Ars longa, vita brevis

Excusez-moi?

19 de January de 2011

Nunca, en todos mis años de vida, he leído una defensa tan directa y aplastante de la piratería:

[…] fue la piratería la que empujó a Cervantes a escribir la segunda parte de su novela […]

Y la autora es… Ángeles González-Sinde, Ministra de cultura del Gobierno de España, en El País.

Excusez-moi? ¿Está diciendo la señora Ministra que la piratería —juguemos nosotros también con su tendencioso léxico— es la causante de la creación de la que es sin duda la mayor obra de la literatura española, y una de las tres o cuatro mejores de la literatura universal? Siempre he estado en contra de la piratería, la de verdad, pero si es cierto que gracias a ella tenemos la segunda parte del Quijote, estoy empezando a replanteármelo.

Supongo que a lo que se refiere González-Sinde es a que Cervantes, al ver que un tal Avellaneda había publicado una segunda parte apócrifa de las aventuras de su caballero de la triste figura, aceleró la conclusión de la verdadera segunda parte, que tenía casi lista, pero modificó en un par de cosas para dejar por mentiroso al aprovechado autor. Fue un golpe de suerte, ciertamente, pues Cervantes murió solamente un año después de la publicación de la verdadera segunda parte, y el relativo éxito de la continuación falsa le había animado a finalizar la verdadera. Así que, después de todo, la Ministra va a tener parte de razón, aunque saliéndole el tiro por la culata.

O tal vez se refiera a que la primera parte del Quijote, a pesar de ser un éxito inmediato de ventas y de ser traducido a varios idiomas aún en vida de Cervantes, reportó al autor escasos beneficios económicos. En efecto, los cientos de ediciones no autorizadas de la gran obra de nuestras letras convirtieron a muchos en ricos, pero no a su autor. ¿Y quién se llevó el dinero? Pues… los editores, es decir, los empresarios que se lucraron con el libro pagando poco, o nada, a don Miguel, análogos a los editores y productores musicales de hoy, esos para quienes se prepara la llamada Ley Sinde.

Hablando en plata: Cervantes murió pobre porque, al igual que pasa hoy, los grandes empresarios de la «cultura» tenían la sartén por el mango, manejaban el negocio y el cotarro y solo dejaban al verdadero creador las migajas. Exactamente como sucede ahora. Si lo que pretende es que apoyemos su ley, señora Ministra, es mejor que cambie de argumentos. Porque cada vez que abre la boca, la gente tiene más claro que la Ley que llevará su nombre es un sinsentido de proporciones cervantinas.

Por cierto, como se comenta en La Aldea Irreductible, González-Sinde olvida, pensemos que de manera involuntaria (¡ja!) que esos derechos de autor que cita del año 1604 y que presuntamente protegían a Miguel de Cervantes, se extendían por un período de 10 (diez) años, y no más.

En fin. Cosas veredes.

(Gracias a César por darme la pista en Facebook.)

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