Ars longa, vita brevis

Torres

30 de January de 2011

Se ha hablado mucho estos días sobre la última broma que nuestros dirigentes han tenido a bien gastarnos: el desembolso de tanto o cuanto dinero en traductores y pinganillos para que los senadores puedan, en lugar de discutir en la lengua que hablan y entienden todos, hacerlo en otra en las sesiones del Senado. En pasillos y cafeterías (donde, presumo, se resuelven realmente las cuestiones que tratan) seguirán hablando en castellano, claro está: pero se trata de dar un espectáculo cuando las cámaras graban. Ya que el pueblo paga, qué menos que tener unas buenas sesiones de circo.

En España parece que los políticos no se libran del complejo de emperadores. Leí hace años, en un manual de Historia, que una de las causas que explican el retraso económico de nuestro país a partir de finales del siglo XVI es el hecho de que aquí todo el mundo se considera un aristócrata, y que, como en España (al contrario de lo que hicieron otras naciones europeas) se mantuvo sobre la nobleza la prohibición de trabajar, parte de la población se arruinó irremisiblemetnte. Recordemos a todos los hidalgos, reales y de ficción. Encima, la principal aspiración de la naciente burguesía era conseguir un título nobiliario mediante matrimonio o compra, con lo que ya teníamos el lío organizado. Pero a lo que iba. El complejo de emperadores de los políticos nos convierte a nosotros en los comparsas del viejo cuento: pocos biempensantes parecen darse cuenta de que los emperadores van en pelota, y un montón de opinantes que se piensan de izquierdas se han apresurado a decir que los emperadores van vestidos con lujoso traje, esto es, que el asunto de las traducciones en el Senado no es la mayor gilipollez en la triste y larga historia de las gilipolleces que hemos tenido que aguantar a nuestra clase política, sino no sé qué derecho de minorías oprimidas, de país moderno y otras gaitas.

El límite de nuestra paciencia no sé si está lejos o cerca, pero está claro que aún no lo hemos encontrado.

No me voy a detener en bobadas que sería ocioso explicar a un niño de tres años (que es una idiotez pagar a un traductor para que medie entre dos personas que se entienden; que eso, probablemente, introduzca ruido en la comunicación y haga que estemos pagando para que esta sea más deficiente; que acaban de rebajar sueldos, congelar pensiones y eliminar subsidios; que, quizás, cuando vuelva a sobrar el dinero, volvamos a ver bien que Zapatero o quien sea lo dilapiden, esas cosas). Me centraré en esa absurda idea que dice que lo de los pinganillos está bien porque es justo, o una consecución de derechos históricos.

Se opina que la gente tiene derecho a hablar en su propia lengua, y no habrá nadie con dos dedos de frente que se oponga, claro, pero el asunto no es ese. Este argumento, para defender los pinganillos, es el mismo que si yo dijera: Hace falta controlar las emisiones de gases nocivos. Sí, ¿y qué? No se está hablando de eso. Un político tiene derecho a hacer el amor, pero eso no significa que un país con cinco millones de parados tenga que pagar a sus señorías el ejercicio de tal derecho, sobre todo si ya cuentan con compañía familiar para ese fin, no sé si se me entiende.

Por otra parte, siguiendo nuestra tradición fascista, seguimos pensando que dar privilegios a los enriquecidos nos devuelve derechos a los trabajadores, y esto está lejos de la realidad. Pasa como con nuestro Gobierno paritario. Nos quieren hacer creer que el hecho de que haya un 50% de ministros hembras es un logro para los derechos de las mujeres; mientras tanto, las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas, en el mejor de los casos, se mantiene año tras año; en el peor, aumenta, como el año pasado respecto del anterior. Muchas mujeres siguen sin ver respetados sus sagrados derechos a la vida y a la libertad, pero unas cuantas amigas de nuestro Presidente empiezan a cobrar unos sueldazos, y nos creemos que somos Suecia. País de imbéciles.

Es análogo a lo que sucede en el Senado. ¿Hay alguien en este país que no tenga suficientemente respetados sus derechos lingüísticos? Y recordemos aquí que no las lenguas, sino los hablantes, deben ser propietarios de derechos. Es posible que haya quien no. Según varias noticias, un hispanoparlante, por ejemplo, tiene difícil ser escolarizado en castellano en Cataluña en la educación pública. Esto parece un derecho importante, dado que la educación obligatoria ocupa un número importante de horas de nuestros días durante varios años. Es más tiempo que el que duran las sesiones del Senado, sin duda. ¿Dónde están esos derechos?

Pues es lo mismo que pasa con los derechos de las mujeres, verbigracia. ¿Que hay un 50% de mujeres en el Gobierno y en los consejos de administración? Sí, claro. Ahora tenemos también mujeres privilegiadas, y no solo hombres. ¿Y en lo demás? Pues bien: ser despedido por quedarme encinta no es un miedo que yo comparta, ni carecer de suficiente tiempo de baja maternal durante los importantísimos primeros meses de la vida de mi bebé, y en un supermercado, todo el mundo verá bien que se me otorgue el puesto de encargado, y no de limpiadora o de cajera. Sí casi todas las mujeres de este país. Análogamente, las cuestiones lingüísticas siguen sin ser solventadas plenamente para el común de los mortales (por ejemplo, el desconocimiento del catalán, del que por supuesto no me enorgullezco, me impide acceder a determinados puestos de trabajo en la administración de mi país), pero sus señorías tienen asegurado su divertido juego a costa de mi bolsillo. Contrariamente a lo que creen muchos de esos que se creen progresistas y que antes citaba, no se trata de cuánto dinero. No es el huevo, es el fuero. No sé si realmente hay dinero y energías para gastar en memeces; no obstante, si lo hay, inviertan primero en lo necesario, y con lo que sobre, que contraten, si quieren, un traductor para hablar con sus maridos y mujeres.

Resumiendo: los pinganillos y los traductores no resuelven los problemas lingüísticos en este país, que además poco tienen que ver con que los senadores puedan hablar en este u otro idioma (ese es un problema, como mucho, de unas doscientas personas en este país, justamente los senadores); del mismo modo que el nombramiento de seis o siete ministras no soluciona los problemas de las mujeres españolas, que no suelen ser sentarse en los consejos de administración, sino otros. Pero ¡qué más da! Los políticos consiguen: a) repartir más dinero entre sus amiguetes, y b) que parezca que están arreglando algo. Y todo, por supuesto, con el dinero de los demás. Menudo chollo. Pero cuentan con innumerables apoyos: el sector laboral que nunca está sobrado de personal en nuestra España es el de los bobos que bailan el agua a los poderosos en cuanto sus dedos encuentran un teclado.

Pero la cuestión, de todas formas, para los políticos, es no bajarse de las torres: de la torre de marfil a la de Babel. Y pagadas por otros, hasta ahí podíamos llegar.

Te reto (+18)

27 de January de 2011

Disculpadme, porque en este artículo, rompiendo la tendencia de este blog, voy a soltar alguna que otra palabra salida de tono. No suelo hacerlo (ni en el blog, ni en mi vida profesional ni privada), pero ya estoy llegando a mi límite, y algunas veces no hay más remedio que llamar a las cosas por su nombre. Por eso está el «+18» del título del post: no se recomienda leerlo a menores (aunque, bien pensado, ¡qué carajo! Que lo lea quien lo quiera. Peores palabras tienen que leer a representantes de la alta cultura.

Según Idealista (vía Menéame), la banca nos está amenazando con encarecer las hipotecas y conceder muchas menos si proliferan noticias felices como esa que hemos conocido hace poco: que un juez ha considerado que el embargo del domicilio es suficiente para saldar la deuda, y una vez puesta una familia en la puñetera calle (que se dice pronto, y parece poca cosa), no se debe nada.

Parafraseando a Jules en Pulp Fiction: Decidlo una vez más. Os reto. Os reto dos veces. Decidlo una vez más.

O quizás se entienda mejor en garrulo: No tenéis huevos, hijos de puta.

Batracios

26 de January de 2011


Enlace al vídeo en YouTube

Mirad este vídeo, al que he llegado por un tweet (ya empieza aquello a dar sus frutos).

Soy lo suficientemente joven como para no tener apenas canas, pero lo suficientemente viejo como para acordarme de hace veinte años, cuando tenía unos quince, cursaba segundo de Bachillerato (el equivalente a 4.º de la ESO), tenía mi grupo —ahora tengo otro—, el pelo largo, no había Internet, pero lo flipaba con mi Amiga 500. Hace veinte años no había cámaras en todos lados. Ahora las tengo en el instituto donde trabajo (se votó en claustro el año anterior a mi incorporación, pero sigo alucinando de que se haya aprobado por mayoría). No te podían multar por no llevar el DNI encima. No había ninguna ley que registrara mis comunicaciones y las guardara durante un año, por si acaso delinquía (ahora existe esa ley, para Internet, la LSSI). No te obligaban a medio desnudarte en un aeropuerto, bajo amenaza de no dejarte volar, perdiendo el dinero del billete que has pagado. No había una ley que destinase parte del dinero que pago por un ordenador o por un disco duro a una entidad privada (SGAE) mediante el canon; existía un canon sobre las cintas de casete y vídeo vírgenes, pero al menos era fruto de un acuerdo entre empresas, no una imposición de un Gobierno al que pago yo. Un hostelero podía decidir si en su establecimiento, cuyos impuestos, reformas y mantenimiento pagaba él, permitía fumar o no. En un alarde de libre albedrío, hasta podías decidir si te ponías el cinturón de seguridad o no. Eso sí: había mucho menos fútbol en la tele.

Estamos hechos unos batracios. Y eso que Internet nos iba a volver a todos inteligentes y combativos.

(Que conste que me alegro de que los no fumadores tengan ahora una ley que les guste, pero este post no trata sobre la Ley contra el tabaco, ni pretendo que se opine aquí sobre ello, aunque cada cual puede hacer lo que le plazca, claro. Se podría decir que ahora los no fumadores no tienen la obligación de aspirar humo, pero antes del 2 de enero tampoco la tenían: sufrían esa molestia si decidían ir a un bar o a una discoteca, como yo sufro la del ruido y la música de baja calidad si decido hacer lo propio. Pero ni ellos ni yo estamos obligados a nada de eso.)

En Twitter

24 de January de 2011

Bien, ya me di de alta una vez, y acabé borrándome, creo que sin escribir más que uno o dos tweets. Ahora la cosa se pone interesante, con estoy de la Ley Sinde y demás. A ver lo que dura. Estoy, por si a alguien le interesa, aquí.

Un perro elocuente y algo sobre ciencias y literatura

23 de January de 2011


Foto: Cass Sapir/Nova scienceNOW.

Llego, a través de Neatorama, a la historia de Chaser, un perro de raza Border Collie a quien su dueño, el psicólogo retirado John W. Pilley, ha logrado enseñar 1.022 palabras. Por supuesto, el perro no las puede pronunciar, dado que no tiene un aparato fonador análogo al de los seres humanos —o al de los loros, que también valdría—; sin embargo, Chaser es capaz de reconocer el objeto del que se le está hablando y traerlo.

Esta capacidad ha llevado a su dueño entre cuatro y cinco horas diarias desde 2004, en que adoptó a Chaser como cachorro. Tiene sus límites: por el momento —e imagino que seguirá así— el Collie únicamente es capaz de entender sustantivos, y no de cualquier clase, sino que tienen que ser objetos físicos. Nada de amor, el tres o el color verde. No obstante, sí que puede, por ejemplo, aprender por discriminación. Si se le ordena que traiga un objeto cuyo nombre no conoce, pero que está entre otros dos que sí sabe cómo se llaman, entiende que el objeto requerido es el desconocido, y desecha los otros dos.

Recuerdo, de mis años de estudiante, que en una asignatura en que se trataba estadística lingüística se calculaba el número necesario de términos de una lengua con el cual se podía entender determinado porcentaje de mensajes. Ahora mismo no tengo el texto a mano, pero buscando en Internet he llegado a esta tabla, donde podemos comprobar que, para el ruso, por ejemplo, con un vocabulario de 1257 palabras nos basta para entender el 70% de los mensajes. Se puede pensar que algo más de mil palabras es poca cosa, pero no creáis: simplemente, echad diez minutos en ir contanto el número de palabras que os sabéis. Probablemente más allá de 300 os cueste avanzar. La tabla que he enlazado un poco más arriba se ha preparado atendiendo a un corpus bastante extenso. Sin embargo, si vamos al lenguaje general, discriminando textos especializados o excesivamente formales, es muy probable que con entre 250 y 500 palabras seamos capaces de entender una cantidad de textos cercana al 100%. ¿Qué situaciones manejamos a lo largo del día? Normalmente, tienen que ver con el transporte, las faenas de la casa, diversiones bastante homogéneas —fútbol, salir a beber o comer algo, pasear, cine, televisión y poca cosa más—, la salud, el tiempo, relaciones familiares y, fuera de eso, las actividades profesionales de cada uno. Vamos a hacer un cálculo a lo bruto.
(more…)

Excusez-moi?

19 de January de 2011

Nunca, en todos mis años de vida, he leído una defensa tan directa y aplastante de la piratería:

[…] fue la piratería la que empujó a Cervantes a escribir la segunda parte de su novela […]

Y la autora es… Ángeles González-Sinde, Ministra de cultura del Gobierno de España, en El País.

Excusez-moi? ¿Está diciendo la señora Ministra que la piratería —juguemos nosotros también con su tendencioso léxico— es la causante de la creación de la que es sin duda la mayor obra de la literatura española, y una de las tres o cuatro mejores de la literatura universal? Siempre he estado en contra de la piratería, la de verdad, pero si es cierto que gracias a ella tenemos la segunda parte del Quijote, estoy empezando a replanteármelo.

Supongo que a lo que se refiere González-Sinde es a que Cervantes, al ver que un tal Avellaneda había publicado una segunda parte apócrifa de las aventuras de su caballero de la triste figura, aceleró la conclusión de la verdadera segunda parte, que tenía casi lista, pero modificó en un par de cosas para dejar por mentiroso al aprovechado autor. Fue un golpe de suerte, ciertamente, pues Cervantes murió solamente un año después de la publicación de la verdadera segunda parte, y el relativo éxito de la continuación falsa le había animado a finalizar la verdadera. Así que, después de todo, la Ministra va a tener parte de razón, aunque saliéndole el tiro por la culata.

O tal vez se refiera a que la primera parte del Quijote, a pesar de ser un éxito inmediato de ventas y de ser traducido a varios idiomas aún en vida de Cervantes, reportó al autor escasos beneficios económicos. En efecto, los cientos de ediciones no autorizadas de la gran obra de nuestras letras convirtieron a muchos en ricos, pero no a su autor. ¿Y quién se llevó el dinero? Pues… los editores, es decir, los empresarios que se lucraron con el libro pagando poco, o nada, a don Miguel, análogos a los editores y productores musicales de hoy, esos para quienes se prepara la llamada Ley Sinde.

Hablando en plata: Cervantes murió pobre porque, al igual que pasa hoy, los grandes empresarios de la «cultura» tenían la sartén por el mango, manejaban el negocio y el cotarro y solo dejaban al verdadero creador las migajas. Exactamente como sucede ahora. Si lo que pretende es que apoyemos su ley, señora Ministra, es mejor que cambie de argumentos. Porque cada vez que abre la boca, la gente tiene más claro que la Ley que llevará su nombre es un sinsentido de proporciones cervantinas.

Por cierto, como se comenta en La Aldea Irreductible, González-Sinde olvida, pensemos que de manera involuntaria (¡ja!) que esos derechos de autor que cita del año 1604 y que presuntamente protegían a Miguel de Cervantes, se extendían por un período de 10 (diez) años, y no más.

En fin. Cosas veredes.

(Gracias a César por darme la pista en Facebook.)

Un nuevo modelo en nueve propuestas

16 de January de 2011

Se ha escrito tanto, y he leído tanto en los últimos años sobre propiedad intelectual, piratería, una industria musical que lleva cien años muriéndose —pero cada vez registra mayores ganancias— y cosas relacionadas, que estoy hasta demasiado cansado para buscar y pegar enlaces. Creo que la mayoría de los problemas tienen soluciones simples, y que cuanto más simples sean, más justas serán. Ahí va lo que se me ocurre para acabar con estas discusiones, que no sé si a mis paisanos, pero a mí me tienen francamente agotado. Y el país tiene mayores problemas.

1. Si un particular quiere consumir un bien cultural, lo lógico es que pague por él, si el autor del bien quiere cobrarlo. Si algo tiene un precio y lo disfrutamos sin pagar, el acto es inmoral, sea legal o no.

2. Ahora bien, la industria —las industrias— debería plantearse si es lógico y justo seguir cobrando el mismo precio, o incluso uno más alto, que antes, ahora que casi toda la producción y distribución musical, cinematográfica, de software informático y literaria se ha abaratado muchísimo. Hoy en día, con un ordenador más o menos potente ya tienes estudio de grabación (microfonía, instrumentos y lugar aparte, claro está). Las cámaras también han visto reducido su precio y aumentada su calidad. Todos los bienes culturales de los que se habla aquí pueden distribuirse mediante Internet, con lo que el coste de esta distribución se acerca a cero. Los libros pueden descargarse para leerlos en un ordenador o un lector de libros electrónicos. ¿Por qué, entonces, cuestan lo mismo, o incluso más, que en papel? ¿Por qué cuesta tanto comprar un disco para escucharlo en el reproductor multimedia? Yo quiero pagar por los bienes culturales de los que disfruto. No solo porque sea justo, sino porque quiero que los creadores que me gustan vean rendimiento económico a su trabajo y puedan seguir dedicándose a él. Claro, pero entonces…

3. Es imprescindible y urgente eliminar el canon digital. Yo lo dije hace años en el blog: no pienso pagar por un disco ni por un DVD mientras las sociedades de gestión me cobren una especie de impuesto revolucionario cuando compro una tarjeta para mi cámara de fotos. O un teléfono. O un ordenador con grabador de DVD. Me niego. Es una cuestión de principios. Por lo tanto, cada vez que quiero escuchar una canción o ver una película, me la descargo. Mientras siga siendo legal, claro: yo soy respetuoso con las leyes. Es inmoral, como dije en el punto 1, que yo haga esto, pero es una respuesta ante una inmoralidad aún mayor: el cobro indiscriminado de un canon del que ni tan siquiera se nos dice cómo se reparte.

4. Sería bueno que todas las partes fuesen sinceras. Si una página obtiene ingresos por publicidad indicando dónde se pueden ver o descargar películas, está cometiendo una actividad ilícita —legal o no, esa no es la cuestión—. No seamos hipócritas. En la otra parte están quienes parecen creerse de una casta distinta, una especie de dioses visitados por las musas cuyo tinglado hay que proteger empresarialmente. Deberían ser, quizás, un poco más humildes, y asumir que son simples trabajadores, que ofrecen un producto y que quieren cobrar por él, pero que su trabajo no es mejor ni más importante que el de un panadero o el de un juez.

5. El tema de las subvenciones también es sangrante, oscurecido además por la sospecha de que los productores inflan artificialmente los números de asistencia a las salas de cine para cobrar mi dinero y hacerse más ricos. En España tenemos directores de cine muy solventes (me vienen a la cabeza Almodóvar, León de Aranoa, de la Iglesia o Bollaín, por ejemplo); tenemos otros ejemplos de directores que quizá no tengan un sentido artístico tan afinado pero que funcionan en taquilla, como Santiago Segura o Jaume Balagueró. Quizás la industria de nuestro cine debería asumir que no puede ser tan grande como la estadounidense, ni debe serlo.

6. Hablando de calidad: normalmente, cuando a la gente le das algo bueno, funciona. Sería conveniente que la industria musical promocionase y produjese productos artísticamente interesantes, y se dejase de cantos del loco, sanzes y triunfitos.

7. Y hablando de los reyes de Roma, al menos algunos de ellos: ¿qué tal si pagáis impuestos en vuestro país? Es vuestro mayor mercado, ¿verdad? Os deslomáis en anuncios sobre Haití y sobre los niños de Somalia, lo cual es muy loable (aunque supongo que lo haréis como inversión económica, ya que vivís en gran parte de vuestra imagen), y luego tenéis la desvergüenza de iros a Miami, Andorra o Suiza para pagar menos impuestos. Comprended que, sabiendo eso, cada vez que os dais golpes de pecho hablando de piratas, ladrones, e incluso, últimamente, de terroristas, nos entre como mínimo la risa.

8. Y un último consejo, derivado del anterior: si quieres que invierta mi dinero en tus obras, no me insultes. Puede que me guste tu música o tu cine, pero cuando voy a meterme la mano en el bolsillo para sacar diez o veinte euros que me ha costado mis madrugones ganar, créeme: no es bueno que recuerde tu cara llamándome ladrón o algo peor.

9. Conclusión: este país tiene que ser algo más ético, no solo en este asunto, sino en todos. Empieza por educar a la gente, ¡y por darle dinero! Tenemos cada vez más pobres. La gente que cobra un salario digno tiene más dinero y más motivos para pagar por cualquier cosa. Y quiere hacerlo, si es que se lo permiten. Llevémonos bien, y disfrutemos todos de la cultura.

Tres enlaces para pensar

11 de January de 2011

El primero: en Las penas del agente Smith, Esto es un debate. Creo que todo el mundo debería memorizar este diagrama de flujo, traducido de otro sobre cómo debatir con un cristiano, o al menos imprimirlo y llevarlo siempre en el bolsillo de la camisa. Sinceramente, pienso que nos iría mejor a todos.

El segundo, en Neatorama: Por qué las madres chinas son superiores. La mencionada superioridad se refiere al mayor éxito obtenido por los alumnos chinos en los sistemas educativos, en comparación con los infantes occidentales. Una pista: el 70% de las madres occidentales piensan que presionar a sus hijos en el ámbito escolar es negativo para ellos. El porcentaje de madres chinas que piensa lo mismo es… el 0%. Otra pista, traducida directamente del post:

El hecho es que los padres chinos pueden hacer cosas que a los occidentales les parecen inimaginables, o incluso cuestionables legalmente. Las madres chinas pueden decirles a sus hijas: «Oye, gorda, pierde algo de peso». Por el contrario, los padres occidentales suelen andarse con rodeos, hablando en términos de «salud» y no mencionando nunca jamás la palabra «gordo»¹, y aun así sus niños nunca acaban yendo a terapia por desórdenes alimenticios o por falta de autoestima.

(1) Nota del blogger: consúltese el término original en el post enlazado. Creo que con the f-word se refieren, en este caso, a fatty, y no a fuck, que tengo entendido que es la f-word por paradigma.

Soy enemigo de explicaciones simplistas a problemas complejos, y con todo, tengo que admitir que suelen ser las más fiables.

El tercer enlace es un comentario en este mismo blog que estáis leyendo. Un Daniel, que creo que es lector accidental (o en todo caso, nuevo), afirma en un post que escribí hace años sobre el racismo:

Pero claro que los negros se parecen a los monos…que no vieron al presidente de sudafrica que al bailar hasta salta como un verdadero simio. No me queda duda los negros son orangutanes.

Me gustaría que, aparte de a pensar, el comentario os animara a comenzar un debate aquí. No soy enemigo de poner límites a la libertad de expresión, a no ser que atente directamente contra individuos con calumnias o injurias, y aun así no estoy muy seguro de que, según nuestra legislación, ese comentario no pueda ocasionarme problemas, por considerarme la ley una suerte de editor de este blog. ¿Puede considerarse racista ese comentario? ¿Sería, en ese caso, ilegal? ¿Se me podría procesar y condenar a mí por él, a pesar de poder demostrar —mediante el correo electrónico aportado o la I. P.— que no soy su autor?

Espero vuestras aportaciones en los comentarios.

Ni cuerpo que lo resista

8 de January de 2011

Mi hermano y yo nacimos en Madrid, de donde es mi padre, que a la sazón estaba ocupando su plaza de funcionario en esa ciudad. Poco antes de mi llegada a este mundo, mi madre le hizo a mi padre una propuesta: «Podríamos irnos a Melilla, a vivir con mi madre, que está sola; nos ahorraríamos la casa y además, en Melilla, cobrarías más. Ahora que somos cuatro no nos vendría mal». A ningún hombre le hace gracia la idea de irse a vivir con la suegra, así que mi padre se lo pensó durante unos momentos, sopesó las ventajas e inconvenientes, y al final dijo: «De acuerdo, vámonos a Melilla con tu madre. Después de todo, no va a vivir cien años, ¿no?»

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Feliz cumpleaños, abuela.

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Con cien años, mi abuela ha visto y vivido unas cuantas guerras —y tengo la sospecha de que ha sido causante de al menos tres o cuatro—. Trece partos, trece niños de los que sobrevivieron once, y tres tataranietos, de momento. De nietos y bisnietos uno ha perdido la cuenta.

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Madre, hija y tataranieto. Poco menos de cien años de diferencia entre una y otro.

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Ha llovido desde 1911 hasta hoy. Lo más duro que ha tenido que vivir, por puro imperativo natural, es la muerte de varios de sus descendientes. Como dice mi primo, «Abuela, es que, como tú no te mueres, nos tenemos que ir muriendo nosotros». Y razón no le falta. Por cierto, tranquilos, que parece que el gen responsable de todo esto solo se activa en la parte femenina de la familia. Estoy seguro de que mi abuela heredará mi casa.

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Mi padre, aceptando la derrota con su proverbial elegancia. Mi madre con cara de póker… no sé qué pensar.

Mi padre, para vengarse, hizo que viniera la Tuna, lo que mi abuela soportó con un estoicismo envidiable.

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¡En fin! Ha sido su día, y lo ha aprovechado todo lo que ha podido, porque sabe que no habrá más celebraciones hasta los 120, en que le haremos otra fiesta por todo lo alto (los que quedemos por aquí). ¡Felicidades otra vez!

Héroes y/ o villanos

5 de January de 2011

¿Cuáles son las diferencias entre Mark Zuckerberg [el creador de Facebook] y yo? Yo os doy a vosotros gratis información privada sobre empresas, y soy un villano. Zuckerberg da vuestra información privada a las empresas por dinero, y es el hombre del año.

La cita es de Julian Assange, la cabeza visible de Wikileaks (llego a ella gracias a Sonia Blanco). Zuckerberg fue elegido «Hombre del año» por la revista Time, en contra de la votación popular, en que Assange arrasó claramente. Assange, el que ahora está detenido en el Reino Unido no se sabe muy bien por qué: el villano.

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