Ars longa, vita brevis

El olor de la guayaba

24 de May de 2010

Este artículo trata sobre el episodio final de Lost. Si no quieres que te lo chafe, ya sabes.



La edición que suelo leer de Cien años de Soledad, de Ediciones Cátedra, incluye, como todos los de esa colección de libros negros odiados por todos los estudiantes, innumerables citas a pie de página además de uno o dos —no recuerdo bien— breves estudios introductorios. Muchas de las notas a pie de página están extraídas de El olor de la guayaba, un libro de entrevistas en el que Gabriel García Márquez cuenta impresiones suyas sobre diversos temas, entre ellos sobre la creación y los diversos significados de su obra maestra. En un momento en que el entrevistador le pregunta sobre este o este otro significado «oculto», Gabo responde con cierta sorna que le resulta curioso que todo el mundo busque significados rebuscados en cada uno de los pasajes de su libro, cuando la mayoría de lo que la gente cree descubrir son en realidad referencias privadas, bromas a amigos y curiosidades por el estilo, que para cualquier lector, o incluso para un lector experimentado, serían imposibles de descifrar, dado que las claves no están al alcance de cualquiera.

En general intento huir de las interpretaciones rebuscadas del significado de libros y películas. Es cierto que muchas obras contienen más de una lectura, y eso es algo que las hace mejores aún; el ejemplo paradigmático de esto es el Quijote. ¿Es un libro de humor que se burla de los que adoran las inverosímiles aventuras que aparecen en los libros de caballería baratos? ¿Es una parábola que intenta demostrar que, en un mundo en descomposición, mantener una actitud noble y de desinteresada filantropía es una locura suicida? ¿Es un retrato de la decadente España imperial de los austrias centrales? Todo eso, y más cosas, probablemente, pero menos de lo que muchas mentes enfermas quieren ver. Cien años de soledad es la historia de varias generaciones de una familia que comete el pecado de ser incapaz de amar, y también la historia de Latinoamérica, ¿y qué más? La verdad, tampoco importa tanto, salvo a sesudos filólogos y críticos literarios, supongo.

Esta mañana he visto el capítulo final de Lost. Si estás leyendo esto ya lo habrás visto tú también, supongo, y también supongo que sabrás que Internet está echando humo con las críticas de los incondicionales de la serie, que se quejan, y con razón, o no, de que no da respuestas.

El caso es que esto se sabía desde hace bastante tiempo, o lo sabía cualquiera que supiera leer un poco entre líneas. En este vídeo, que fue publicado en Ted Talks en enero de 2008 —pero que fue filmado en marzo de 2007—, J. J. Abrams, uno de los creadores de la serie, habla sobre una misteriosa caja que compró en una especie de feria ambulante (no lo recuerdo exactamente, y no tengo motivación bastante para verlo de nuevo; la idea se pilla, no obstante). En la susodicha mistery box hay algo, una sorpresa que se descubre una vez comprado el artículo, al abrirlo. Me recuerda al juego de pesca que yo practicaba de pequeño cuando venían las ferias a Melilla: pescabas una bolsa de papel con una caña, y entonces abrías la bolsa y descubrías lo que tenía, pero no antes. Abrams dice que, muchos años después, aún no ha abierto la caja, y puede que no lo haga jamás. En el misterio está la gracia. Lo bueno, la emoción, está en saber que puede mantener eso que ha comprado probablemente por un par de dólares, durante un tiempo virtualmente indefinido. No hay producto con mejor relación calidad-precio: por un par de pavos compras un misterio que puede durarte toda la vida.

¿Es esto una declaración de intenciones sobre el final de la serie que nos ha tenido enganchados durante seis años? Si no lo es, que alguien me explique qué diablos es.

No creo que nadie con dos dedos de frente se esperase que en el capítulo final, de una duración aproximada de una hora y media, nos dijesen qué era el pájaro que había visto Hugo Reyes, dónde estaba Walt y qué diablos pasaba con él, de dónde diantre salían los osos polares, quién tenía solo cuatro dedos en los pies o por qué esos números y no otros.

Por mi parte, en cuanto empecé a sospechar que la resolución de los misterios iba a tirar más por una senda mágico – místico – mítico – religiosa que por una científica o al menos de ciencia ficción, perdí un poco el interés por la explicación real, o digamos verosímil-verosímil de la historia, y me conformé con un buen espectáculo de entretenimiento y unos misterios bien planteados, unas interpretaciones decentes (las ha habido muy buenas y otras que, diciendo pasables, somos bastante generosos, como la del guapo Sawyer) y unos efectos especiales muy logrados, y una coherencia interna de la que cabe poca duda.

Era imposible que en el último capítulo dieran todas las respuestas, y por supuesto no las han dado. El misterio es lo que gusta a los creadores, y misterio es lo que nos han dado. ¿Acaso no la veíamos por eso? Es una serie sin resolución, es una serie que, incluso acabada, sigue siendo un gran misterio. Y, amigos, eso está bien.

Pero hay más. Las escenas finales son la confirmación de que Lost no trata sobre una isla, sino sobre unas personas y las relaciones que se establecen entre ellas, preinsular e insularmente. La serie no se llama Island, se llama Lost. Es por eso que el único misterio resuelto es el de qué pasa —o qué ha pasado— con los personajes al final. Un final a la vez novelesco y cinematográfico. Novelesco porque muere prácticamente todo el mundo, excepto el perro, y sabido es que una novela no puede considerarse acabada hasta que muere su protagonista (volvemos al caballero de la triste figura); y cinematográfico porque acaban todos juntos dándose besos y sé de más de una —y hasta de uno— que ha soltado sus lagrimitas al acabar el episodio final.

No nos precipitemos: falta muchísima perspectiva para saber si ha sido la mejor serie de la historia de la televisión hasta el momento, y desde mi punto de vista diré incluso que no está entre mis cinco series preferidas. Pero hay cosas que no pueden negársele: ha sido una serie de misterio desde el principio hasta el final, e incluso después de su final. La calidad técnica, para ser una serie de televisión, ha estado a la altura de muchas producciones de cine, y por encima de otras muchas. Los personajes, unos más creíbles que otros, han logrado que los veamos como entes humanos reales. Y, sobre todo, os ha tenido enganchados durante seis años. Creo que poco más se le puede pedir.

(Y además, qué demonios, aunque hubiesen contestado a todas las preguntas, tendríamos ahora mismo el mismo número de trolls quejándose, esta vez, de que los misterios «no se han resuelto bien». Y es que con esto «del Internet», que dirían mis alumnos, tenemos expertos para todo, desde expertos en blogs hasta lostólogos.)

4 comentarios en “El olor de la guayaba”

  • # Manuel dice:
    25 de May de 2010 a las 9:00

    Yo hace tiempo que tomé la determinación, cuando aún estábamos en la 2-3ª temporada, de no hacer cábalas sobre el final de la serie.

    Por eso, supongo que he disfrutado del final de la serie como nunca hasta ahora… me he dejado sorprender, he estado atento a la historia y su resolución, en lugar de estar quejándome por no ser lo que yo había previsto.

    Y sí, me he emocionado, y he llorado con el final (sensiblón que es uno) porque me ha parecido tremendamente épico y bonito.

    Además, estoy de acuerdo contigo en lo que comentas… Lost es una serie sobre personas, no sobre la isla, sobre sus relaciones, los problemas que afrontan, y como tal y lo he entendido siempre.
    De hecho, para mi la serie es lo mejor que he visto, y lo es precisamente por sus personajes, tanto principales como secundarios.
    Y ahí está el mérito de los creadores, haber sido capaces de crear un repertorio tan amplio y variado de personajes, y haberlos hecho tan tremendamente atractivos e interesantes.

  • # drdcr dice:
    25 de May de 2010 a las 14:13

    Pues a mí eso de que es una serie sobre personajes y tal. Pues sí, como todas, pero el intríngulis de Lost era saber que les pasaba en la isla, por qué Locke podía andar, qué era el humo negro. Y la verdad, ha sido un poco tomadura de pelo. Empiezan con científicos locos y experimentos, siguen con viajes en el tiempo y un duelo entre el bien y el mal de una especie de dioses para acabar con que todos se tienen que juntar cuando mueren. Tomadura de pelo, gato por liebre o como lo quieras llamar.

    Que sí, que te ha hecho estar interesado y disfrutar mucho tiempo, que era como una droga, pero vamos ha sido un bluf.

  • # Cristina dice:
    26 de May de 2010 a las 17:00

    Aunque la serie tomara ciertos tintes mítico-místicos-mágicos (ese pie de la estatua egipcia Taurt, divinidad de mujeres en parto), el final de Lost es pura (y brutalmente) físico. De la Física Cuántica (la cual, no entiendo muy bien por qué, últimamente parece que me persigue). Toda la sexta temporada y su final (acelerado), así como la anécdota que has contado de la caja aún no abierta, me ha recordado la Paradoja de Schrödinger, más comúnmente conocida como El Gato de Schrödinger. Como la explicación sería extensa (un gato encerrado en una caja con una ampolla de veneno…), me la ahorro, pero sí haré hincapié en esa posibilidad de superposición de estados (vivo/muerto). Dos estados contradictorios y opuestos coexisten simultáneamente, porque desconocemos si el gato vive o si el gato muere. Sólo cuando destapamos la caja, alteramos la realidad y el felino muere por nuestra irrupción en el sistema. Y eso es lo que nos han contado: los dos estados, hasta que se destapa una caja (o isla o recuerdo) y se nos jode todo el invento. ¡La culpa la tiene Faraday!

  • # antonio molina dice:
    26 de May de 2010 a las 22:07

    Mirad este enlace con reacciones verídicas antes el final de la serie ;)

    http://www.youtube.com/watch?v=XFKoxKQHOk4

    Saludos

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