Ars longa, vita brevis

Fumar, prohibir

4 de July de 2010

Este es el cuarto artículo que he publicado en El telegrama de Melilla. Siento que me ha quedado menos redondo que otros, pero en fin, es lo que hay. Allá va.

Fumar, prohibir

Un amigo me contó que, estando de vacaciones en un país ex comunista de la Europa del Este, al ver en un vagón de tren a varios ciudadanos fumando como si nada, pensó: «En España, por suerte, ya hemos superado esto». El uso de esta palabra, que implica el significado de avanzar, indica hasta qué punto nos sentimos cómodos con la restricción de las libertades. Consideramos un triunfo las prohibiciones, cuando, entiendo yo, una sociedad moderna debería conformarse mediante la educación, y no con reglas impuestas a adultos, como si fuésemos niños todos.

Mientras escribo estas líneas tengo delante de mí un informe del Ministerio de Sanidad, del que algunos datos ponen los pelos de punta. Según una encuesta realizada en 1996, el 66% de los adolescentes de entre 14 y 18 años había consumido alcohol en los treinta días anteriores a dicha encuesta. Es curioso comprobar como nadie siente la necesidad de superar este problema, que, tanto individual como socialmente, es, creo, mucho más grave que el del tabaquismo en los adultos. El consumo de drogas —y me refiero a todas, independientemente de su legalidad— en individuos en fase de crecimiento puede ocasionarles toda clase de problemas de salud. Eso, por no hablar de que a nadie, después de fumarse un cigarrillo, o veinte, le da por ponerse a dar alaridos por la calle, meterse en peleas, orinar en la puerta de un domicilio particular; o de que después de fumar un paquete de tabaco nadie se convierte en un arma mortífera si decide conducir. Sin embargo, como digo, la mayoría de la población aplaude la inminente prohibición de fumar en lugares públicos, pero nadie ve apremiante que nos pongamos en serio a erradicar el alcoholismo en nuestras calles, aunque solo sea el que se produce en los menores.

Le doy vueltas y vueltas al asunto y no encuentro un porqué. En este país siempre se ha considerado de buen gusto molestar al vecino. Gritar, beber en público causando ruido y suciedad, comprar petardos a tus hijos para que celebren no sé qué cosa con ruidos atronadores, informar a toda la ciudad de la victoria de tu equipo de fútbol (absurda actitud: a los que les interesa, probablemente ya lo saben; a los que no, nos trae sin cuidado). En general, el español desconfía del que es educado, o al menos poco ruidoso. No encontramos mejor forma de demostrar nuestra felicidad que bramando al oído del vecino. No me dirán que esto no contrasta con la extrema intolerancia hacia los que sufrimos de tabaquismo, que no es un capricho, un vicio ni un hábito, sino una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud. Como lo son, por otra parte, las enfermedades nerviosas provocadas por la exposición continuada al ruido, con el que tan a gusto nos sentimos. ¿Por qué es precisamente el tabaco el demonio de las instituciones y de la sociedad?

Puede que venga de la tendencia a imitar a los Estados Unidos, en que un fumador es visto prácticamente como un nazi. No lo sé. Me parece una explicación plausible. Sin embargo, en muchos de los estados de la superpotencia es ilegal beber hasta los 21 años, y siguen la norma a rajatabla. Aquí, sin embargo, todo el mundo acepta el consumo de alcohol entre menores, con el consabido argumento de que «tú también lo hacías a su edad». Para mí, sigue siendo un misterio.

Tengo clarísima, sin embargo, la sensación de vivir en un país en que, como persona, tengo cada vez menos derechos. No pido que se me permita fumar libremente donde se me antoje, ya que no es razonable. Pido, no obstante, poder realizar un vuelo internacional sin tener que mentalizarme para estar un mínimo de diez horas sin poder echar un cigarrillo (echen cuentas desde que entran en un aeropuerto hasta que salen del otro, y acuérdense de que, en los vuelos internacionales, hay que estar en el sitio dos horas antes del embarque). Pido poder ir a un bar de fumadores, donde todo el que entre sepa que va a aspirar humo, y donde irá quien le apetezca. Pido no tener que irme a la calle a fumar en cualquier situación, con una mirada que parece pedir disculpas por sufrir una enfermedad. Soy fumador. No fumo para molestar al de al lado, fumo porque padezco tabaquismo. Intentaré que mi enfermedad cause las mínimas molestias a los paisanos, pero exijo que no se me castigue por estar enfermo. Lo único que estoy pidiendo es no tener que encerrarme en mi casa o salirme a la calle, como un animal, para realizar una actividad que en este país sigue siendo legal.

La kafkiana obsesión por castigar a los fumadores produce otras situaciones que, miradas objetivamente, deberían producir espanto. Contaba el escritor Javier Marías hace unas semanas en El País que ya le resultaba imposible encontrar una habitación para fumadores en un hotel cualquiera de la UE o los Estados Unidos. No es que te cobren el doble por fumar: es que, pagues lo que pagues, es obligatorio, si sufres tabaquismo, que salgas a la calle a la hora que sea, haga el tiempo que haga, para inyectarte tu dosis en el pulmón. Esta situación la viví yo mismo, hace un año, en un hotel de Londres. Un amenazador cartelito te avisaba de que pagarías una multa si se daban cuenta de que habías fumado en la habitación. Nada decía, sin embargo, sobre el consumo de alcohol.

No me malinterpreten, con este artículo no pretendo defender la idea de que mis conciudadanos tengan la obligación de tragarse el humo de mis cigarrillos cuando van a un bar. Claro, que tampoco yo debería estar forzado a aguantar los berridos de los parroquianos que no saben beber con moderación, la música de calidad cuestionable a elevado volumen o el ridículo juego de fútbol a cien decibelios en el televisor. Pues si no te gusta eso —parece que los oigo decir— no vayas a un bar. Bien, pues lo mismo digo yo de mi humo.

Anteriormente, en La Lengua:

11 comentarios en “Fumar, prohibir”

  • # franci dice:
    4 de July de 2010 a las 21:09

    Yo hasta hace poco he tenido la sensación de ser el apestado por molestarme el tabaco. Siempre me han dicho que soy un quejica, que no es para tanto, que de algo hay que morir. Precisamente he visto morir a dos personas del humo del tabaco de una sola de ellas.

    Alguna vez me dijeron que no es razonable prohibir fumar, que los fumadores son respetuosos y preguntan si molestan. En 37 años que tengo nunca vi a ese fumador respetuoso. Tal vez tu seas la excepción.

    “Pido poder ir a un bar de fumadores, donde todo el que entre sepa que va a aspirar humo, y donde irá quien le apetezca” ¿Excepto los camareros?

    Seguramente soy algo parcial, fui camarero y tuve que aguantar mucho humo de los clientes. Como informático también tuve que aguantar algún tiempo el humo, casi dejo el trabajo pero anunciaron la ley anti-tabaco y esperé a ese día con dicha y regocijo.

    No me alegro de que no puedas fumar, aunque cada cigarro te reduzca de media 6 minutos de vida, me alegro de no fumar yo, no sólo porque sea malo para la salud, es que realmente me molesta, en la garganta y la mucosa de la nariz.

  • # Miss Fidget Wonkham-Strong dice:
    4 de July de 2010 a las 23:14

    La situación del no fumador en un grupo de amigos normal suele ser como el que no es aficionado al fútbol y tiene que aguantar un Madrid-Barça cada fin de semana: siempre se acaba yendo donde quieren los fumadores. Como no queremos renunciar a ver al amigo que fuma, porque por algo es nuestro amigo, pues acabamos cediendo y vamos donde se fuma. Y sí, es imposible entrar en un bar y no salir con el pelo y la ropa apestando a tabaco y los ojos irritados por el humo. Que sí, que si no quiero apestarme no voy, pero no entiendo a qué tantas quejas de los fumadores cuando, al menos en lo que a bares y restaurantes se refiere, seguís teniendo todas las facilidades para fumar donde os plazca.

  • # Elías dice:
    5 de July de 2010 a las 6:09

    Creo que he dejado suficientemente claro en mi artículo que comprendo a los no fumadores y que respeto su derecho a no aspirar mi humo.

    Pero, aparte de anécdotas y situaciones particulares, la cosa está así: a partir del 1 de enero, si una persona quiere fumar, tiene dos opciones. O se va a su casa, o se va a la calle. No habrá absolutamente ningún otro sitio donde se pueda, legalmente, fumar un cigarro. ¿No es monstruoso?

  • # franci dice:
    5 de July de 2010 a las 7:48

    ¿Y no es monstruoso tener que elegir entre trabajo y pulmones limpios si eres camarero?

    Y no es totalmente cierto, aun se puede fumar en lugares privados al aire libre eso no cambia, en esos casos como hasta ahora sólo el dueño o responsable puede decidir.

  • # franci dice:
    5 de July de 2010 a las 7:50

    Con lugares privados quise decir “establecimientos públicos”

  • # Prohibido_Prohibir dice:
    5 de July de 2010 a las 14:53

    Desde la Plataforma Prohibido Prohibir pensamos que la base de la convivencia entre fumadores y no fumadores está en la educación, el respeto y la tolerancia recíprocas. Una prohibición total tendría unas consecuencias tanto sociales como económicas desacertadas.

    En el siguiente enlace os dejo un vídeo que, además, pone de manifiesto la falta de verdad de las cifras manejadas desde el Ministerio de Sanidad con las cifras que se dan en la realidad.

    Trinidad Jiménez y la Ley antitabaco

    Cordiales saludos

  • # antonio molina dice:
    8 de July de 2010 a las 12:26

    Muy bueno, y felicidades a los de PROHIBIDO PROHIBIR.Nos mienten y nos lo tragamos todo, además quieren domesticarnos paulatinamente…

  • # La prohibición de fumar EE.UU. | Que Dejar de Fumar dice:
    16 de July de 2010 a las 4:04

    […] La Lengua » Fumar, prohibir […]

  • # Observador subjetivo dice:
    9 de August de 2010 a las 19:25

    Os invito a leer este post sobre el tema, que publiqué hace unos días en mi blog:

    http://observadorsubjetivo.blogspot.com/2010/08/prohibido-no-prohibir.html

  • # Carlos Martin (Endimion) dice:
    21 de December de 2010 a las 7:02

    pues mucho me temo que con mucha voluntad y tiempo más de un fumador acabará dejando de fumar ya que motivación social no falta.
    Vivo en Inglaterra y el fumar se ha convertido en una desventaja en la búsqueda de empleo ya que una de las preguntas clave de la entrevista es si usted fuma.
    Contratar a un fumador implica que un trabajador sufra de ansias por un cigarrillo que le impida resistir concentrado en su trabajo, amén de que los fumadores siempre intentarán escaquearse a la más mínima de cambio para salir al exterior para fumar con la perdida de tiempo que ello implica reduciendo algunos minutos en su horario laboral en comparación a los que no fuman que finalmente acabarán siendo los preferiblemente contratados.
    Solución=dejar de fumar cueste lo que cueste.
    A fin de cuentas el tabaco mata.
    PD. Como abstemio que soy, estoy totalmente en contra del excesivo consumo de alcohol entre los jóvenes de hoy en día.

  • # Felipe Betancurt dice:
    6 de January de 2011 a las 19:47

    Excelente artículo, soy de Colombia, pero en muchos aspectos estoy de acuerdo con vos (vos = termino paisa [paisa = Antioquia] para referirse a ud)

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