Ars longa, vita brevis

Falanges

17 de October de 2010

Este artículo fue publicado en El Telegrama de Melilla, el domingo, 17 de octubre de 2010.

Falanges

Este pasado martes, en que conmemoraba España su doce de octubre, regresé a Melilla a las 7 de la mañana en un vuelo desde Madrid, después de haber pasado un par de días visitando varias localidades cercanas a la capital. Mientras esperaba a que abrieran la puerta de embarque, observé que iba a volar conmigo un grupo de entre quince y veinticinco personas, que viajaban juntas, y arrimando el oído —más por aburrimiento que por indiscreción, ya que viajaba solo— supe que procedían de Asturias. Ya en el avión (íbamos prácticamente sólo ellos y yo) armaron algo de alboroto, nada fuera de lo normal en un país que se ha embrutecido hasta el punto en que nos encontramos. Durante el trayecto me pregunté para qué irían, dada la falta de uniformidad del grupo: los había, calculé, entre la veintena y la cuarentena, hombres y mujeres, y no parecían tener en común más que la procedencia y cierto gusto por berrear bromas sin gracia a viva voz de punta a punta de la nave. Al cuarto de hora de desembarcar ya me había olvidado de ellos. El miércoles por la mañana abrí un periódico local y vi a uno del grupo en el primer plano de una fotografía. Acompañaba a una noticia en que se daba cuenta del acto organizado por el partido Falange Española en la ciudad.

No soy amigo de ilegalizar ideas, ni siquiera las que, aberrantes como son, son ilegales en nuestro país (la apología del racismo o del terrorismo, por ejemplo, son delito, si no fallan mis escasos conocimientos jurídicos). Pienso que una sociedad civilizada y educada desecha automáticamente tales idioteces, y en un país medianamente inteligente no pueden tener éxito. Siempre que digo esto, alguien sale con el argumento de Hitler en la Alemania de los años 30, pero quien investigue someramente la Historia del siglo pasado sabe que el éxito democrático del Führer no fue tal, sino que llegó al poder manipulando y presionando el sistema electoral, y que únicamente obtuvo la mayoría cuando el Partido Nacionalsocialista era prácticamente la única opción que se podía votar y los nazis ya eran dueños de las calles; además, creo que cualquier alusión a la cultura y educación del pueblo alemán en el período de entreguerras, visto con perspectiva, está equivocadamente inflada.

Sin embargo, vivo en un país donde la proclamación de ideas racistas es ilegal, y yo soy respetuoso con las leyes, incluso con las que no comparto, así que no me entra en la mollera que alguien diera autorización para la celebración de un acto donde, según tengo entendido —por supuesto, no acudí— se lanzaron soflamas racistas. El acto, sin embargo, se celebró. Eso me respondió a la pregunta que me hice sobre el porqué del viaje de tanta gente desde tan lejos a nuestra tan olvidada ciudad, pero hizo resurgir la misma pregunta: ¿para qué han venido? Sé a lo que venían, pero ¿por qué aquí, precisamente? Creo que esa pregunta tiene una respuesta mucho más sencilla. Venían buscando leña. Sabiendo la constitución demográfica de nuestra ciudad, era previsible que se produjesen conflictos, seguramente acompañados de violencia. Pero ¿es que a esta gente, por locos que estén, les gusta que les aticen? No, por supuesto, no es eso, pero España, a pesar de su declive cultural y educativo, sigue siendo un país medio civilizado, y los simpatizantes de Falange son muy pocos, y cada vez menos. La única manera que tienen de lograr cierto impacto mediático es, como se dice vulgarmente, liándola parda, así que organizan en Melilla una boutade para que se arme la de Dios, y el viernes por la noche están en La Noria o en cualquier otro programa que se nutra de morbo, y ya tienen sus minutos de fama.

Siempre he pensado que la población de Melilla es, mayormente, racista. Sin embargo, al contrario que casi todo el mundo, pienso que el racismo se produce de todos hacia todos: tanto desprecio, o al menos ignorancia, demuestran los europeos hacia los rifeños, como los rifeños hacia los europeos. No me detengo ahora en pensar acerca de los posibles orígenes de ese odio moderado: me limito a constatar un hecho que llevo observando toda mi vida. En esta ciudad hay grandes amistades, casi hermandades, podría decirse, entre gente de distintas culturas, pero creo que queda un regusto de desconfianza entre las dos grandes comunidades de esta ciudad. La integración aún no es total. Cualquiera que se dé un paseo por alguna metrópoli europea, más en unas que en otras, claro, sabe que eso de la convivencia y la integración melillenses que nos venden desde la política local es un cuento chino. Sin embargo, no puede negarse que vivir, vivimos, y que hace muchos años, afortunadamente, que no se registran conflictos interétnicos de importancia en esta plaza. Puede que la convivencia plena sea imposible, y que siempre que exista una diferencia, existirá una desconfianza, quién sabe. Pero tengo claro que aún nos queda mucho camino por andar.

El miércoles tuve que hacer una revisión al alza de mis apreciaciones. Leí que durante el acto falangista no se produjo ningún altercado, y que únicamente al final hubo un amago de agresión que al final no llegó a consumarse. Venían buscando provocación, seguros de encontrarla, y se fueron con un palmo de narices. La ciudad les demostró, y de paso me ha demostrado a mí, que la convivencia es un poquito mejor y más posible de lo que pensaba, que tal vez estemos avanzando y que no se va a armar la marimorena porque cuatro alborotadores de tres al cuarto vengan aquí a decirnos cómo tendríamos que vivir y qué tendríamos que hacer.

Vino la Falange Española, y la ciudad le enseñó, con su indiferencia, la mejor falange que puede mostrarse a unos individuos como estos. La del dedo medio, bien extendido, entre los otros cuatro.

Anteriormente, en La Lengua:

2 comentarios en “Falanges”

  • # Juvenal dice:
    17 de October de 2010 a las 19:05

    Desconozco de primera mano la situación de Melilla, pero sí que he podido ver en otras ciudades europeas eso que llaman multiculturalismo: distintas culturas perfectamente aisladas entre sí viviendo en zonas delimitadas (por ejemplo, Londres).Esa indiferencia no es ni tolerancia, y puede desembocar con rapidez en hostilidades. Creo que algún idiota bienintencionado deslizó el concepto de multiculturalismo en el cajón de la multiculturalidad, que es cosa bien distinta, y ahora se nos está intentando vender por parte de los que nos acogotan como la misma mercancía.

  • # Juvenal dice:
    17 de October de 2010 a las 19:07

    Perdón, quise decir ‘interculturalidad’ en vez de ‘multiculturalidad’. De los -ismos también habría que hablar un rato.

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