Ars longa, vita brevis

Torres

30 de January de 2011

Se ha hablado mucho estos días sobre la última broma que nuestros dirigentes han tenido a bien gastarnos: el desembolso de tanto o cuanto dinero en traductores y pinganillos para que los senadores puedan, en lugar de discutir en la lengua que hablan y entienden todos, hacerlo en otra en las sesiones del Senado. En pasillos y cafeterías (donde, presumo, se resuelven realmente las cuestiones que tratan) seguirán hablando en castellano, claro está: pero se trata de dar un espectáculo cuando las cámaras graban. Ya que el pueblo paga, qué menos que tener unas buenas sesiones de circo.

En España parece que los políticos no se libran del complejo de emperadores. Leí hace años, en un manual de Historia, que una de las causas que explican el retraso económico de nuestro país a partir de finales del siglo XVI es el hecho de que aquí todo el mundo se considera un aristócrata, y que, como en España (al contrario de lo que hicieron otras naciones europeas) se mantuvo sobre la nobleza la prohibición de trabajar, parte de la población se arruinó irremisiblemetnte. Recordemos a todos los hidalgos, reales y de ficción. Encima, la principal aspiración de la naciente burguesía era conseguir un título nobiliario mediante matrimonio o compra, con lo que ya teníamos el lío organizado. Pero a lo que iba. El complejo de emperadores de los políticos nos convierte a nosotros en los comparsas del viejo cuento: pocos biempensantes parecen darse cuenta de que los emperadores van en pelota, y un montón de opinantes que se piensan de izquierdas se han apresurado a decir que los emperadores van vestidos con lujoso traje, esto es, que el asunto de las traducciones en el Senado no es la mayor gilipollez en la triste y larga historia de las gilipolleces que hemos tenido que aguantar a nuestra clase política, sino no sé qué derecho de minorías oprimidas, de país moderno y otras gaitas.

El límite de nuestra paciencia no sé si está lejos o cerca, pero está claro que aún no lo hemos encontrado.

No me voy a detener en bobadas que sería ocioso explicar a un niño de tres años (que es una idiotez pagar a un traductor para que medie entre dos personas que se entienden; que eso, probablemente, introduzca ruido en la comunicación y haga que estemos pagando para que esta sea más deficiente; que acaban de rebajar sueldos, congelar pensiones y eliminar subsidios; que, quizás, cuando vuelva a sobrar el dinero, volvamos a ver bien que Zapatero o quien sea lo dilapiden, esas cosas). Me centraré en esa absurda idea que dice que lo de los pinganillos está bien porque es justo, o una consecución de derechos históricos.

Se opina que la gente tiene derecho a hablar en su propia lengua, y no habrá nadie con dos dedos de frente que se oponga, claro, pero el asunto no es ese. Este argumento, para defender los pinganillos, es el mismo que si yo dijera: Hace falta controlar las emisiones de gases nocivos. Sí, ¿y qué? No se está hablando de eso. Un político tiene derecho a hacer el amor, pero eso no significa que un país con cinco millones de parados tenga que pagar a sus señorías el ejercicio de tal derecho, sobre todo si ya cuentan con compañía familiar para ese fin, no sé si se me entiende.

Por otra parte, siguiendo nuestra tradición fascista, seguimos pensando que dar privilegios a los enriquecidos nos devuelve derechos a los trabajadores, y esto está lejos de la realidad. Pasa como con nuestro Gobierno paritario. Nos quieren hacer creer que el hecho de que haya un 50% de ministros hembras es un logro para los derechos de las mujeres; mientras tanto, las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas, en el mejor de los casos, se mantiene año tras año; en el peor, aumenta, como el año pasado respecto del anterior. Muchas mujeres siguen sin ver respetados sus sagrados derechos a la vida y a la libertad, pero unas cuantas amigas de nuestro Presidente empiezan a cobrar unos sueldazos, y nos creemos que somos Suecia. País de imbéciles.

Es análogo a lo que sucede en el Senado. ¿Hay alguien en este país que no tenga suficientemente respetados sus derechos lingüísticos? Y recordemos aquí que no las lenguas, sino los hablantes, deben ser propietarios de derechos. Es posible que haya quien no. Según varias noticias, un hispanoparlante, por ejemplo, tiene difícil ser escolarizado en castellano en Cataluña en la educación pública. Esto parece un derecho importante, dado que la educación obligatoria ocupa un número importante de horas de nuestros días durante varios años. Es más tiempo que el que duran las sesiones del Senado, sin duda. ¿Dónde están esos derechos?

Pues es lo mismo que pasa con los derechos de las mujeres, verbigracia. ¿Que hay un 50% de mujeres en el Gobierno y en los consejos de administración? Sí, claro. Ahora tenemos también mujeres privilegiadas, y no solo hombres. ¿Y en lo demás? Pues bien: ser despedido por quedarme encinta no es un miedo que yo comparta, ni carecer de suficiente tiempo de baja maternal durante los importantísimos primeros meses de la vida de mi bebé, y en un supermercado, todo el mundo verá bien que se me otorgue el puesto de encargado, y no de limpiadora o de cajera. Sí casi todas las mujeres de este país. Análogamente, las cuestiones lingüísticas siguen sin ser solventadas plenamente para el común de los mortales (por ejemplo, el desconocimiento del catalán, del que por supuesto no me enorgullezco, me impide acceder a determinados puestos de trabajo en la administración de mi país), pero sus señorías tienen asegurado su divertido juego a costa de mi bolsillo. Contrariamente a lo que creen muchos de esos que se creen progresistas y que antes citaba, no se trata de cuánto dinero. No es el huevo, es el fuero. No sé si realmente hay dinero y energías para gastar en memeces; no obstante, si lo hay, inviertan primero en lo necesario, y con lo que sobre, que contraten, si quieren, un traductor para hablar con sus maridos y mujeres.

Resumiendo: los pinganillos y los traductores no resuelven los problemas lingüísticos en este país, que además poco tienen que ver con que los senadores puedan hablar en este u otro idioma (ese es un problema, como mucho, de unas doscientas personas en este país, justamente los senadores); del mismo modo que el nombramiento de seis o siete ministras no soluciona los problemas de las mujeres españolas, que no suelen ser sentarse en los consejos de administración, sino otros. Pero ¡qué más da! Los políticos consiguen: a) repartir más dinero entre sus amiguetes, y b) que parezca que están arreglando algo. Y todo, por supuesto, con el dinero de los demás. Menudo chollo. Pero cuentan con innumerables apoyos: el sector laboral que nunca está sobrado de personal en nuestra España es el de los bobos que bailan el agua a los poderosos en cuanto sus dedos encuentran un teclado.

Pero la cuestión, de todas formas, para los políticos, es no bajarse de las torres: de la torre de marfil a la de Babel. Y pagadas por otros, hasta ahí podíamos llegar.

2 comentarios en “Torres”

  • # Tweets that mention La Lengua » Torres -- Topsy.com dice:
    30 de January de 2011 a las 22:52

    […] This post was mentioned on Twitter by Rodolfo Clarín, eliasmgf. eliasmgf said: La Lengua: Torres (a cuenta de los pinganillos) http://t.co/ccqwg6n […]

  • # Manuel dice:
    31 de January de 2011 a las 22:27

    Me gustaría aportar algo, pero creo que has dicho cosas tan ciertas y de una forma tan clara, que cualquier cosa que pudiese decir no sería más que información redundante.

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