Ars longa, vita brevis

La metamorfosis

29 de April de 2010

Franz Kafka es un autor incomprendido, dicen todos los que entienden de algo, o los que quieren dárselas de eso. Y yo estoy de acuerdo. Pero no porque piense que en su narrativa hay disquisiciones metafísicas que es necesario desentrañar valiéndose de manuales de filosofía, sino precisamente porque, al ser un escritor y un fenómeno con un magnetismo tan evidente, todo el mundo quiere buscarle esos tres pies al gato, y leen sus narraciones sobrevolándolas, como si no fuese posible que el pobre bohemio quisiese, simplemente, contar la historia de un hombre que un día se despierta convertido en una cucaracha de un metro setenta y cinco. Lo del magnetismo de Kafka es evidente. Hay muchos escritores que cuentan con un adjetivo castellano creado en su honor (Cervantes, Homero, Calderón, Lorca, etc.), pero sus adjetivos suelen referirse a cuestiones literarias: obra cervantina, poema homérico, tragedia calderoniana, teatro lorquiano. Solo Kafka, y puede que algunos más, donaron su nombre a un adjetivo que puede aplicarse a la literatura y a la vida, pero sobre todo a la vida. ¿Qué no es kafkiano hoy en día? Mirad la tele, la política, la economía, las leyes, la educación pública… Creo que Kafka es el Jules Verne del siglo XXI, de igual modo que Verne fue el Jules Verne del siglo XX. Uno en ciencia y el otro en psicología y sociología.

Una de las últimas obras que hemos trabajado en mis clases de Literatura universal, en el instituto, es La metamorfosis. Dado que es una obra corta, y que los alumnos corrían el riesgo de no entenderla, y aún peor: dado que los alumnos corrían el riesgo de pensar que no la entenderían, decidí dedicar tres o cuatro sesiones a leerla casi entera (algunos fragmentos se los encargué para que los trajesen leídos de casa). Yo la había leído con diez o doce años, cuando era un lector precocísimo con un padre que lo había leído todo y que me recomendaba lecturas cuando había acabado con los Astérix, las obras de Verne, de Stevenson, de King y demás. Lo leí, y por supuesto no lo entendí: tenía que haber algo más detrás de esa historia de un hombre que sufre una transformación durante la noche. Pero no, no lo había.

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontrose en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
—¿Qué me ha sucedido?

(Edición de Alianza Editorial, 2009, con una traducción antigua, que supongo de la primera edición, allá por 1966.)

Así comienza La metamorfosis, y esa es la última vez que Gregor se pregunta qué le ha ocurrido. A partir de ahí, ya sabéis, y si no queréis que os fastidie la historia, no sigáis leyendo: se sucede una serie de situaciones que solamente son absurdas porque Gregor es un insecto (ya discutiremos sobre qué clase de insecto), y que parecerían igual de terribles, pero perdonables si en lugar de tratarse de un bicho se tratase de otra criatura marginada. Un enfermo contagioso, un moribundo, un extraño, un inmigrante ilegal de otro color y de otro idioma. Todos nos indignaríamos si supiésemos que lo mantienen encerrado en su habitación —de la que él mismo no quiere salir—, que lo alimentan con comida podrida que empujan con el pie hasta su habitación, que ni siquiera su familia se plantee la posibilidad de que el enfermo lo entienda. Pero, en el fondo, si somos sinceros, nos damos cuenta de que casi todos nosotros, probablemente, actuaríamos de la misma manera. ¿No aparcamos a los ancianos en los asilos, no nos entra un escalofrío de incomodidad al ver a nuestro lado a un mutilado o a un anciano arrugadísimo, de esos que a duras penas pueden moverse? Es difícil admitirlo, lo reconozco, pero a todos nos gusta estar al lado de personas sanas y bellas. Nos come la sangre saber que a un compatriota con síndrome de Down no le han permitido la entrada en una discoteca, pero en el fondo pensamos: «¿Yo lo dejaría entrar? Tiene derecho, pero si se corre la voz, todos irían a esa discoteca, y entonces la gente guapa, la que se deja la pasta, dejaría de venir… en el fondo entiendo al propietario del local». No, no conservo demasiadas esperanzas hacia nuestra especie.

Pero sigamos con la literatura, que es lo nuestro. Para que las clases fuesen más productivas, aparte de leerme el libro antes que los chicos, me puse a investigar un poco. Resulta que recordé que había leído en algún sitio que habían encontrado algunas páginas de las anotaciones de Vladimir Nabokov en su volumen de La metamorfosis, y me puse a buscarlo, y lo encontré, claro, gracias a san Google. También recordé que tenía un libro que recogía algunas de las clases magistrales sobre literatura europea que Nabokov había impartido en la universidad de Cornell, en los Estados Unidos. Lo busqué para ver si tenía suerte, y la tuve: no solamente había un capítulo completo dedicado a nuestro libro, sino que, además, había varias ilustraciones donde Nabokov (entomólogo aficionado, y al parecer bastante competente, pues incluso fue contratado como investigador de entomología en Harvard) retrataba al insecto y plasmaba la distribución de las habitaciones de la casa de la familia de Gregor, los Samsa (de una importancia mucho mayor de la que en un principio podría creerse).

Seguí investigando, y aparte de algunas páginas web, di también con un corto de un director de cine español, Carlos Atanes, que plasmó en celuloide su personalísima versión del clásico del pobre Franz:

Aunque la calidad cinematográfica del corto me parece, supongo, lo mismo que a vosotros, creo que la ambientación de la residencia de los Kafka está bastante conseguida en general. Recomendé a mis alumnos que buscaran y vieran el corto —ignoro si alguno lo hizo, creo que no—, advirtiéndoles en todo caso de que a) no deberían tomarlo como un sustituto de la lectura, b) tuvieran en cuenta las enormes licencias artísticas que Atanes se había permitido (de hecho, él tituló su corto La metamorfosis de Franz Kafka, intentando reflejar la idea de que Gregor era un alter ego del escritor) y c) se acordasen, siempre, de que Gregor no es un alter ego del escritor. Os invito a verlo a vosotros también, si os interesa: está sobre estas líneas.

He llamado la atención sobre el hecho de que Gregor únicamente se pregunta una vez sobre la naturaleza de su cambio. A partir de ahí, se comporta como una persona normal, o mejor dicho: se comporta como una persona de apariencia normal, aunque obsesionado por el bienestar de su familia, que lo trata a patadas, a veces literalmente (a veces a manzanazos). Lo precioso de este libro es el patetismo que despierta una criatura tan débil, y que va debilitándose más a medida que avanza la narración, hasta que finalmente muere, lo que produce una especie de estallido de alegría y bienestar en la familia (como el enfermo terminal del que no esperamos recuperación, y que cuando muere exclamamos «¡Por fin ha podido descansar!», pero en realidad estamos pensando en nuestro descanso, y no en el del enfermo). Ni siquiera los tres inquilinos que la familia tiene que meter en casa para poder afrontar las deudas, visto que Gregor no puede trabajar porque es una cucaracha (o un escarabajo, pero ahora vamos con eso) muestran una pizca de asombro cuando ven aparecer a Gregor en la sala principal, atraído por la música del violín de su hermana Grete. Los sentimientos que despierta el pobre Samsa no son de terror, sino de repugnancia, fastidio, hartazgo. La sensación de estar alimentando la causa de la propia desgracia, un trasto inútil que no causa más que problemas. Lo que debe llamarnos la atención de la transformación del antihéroe no es su apariencia, la de un bicho repugnante, sino el comportamiento de los demás hacia uno cuando es el distinto. Un comportamiento que podía haberse dado, perfectamente, hacia el huérfano de nuestra familia que va a parar a casa, donde no nos sobra el dinero, y que tenemos que alimentar y criar sin que sea algo nuestro, y que mantenemos marginado de las cuestiones importantes que afectan a la familia.

Vamos con lo de si Gregor es una cucaracha o un escarabajo. Kafka escribió la novelita en alemán, lo que ya supone una dificultad para traducirlo a un idioma emparentado pero muy distinto como es el nuestro. Al parecer, el término original tiene un significado a medias entre «bicho» y «alimaña». Como no soy traductor ni entiendo papa de alemán, supongo que «insecto», que es como tradicionalmente se ha traducido al castellano, es el término más apropiado (tampoco metamorfosis es un término inevitable para traducir el título, dado que Verwandlung puede, al parecer, traducirse como «transformación»). Siguiendo al pie de la letra las descripciones de Kafka sobre el aspecto y comportamiento de Gregor, el entomólogo Nabokov llega a la conclusión de que se trata de un escarabajo de aproximadamente un metro de estatura (cuando está de pie, ya que conforme avanza el relato va sintiéndose más cómodo arrastrándose sobre sus patitas, incluso trepando por las paredes y el techo, quedándose dormido a veces cabeza abajo).

Kafka, en las instrucciones que dio sobre la portada de la primera edición de su novela corta, dejó dicho muy explícitamente que el insecto no debía ser dibujado. Creo que eso, entre otras cosas, nos da la clave para entender que el autor, bastante claro en algunas descripciones (como la de la habitación de Gregor), no quería que la imagen que cada lector se formase en su cabeza sobre el monstruo fuese parecida. Pienso que pretendía más mostrarnos el asco y desprecio que el bicho despertaba, para que cada cual se hiciese su propia imagen mental de la asquerosidad. Por supuesto, sí que nos dice cosas sobre su imagen, como la descripción que hay en el párrafo que he citado más arriba. Pero por otro lado, se nos habla muchas veces en el relato de las «innumerables» patitas del Gregor metamorfoseado. ¿Es realmente un insecto, científicamente hablando? Yo creo que está claro que no: los insectos tienen seis patas, ni una más, ni una menos; además, no miden un metro de largo, como cree Nabokov (ni casi dos metros, como creo yo).

Yo me imagino a Gregor como una cucaracha de las que tenemos aquí en el Norte de África, marrón y aplastada (aunque puede curvarse para intentar ponerse en pie si cae boca arriba), de entre un metro veinte y un metro ochenta, que no se desplaza demasiado deprisa (esto se nos dice varias veces en el texto, lo que concordaría con la idea de que se trata de un escarabajo, aunque parece que la lentitud de Samsa se debe a que cada vez está más enfermo por el mal trato recibido), y que, al contrario que sus parientes de talla normal, me cae inevitablemente simpático.


Imagen: WikiMedia Commons.

Y poco más se esconde detrás de este libro tan incomprendido, aparte de una de las historias paradójicamente más humanas que ha concebido la literatura universal. Un cuerpo blátido que esconde uno de los relatos psicológicos más conseguidos que nunca haya leído. Un disfraz de insecto repugnante, pero un ser humano al fin y al cabo, con problemas que el ser humano sufre todos los días, con un montón de Gregor Samsas viviendo en tu escalera, en la puerta de enfrente, debajo de los puentes, dentro de las alcantarillas, personas que hacemos como que no vemos porque nos resultan incómodas, que intentamos hacernos a la idea de que no existen, que nos causan un malestar tan grande que solo somos capaces de pensar en nosotros mismos. Pero que siguen siendo seres humanos, y ya lo dijo Terencio: nada humano me es ajeno.

4 comentarios en “La metamorfosis”

  • # Ander de Brich dice:
    30 de April de 2010 a las 15:32

    Sólo se me ocurre otro adjetivo que se usa para asuntos extraliterarios (y normalmente de forma inapropiada): dantesco.

  • # Ikima dice:
    1 de May de 2010 a las 13:36

    Deberías indicar en la cabecera que este texto puede herir la sensibilidad… Para aquellos que tenemos fobia a las cucarachas ha sido muy duro encontrar esa foto de repente… :S

  • # Miss Fidget Wonkham-Strong dice:
    2 de May de 2010 a las 22:38

    Otro: maquiavélico.

  • # Marcela dice:
    18 de May de 2013 a las 19:51

    La Metamorfosis De Este Autor Que Tipo De Novela Es?¡

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