Ars longa, vita brevis

Mercado y política

7 de November de 2010

Me han llamado la atención especialmente dos pasajes de la entrevista que publica este domingo EL PAÍS, en que el expresidente Felipe González responde a las preguntas del escritor Juan José Millás. En la primera, González habla de la posición del mercado en las democracias actuales:

-¿Estamos viviendo un totalitarismo del mercado?

-Exacto, no quería ser tan duro, pero así es. En lugar de dictar tú la norma para que el mercado funcione, el mercado te impone la norma para sobrevivir (que, por cierto, es la ausencia de norma). Y eso es lo peor, porque el mercado sin reglas te pide hoy lo contrario de lo que te va a pedir mañana. O de lo que te pidieron ayer, que era que rescataras la mano invisible del mercado de la propia catástrofe que había generado. Esto es, que hagas intervencionismo del más descarado a costa del contribuyente o del ahorrador, para rescatar al mercado. Sitúate en la piel de Obama: debo poner primero setecientos mil millones, después ochocientos ochenta mil, total, dos billones de dólares solo para salir de esa catástrofe provocada por el sistema financiero sin reglas. Muy bien. Y una vez que pongo ese dinero, puro erario público, puro endeudamiento, y usted ya está rescatado, ahora me exige que reduzca dramáticamente el déficit y el endeudamiento al que he llegado para rescatarlo. Me pide que me endeude y después me exige que me desendeude o me penaliza. Esto es lo incomprensible de la situación que estamos viviendo. Si se tuviera poder y decisión para regular el funcionamiento del sistema financiero, no volvería a ocurrir lo que ha ocurrido y devolverían el dinero público que se les ha entregado.

En la segunda, acerca de la simplificación de la política en estos tiempos:

[…] si estás haciendo seguidismo de la opinión pública, estás banalizando el debate político hasta el punto de que no puedes desarrollar proyectos políticos que a veces van contracorriente de la opinión pública. Como decía Azaña, no hay nada más cambiante que la llamada opinión pública. Hace unos cuatro o cinco años, me encontré por casualidad en el aeropuerto de Washington con Henry Kissinger, y me dijo él, que es un malaleche: “Mira, Felipe, la política ya está en manos de gente que te hace discursos pseudo religiosos y simplistas y que son más bien ofertas de venta de electrodomésticos“. Es verdad. Y añadía: “Ha desaparecido de tal manera el debate de ideas, el contraste de ideas, estamos en una simplificación tan grande de la política, que ha dejado de interesarme. Me aburre profundamente el mundo que estamos viviendo”. Contradictoriamente, cuando aparece un político con proyecto y discurso, como Obama, corre el riesgo de ser arrastrado por las corrientes demagógicas y simplistas.

En ambos casos la negrita es mía. Y, en ambos casos, da miedo darse uno cuenta que piensa lo mismo que todo un expresidente que está bien enterado de la política nacional y la internacional. Jugar en tu blog con la idea de que la democracia en la que vives no es tal, que eres una hormiga bajo el zapato de las multinacionales, cosas así, tiene cierta gracia, pero no deja de ser una especie de desahogo de la imaginación. Pero cuando lees en palabras de alguien serio lo que tú sueltas por tus teclas pero en realidad no quieres creer, asusta.

Por otra parte, no comparto plenamente el discurso de Kissinger. Es cierto que la opinión pública es estúpida y que puede cambiar diametralmente de la noche a la mañana (antes de los atentados del 11 de marzo los españoles iban a cometer la estupidez de elegir a Rajoy, y un par de días después, cometieron la estupidez de elegir a Zapatero). Pero yo no creo que la solución, como sugieren Kissinger y González, sea ignorar a los votantes. Eso no sería una democracia. La solución sería formar a votantes informados y cultos, mediante la educación pública o como fuera. Pero ningún político estaría por la labor, precisamente por eso: porque una ciudadanía formada les obligaría a ser decentes. Y no creo que ningún político español o estadounidense estuviese dispuesto a ser decente bajo ningún concepto.

Seguid el enlace del principio de este post para leer la entrevista completa, es muy interesante. Me ha decepcionado bastante ver que Felipe González se empecina en el error de defender, incansablemente, a delincuentes que han robado, secuestrado y asesinado y que por ello han sido condenados en firme. Creo que, por mucho que sea correligionario o incluso amigo de todos ellos, por mucho que él esté internamente convencido de sus inocencias, debería, al menos, callarse. Si uno que ha sido presidente del gobierno dice tan a las claras que el resultado de varios procesos con sumarios constituidos por cientos de miles de folios es un error, transmite la idea de que no vivimos en un estado de derecho, del cual él ha sido máximo dirigente. Pero ya sabemos cómo es este país. Somos absolutamente incapaces de reconocer nuestros propios errores. Y, además, no tenemos ningún respeto por las leyes y por nuestro propio sistema. Nada nuevo, claro.

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