Ars longa, vita brevis

Tonterías

25 de April de 2010

Que vivimos en el gran país de las tonterías no es un secreto, pero eso no es necesariamente malo: gracias a ello, cientos de miles de opinantes indocumentados, como el que está tecleando esto ahora mismo, pueden abrir blogs y propagar a los cuatro vientos sus tonterías. ¿Y qué sería del mundo sin la existencia de los blogs? No quiero ni pensarlo, no merecería la pena vivir.

Hoy toca hablar del pañuelo que a algunas mujeres, chicas y niñas musulmanas les obligan a llevar, sea esta obligación fruto de una orden directa de los hombres y mujeres de su familia, de la presión social, mayor si cabe, o de un concepto del mundo, la ética y la religión que les dice que como son seres pecaminosos, inferiores y de segunda clase, deben cubrir sus impúdicas cabezas, a veces su cuerpo entero.

1. Porque la primera tontería de la que quiero quejarme es la de los todólogos profesionales que llevan semanas torturándonos con que si un burka es esto, un pañuelo es tal, un hiyab es cual y un niqab es otra cosa. Me trae sin cuidado, y a un laicista militante, que es de lo que se las dan estos señores y señoras, debería traerlo igual. La prenda en cuestión, ya en su modalidad de verano, entretiempo o invierno, es un instrumento de marginación sexual. No, no un símbolo, no es un símbolo de nada, y si lo es también me la trae al pairo: el símbolo sólo adquiere valor en la medida en que el que lo descifra conoce el código, así que el daño que puede hacer viene condicionado por la competencia comunicativa del receptor. Dicho de otra manera: no ofende quien quiere, sino quien puede. Si alguien lleva una pulserita magnética en la muñeca como símbolo de que me odia y desea mi inexistencia, yo seguiré caminando por la vida tan alegre o triste como antes, porque el que un analfabeto utilice algo material para simbolizar su odio hacia mí es una mamarrachada para la que no dispongo de tiempo ni de motivación. Así que lo que simbolicen los distintos signos religiosos que usan los beatos de cualquiera de los cuentos que se creen no me causan mayor problema, ni deberían causárselo a la sociedad. ¿Pañuelo palestino como apoyo a la intifada? ¿Estrella de David como apoyo a las barrabasadas de Israel sobre poblaciones civiles? ¿Anillos de ópalo para proclamar que todos deberíamos ser vírgenes hasta el matrimonio? ¿Llaveros con forma de feto para decirnos a los que defendemos un aborto regulado por leyes que iremos rectos al infierno? Hay quien se la pela, con perdón, viendo Bambi, yo no tengo tiempo para esas tonterías.

La identidad cultural de cada cual, que es el argumento que ha utilizado Leire Pajín para defender la marginación de la mujer en el Islam (porque en una cosa suelen ser consecuentes los socialistas españoles: su adoración y devoción absoluta a esta religión, que les hace inventarse las ideas más rocambolescas para defender postulados irreconciliables con unas ideas socialistas verdaderas), por tanto, como la cultura en general, también me parece un argumento poco serio para este debate. La cultura me parece una forma de religión. ¿Cómo si no es posible defender la bondad de las costumbres españolas, catalanas, cristianas, musulmanas, las que sean? No hay argumento objetivo para defender una forma de manifestación cultural sobre otra, ni la preferencia por un idioma u otro, así que cuando ya no es elegante defender una idiotez echando mano de la religión, se echa mano de la cultura. ¿Cómo defendemos algo tan salvaje como las corridas de toros? Con la cultura. ¿Cómo defendemos, desde una postura socialista, no lo olvidemos, que a una niña de 11 años la obliguen a cubrirse la cabeza porque ha nacido con vagina, y por tanto sin pene? Con la cultura.

2. Lo que me lleva a la segunda tontería utilizada para defender la marginación religiosa de las mujeres. El tema de las monjas. En un pseudodebate de los que tanto abundan en la TDT —pseudo porque, según el canal que pongas, casi siempre las opiniones van a ser unánimes, y eso no es un debate— Iñaki Gabilondo sacaba el viejo asunto del velo que las monjas cristianas están obligadas a llevar. Es curioso que un periodista de cuya inteligencia no tengo duda, y al que no le caben los premios en su vitrina, saque un argumento tan burdo para defender el ideario socialista del que os he hablado antes (todo lo que venga del Islam es bueno). Ese argumento, por otra parte, tiene una trampa. El velo de las monjas cristianas, ¿es una herramienta de discriminación de la mujer? ¡Por supuesto! A nadie con dos dedos de frente se le ocurriría dudar de ello. Las monjas llevan la cabeza cubierta y los hombres no. La discriminación machista es evidente. ¿Dónde está la trampa, pues? Pues en algo tan sencillo como que una monja eligió su condición de monja, y una mujer no elige su condición de mujer. La monja, antes de serlo, se planteó ser monja como salida profesional, o vital, o lo que sea que lo consideren —repito que las neuras de cada cual no son de mi incumbencia—, mientras que una mujer no elige ser mujer, sino que lo es irremediablemente por nacimiento. Al igual que una mujer sabe que, si elige ser monja, debe soportar esa prenda discriminatoria, una persona sabe que si elige ser militar debe llevar uniforme y el pelo corto. La monja no se siente obligada a llevar la cabeza cubierta porque los hombres sean mejores que ella: se siente obligada por lo que ha elegido hacer, y en el momento en que decida dejar de hacerlo, dejará de estar obligada a llevar el velo. Y esto, sin meternos en otras cuestiones, como que a ninguna futura monja le encasquetan el velo con doce años, claro. La decisión de ser monja (recalco lo de decisión, pues ser mujer no es algo que se decide) se toma con todas sus consecuencias después de los dieciocho años. Es difícil que después de esa edad uno acepte, en este país, imposiciones de nadie, pero si es tan tonto como para hacerlo, pues mira, otro asunto que no va a ocupar ni un segundo de mi tiempo: cada cual se fastidia su propia vida como quiere, desde el día de su decimoctavo cumpleaños.

3. Tercera tontería: el asunto de la niña a la que han expulsado del instituto por acudir con la cabeza cubierta es un caso de intolerancia religiosa.

Esta tontería es especialmente divertida cuando viene de alguna persona religiosa, individuos conocidos, como es sabido, por su gran tolerancia hacia lo que no comulga con sus credos. Tenemos en España no solo el caso del líder del partido musulmán Coalición por Melilla, lo que sería más o menos comprensible (el partido no se declara musulmán, pero mi blog no es un medio de propaganda política y puedo permitirme el lujo de llamar a las cosas por su nombre), sino también el de la Conferencia Episcopal, toma ya. Por supuesto, los intolerantes van siempre de la manita.

Se intenta, pues, disfrazar el asunto este de asunto religioso, cuando no lo es. Un estado aconfesional no debe preocuparse de esas zarandajas. Aquí se pretende que tengamos libertad religiosa, y la libertad religiosa debe ser total. Pero, al igual que pasa con el resto de las libertades, se acaban donde empieza la norma, llámese Ley, Real Decreto, Constitución o Reglamento de Régimen Interno.

Yo puedo ser seguidor de una religión que me obligue a matar al prójimo por las más peregrinas cuestiones —de hecho, me pregunto si hay alguna religión que no te obligue a matar por esto o por esto otro—, y tengo derecho y libertad de creer en ella mientras, de acuerdo con la legislación vigente, no mate a nadie. Hasta ahí, bien. Puedo incluso abrazar las doctrinas del nacionalsocialismo, y hay gente que lo hace, y no es que me parezca bien, pero no me parece tan interesante como para ocuparme de ello más tiempo del que tardo en escribir este punto y seguido. La libertad de creer en el hitlerismo acaba donde la Ley te dice que no puedes hacer esto o lo otro (publicar, por ejemplo, ideas racistas). La mayor parte de la gente no tiene problema con ello.

Vamos al asunto concreto. Una chica pretende acudir a un centro escolar con la cabeza cubierta. Sí, ella cree que Dios se lo ordena, pero como digo, el Estado no debe perder tiempo en preguntar a cada cuál por qué hace esto o lo otro. No es una niña con la cabeza calva por unas terribles sesiones de quimioterapia, y que siente vergüenza porque sus amigas tienen pelo, lo que se une a la angustia por su enfermedad; es una niña que cree en algo no comprobable, que, como no es comprobable, no hay razón para que las normas se ajusten a lo que ella cree. Si yo creo que existe Dios, y su hijo Jesús, y su madre María, y que se deben respetar, ¿debe la sociedad entera abstenerse de hacer chistes sobre Cristo? No, por supuesto que no, no en nuestro Estado.

La niña dice que no se quita el pañuelo impuesto (padres, sociedad, religión, no se sabe, ni importa mucho). El centro tiene una norma en su régimen interior que prohíbe asistir a las clases con la cabeza cubierta. La norma no se ha dictado contra ninguna religión, como a muchos interesados (curiosamente, casi todos laicos y de izquierdas, o eso creen) les gusta decir, sino, sobre todo, como una norma de disciplina y educación elementales. Estar con la cabeza cubierta bajo techo, en nuestra sociedad, y en un ambiente —que debería ser— formalizado como la educación, es una muestra de desprecio a los demás. Un niño cree que 50 Cent es Dios resucitado, y quiere llevar la gorra en su honor. Y no se le permite. No se le preguntan sus creencias. La gorra se la quita. Lo mismo pasa con cualquier otra prenda que cubra la cabeza. Los motivos por los que cada cual quiera llevarla son solo suyos. Pero el centro tiene unas normas y las normas se deben cumplir. Y, precisamente, como signo de igualdad y de no discriminación religiosa, no se le pregunta a nadie qué simboliza eso que le cubre su pecaminoso pelo. Se lo quita o no acude a clase, y se acabó.

¿Es una norma excesiva, anticuada, debe cambiarse? Es posible, pero no es el caso ahora. Yo doy clases en Melilla, y en algunos centros —no en todos, como se prentede hacer creer— algunas chicas —no la mayoría, como también pretenden que creamos— llevan la cabeza cubierta con el velo, pañuelo o como quieran llamarlo. En mi ciudad no han surgido conflictos. Personalmente, por supuesto, estoy en contra de todo tipo de discriminación, ya sea religiosa o de otro tipo, contra las mujeres; incluso aunque esa discriminación la acepten gustosamente (en la Roma antigua, muchos esclavos preferían seguir siendo esclavos aun teniendo posibilidades de emanciparse, lo cual me parece una aberración, pero repito: cada cual se jode su vida como quiere). Sin embargo, nunca he pedido a una alumna que descubriese su cabeza. A los chicos y chicas que llevan gorra, como no me consta que ello surja de unas convicciones sobrenaturales profundas, les invito a que se la quiten, siempre que ello no atente contra su credo personal. Hasta ahora, todos han sido amables y se han descubierto la cabeza, aunque no me planteo la idea de echar a nadie de clase por no quitarse la gorra.

¿Cómo caso mi actitud con mi defensa del instituto Camilo José Cela? Es fácil: la norma del instituto citado dice que ningún alumno podrá llevar la cabeza cubierta. Es posible que esa norma sea exagerada; es posible que deban plantearse cambiarla; es posible que el mundo acabe mañana, yo qué sé. Lo que no es posible, o no debería serlo, es que una persona, por motivos no comprobables ni respetables en este caso (el estado interior de creencia o sensibilidad de cada cual no lo es) doble la rodilla a un consejo escolar y haga que una norma aplicable a centenares de alumnos se cambie para adaptarse a su caso personal. El Islam merece, para mí, los mismos respetos que cualquiera de las religiones mayoritarias o minoritarias del mundo, desde el Cristianismo hasta el Pastafarismo (pocos, en cualquier caso). Un centro educativo no debería ser sensible ante cualquier cosa que sus alumnos quieran creer. La educación debería sustituir creencias por hechos y verdades, no alentar la persistencia de esas creencias. Si tu religión dice que las mujeres sois basura y debéis cubriros la cabeza, no me parece ni bien ni mal, ya que España no te obliga a creer en ninguna religión (aparte de la religión de la cultura, de España, de sus autonomías y nacionalidades, de sus toros y demás). Pero tus creencias no pueden ser el punto de apoyo de cambios normativos, porque si se cambia, en contra del consejo escolar de un instituto, una norma para ser sensibles a tus creencias religiosas… ¿Qué estamos haciendo? ¿Cambiar una norma laica para adaptarla al gusto de una religión? Pensaba que esto no pasaba en nuestro país desde 1978, pero está a punto de pasar otra vez.

4. Por encima de todo, está el derecho de un menor a la educación. Esta tontería, en concreto, ha hecho que pierda el respeto al único político al que había respetado desde que se jubiló el bueno de Julio Anguita: Ángel Gabilondo, el ministro de Educación, mi jefe supremo, el hermano del otro Gabilondo.

No. Hay cosas por encima del derecho de un menor a la educación. De hecho, varias. La no discriminación por motivos de sexo, por ejemplo. El derecho a la educación no está por encima del derecho a que a una persona no la traten de modo distinto por ser una mujer. Este derecho prevalece y es anterior al otro. Curiosamente, pocos son los progresistas biempensantes que sacan la bilis a pasear cuando se habla del velo. Vale que queráis que la niña vaya a clases con el pañuelo, vale que penséis que lo primero es su derecho a la educación. ¿Pero ni una palabra sobre la discriminación evidente que supone? ¿Por qué? ¿Os hartáis de gritar cada vez que sale una mujer en un anuncio poniendo la lavadora, y ante esta discriminación sexual no tenéis más que genuflexiones?

El respeto a las leyes también está por encima del derecho a la educación, ya que el derecho a la educación precisamente parte de una ley, y si no existe el respeto a las leyes, tampoco existe el respeto al derecho a la educación. Uno debe cumplir la ley, y la ley dice que el consejo escolar aprobará el Reglamento interno del instituto, y que los alumnos lo cumplirán. No es que un alumno deba elegir entre su derecho a la educación y el respeto a la norma; es que, sin respeto a la norma, no hay derecho a la educación, ya que este derecho está precisamente garantizado por aquella.

5. Esta tontería viene de algunos de los que están de mi lado —esto es, en contra de la discriminación religiosa contra las mujeres—. Reza: las mujeres occidentales deben cubrirse la cabeza en los países musulmanes, por tanto, cuando las mujeres musulmanas vengan aquí, que se descubran respetando nuestra tradición.

Es una tontería porque parte de una base errónea, o de varias. En primer lugar, sería un error pretender ajustar nuestras normas a las dictaduras teocráticas que existen por este ancho mundo. No. No me interesa lo que se hace en Marruecos o en Irán. Es decir, me interesa como ser humano, ya que en las dictaduras se violan derechos fundamentales, y allá donde se viola el derecho de un hombre, allí hay un asunto mío. Pero no debo adaptar mi norma a la norma del dictador. El dictador es el que, si tiene algo de persona, adaptar su norma a la norma de la democracia. Si te molesta que te cubran la cabeza cuando visites una dictadura, con no visitarla tienes bastante. Digo yo. Así dejas de alimentar con tu dinero a los tiranos, y de paso te desligas de esta tontería posmoderna y perrofláutica de que todo lo distinto es bueno y la hostia y qué bonito crisol de colores y todas esas patochadas. En España, por la calle, va con la cabeza cubierta quien quiere. Y bajo techo, siempre que no haya una norma democrática (como lo son las normas de convivencia escolar) que lo prohíba. No existe la obligación de librar a las personas de sus prejuicios. Si alguien quiere vivir una existencia semiplena, atada por las convenciones de tal o cual religión, allá él. Siempre, por supuesto, que no vulnere nuestras reglas.

La otra base es caer en la trampa de la tontería número 3. La cuestión de la niña y el pañuelo y el instituto no es una cuestión religiosa. Es una cuestión de que no se debe cambiar una norma mayoritaria por los prejuicios de un individuo (o de treinta). Y punto redondo.

Y podemos seguir durante días hablando de las idioteces que se han oído últimamente por ahí en referencia al asunto, pero este post ya está siendo demasiado largo.

Termino con una reflexión acertadísima de Carmen Tomás que escuché el otro día en la tele (no recuerdo si fue en Veo7 o en el ultraderechista Intereconomía). Se preguntaba lo siguiente: si la niña puede acudir al centro con el pañuelo, ¿qué pasará cuando una quiera acudir con el burka que le cubra completamente la cabeza? ¿Dónde está la diferencia? La cantidad de tela, o de piel tapada, no es una diferencia cualitativa. Si, en el respeto a unas creencias, decimos a una niña que está bien que cubra su pelo infernal, ¿por qué no va a cubrir su rostro infernal? ¿No puede ser una cuestión de identidad cultural, de creencias personales, de libertad individual? ¿No es exactamente lo mismo? Pues eso es.

11 comentarios en “Tonterías”

  • # MrBlonde dice:
    25 de April de 2010 a las 20:19

    Bueno, primero de todo tengo que decir que argumentas muy bien siempre tus alegaciones.

    Este tema da qué pensar, he escrito y he borrado el párrafo que estaba escribiendo varias veces, y a la conclusión que he llegado es que la religión es una basura y que inculcarla a los hijos les limita la libertad de tomar decisiones. Y me da pena que se manipule a esta niña desde pequeña para que crea en algo que la obliga a llevar la cabeza tapada (aunque esto es discutible, no todas las musulmanas creyentes la llevan, no está tan clara la cosa), del mismo modo que me da pena el niño que hace la primera comunión y se sabe el credo de memoria (yo como la mayoría fui un niño de esos, pero como en casa no son muy creyentes salí del cascarón). Porque la religión es tan importante para mucha gente que lleva a mezclarla con otros aspectos de la sociedad. Y luego vemos a la iglesia católica (me da no sé qué escribirlo en mayúscula) en contra de que se legalice el divorcio, el matrimonio homosexual y el aborto, burradas como Sarah Palin intentando imponer los valores cristianos en la sociedad americana y dándole una patada en los huevos a la Historia olvidando que los “Founding Fathers” constituyeron unos Estados Unidos puramente laicos (véase http://bit.ly/8YAKDP).

    Menuda basura es la religión, ¿no?

  • # Manuel dice:
    25 de April de 2010 a las 21:48

    Tengo que darte la razón porque opino como tú.

    No entiendo que en este país se ataque a la Iglesia Católica (y no, no soy ni creyente ni practicante) cada dos por tres, pero luego se defienda una religión que sigue anclada en la Edad Media, y que es terriblemente discriminatoria.

    ¿Dónde está la Ministra de Igual-da-d para opinar sobre algo tan discriminatorio? ¿no le horroriza que se críen a niñas en la creencia de que son peores que los niños y que deben de tapar sus cabezas por ello?

    Cada cuál que haga lo que quiera, pero dentro de las normas y que lo haga por su voluntad, no por obligación.

    Lo que habría que hacer, es prohibir a cualquier ciudadano que pueda educar a sus hijos u otros menores en cualquier religión. Y que sea cada cual el que cuando sea mayor de edad decida la fe que quiere profesar, si quiere profesar algo.

  • # antonio molina dice:
    25 de April de 2010 a las 22:22

    Joder, MrBlonde, qué pesado con que la religión es basura. Yo creo que lo más importante aquí es darse cuenta de que desde hace algún tiempo se legisla en ocasiones a partir de casos particulares, o mejor dicho, aprovechando el paraguas de ciertos casos particulares. No debemos, por tanto, ceder a la tentación de pensar que esto es algo sin impotancia. La tiene y mucha: ¿quién coño se cree con derecho a desobedecer la ley y querer encima aparecer como la víctima? No. Aquí la ley no es el Corán, ni la Biblia ni el Talmud ni el Kamasutra. Estamos obligados a cumplir la ley, sea en el ámbito que sea, y si no quieres tienes dos opciones: seguir adelante y atenerse a las consecuencias o bien ir a otro sitio donde pueda ver cumplida mi voluntad (me refiero a otro instituto, para los malpensados…)

  • # Juan Fernández dice:
    26 de April de 2010 a las 9:56

    Pues yo no estoy de acuerdo con lo que dices. Creo que por un lado manipulas las cosas y por otro te contradices.
    No me detengo en todo porque me saldría tan largo como tu post. Hay van “algunas perlas”:
    “¿Dónde está la trampa, pues? Pues en algo tan sencillo como que una monja eligió su condición de monja, y una mujer no elige su condición de mujer”
    Ya, sólo que una musulmana sí elige su condición de musulmana y no lleva el velo en cuanto mujer, sino en cuanto mujer de una determinada religión. No es que la referencia cambie mucho las cosas porque aquí hablamos de niños y no de adultos, pero tú lo has querido incluir. Cierro, pues, el tema hablándote de Jamila, una ex alumna mía cuyo padre siempre le permitió hacer lo que quisiera con su vida, hasta que un día ella decidió que era musulmana, porque hasta entonces lo era pero no le interesaba y como estaba harta de sufrir el desprecio y el racismo de la sociedad en la que vivía, se puso un velo. Se casó y en su casa los pantalones los lleva ella (menuda es) pero el velo lo lleva y lo lleva por que quiere, o mejor, por desafiar a quienes no soportan las diferencias. Pero nos estamos saliendo del tema.
    ¿Nos centramos en la niña? La niña no ha elegido llevar el velo (el pañuelo, o lo que sea) se lo han impuesto, del mismo modo que a las niñas occidentales les imponen vestiditos o muñecas barbis con la misma intención, por lo demás. Tan absurdo me parece el velo como lo otro pero ahí entramos en el tema del derecho que tiene un padre a educar a sus hijos. Sí, tenemos que intentar que no haya discriminación y lo hacemos con campañas informativas, con la educación, no con las nomas. ¿Volvemos al colegio?
    La escuela en España se supone que es laica. Bien, pues eso significa que no tiene que imponer ningún tipo de credo ni manifestarlo (cosa que no sucede, por cierto y se arma menos revuelo); ahora, que un niño lleve un velo o un crucifijo entra dentro de la esfera privada del niño.
    Que hay cosas por encima del derecho de un menor a la educación, como la no discriminación sexual. Bien, pues lo dicho, nada de falditas para ellas y pantalones para ellos, nada de lacitos para ellas y pelos revueltos para ellos, nada de rositas para ellos y azules para ellos. Igual te parece una tontería, si es así está claro que no tienes hijos. Yo sí, y he vivido en mis carnes la no discriminación sexual de mis hijos (niño y niña).
    Vale, aquí llega tu obra maestra: las normas del cole. En el cole hay unas normas y hay que cumplirlas. Bueno… eso lo dirás tú. Las normas no son dogmas, la democracia no es una religión o no debería serlo. Las normas son consensos sociales y cuando se quedan obsoletas se cambian. Los que las desafían se llaman revolucionarios y a pesar de su mala prensa son los que hacen que la sociedad avance. En primer lugar me gustaría saber cuándo y cómo se escribió en ese colegio esa norma. Si fue intencionada o no. Sin conocer este dato me parece, de buenas a primeras, arriesgado hablar. Vamos a pensar que no está ahí para fastidiar (he asistido en colegios en Italia a decisiones del claustro en esa línea con la idea de disminuir el número de musulmanes). ¿Qué otras reglas hay? ¿Se respetan?
    ¿Hay que superarlas? Sí, no es para escandalizarse, antes había que levantarse cuando entraba el profesor como signo de educación y se cambió y nadie se ha muerto y sí, somos más maleducados ahora. Cuando yo era pequeño en mi colegio había que ir con el pelo corto, a mí me ponían melenudo y me llevaba reprimendas una y otra vez, yo lloraba y le pedía a mi madre que me cortara el pelo. Ella se enfrentó a la escuela y les dijo que su hijo llevaba el pelo como quería y que si no se podía llevar largo que se lo cortaran a todas las niñas. Eso es luchar contra la discriminación social y se hizo desobedeciendo una norma. ¿O piensas que tenemos que volver a la educación decimonónica? Habrá que buscar, más bien, puntos de equilibrio, aprender a ser más tolerantes.
    Tolerancia:
    “En España, por la calle, va con la cabeza cubierta quien quiere. Y bajo techo, siempre que no haya una norma democrática (como lo son las normas de convivencia escolar) que lo prohíba. No existe la obligación de librar a las personas de sus prejuicios. Si alguien quiere vivir una existencia semiplena, atada por las convenciones de tal o cual religión, allá él. Siempre, por supuesto, que no vulnere nuestras reglas”
    Macho, quien te ha leído y quien te lee. ¿Por qué no te relees tu post sobre el tabaco? Como cambian las cosas cuando la perspectiva es otra. Prohibir sí, lo que me apetece, prohibir no, lo me toca. Cuando me toca prohibir es de dictadores, de quienes quieren sujetos dóciles: “Lo que me joroba enormemente es lo cómoda que se siente la gente con esta especie de dictadura donde de vez en cuando se echa un papelito en una urna. La dejadez social que hemos alcanzado. El olvido de que la educación y la vida social son los pilares sobre los que debe construirse una sociedad, y no el miedo a las sanciones” Espera, espera, va a ser que los musulmanes no son enfermos.
    Pero lo peor de tu post, es que en ningún momento te has preocupado por la niña. O tal vez tú piensas que sí, que lo que haces es preocuparte por ella y lo que te gustaría es que se la quitaran a esos padres que tan mal la están educando.
    En fin, sin animo de ofender, eh. Ni te imaginas la de post tuyos que me ven perfectamente de acuerdo.
    Un saludo

  • # Elías dice:
    26 de April de 2010 a las 15:42

    Gracias por los comentarios, chicos.

    Juan Fernández, bienvenido como comentarista, y vayamos por partes:

    Dices que una musulmana elige su condición de musulmana, de donde deduzco —y corrígeme si me equivoco— que cualquier persona de cualquier religión ha elegido ser creyente de esa religión. ¿Estás seguro? Yo creo que las religiones se basan en un, o unos, dogmas, y los dogmas te los crees o no te los crees, no eliges creerlos. Si yo creyera en los principios de tal o cual religión, automáticamente sería creyente de esa religión, sin poder elegir si serlo o no. De igual modo, dado que creo que todos los dogmas de todas las religiones son mentiras, no elijo ser ateo; lo soy necesariamente (sí elegí tirarme por la cuesta de las reflexiones e investigaciones que me llevaron al ateísmo, pero eso es un cantar distinto). En cualquier caso: ¿crees que un menor de edad, un chico o chica de doce, de quince, dieciséis años ha elegido ser musulmán o católico? Yo creo que la mayor parte de la gente es de la religión que les han inculcado desde la cuna, desde el bautizo, excepto los que creemos en la no religión (y de éstos, también los habrá que hayan sido instruidos en el ateísmo por sus padres, por supuesto). No tengo números contrastados, pero estoy seguro de que un porcentaje superior al 90% de los creyentes profesa la religión de sus padres. Eso se parece poco a la elección, y mucho a la costumbre, la inmersión en una cultura concreta (la paterna), etc.

    Si tu ex alumna quiere llevar el velo por llevar la contraria a alguien, es otra de las cosas que me trae sin cuidado. Cada uno es reaccionario como le da la gana: hoy, algunos defienden a Garzón solo por llevar la contraria al PP, y otros lo atacan solo por llevar la contraria al Gobierno. Están en su derecho. Yo quizás fumo más por el acoso al que nos someten a los fumadores. Es una postura estúpida, por supuesto, y en cierto modo lo soy, como todo el que toma una decisión no por convicción interna sino por llevar la contraria al vecino de enfrente. Pero bueno, yo no pongo mi irracional adicción al tabaco como ejemplo ni argumento de nada, porque no lo es.

    A las niñas, en Occidente, les imponemos vestiditos y barbies desde la sociedad, como tú dices. Estoy de acuerdo en eso porque es la verdad, y podemos estar en contra o a favor (lo que daría para otro post). En cualquier caso, creo que hasta el momento nadie se ha planteado que se modifique una norma general para que se ajuste a su adicción a las barbies, que es de lo que aquí se trata.

    Que un niño lleve un velo o un crucifijo pertenece a la esfera privada del niño. Estoy de acuerdo contigo en eso. Pero cuando el niño pretende cambiar una norma que afecta a todos, los que piensan como él y los que no, está saliendo de la esfera privada y metiéndose en la esfera social. La educación en España, al contrario de lo que dices, no es laica, al igual que no lo es el Estado. Me gustaría que así fuera —y entiendo que también a ti—, pero aún no lo hemos conseguido. La escuela, al igual que el Estado, es aconfesional: ninguna confesión tendrá prevalencia sobre las otras (y ni siquiera esto se cumple, pues la Iglesia católica tiene más presencia que el resto). Pero pongamos que lo es, o que desea serlo.

    Yo creo que lo que define una sociedad laica, ya hablemos de la totalidad de la vida pública del país, ya de la escuela, que no deja de ser una sociedad dentro de otra, es que no permite injerencias de ninguna religión en su funcionamiento. Cada cual puede profesar la religión que desee mientras no pretenda modificar normas que afectan a los que no profesan la misma religión. Si esa religión le pide algo en apariencia tan banal como que las mujeres se cubran la cabeza, o algo tan monstruoso como operar innecesariamente del pene a los varones, pues bien, en teoría, pero la religión no puede pedir que una ley se cambie para adaptarse a ella. La chica esta por la que se ha liado todo pretende ir con velo al instituto. A mí eso me parece fenomenal (bueno, no, me parece una barbaridad, pero como no obliga a nadie a hacer lo mismo, pues con su pan se lo coma, no tengo nada que objetar). Sin embargo, lo que pide, a fin de cuentas, no es eso: pide que una norma que se ha decidido sin tener en cuenta las religiones se cambie para adaptarse a una religión concreta. Esto es, precisamente, lo contrario a una escuela laica, y es lo que muchos están pidiendo: que la esfera religiosa decida sobre las normas democráticas que rigen un centro en un estado no confesional. Lo contrario del laicismo, vaya. Si hay quien quiere que las normas de los centros se adapten al Islam, tienen derecho a pedirlo, por supuestísimo, ¡faltaría más! Pero disfrazarlo de laicismo, cuando es lo contrario, es o una hipocresía o una memez.

    Por supuesto, obligar a las chicas a llevar falda, y a los chicos a llevar pantalones, es machista. Por eso, que yo sepa, en los institutos y colegios públicos españoles no se hace ni una cosa ni otra. La mayoría de mis alumnas lleva pantalones. Creo que ningún alumno ha pretendido ir con faldas a clase, pero si decidiera hacerlo, yo lo apoyaría, y no creo que haya ninguna norma que lo prohíba. Y, si la hubiera, apoyaría su derogación, pues aquí estamos hablando de eliminar una discriminación sexual, lo que es algo comprobable, no de ajustarse a los preceptos de un dogma.

    No sé a qué te dedicas, yo soy profesor; te aseguro que las normas de régimen interior que se refieren a llevar la cabeza descubierta en los centros donde he impartido clases, se hacen contra las gorras y no contra los velos. Dudo mucho que en el instituto en cuestión sea una norma en contra del Islam. Como tú, voy a suponer que no han actuado con mala intención, pues no tengo motivos para hacerlo.

    Me dices que las normas no son dogmas, y dices que eso es mi «obra maestra». Curiosamente, en el post ya digo —creo que varias veces— que las normas se pueden cambiar. Es más, se deben cambiar cuando sea necesario. Lo que digo, también, es que una norma que afecta a la totalidad de los alumnos no debe cambiarse porque lo pida un solo alumno —o veinte— basándose en su creencia dogmática e irracional. Eso, como he dicho antes, es el principio opuesto al laicismo: permitir que una religión decida las normas en una institución pública y (wannabe) laica.

    Luego hablas de mi post sobre el tabaco. Yo estoy en contra de la tontería copiada de Estados Unidos de prohibir el tabaco en todos los sitios (aunque por supuesto, estoy de acuerdo en que se prohíba en lugares públicos a los que uno está obligado a ir). Pero lo primero que hago es acatar la norma. No fumo donde esté prohibido. Y, si alguna vez pido que se cambie la Ley, intentaré hacerlo desde supuestos racionales y no porque el tabaco me guste (a mí). No estoy pidiendo que se prohíba nada. Estoy pidiendo un acatamiento de la norma, para todos, sean de la religión que sean. Y, si esa norma ha de cambiarse, que se haga conforme a criterios racionales y objetivos, no a las preferencias de este u otro dogma concreto. No me gusta prohibir, pero hasta que la gente está educada del todo, son necesarias las normas. Y las prohibiciones irracionales hay que erradicarlas. Si alguien defiende que la norma de llevar la cabeza cubierta es objetable por decimonónica, o por lo que sea (porque los gorros y sombreros ya no representan lo que antaño), pues se puede discutir, y si hay que cambiarla, que se cambie. Yo no me encontraré a gusto, para mí descubrirse la cabeza bajo techo es una muestra de educación. La acataré, sin embargo. Pero si me dicen que hay que cambiarla para ajustarla a una religión concreta, o a mil, o a todas, me encontrarán enfrente, precisamente por eso que te he dicho y redicho antes: porque quiero una sociedad laica, donde la religión no diga qué norma es válida y cuál no.

    Dices que lo peor de mi post es que no me he preocupado por la niña. Bueno, en primer lugar, esto no va sobre la niña, y creo que la polémica debería alejarse de ella (el derecho al menor a su intimidad es otro de los valores que están por encima de muchos otros). Pero sí me preocupo por ella. Lo que me preocupa es que piense que, por creer algo, está obligada a cosas distintas que los varones. Me preocupa que una institución educativa pública se plantee —y cuente con tantos apoyos para ello— reírle la gracia de un dogma religioso, en lugar de cumplir con su obligación, que es instruirla para abandonar dogmas y supersticiones.

    No, no quiero que quiten la niña a los padres, aunque no creo que de ellos reciba el mejor ejemplo posible (tampoco lo creo de los católicos, judíos o lo que sea que adoctrinan a sus hijos en su religión). Eso te lo sacas tú de la manga, creo que no he sido tan extremista (no lo creo: lo sé).

    En fin, no hay ofensa, no te preocupes. Me gustan los debates. Un saludo.

  • # Manuel dice:
    26 de April de 2010 a las 22:21

    Juan te confundes.

    Una niña no elige ser musulmana con total libertad, incluso en el caso que expones reconoces que eligió ser musulmana porque ‘estaba harta de sufrir el desprecio y el racismo de la sociedad en la que vivía, se puso un velo’.

    Lo siento, pero… ¿qué libertad ves ahí? La única diferencia es que en lugar de hacerlo obligada o empujada por sus padres, lo hizo por una sociedad INTOLERANTE como pocas.

    Aquí a nadie le preocupa si su vecino es católico, testigo de Jehová o Budista, pero a los musulmanes sí les molestan esas cosas, prueba de su intolerancia hacia los demás.

    Tú interpretas el pañuelo como un símbolo de la religión que profesa, o es obligada a profesar, haciendo una equivalencia con un crucifijo. Pero te equivocas de nuevo, porque el crucifijo es un símbolo católico pero no pensado para destacar la inferioridad de unos con respecto a otros, como sí lo es el pañuelo.

    Creo que terminas cayendo en el mismo error del que acusas a Elías, a ti tampoco te importa la niña para nada, tan solo te importa argumentar en favor del pañuelo sin tan siquiera plantearte ¿realmente lo ha escogido la niña o no ha tenido opción?

  • # Juan Fernández dice:
    27 de April de 2010 a las 13:55

    Vamos a ver, no quiero eternizar este debate, entre otras cosas porque veo que tenemos puntos de vista muy alejados y no vamos a llegar a un encuentro. Responderé ahora a tu mensaje y con esto termino (hasta nuevo post) aunque lógicamente tú eres muy libre de contestarme (faltaría más, entre otras cosas estás en tu casa).

    Pues una musulmana elige su condición de musulman, al meno cuanto una monja elige su condición de monja, y esto lo has escrito tú. Yo creo que juegas con la lengua a tu antojo. Una persona cree o no cree en una serie de dogmas, pero esto no hace de esta persona musulmana o cristiana. Tiene que elaborar esas creencias, contrastarlas y decidir (elegir). Ejemplo: una niña no elige ser musulmana, lo es porque sus padres lo han decidido, cree en los dogmas porque sus padres le han asegurado que son verdades. Pero llega a la edad adulta y se confronta con otras “verdades” y elige qué camino seguir. La creencia puede estar muy radicada en ella, pero la famosa crisis mística existe y deella puede salir musulmana o atea o budista o pasota. Seguramente, tú, como yo, fuiste educado en una familia cristiana y te enseñaron una serie de dogmas, probablemente tú creías en Dios y hubo un momento en el que dejaste de hacerlo (si no es así no pasa nada, el 80% de los ateos españoles salimos de esa situación), te confrontaste y perdiste la fe, pero eso no sucedió de la noche a la mañana, libraste una batalla más o menos seria que te llevo a tomar, consciente o inconscientemente una decisión. Por eso mucha gente no sabe decir si es creyente o no. Por no hablar de toda la gente que cree en una serie de dogmas pero no en otros y que puede poner en entredicho cuestiones que su propia religión considera imprescindibles para la auténtica fe. Las cosas no son blanco o negro y en última instancia una mujer musulmana puede tomar una serie de decisiones de ámbito religioso en una u otra dirección. Condicionamientos, todos los que quieras. Como casi todo en la vida. Pero no se hablaba de esto, y el tema de la elección de la condición venía a cuento de unas monjas que tampoco tenían nada que ver y que tú invitaste al festín.
    ¿Pero quién ha dicho que mi ex alumna llevara el velo por llevar la contraria? Yo he dicho que lo lleva como desafío, que es algo muy distinto. No se trata de una moda o una boutade, se trata de una decisión personal, muy meditada, que le llena de problemas y, de algún modo, le da una identidad, algo que le niega buena parte de la sociedad en la que vive.
    Que alguien haya pedido o no haya pedido que se modifique una norma para llevar las barbis al colegio es algo intrascendente y que nada tiene que ver con el fondo de esta discusión. Tú decías en tu post que defendemos que la niña lleve un pañuelo por motivos culturales. Nadie defiende que lleve un pañuelo (y pocos defienden la supremacía de una lengua o cultura sobre otra, lo que lo hacen se llaman nazistas). Se explican los motivos por los que una niña lleva un pañuelo, y estos motivos son culturales, como la existencia de las corridas se explica por motivos culturales y como las barbis para las niñas los camiones para los niños se explica por motivos culturales. ¿Esa cultura hay que protegerla? Yo, personalmente, pienso que no, pero eso es otro debate. Lo que yo te exponía es que el padre de esa niña tiene todo el derecho del mundo a ponerle un pañuelo a su hija y no por eso su hija tiene que perderse la escuela. Como un padre tiene todo el derecho del mundo a regalarle una barbi a su hija y tampoco eso debería evitarle la escuela. Yo soy padre y jamás le regalaría una barbi a mi hija y jamás le pondría un velo y me horroriza que otros padres lo hagan, pero esto no me hace mejor que ellos. Ellos tienen su cultura y yo la mía, espero que un día, determinados elementos culturales que les son propios desaparezcan y como formador trabajaré en esa línea, pero mientras no se pasen ciertos límites tendré que aguantarme. ¿Dónde están los límites? Sería otro post. Por cierto, sí. Se han dado casos en los que padres han pedido que sus hijos no lleven el uniforme tal o cual y en Italia, donde vivo, hay casos de alumnos a los que se ha prohibido asistir a clase en pantalón corto o llevar piercing mientras sus coetáneas podían lucir palmito y agujerearse las orejas todo lo que quisieran.
    Que un adulto (no un niño) pretenda cambiar una norma no tiene que afectarte a ti si esa norma no contempla que tú también te tengas que comportar lo que al niño en cuestión se le concede. La norma en cuestión te afectaría si te obligaran a llevar pañuelo. Lo que pide es una excepción a la norma y lo hace basándose en sus principios religiosos. Resulta que el estado español le garantiza la prática de esos principios religiosos así que no le veo el problema. Por lo demás, ¿Es que en España no hay comedores en las escuelas? Porque en Italia los niños comen en las escuelas en función de sus religiones o problemas de salud, que tanto vale. Me parece que eso no escandaliza a nadie, ¿no?
    Te repito, ¿En qué te afecta como no musulmán el que una niña lleve la cabeza cubierta? ¿Si la niña tuviera cancer y sus padres pidieran que llevara la cabeza cubierta porque se avergüenza de su calvicie pensarías lo mismo? ¿Que no lo vas a permitir porque el que esa niña lleve la cabeza cubierta te afecta? ¿En qué te afecta? ¿En qué modifica tu vida?
    Y vuelves a insistir: que no, hombre que no, una escuela laica no es la que impide injerencias religiosas, es la que es independiente de cualquier organización religiosa. El sentido último de la escuela es incluir, no excluir. Construye ciudadanos libres (o intenta idealmente hacerlo) y el mejor modo de perpetuar la intolerancia de un padre que pone un velo a su hija es mostrarse tolerante, no intolerante.
    Pues claro que se obliga a llevar falda a las chicas y pantalones a los chicos en muchos centros españoles. En muchos de los que contemplan el uniforme el de las chicas tiene exclusivamente falda y el de los chicos exclusivamente pantalones.
    Dices que eres profesor y que las normas se hacen contra las gorras y no contra los velos. ¿Es ese el motivo del cambio de normativa en el segundo colegio al que la niña en cuestión pretendía ir? En cuanto se han enterado que de tendrían una niña musulmana les ha faltado tiempo para cambiar la norma y prohibir llevar la cabeza cubierta… Bien, en mi primer comentario no tenía motivos para dudarlo, ahora, a la luz de los nuevos datos, empiezo a dudarlo.
    Tú dices que una norma no se cambia por una creencia irracional, pues yo creo que sí, que una norma se puede cambiar si sirve a garantizar el bien general (y la escolarización de cualquier niño me lo parece) tanto más si consideramos que esa creencia irracional es considerada tal por ti, no por la escuela que es sí aconfesional (o laica, no hay tantas diferencias) pero no atea (por mucho que a mí, personalmente, me gustaría).
    Si hablo de tu post del tabaco (que en su momento no comenté aunque me veía completamente en contra por motivos que ahora no vienen al caso) es porque en ese post argumentabas lo que ahora niegas. Allí la prohibición era de lelos que no querían ser libres, “la educación y la vida social son los pilares sobre los que debe construirse una sociedad, y no el miedo a las sanciones” Por lo menos reconoce que es de lelos prohibir que se lleve la cabeza cubierta. Y si tú, una vez que se otorga la norma, la cumples, aunque estés en contra, ¿Por qué los demás tendríamos que hacer lo mismo? Yo, desde luego, creo que las normas están, en primer lugar, para ser interpretadas. Si una norma no me gusta intento cambiarla y si el conjunto de la sociedad (o una buena parte) está en contra de cambiarla me aguanto y como mucho me busco otra sociedad, pero en el tema de la niña y el velo me resulta que buena parte de la sociedad española está del lado de la chiquilla.
    Por cierto lo del tabaco no es una tontería copiada de EEUU, argumento que vende mucho pero falaz. En todo caso es EEUU el que copia la “tontería” de Europa.
    Para terminar: que vaya o no vaya de la niña no me interesa, me interesa la niña. El único modo que tendrá de salir del fanatismo o simplemente creencia relativa es la educación, una educación que mentes preclaras le están negando. Seguramente el rechazo social, el verse perder a sus amigos, el sentirse en el centro mediático harán que la niña piense que, por creer algo, está obligada a cosas distintas que los varones…
    La escuela pública no le rie las gracias, respeta las ideas e intenta conciliarlas con el funcionamiento del centro y dentro del respeto a los demás.

    Para Manuel:
    Yo no me confundo, yo no he dicho en ningún momento que una niña elija ser musulmana en total libertad. Esta es una idea que tú pones en mi boca pero que nunca he expresado. No veo ninguna libertad en las decisiones de los niños que están siempre condicionadas. Si te refieres a mi ex alumna no es una niña, soy profesor en la universidad, es una joven que tomó su decisión con casi 30 años. En su caso lo hizo también condicionada, por sus padres, por la sociedad, por su religión y por muchas otras cosas (hasta por su marido pero no en el sentido que crees). Repito, en el momento en el que aterrizas en el planeta tierra te van a condicionar continuamente. ¿Por esa regla de tres la libertad individual no existe? Muy bien pues si no existe para ella no existe para nadie.
    Eres generalista y racista. El aquí supongo que será en España somos todos muy sanotes y no nos importa lo que haga el de al lado, son los otros que vienen de fuera, los “moros”, los que son intolerantes. ¿Te has leído?
    Yo no hago ninguna equivalencia con el crucifijo, tengo la suerte de ser ateo y de no estar informado de las parafernalias cristianas o musulmanas. Sé que el pañuelo es símbolo de sumisión al hombre, no tengo ni idea de lo que representa el crucifijo. En ningún momento en mi comentario he defendido el pañuelo. Mi opinión al respecto es que ojalá no existieran las religiones. Pero ojalá no existieran tampoco los machistas ni los prepotentes ni… Si mi vecino es machista simplemente lo ignoro y si mi vecina lleva velo hago lo mismo. Eso no significa que no tenga amigos machistas o que no conozca mujeres que llevan velo. Para tu información, y siempre que se trate de mi ex alumna, me gustaba infinitamente más sin velo, físicamente y también como forma de ser.
    A mí de toda esta discusión lo único que me interesa es que dejen estudiar a la niña, al precio que sea. ¡Por Dios, yo a favor del pañuelo! ¿Pero tú sabes leer?

  • # EVG dice:
    28 de April de 2010 a las 20:43

    ¿Al precio que sea? Vale, acabemos con las libertades [y deberes] de los demás para que la niña estudie… al precio que sea.

  • # Ikima dice:
    1 de May de 2010 a las 14:47

    Estoy de acuerdo con gran parte del post, pero no creo que puedas perderle el respeto a alguien porque no estás de acuerdo con su opinión acerca de algo concreto, como has dicho de Ángel Gabilondo. El respeto no es algo tan lábil y tan fácil de perder, como no es fácil de ganar. Creo que, para que le respetaras, debió hacer muchos méritos, decir muchísimas cosas, en todo caso más que una frase. Que se le pueda perder el respeto a alguien porque dice algo que desaprobamos es una forma de hacer lo que tú desapruebas. Es como una imposición.

  • # Cristina dice:
    2 de May de 2010 a las 9:55

    Elías, aunque coincido contigo en determinados razonamientos -fundamentalmente, religiosos-, y resulta admirable tu esfuerzo argumentativo, creo que yerras en dos presupuestos básicos que debilitan algunas de tus premisas:
    1. El (dichoso) tema de la cultura. Hace ya muchísimo tiempo que, afortunadamente, se abandonó el debate civilización vs. cultura, del mismo modo que bajo el genérico “cultura” se dejaron de contemplar los “usos y costumbres” o las “tradiciones”. Y que conste que esto no es nada innovador, acomodado a las modas actuales; de hecho, se puede encontrar en cualquier manual simplón de Antropología (la disciplina que se encarga de estudiarla). En un manual antropológico y/o etnográfico, digo, porque la definicón DRAE es rotundamente obsoleta (¡qué novedad!). La cultura es un sistema de signos y/o símbolos -sí- que abarca, entre otros, la identidad y el género, que son también culturales y no biológicos. La cultura es un conjunto de prácticas realizadas por unos sujetos e inscritas en una red de relaciones sociales en un contexto determinado. Y, por tanto, nunca estará exenta de intersticios, grietas y contradicciones. De ahí la trascendencia de un término como “diversidad”, acerca del cual no habría que criticar el término en sí, sino el uso -o mal uso- que se hace del mismo cuando no se tienen los conocimientos adecuados. Pues lo mismo ocurre con la “cultura”, que la utilizamos con varios fines: 1) como moneda de cambio argumentativo; 2) para defender una postura ideológico-política; 3) para atacar las dos anteriores. La cultura no puede “parecerte” una forma de religión; más bien determinadas prácticas religiosas de cierta comunidad bajo precisas condiciones contextuales forman parte de la cultura.
    2. ¿Ser “monja” es una elección profesional mientras que ser “mujer” es un fenómeno determinado “irremediablemente por nacimiento”? Afortunadamente, hemos avanzado mucho para demostrar que el sexo/género es un constructo cultural para despreciar las sentencias biológicas. El biologicismo a ultranza avanzó por derroteros nada halagüeños. No caigamos en ellos de nuevo. ¿Cuánto tiempo hace que Simone de Beauvoir escribió “No se nace mujer, se llega a serlo”? De todos modos, resulta bastante obvio que “ser monja” también viene marcado por el género, no como “ser médica” o “ser profesora”, dadas las elevadas diferencias “profesionales” con sus colegas varones.
    En resumen: defendamos el respeto a las normas de régimen interior de un centro o convirtámonos en adalides de los derechos de la mujer. Pero hagámoslo con argumentos sólidos desde su primer peldaño de edificación. De lo contrario, sólo generaremos aporías.

  • # La Lengua » Sed lex dice:
    3 de May de 2010 a las 17:30

    […] gente no entendió el fondo del artículo del otro día sobre el hiyab y la polémica causada porque un instituto decidió cumplir las normas (y no por […]

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