Ars longa, vita brevis

Esto es lo que hay

19 de May de 2010


Imagen vía weburbanist vía Boing Boing.

Estaba hablando esta mañana con un votante del Partido Socialista —y a pesar de ello persona muy inteligente— sobre la crisis, el recorte de salarios, el más que improbable aumento de impuestos para los que más tienen (aunque probable para los que tienen un sueldo medianamente decente, lo cual, Sr. Presidente, no es lo mismo). Nos reunimos tres o cuatro durante el desayuno para darle caña, amistosamente, porque lo apreciamos, y porque, como él mismo nos confesó el día que se supo que el Gobierno iba a castigar a funcionarios y pensionistas por el desmadre económico causado por los poderosos, cito: «Podéis decir lo que queráis y no voy a responder. Me he quedado sin un solo argumento para defender a este Gobierno y a este Presidente». Inteligente el hombre, como os he dicho.

El caso es que esta mañana seguíamos con el tema, y la conversación iba sobre la seguridad que teníamos todos, incluido él, de que este Gobierno —ninguno, en realidad— no iba a hacer que las enormes fortunas españolas pagaran a la sociedad lo que le deben. Cuando hablo de enormes fortunas no hablo de un asalariado que cobre 25.000 euros mensuales, que los hay, ni de familias que poseen seis o siete viviendas que ponen en alquiler, ni siquiera de los constructores ni del afortunado José Bono. Hablo de gente que posee una cantidad absolutamente indecente de dinero, hablo de gente que se enciende los cigarros de cocaína con billetes de 500, gente que sabe que ni él ni las cuatro generaciones que le seguirán en su familia pasarán necesidades nunca, ni les faltará el dinero, aunque se la pasen viviendo a todo tren.

Comprendíamos todos por qué ningún gobierno iba a hacer eso, sólo que él lo veía como algo inevitable, y por tanto no criticable, y yo no. Sin embargo, comprendemos los dos que esas inmensísimas fortunas son las que crean trabajo en este y en cualquier país. Tienen empresas monstruosas que dan trabajo a cientos de miles de personas. Subirles los impuestos, o exigirles que devuelvan algo de riqueza a la sociedad, dado que si han amasado esas fortunas ha sido gracias al duro trabajo de millones de mal pagados trabajadores, sería como abrir la puerta del mundo y obligarlos a que se fuesen a establecer sus empresas en otros países donde paguen menos impuestos.

Y así es: si obligamos a las grandes fortunas a que paguen lo que deberían pagar por su nivel de ingresos, y de paso las obligamos a que paguen unos sueldos dignos a los trabajadores (no considero digno 2.000 euros mensuales por diez horas de trabajo, y soy consciente de que el 75% de la población ni tan siquiera sueña con cobrar eso ni trabajar solamente esas horas) todas estas corporaciones no tienen más que mover sus centros de producción a Marruecos, a Rusia, a La India, y explotar a los trabajadores allí en lugar de hacerlo aquí, y además, seguramente, con mejores resultados y menores sueldos. Si obligamos a las fortunas cienmillonarias de este país a que paguen no ya más, sino los mismos impuestos que tú y que yo, es probable que todas tomen las de Villadiego y se nos planten trescientos mil nuevos parados en un día.

Es por eso que ningún gobierno de occidente se atreve contra los ricos, no hay otra razón. Por eso ni siquiera un gobierno socialista, que de vez en cuando se despierta a media noche bañado en sudor después de haber tenido una pesadilla en que era de izquierdas de verdad, se atreve a tocar a las grandes fortunas. Tanto mi amigo como yo, y supongo que vosotros también, entendíamos la sencilla y bella lógica del argumento.

La diferencia es que a él le parece bien (a pesar de ser inteligente, no deja de ser socialista por ello) y a mí no. A él, porque no quiere que en España haya de repente más desempleados. ¿Y yo? ¿Es lo que yo quiero? Por supuesto que no. No quiero que a nadie le falte el trabajo. De hecho, como os dije en el anterior post, voy a acudir a la huelga light no por el recorte de mi salario, sino por otros grupos sociales más desfavorecidos.

Yo no tengo una solución para la crisis económica. Es probable que la solución más rápida, y tal vez incluso duradera, consista en lo que todos los gobiernos de Europa y América están haciendo: permitir que se despida más fácilmente a los empleados (a. k. a. flexibilidad del mercado de trabajo), bajar salarios y pensiones (a. k. a. un esfuerzo necesario), entregar lo que se ahorre con esos recortes sociales a la banca (a. k. a. inyección de capital crediticio, o algo por el estilo), aumentar la presión fiscal que pesa sobre los más pobres (a. k. a. desfavorecidos) y seguir permitiendo que botines, ortegas y demás sigan pagando un 1% de impuestos.

Es probable, digo, que para mantener este sistema económico, con sus subidas y bajadas, sea necesario, en definitiva, que aportemos más al Estado los que menos tenemos, mediante el IRPF e impuestos indirectos como el IVA. Es muy probable.

La pregunta que me hago es si realmente queremos mantener este modelo neoliberal. Es un modelo que, qué duda cabe, permite —en temporadas buenas— una tasa de ocupación altísima, sin prácticamente parados (recuérdese la época buena de Aznar), y que cada Juan Lanas tenga una tele LCD en su dormitorio, no porque haya ganado tanto para comprarse una, sino porque el progresivo descenso del salario de los que fabrican esas teles permite venderlas a bajo precio. Y que, para ello, haya debido renunciar a un salario digno de verdad, a sus derechos laborales, a parte de sus ocho horas de descanso y de sus ocho horas de ocio después de las ocho de trabajo. Y es probable que a mi amigo, a vosotros y a muchas otras personas les parezca bien, pero a mí no.

Sin embargo, si seguimos esforzándonos para salvar este sistema a toda costa, metidos en la UE y en todos esos grandes organismos que van en esa dirección, es lo que vamos a tener. Si se deja al mercado a sus anchas, el mercado hará lo que es mejor para él. Y lo que es mejor para él no será normalmente mejor para ti. Nunca va a ser mejor para él que trabajes menos horas, que cobres más o que sea más difícil pegarte una patada en la cara y ponerte de patitas en la calle.

Nadie se atreve a dar un paso en contra del mercado y España, desde luego, que ya no es el país valiente que fue, no va a dar el primero. Todos tenemos mucho miedo, miedo de quedarnos sin comer, como si los filetes se fabricasen con el papel moneda que tienen los bancos en sus cajas fuertes o los bits informáticos que dicen que tienen billones de euros.

Y mientras nadie dé ese paso, ese paso difícil y valiente, esto es lo que hay. En la imagen, sois la chica.

2 comentarios en “Esto es lo que hay”

  • # Pedro dice:
    20 de May de 2010 a las 21:38

    Pienso que los si sistemas económicos no funcionan, no es por ellos, sino por las personas. Si en un modelo liberal nos dedicamos a especular, a obtener el dinero fácil, etc. ¿Cómo va a haber buenos resultados?. Si en un sistema comunista, no se rinde en el trabajo, no se innova,…¿Cómo va a haber buenos resultados?.
    En una economá global los movimientos especulativos le pueden poner las cosas más fáciles a unos países que a otros, pero las actitudes de las personas también son una parte impartante de la economía.

  • # Ikima dice:
    20 de May de 2010 a las 21:52

    El problema es que en un sistema las personas no pueden actuar de forma libre, o eso es lo que ocurre. Actúan de acuardo a su rol. El rico hace de rico, gana mucho, explota al empleado; el trabajador de deslomarse hace de trabajador que se deja deslomar, y así sucesivamente… La actitud de una sola persona que se rebela ante un sistema no es nada, no es ni siquiera una hormiga ante un rinoceronte, sino mucho más insignificante.

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