Ars longa, vita brevis

¿Negociación?

3 de June de 2010

Dice el presidente Rodríguez Zapatero que el día 16 de junio aprobará la reforma laboral tan deseada por algunos «haya o no haya acuerdo». Ya sabéis que yo, cuando oigo «reforma laboral», entiendo «recorte en los derechos de los trabajadores», ya que, que alguien me corrija si me equivoco, pero creo que en vida del que suscribe estas líneas —35 años—, no recuerdo ninguna reforma laboral encaminada a subir sueldos, mejorar convenios, recortar algo de beneficio empresarial para remunerar mejor a los trabajadores, reducir jornadas laborales, controlar las horas extras que los obreros regalan al capital —el auténtico cáncer de nuestro país— ni nada que se le parezca. Así que ya sabéis, haya o no haya acuerdo, a partir del 16 de junio vuestros derechos se verán recortados una vez más (felicito a todos los que celebran cada vez que se maltrata a los funcionarios: recordad, como también dije, que los funcionarios gozan en este país de más derechos laborales que nadie; es lógico, pues, que a una rebaja en los derechos de los funcionarios siga inmediatamente una rebaja en los derechos de todos los trabajadores).

Lo que me hace gracia, maldita sea de paso, en todo este asunto, es que desde muchos sectores, como la Patronal o el mismo Gobierno, se reproche a los sindicatos falta de flexibilidad y voluntad de negociar. Es decir, una de las poquísimas cosas buenas que los sindicatos están haciendo bien es lo que critica todo el mundo.

Les afean, por ejemplo, el hecho de que se nieguen a que se rebaje aún más el número de días de indemnización por año trabajado que una empresa ha de pagar a un trabajador que pone de patitas en la calle. Dicen que eso va en contra de la creación de empleo. Es curioso: yo pensaba que para favorecer el empleo lo que había que hacer era facilitar la contratación, no facilitar el despido. Si se facilita la contratación, se crea contratación y empleo; si se facilita el despido, se crea despido y desempleo. Para mí que esto es de primero de Parvulario, aunque tal vez explicaron lo contrario el día en que yo falté a clase por un violento ataque de varicela. Who knows.

Todos sabemos que a un trabajador que se vaya aproximando al cuarenteno —no digamos a la cincuentena— le es prácticamente imposible encontrar un trabajo si queda desempleado. Las empresas quieren contratar a jóvenes, llenos de energía y de vigor, esos a los que llevamos treinta años diciéndoles que hay que trabajar por lo que sea, de becarios por 300 euros, haciendo todas las horas extras que puedan, porque este es un país muy poco productivo y eso hay que mejorarlo (trabajando más, que no cobrando más, por supuesto). Nos piden que nos fijemos en EEUU, el país productivo por excelencia, ese país que, siendo la primera economía mundial, tiene un porcentaje de gente sin empleo, vivienda, dinero ni derechos sanitarios vergonzoso comparado con países mucho menos poderosos pero con mayor tradición social, como casi todos los de la UE. Bien, si ese es el modelo hacia el que queremos ir, desde luego que lo estamos haciendo muy bien. Estamos haciendo «los deberes que nos pone Europa», en una expresión de lo más cursi que se repite hasta el vómito en estos días. Además, a un trabajador madurito le es más difícil aguantar los caprichos de un jefe draconiano, renunciar a derechos, aceptar un sueldo mediocre. Contratarlos es un coñazo, vaya.

Esa es la razón principal de la indemnización por despido, como yo la veo: que se despida antes al trabajador más joven, que tiene más posibilidades de encontrar otro trabajo y además no tendrá cargas familiares ni hipotecarias, o serán menores que las del trabajador mayor. Cuando lleguemos a la anulación de la indemnización por desempleo, que, no os preocupéis, llegaremos, un trabajador cuarentón no tendrá difícil encontrar un trabajo: lo tendrá imposible. Tendremos las calles llenas de pedigüeños de la edad de vuestros padres. Ese es también nuestro futuro. El que esté de acuerdo, que no haga nada.

Pero sigamos con los sindicatos. Se supone que queremos un país social: si os pregunto a vosotros, si le pregunto al Gobierno, incluso si se lo pregunto al principal partido de la oposición, dirá que sí. La función de los sindicatos es luchar por la consecución de los derechos de los trabajadores. Estos derechos aún no están garantizados plenamente en nuestro país. No tenemos estabilidad laboral, ni un buen subsidio por desempleo, ni un Ministerio de Trabajo que vele por que nadie trabaje una hora más que las que le han pagado, ni una buena conciliación de la vida familiar con la laboral, ni otras muchas cosas. Aún queda muchísimo camino por recorrer a los sindicatos hasta acercarse siquiera a una situación de plenos derechos laborales, que supongo que, en un estado social, es lo que todos queremos.

Aceptando que no hemos llegado al punto de destino, que aún quedan derechos por conseguir: ¿cómo es posible que se pida a los sindicatos que negocien? La única negociación posible es la contraria a la que pide el Gobierno. Lo único que deben decir los sindicatos si quieren que negocien es: «Sí, vamos a negociar. Vamos a hacer más fácil la contratación y más difícil el despido. Vamos a aumentar salarios, aunque los botines y ortegas vayan a ganar un par de millones menos. Vamos a garantizar que los trabajadores tienen tiempo para pasar con sus hijos. Vamos a mejorar las condiciones en los lugares de trabajo, los subsidios y ayudas, la formación. Vamos a garantizar que se paguen todas las horas que los trabajadores empeñen en sus trabajos. Hagamos todo esto: negociemos. La única negociación posible es cuándo y en qué plazos nos vais a dar esos derechos que nos pertenecen. No vamos a negociar cuánto menos os va a costar despedir a un padre de familia ni cuánta flexibilidad (a. k. a. facilidad de despido) vais a lograr. Hablemos.»

Esto es lo que deben hacer los sindicatos, y esto es, aunque sea por omisión, lo que están haciendo. ¿Es que se les ha pedido a las empresas que arrimen el hombro? El Presidente dice que quiere crear más contratos indefinidos. Mire vuesa merced: un contrato indefinido que garantiza el despido gratuito no es indefinido, es simplemente un contrato hasta que me dé la vena. ¿A qué estamos jugando?

Por eso los sindicatos lo están haciendo bien. Que negocien, sí, pero de rendirse nada, porque me representan a mí y os representan a vosotros. Y, señor Presidente, después, en las elecciones, nos veremos las caras.

1 comentario en “¿Negociación?”

  • # Alber dice:
    12 de June de 2010 a las 13:38

    A mí como trabajador no me representan, no los he elegido en ninguna elección.
    Derechos, derechos y los deberes? Recientemente en mi empresa se despidió a un trabajador porque se ausentaba con excusas de que le dolía el hombro, que el pie (sin justificantes médicos), que no sé qué…, curiosamente nos enteramos de que aprovechaba esos días para hacer chapucillas de reformas (hace dos o tres años tenía una empresa de reformas). Yo me pregunto, ¿por qué la empresa le ha tenido que pagar una indemnización sino cumplía con su obligación?. A las dos semanas, ya se ha contratado a otra persona para ocupar su puesto.

    Si un trabajador hace lo que tiene que hacer y cumple con su puesto, la empresa no le va a despedir. Pero si uno es un incompetente o no produce, no veo porqué se le tiene que mantener en su puesto a capa y espada, es un perjuicio para la empresa. Y luego todo el mundo se le llena la boca hablando de que hay mejorar la productividad en nuestras empresas para que compitan más y mejor.

    Y no veo mal que las empresas tengan beneficios, no son una ong ni el Estado. Si os da envidia o os molesta, pues hace unos años por nada a uno le daban préstamos, haber montado vuestra propia empresa. Aunque es mucho más cómodo no tener tantos problemas ni responsabilidades, que si las cosas van mal, y se queda uno sin trabajo, tener el paro y aguantar, mientras que de la otra forma, se pierde el trabajo, no se tiene paro, se pierde casa y se pierde todo, de un plumazo. Es más fácil hacer lo justito, tener un sueldo y quejarse de que el jefe tenga un Mercedes y una casa con jardín.

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