Ars longa, vita brevis

¡La educación debería ser privada!

23 de March de 2010


Imagen: Vaguely Artistic, con licencia Creative Commons.

Nota a pie de imagen para los que sientan la tentación de ir directamente a la caja de comentarios para ponerme verde: el título es irónico.

No es ningún secreto, y ya ni siquiera tiene sentido callarlo para parecer políticamente correcto, que nuestro país se está llenando de chusma. Y quiero que se me entienda: no me estoy refiriendo a la inmigración, contra la que no tengo nada, y tampoco a favor, dicho sea de paso¹: me refiero a que todos los que vivimos aquí nos estamos embruteciendo. No os lo creéis. Encended la tele un segundo o asomaos a la ventana. Y prosigamos.

Al principio todo esto hacía gracia. Desde la transición hemos intentado convertirnos en un país que no odia a los malos, sino que intenta redimirlos². Empezaron dándonos pena el Vaquilla y el Torete, hicimos películas sobre ellos: eran malos porque habían crecido en un entorno hostil donde casi la única salida era la delincuencia. Hasta ahí, todo bien. Lo malo es que lo hemos entendido todo al revés. La idea, digo yo, era recuperar a los malos para la sociedad. Convertir a gente ineducada en gente cívica, a los malos en los buenos; hoy, sin embargo, yo ya he aceptado que lo que estamos haciendo es permitir a los malos que campen a sus anchas, con el temor de ser calificados de fachas si abrimos la boca. En tiempos del franquismo, supongo (yo contaba sólo meses de edad cuando el General estiró la pata), la actitud normal al encontrarnos un cabestro escupiendo por la calle o gritando como un animal habría sido recriminarle su actitud, intentando corregirla, quizás demasiado autoritariamente. Ahora, agachamos la cabeza y nos resignamos: «tiene derecho». ¿Cómo se ha llegado a esto? ¿Cómo hemos convertido este país, en unos brevísimos treinta y cinco años, en un establo lleno de motos con tubarros, coches tuneados, bakalas violentos, quinceañeros alcohólicos, menores maltratadores de sus padres, jennies peleonas, becerros aulladores, morlacos escupientes, en definitiva, en potenciales protagonistas de El Diario? Creo que, después de pensar, todo el mundo llega a la misma conclusión: es un problema de educación.

Últimamente ando algo hastiado de oír siempre lo mismo por todos los rincones: los estudiantes españoles no están preparados para el mercado de trabajo. No formamos profesionales, ni en los institutos ni en las universidades. Los jóvenes españoles no son competitivos, y entiéndase competitivos, claro, en el sentido puramente mercantilista: no son capaces de ofrecer más y más horas de su tiempo —por supuesto, muchas más de las ocho que se establecieron tiempo ha para el trabajo— por menos dinero. En eso puede competir básicamente un trabajador con otro, en un país que ha entendido el capitalismo como oferta de reducción de costes y no de aumento de calidad: en renunciar a derechos. De hecho, hora tras hora, parece que es lo único que se les ocurre a los políticos que mandan y a la patronal para que este país vaya bien. Que trabajes más horas, cobres menos dinero, y tengas más inseguridad laboral (y de paso, que las empresas paguen menos impuestos al Estado, impuestos que van destinados a garantizar otros derechos laborales, como la indemnización por desempleo). Lo vamos aceptando lentamente, como vacas cuyo destino es convertirse en solomillo, y reforma tras reforma laboral vamos perdiendo derechos. ¿Y cómo es que lo aceptamos, es que lo queremos?

No, simplemente no tenemos tiempo ni cabeza para pensar en ello. Después de doce horas dándole a la palanca en la que consista nuestro trabajo y de una educación que no nos obliga a esforzar las neuronas (id est, a pensar), solo queremos fútbol en la tele. Pensad vosotros, ya que estáis aquí.

No estoy descubriendo ningún exoplaneta cuando digo que hemos involucionado en homini consumentes, y que nos creemos todos los gastos superfluos que han creado para nosotros, por lo que necesitamos trabajar más y más para poder pagar un televisor nuevo cada dos años, un ordenador para cada crío que tengamos más un par de consolas de videojuegos, ropa de Zara todos los fines de semana y al menos una cena fuera de casa cada siete días (ah, y los diez días en el Caribe, que no se nos olvide eso). Trabajamos más no solo porque creemos que tenemos más necesidades, sino porque cada vez la hora de trabajo es más barata (yo tampoco he inventado el palabro mileurista).

Así que, volviendo a lo que decía antes, necesitamos gente preparada para el mercado laboral, o sea, gente que las empresas necesiten. Debemos preguntar a las empresas qué necesitan, y entonces formar a los jóvenes para sus necesidades.

Pero ¿nos hemos vuelto locos ya? ¿Debe un Estado preguntar a las empresas qué necesitan, y destinar cientos o miles de millones del dinero público para que ellos tengan una bolsa excesivamente llena de gente que trabaje para ellas, y que así puedan contratar trabajadores a bajo precio? Yo no entiendo así la función del Estado, ni la función de una educación pública.

El estado no debería preguntar a las empresas qué necesitan. El Estado, como representación ejecutiva de la voluntad popular (…), debería preguntar a sus ciudadanos qué necesitan, y, sobre todo, qué les jorobaría (como un despido a bajo precio, por ejemplo); y, desde ahí, procurar que los ciudadanos tengan la posibilidad de conseguir lo que necesitan y poner trabas a los otros poderes, fundamentalmente económicos, para evitar que hagan lo que joroba al ciudadano. Leo lo que acabo de escribir y no dejo de pensar que tiene mucho sentido, que es de una sencillez lógica aplastante. Sin embargo, seguimos permitiendo que los estados occidentales hagan justamente lo contrario: trabas para nosotros, facilidades para los poderes económicos, hasta el punto de reformar los sistemas educativos las veces que haga falta para asegurarse de que los jóvenes salen de nuestros institutos y universidades preparados para satisfacer no sus necesidades como ciudadanos, sino las necesidades de las entidades económicas como máquinas de hacer dinero al precio que sea e instrumentos para aumentar la desigualdad económica de los habitantes de un país. No es ningún secreto que cada vez los ricos tienen más (consúltense los beneficios de Telefonica, BSCH, Inditex, etc.) y que la clase media está empobrecida, o ya no existe. Hay gente pescando alimentos caducados en los contenedores de basura de las grandes superficies. ¿Pasaba eso acaso cuando no nos invitaban a las cumbres del maldito G8?

¿Por qué debemos dedicar la educación a dar a las empresas lo que necesitan? ¿Para qué va a pasarse un joven español cuatro años estudiando un grado de Economía? ¿Para teclear números en una sede bancaria, y eventualmente para vender a algún jubilado una tarjeta que no necesita?

Yo no lo entiendo ni lo deseo así. Un instituto, una universidad, deberían formar a ciudadanos. Ciudadanos capaces de teclear números en un ordenador, por supuesto; de llevar cafés en la redacción de un periódico, de reparar el cortafuegos de una empresa de seguridad. Pero también ciudadanos capaces de pensar, y también de hacer y saber esas cosas que no sirven para nada y que nos separan de un mono, un cerdo o una ameba (organismos que solo hacen lo que les sirve para algo). Ciudadanos capaces de investigar, no solo de generar un beneficio económico inmediato; de preguntarse el porqué de las cosas en su tiempo libre; de plantearse si el partido al que votan (se uno u otro, ya sabemos que solo hay dos) realmente les representa; de proponerse cambiar una sociedad desde sus cimientos si no les hace felices.

Pero eso no es a lo que vamos, lo sé. He leído y escuchado tanto a defensores como a detractores del proceso de Bolonia que la universidad no prepara a los jóvenes para el mercado de trabajo, que no los hace competitivos.

¿Competitivos? ¿Para el mercado laboral, para el beneficio de las empresas? Tengo una idea: si lo que queremos son trabajadores que busquen el beneficio de las empresas, en lugar de buscar su felicidad, ¿por qué no los forman las propias empresas?

Queremos creer que la educación pública sirve para igualar la formación de ricos y pobres, pero sabemos que no es así. Los hijos de los acaudalados siguen teniendo acceso a una educación muy superior, no solo por ir a centros privados, si es que la formación que se da en ellos es realmente mejor, sino por otras razones: sus padres, con acceso a dinero, han podido facilitarles un entorno quizás con más viajes y algo menos de fútbol; y, sobre todo, esos padres han dispuesto de más tiempo que pasar con ellos (no me paso de repetir a mis compañeros que, aunque nos llamen «educadores», un profesor es incapaz de educar a un crío, habida cuenta de que toda la sociedad ha conducido a un sistema educativo en que los alumnos nos ven como rivales. ¿Cómo les podemos educar así? A duras penas, y tras muchos disgustos, algo podremos enseñarles. Educarlos, naranjas de la China).

La educación pública y universal, en realidad, surgió en el momento en que las máquinas que accionaban los obreros se hicieron tan complicadas que empezaron a tener botones con números y mensajes que los obreros debían entender para saber accionar. Ese es el motivo por el que los hijos de los trabajadores estudian.

Y, una vez más, han logrado que pensemos que queremos lo mismo que ellos quieren. No queremos una educación que nos haga ciudadanos, personas, homo sapiens en su máxima extensión. Nosotros mismos pedimos que la educación vaya destinada a ser útiles al entramado empresarial. No queremos que nos haga conocedores de la Historia, del pensamiento abstracto, de las Matemáticas más puras, de la Filosofía que ha originado los cambios sociales que el hombre ha visto en estos últimos doscientos años. Eso lo dejamos para los hijos de los adinerados, que son los que, con el tiempo, serán propietarios de bancos, de grupos de comunicación, de empresas, políticos, etc. Es decir: los que configurarán el mundo mañana. Esa tarea, aún hoy, se la seguimos dejando a ellos, y nosotros mismos lo pedimos, en lugar de darnos cuenta de que los ciudadanos, los votantes, los que pagamos y mantenemos, deberíamos ser los que de verdad configuremos el mundo. ¡Somos mayoría! Ellos deberían adaptarse a nuestras condiciones, y no al revés. ¿No es eso la democracia en su acepción más simple?

Pero una vez más: ¿quieren que los jóvenes les sean útiles? Pues que les paguen ellos los estudios. Que nos contraten a nosotros, los profesores, que gasten ellos el dinero en libros, edificios, mesas, sillas, becas. Trabajé durante un año en un banco, y lo que me enseñaron hasta los ocho o diez me bastó para mis funciones: algún que otro cálculo aritmético, alguna que otra tarea repetitiva, y saber vender productos inútiles a gente que no los necesita (eso o se te da bien o no; a mí no se me dio muy bien, por eso no duré, a Dios gracias). Pero como las leyes impiden trabajar a los menores de 16, y con esas edades solo se nos ocurre molestar por la calle, era necesario tenernos estabulados hasta ese momento. Entonces, ¿por qué no enseñar hasta ahí las cosas inútiles, las que solo sirven para convertirnos en seres humanos y no en piezas de un engranaje? Sumar, restar, leer, escribir, los misterios de la Historia, la fascinación de las Matemáticas, los aparentes milagros de la Física, las maravillas de la Literatura y de la Música, los juegos de la Química, los recovecos de la informática…

Digo yo. Y entonces, cuando un banco necesite a alguien que le dé a unos números en el teclado de un ordenador, o que venda un fondo de inversión a algún pardillo; cuando una empresa constructora necesite a alguien que diseñe unas conejeras para mileuristas; cuando un fabricante de teléfonos móviles quiera a alguien que meta alguna chorrada más a un terminal para volver a vendérselo a la gente con otro nombre… Entonces, que gasten ellos, que para eso son los que obtendrán el beneficio, el dinero necesario para su formación. Que inviertan en capital humano, pero de verdad, que liberen al Estado del inmenso gasto que destina a convertir proyectos de persona en tristes piezas del sistema económico a bajo precio, que se venden sin rechistar por un fin de semana en Cancún y una tele plana. Aunque, quizás, si un alumno sale del instituto con más conocimientos sobre cómo funciona la naturaleza física, la humana, el mundo y la política, no se dejaría chulear por un ente que lo maltrata por un puñado de euros cada mes. Pero, aun así, o por eso, digo lo mismo:

¡La educación debería ser privada!

(1) El cuento del enriquecimiento cultural es muy bonito, pero en realidad es eso: el cuento con el que nos venden los políticos capitalistas el rollo de la inmigración para que nos guste y sus amigos puedan contratarlos a bajo coste en sus talleres. Preguntad, sin embargo, a cualquier inmigrante la gracia que le ha hecho abandonar su país, su cultura y a su familia para venir a trabajar en un país donde se le mira mal y con desconfianza, y preguntadle de paso si no preferiría que nuestros países dedicaran el esfuerzo y el dinero a propiciar que los suyos se desarrollen… pero entonces hay algunos que no podrían importar mano de obra ignorante de sus derechos a precios de coste.

(2) Al mismo tiempo que desarrollamos esta actitud tan cristiana, vamos abandonando el cristianismo. Típico de un país con trastorno de doble personalidad como el nuestro. Aborrecerse a sí mismo. Es fácil localizar en una fiesta internacional a un español, de la comunidad autónoma que sea: es el que está quemando una bandera de España.

14 comentarios en “¡La educación debería ser privada!”

  • # misaki dice:
    24 de March de 2010 a las 1:01

    No puedo estar más de acuerdo con el post; que la educación es universal para que seamos productivos es una triste realidad, pero más triste es que no sólo no le demos la vuelta a la tortilla y la aprovechemos para intentar cambiar las cosas, sino que traguemos con sus reformas mercantilistas que- se pinten del color que se pinten-no son más que una vuelta de tuerca más para convertirnos en perfectos y especializados engranajes que no sepan hacer la “o” con un canuto.
    Sin embargo percibo un cierto desprecio por la ciencia económica (perdóneme si me equivoco), como si sólo sirviera para vender derivados financieros e hipotecas, y discrepo profundamente: tener conocimientos rigurosos sobre economía, aunque no nos creamos sus “verdades”, nos capacita para el análisis crítico de las medidas políticas, comerciales y de todo tipo que constantemente nos venden. Porque, nos guste o no, la economía (de momento)rige nuestras vidas, y es mejor comprenderla que intentar ignorarla.
    Para acabar, disculpas por un comentario tan largo, sobre todo porque sólamente pretendía decirle que he citado un fragmento de “lucha (II): piensa” en mi propio blog, y que espero no le moleste.
    Sin más un saludo y felicidades por el blog.

  • # Homini consumentes « SWORDMAIDEN dice:
    24 de March de 2010 a las 7:07

    […] de un artículo publicado ayer en La lengua por Elias que recomiendo leer completo. Marzo 24th, 2010 | Etiquetas: […]

  • # Manuel dice:
    24 de March de 2010 a las 10:48

    Amén… me gustaría explayarme en mi comentario, pero estoy liado en el trabajo.

    Pero coincido contigo en todo… precisamente tengo el ‘problema’ de tener en mi equipo de trabajo personas a las que se las etiquetó de ‘no válidas’ porque las soltaron un día en una mesa y no sabían lo que tenían que hacer.

    Por fortuna para ellos, yo soy de los que piensan como tú, y de los que cree que todo el mundo necesita guía… y dedico parte de mi tiempo a guiarles en su trabajo. Y mira… hoy resulta que son mejores que los ‘válidos’.

    Prefiero mil veces a una persona que piense, a una adiestrada en pulsar botones.

  • # Pedro dice:
    24 de March de 2010 a las 23:27

    Eres un autentico librepensador. Ha habido épocas en las que pensaba que las cosas de las relaciones laborales no tenían más remedio que ser como eran o como son y las pintas. Pero ahora pienso que se puede pensar en que las cosas pueden ser de otra manera y que esa manera puede ser tan válida como la realidad actual, y que es realizable.

  • # UNA BOMBA DE DESTRUCCIÓN « Fco. Javier Pérez Weblog dice:
    25 de March de 2010 a las 13:01

    […] DE DESTRUCCIÓN 25 03 2010 No sé por qué, pero no puedo evitar trazar pasadizos entre esta más que lúcida entrada colgada ayer en el blog LA LENGUA… La educación pública y universal, en realidad, surgió en el momento en que las máquinas […]

  • # Ikima dice:
    27 de March de 2010 a las 15:16

    Muy buen artículo. Estoy de acuerdo en que la mayoría de aptitudes que se usan en el 90% de los trabajos ya las tenemos aprendidas a los 10 años. El problema de dedicar el resto de la educación a aprender esas “cosas que no sirven para nada” es que igual las personas que han probado las Matemáticas, la Filosofía, la Química, la Literatura… no están dispuestas, al llegar al mercado laboral, a dejar pasar su vida, día tras días, pulsando unos botoncitos que les duermen el cerebro. De este modo, muchos se quedarían sin mano de obra, y se verían obligados a mejorar las condiciones para tener trabajadores en el redil. Sin embargo, así como están las cosas ahora, yo puedo rebelarme y no les hará ni cosquillas. Buscarán a otro, y nada más. ¡Hay tantos!

  • # Alber dice:
    29 de March de 2010 a las 22:08

    Pues yo voy a disentir y pienso que la Universidad sí que debe formar a la gente de acuerdo a lo que se demanda en el mundo laboral.

    Por ejemplo, con lo del plan bolonia, si la carrera de Ingeniero Industrial en España lleva 150 años sirviendo perfectamente a la Industria, no veo porqué se debe de cambiar para adecuarla a Europa.

    Cuando uno acaba la Carrera, está muy verde, es la propia empresa y los compañeros, los que se encarga de formar continuamente a la persona. La Universidad nos guía y nos da conocimientos técnicos de muchas cosas, que luego pueden olvidarse al centrarnos en sólo algunos aspectos según nuestro trabajo, pero que en cuanto se necesiten, apenas cuesta recordarlos (al menos en mi carrera). La verdad es que no sé porqué tienes tan en el punto de mira a las empresas. No sólo está Telefónica e Iberdrola o el Santander en España, si sólo fuera por ésas, sí que estaríamos hundidos. Casi todas las empresas que conozco, los empresarios se quedan trabajando en la misma, cuando el último de los trabajadores se va a descansar a su casa y, también, son los primeros en abrirla por las mañanitas.

    La Historia y la Filosofía están muy bien para estar entretenidos leyendo después de cenar o para el sábado a mitad tarde que no hacen nada por la tele, pero esto no da de comer ni produce nada.

  • # Irina dice:
    30 de March de 2010 a las 18:34

    Por fin me animo a comentar y he de decirle que estoy totalmente de acuerdo con usted. Actualmente estoy cursando 1º de bachillerato, y somos 36 personas de las cuales sólo 5 realmente queremos aprender. Ni que decir el comportamiento en la clase, no hay respeto alguno por los profesores. Creo que deberían hacer algo con la educación porque cada día va a peor, y no me gustaría vivir en un mundo rodeada de bakalas, jennies y demás especímenes.

  • # antonio molina dice:
    31 de March de 2010 a las 7:16

    Hay que reivindicar sin descanso, y más en estos momentos, la utilidad de lo inútil. Nos quieren hacer creer que sólo el conocimiento práctico merece la pena y, lo que es peor, el mensaje ha calado entre la población estudiantil. Desde que empecé a trabajar en 2004 vengo escuchando la misma pregunta: “Y esto ¿para qué sirve?” Respuesta mía: “para que no te conviertas en un burro”. Como para ir sobreviviendo en esta jungla de fauna tan decepcionante sólo hace falta saber… ¡nada!, y con ser obediente y sumiso y tragar con condiciones indignas en tu puesto de trabajo ya tienes garantizada la subsistencia, pues ¡no enseñemos nada en las aulas, sólo a ser dócil!

    Tema aparte es el modus operandi de las empresas (me da igual que sean grandes o pequeñas). Al novio de una amiga le han despedido del trabajo después de 7 años, siendo indefinido. ¿Motivo? Es más barato contratar y despedir de forma sucesiva al personal que llega vía E.T.T. ¿Su delito? Ser el más joven de la empresa, que no el de menos antigüedad, y estar soltero. ¿Despido improcedente? Sí, pero el jefe pagará encantado los 45 días por año trabajado. Todo son ventajas para ellos… ¡Ah! El muchacho ha empezado a estudiar oposiciones, y me pregunto yo ahora: ¿para qué le servirán todas las leyes que se tiene que aprender?

  • # larry dice:
    2 de April de 2010 a las 8:52

    A mi solo me queda decir sobre el articulo del sr Elias que excelente.
    Ni tan siquiera voy a opinar,simplente me voy a retratar con una parte del guion de la peli “V DE VENDETA”
    Dice asi:
    ¿ Cómo ha llegado a ocurrir, quién es el culpable ?.Bueno, ciertamente unos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas. Pero la verdad sea dicha , si estais buscando un culpable, solo teneis que miraros al espejo.

    La educacion en el estado se utiliza para estar entretenidos a los hijos de los trabajadores,y mientras tanto no sean maleantes,para que sus papas en sus miserables trabajos puedan pedir creditos de un dinero que no tienen,para gastarlo en cosas que no utilizan y poder presumir lo que no son con sus vecinos y amigos ,y de esta manera aparentar lo que la gente entiende como estado de bienestar.

  • # Cristina H. G. dice:
    2 de April de 2010 a las 14:11

    Impongamos a Bourdieu en el temario de oposiciones… http://sociologiac.net/biblio/Bourdieu-LosTresEstadosdelCapitalCultural.pdf

  • # Gisela dice:
    4 de April de 2010 a las 3:52

    Alber:

    sí, desde el punto de vista económico, es cierto; ahora bien, es más fácil ser pensado que pensar, ¿no?, ¡qué mediocridad!
    Lectores: ¿conocen los piqueteros de Argentina? Ellos son el resultado de las políticas económicas, educativas, etc. llevadas a cabo en los años noventa en mi país, no permitan que con ustedes hagan lo mismo. Sus comentarios reflejan la crisis que vivimos aquí en el 2000-2002. Apuesten a la Educación: … es un arma cargada de futuro…

  • # La Lengua » ¿Y eso para qué me sirve? dice:
    18 de October de 2010 a las 16:59

    […] de las palabras es que yo no estoy formando a trabajadores, estoy formando a ciudadanos. Como dije algunos meses atrás, si mi función es que Fulanito aprenda exclusivamente a vender hipotecas en un banco o a crear […]

  • # Reparacion Ordenador Sabadell dice:
    16 de August de 2011 a las 8:27

    Es interensante. Pienso como vosotros, una pena que no fuera más extenso, pero ya se sabe si lo bueno es breve, dos veces bueno.

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