Ars longa, vita brevis

Moscas contra el cristal

2 de December de 2009

A menudo, en mis clases, tengo que hablar a los alumnos de los aparatos de grabación y reproducción de la voz humana, para ilustrarlos sobre las diferencias entre la lengua oral y la escrita (una de las cosas buenas de dar una de estas asignaturas que los imbéciles critican porque «no sirven para nada» es que puedes hablar, prácticamente, de todo). Si quiero que me entiendan, les hablo del MP3, aunque el nombre no sea técnicamente adecuado, pero aprovecho para decirles que en realidad el MP3 es un formato, y que el nombre del aparato es «reproductor de archivos de audio digital», etc., etc. Les pregunto si saben lo que es un compact disc, y todos lo saben, sobre todo porque recuerdan que la PlayStation funcionaba con ese formato (a duras penas lo reconocen como un formato de almacenamiento de audio). Recuerdan que sus padres tenían cintas de casete, y han visto algún vinilo en una revista o en una foto de Internet.

Los alumnos de los que hablo tienen entre 16 y 18 años; los de los cursos más bajos, normalmente, solo saben que un CD es algo parecido a lo que meten en la PlayStation 3 o la Xbox. Diez o quince años más, a lo sumo, y serán ellos los que, tras un duro día de trabajo, salgan a la calle a hacer compras. Es decir, los jóvenes profesionales que decidan qué se vende y qué no son estos chicos que nunca, en su vida, han introducido un CD en un lector para escuchar música. Ellos van al Ares, ya no usan ni el eMule, o bien, cuando saben el título de una canción que les gusta, la buscan en YouTube. Los padres vienen a hablar conmigo y me cuentan lo preocupados que están porque sus hijos pasan las horas muertas en Facebook o Tuenti, y yo intento tranquilizarlos: las redes sociales no tienen nada de malo, más que las amistades que puedan hacer en la calle. Su obligación, como padres, es saber con quién se juntan y qué cosas hacen grosso modo, respetando una parcela de intimidad pero manteniendo el control, mientras sean menores y estén bajo su custodia. Exactamente igual que cuando los únicos amigos que tenías eran los de tu barrio, cuando conocías su olor, su forma de hablar y de vestir, sus aficiones de palabra viva y no por su perfil. La forma ha cambiado, pero no el fondo. Facebook no tiene nada malo que no tuviera el banco de su barrio; es simplemente la forma en que los jóvenes se comunican ahora. Y no creo que podamos hacer una ley para cambiar esa forma de comunicarse. Tampoco creo que podamos hacer una ley para obligar a los chicos a comprar discos compactos. Sería lo mismo que si, en mis tiempos mozos, una ley hubiese intentado obligarme a comprar vinilos en lugar de los compactos que nosotros comprábamos —muy caros— y coleccionábamos. Nosotros comprábamos CDs porque era lo más conveniente a nuestra forma de vida. Por el mismo motivo, los jóvenes de ahora consumen Ares o YouTube. Y, o cierran Internet, o va a seguir siendo así.

La cerrazón de miras y la obstinación de la industria musical española, que se empeña en mantener modelos de negocio antediluvianos y en presionar a la clase política para que reforme la sociedad y se adapte a ellos, en lugar de adaptarse ellos a la sociedad del presente y del futuro, me recuerda siempre al cotidiano espectáculo de una mosca que se da cabezazos contra el cristal de una ventana. No importa las veces que compruebe que el cristal sigue ahí, la mosca no cesa de estrellarse. Al final, o se mata por su cabezonería, o, si tiene suerte, algún humano benefactor le abre un postigo y le ofrece una una salida que no es el cristal por la que podrá continuar su vuelo alegremente.

¿Cuántas veces se van a tener que dar contra el cristal los músicos y los productores españoles hasta darse cuenta de que no tienen fuerza suficiente para romperlo, y encontrar los múltiples postigos que se les abren (descargas promocionadas con publicidad o pagadas, métodos de suscripción por la música, dejar de quitarnos dinero con el canon y bajar los precios de los originales, por poner solo tres ejemplos)?

Yo no tengo la respuesta. Igual que cuando veo una mosca dándose porrazos contra la ventana, sólo puedo contemplar el espectáculo y pensar que es patético.

Mientras esperamos la suerte de la mosca, si tienes dos dedos de frente lee esto

8 comentarios en “Moscas contra el cristal”

  • # Miss Fidget Wonkham-Strong dice:
    2 de December de 2009 a las 22:01

    Pues me acabo de enterar de que el tal Ares existe, me siento mayor :D.

    Por lo demás, ¿qué añadir? La frase esa de «no habrá ni canciones ni música» se describe estúpidamente a sí misma. Como si las canciones y la música no existieran desde mucho antes que los derechos de autor, hombreya.

  • # Pedro Escudero dice:
    2 de December de 2009 a las 22:16

    Elias, cuanto tiempo, encantado de volver a leerte.

    Aquí el problema es que la mosca sabe de sobra que no va a atravesar el cristal, pero mientras lo intenta se llena los bolsillos todo lo que puede antes de que alguien le abra la ventana. Luego irá volando a vivir la vida y que le quiten lo bailado.

  • # Hispa dice:
    2 de December de 2009 a las 23:03

    Lo mejor de todo es que las tendencias cambian tan rápidamente que ya ni siquiera es el MP3 el campeón en lo que a música se refiere. Emule y Ares agonizan en favor del consumo de multimedia en “streaming”. A las discográficas no les queda otra que convertirse en emisoras por internet o, sencillamente, cerrar por liquidación del negocio. Hoy el gato al agua se lo lleva Spotify, que a pesar de sus defectos, te permite escuchar legalmente toda la música que te de la gana gratis o por muy poco dinero.

  • # Manuel dice:
    3 de December de 2009 a las 11:27

    Yo también quiero vivir de las rentas y royalties por el uso de los programas que desarrollo y he desarrollado…

    En lugar de hacer nuevos programas, por los que vuelva a cobrar, me limitaré a exigir que me paguen por el trabajo que hice en su día.

    Y cuando se nieguen, les diré que no habrá más nuevos programas.
    Y cuando mis programas no se vendan, culparé a los internautas perversos que se los descargan gratis por no pagar mis abusivos precios.

    Igual que debería haber hecho el aguador en su día, al ver que las casas empezaban a tener traida de aguas y ya nadie le compraba a él. Lo bien que viviría hoy ese pobre aguador hoy arruinado, si hubiese exigido un canon por cada litro de agua servido a través de una tubería y un grifo.

  • # EVG dice:
    3 de December de 2009 a las 16:25

    Muy bueno lo de la tubería Manuel…

    Otro tema es, si yo sólo escucho música extranjera, ¿por qué pago un canon a una empresa que “proteje” a “artistas” españoles?

    A trabajar cojones… si quieren pasta, que den conciertos. Por lo que sí tendrían que pedir es por una normativa clara para las salas de conciertos, de forma que hubiera mayor cantidad de estos.

  • # megalegen dice:
    5 de December de 2009 a las 21:17

    No entendéis nada. Lo que están pidiendo es un donativo altruista porque, señores, se están muriendo de hambre. Y no lo digo yo, lo dicen los “artistas”, los que pasan hambre. Y aprovechan que hemos entrado en Diciembre, mes dado a la solidaridad, para soltar su discurso y pedir un donativo. Compren discos y apadrinen niños. En ese orden.
    Ese el mensaje que a mi me ha llegado.

  • # Truman dice:
    10 de December de 2009 a las 13:07

    Que no hombre, que no, que van bastante por delante de nosotros. Toca llorar para conseguir traspasar al online los precios abusivos y el monopolio legal del que disfrutan ahora. Unos acuerdos por aquí, unas prohibiciones por allá, un pelín de cánones e impuestos, un par de leyes a medida… y voila!, a seguir amasando.

  • # Zirintione » Blog Archive » Internet ese gran monstruo para algunos dice:
    3 de February de 2010 a las 13:27

    […] ha encantado un post que he leido en el blog de Elías: LaLengua.info y me ha animado a escribir sobre este tema tan característico de nuestros […]

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