea capaz de dar la vuelta a un país con una dictadura sólidamente establecida. En el vídeo hay referencias a otros elementos de la cultura popular, como las películas Fargo y Cuando Harry encontró a Sally.

Parece ser que el vídeo es una continuación de otro, en que Pinker habla, además de las implicaciones de lo que decimos en las relaciones sociales, de otros asuntos tratados en el libro sobre el que he enlazado más arriba (El instinto del lenguaje): el funcionamiento psicológico del lenguaje, de su forma y su estructura sintáctica. Este lo podéis encontrar en TED, y este sí está subtitulado. Espero que os parezcan, ambos, tan interesantes como a mí.

En La Lengua:

Fe-licitación

14 de February de 2011

Bueno, me sentiría así si la única felicitación que hubiese recibido hoy hubiera sido la de un foro de Internet… Por suerte, no ha sido el caso, y da gusto cumplir años si es de esta manera. Algunos de los que leéis La Lengua me seguís en Facebook o en Twitter; a los que no, en este post os hago partícipes de mi alegría. Gracias por estar ahí.

Lo mejor de Twitter

7 de February de 2011

Os avisé hace unos días de que me he hecho una cuenta de Twitter (eliasmgf). Como os informaba en ese post, ya me abrí una hace dos o tres años, pero no le vi ningún sentido y la borré. En esta ocasión me he esforzado por encontrarle algo, aunque solo sea porque si tiene millones de usuarios, debe de tener algo interesante (ya, conozco lo de las moscas y las heces, pero ¿quiénes somos para juzgar a las moscas? Han estado en la Tierra mucho más tiempo que nosotros, y la seguirán habitando cuando ya no estemos aquí. Qué gracioso Noé, cuando tuvo la feliz idea de invitarlas al arca).

(Quien esté familiarizado con Twitter puede saltarse el siguiente párrafo)

Lo bueno que he descubierto son los hashtags. Son algo así como unas etiquetas que uno puede añadir a sus tweets —sus actualizaciones de estado— añadiendo la almohadilla al principio de la palabra. Cuando un hashtag es utilizado por mucha gente, se convierte en trending topic, o «tema del momento», es decir, las etiquetas más populares.

Hace unos días fue tema del momento en España el asunto de Bisbal y las pirámides, con el que eché alguna de las risas más intensas de los últimos meses (falta me hacía, vive Dios). Tenéis más información aquí y aquí, aunque supongo que habrá poca gente conectada que no se haya enterado del asunto; incluso apareció en las noticias de televisión.

El tema ahora es el vergonzoso espectáculo que protagonizó el diario El País cuando despidió a Nacho Vigalondo por una broma que el director cántabro gastó en su cuenta de Twitter. La broma hacía referencia al Holocausto nazi sobre los judíos. La broma podía tener mayor o menor gracia, mejor o peor gusto (yo no le veo ni la gracia ni el gusto), pero la solución de El País consistió en rescindir los contratos que tenía con Vigalondo y dejar de emitir el anuncio que había rodado este para la edición en iPad del diario de Prisa. Vigalondo se explica y pide disculpas en este post.

Ya he aclarado que la broma, a mí particularmente, no me hace gracia ni le veo el gusto, pero total, tanto el humor como el buen gusto son asuntos subjetivos: gente habrá que tenga una visión distinta. Lo que sí tengo clarísimo es que tomar medidas laborales y contractuales contra una persona por gastar una broma —en un medio, además, que nada tiene que ver con la empresa que lo contrata— desvela una enorme falta de sentido del humor, de perspectiva, y de respeto a la libertad de expresión. Hay quien achaca la situación a no sé qué enorme capital judío que alimenta a Prisa. Yo, que estoy abonado a casi todas las teorías de la conspiración, no soy muy aficionado a la judeomasónica, y veo más probable que la cosa esta se deba a la pérdida de sentido del humor que están sufriendo en general las sociedades occidentales, fruto del respeto cada vez mayor por los integrismos religiosos del signo que sean (El País fue uno de los diarios desde los que más se defendió que no había derecho a dibujar a Mahoma si a alguien le molestaba).

Lo más divertido de todo es que el caso ha desatado un gracioso trending topic en Twitter: #HumorElPais, donde los usuarios ejercen una desternillante crítica contra la cuasi censura del diario, contando chistes… políticamente correctos.

Lo mejor, sin embargo, aparte de leer las ocurrencias de los twitteros, es recordar cómo eran los chistes antes de sufrir la censura de las neo leyes de no discriminación, de respeto a las minorías o de igualdad de sexos. Hay incluso chistes que no conocía, y que por el final maquillado puedo adivinar en su versión original, lo que añade más diversión aún. Os dejo con los que más me han hecho soltar la carcajada. Que los disfrutéis.

#HumorElPais
– Ninguna mujer es fea por donde piensa.
– ¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? La que usará para brindar por la amada y valiosa igualdad de género.
– ¿En qué se parecen las mujeres a las hormigas? En nada, y mucho menos en lo referente al taponamiento de orificios.
– Mamá, en la radio he oído que han matado a una mujer en este edificio… ¿Mamá? ¿¡Mamá!? —Dime, que no te oía. —Jolín, qué susto.
– ¿Cuándo irán las mujeres a la luna? Cuando la NASA mejore su política de igualdad.
– Juguemos al teto: tú te agachas y yo te respeto.
– Mi cumpleaños es el día cinco. —¿Perdona? —El día cinco. —Perdona, no te había oído.
– ¿Qué hace un leproso tocando la guitarra? Expresarse mediante una maravillosa forma de arte.
– Entra un hombre con dos mujeres a una pizzería: —¿Me pone dos pizzas? —¿Familiares? —Sí, por favor, que estamos hambrientos.
– Por favor, ¿ha visto a mistetas? —Sí, está justo ahí. —¡Muchas gracias, caballero! Perrito malo…
– Un caballo entra a un bar, va a la barra y el camarero llama a la protectora de animales porque eso puede ser peligroso.
– Va un negro por la calle con un sapo en la cabeza. Se da cuenta y exclama «¡Eh!, ¿y este sapo? ¡Lo llevaré a alguna reserva ecológica!»
– Perdone, ¿la notaría? —Claro, señora, la primera a la derecha.
– Papá, ¿qué es peor, la ignorancia o la indiferencia? —Mira, hijo, ambas son muy graves.
– Mamá, en el colegio me llaman cabezón. —Hijo, vamos a presentar una denuncia.
– ¿En qué se parece un judío a una mierda? —En nada, qué mal gusto.
– Esto son dos amigos que deciden ir al puticlub, pero al final no porque eso degrada a la mujer.
– Doctor, ¿qué me había dicho? ¿Virgo? —Sí.
– Esto son dos y uno se cae pero su amigo le coge antes de que pueda hacerse algún daño.
– Papá, ¿me puedo tirar a la Bartola? —Sí, hijo. —Vale, cualquier cosa, estoy descansando en mi cuarto.
– ¿Te sabes el chiste del maricón que dijo que no? —No. —Qué pena, es un chiste muy gracioso.
– ¿Por qué los de Lepe ponen cinco teles, una encima de la otra? Para ahorrar espacio.
– Este es Jaimito que llega el lunes a la escuela, abraza lloroso a la profesora y pregunta: ¿Me perdona usted?
– Un físico, un químico y un informático van en un coche. El coche se estropea y el informático pregunta: ¿Y si lo llevamos a un taller?
– ¿Cómo meterías a cien judíos en un coche? No se puede, solo tiene cinco plazas.
– Hola, niño, ¿está tu madre? —No, ha ido a un entierro. —¿Cuándo vuelve? —No sé. —Vale, vendré mañana.
– Esto es un hombre que le dice a una viuda en el entierro de su marido: «Lo siento». Y va la mujer y dice: «Gracias».
– ¿Cuál es el colmo de un ciego? Ninguno, es una discapacidad terrible que merece todo nuestro apoyo y respeto.
– No es lo mismo dos bolas negras que dos bolas verdes.
– ¿Por qué se suicidó Hitler? Porque había hecho cosas terribles.
– Jaimito, dime algo redondo y con pelos. —Las bolas de billar. —Eso no tiene pelos. —Perdón, me habré equivocado.
– ¿Qué hacen cincuenta negros en una pared blanca? —Repasar lo pintado ya que están ejerciendo su derecho a un contrato digno.
– ¿Bailas? —No. —Deduzco, por ello, que no cabría posibilidad de entablar un diálogo sobre la posibilidad de practicar un coito recreativo. —Correcto.
– ¿Cómo congelan la imagen de TV los de Lepe? Pulsando el botón de pausa en el mando a distancia del DVD.

Y, a mi jucio, el mejor de todos:

– Cariño, ¿te traigo una naranja? —Sí, por favor. —¿Te la pelo? —No hace falta, gracias.

Y recordad: estamos perdiendo el sentido del humor y el gusto por la libertad. Dentro de poco, algunos de estos chistes podrían ser delito. ¿O lo son ya?

Se fue otro genio

6 de February de 2011


Enlace al vídeo en YouTube

Descanse en paz Gary Moore, el genial guitarrista irlandés, que ha pasado a mejor vida aquí cerquita a los 58 años.

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