Ars longa, vita brevis

Neo Periodismo

1 de September de 2009

Llego, a través de Menéame, a este magnífico artículo en que una periodista se pregunta, preocupada, qué demonios le ocurre al periodismo patrio. Ni siquiera se pregunta por qué, formalmente, tiene una carencia tan grande de calidad —hablo de faltas de ortografía y de una expresión paupérrima—, cosa de la que tenemos más culpa los educadores, doblegados por la bota de los poderes políticos y económicos: se limita a preguntarse cómo es posible que los periodistas acepten acudir a ruedas de prensa sin preguntas, e incluso últimamente sin periodistas; cómo puede ser que la labor de muchos periodistas sea simplemente copiar los teletipos de las agencias; en qué cabeza cabe que en las radios españolas, la opinión, por llamar de alguna manera a los ladridos con que los perros defienden a sus amos, ocupe entre un 45 y un 76% del tiempo. Si creéis que tenéis un par de dedos de frente, no debéis dejar de leerlo.

Bosco
Más tonto que una patata, pero muy guapo, no se puede negar.

En realidad, tanto el periodismo, como la educación, que no se encuentra tampoco en sus mejores días, y toda la mediocridad (siendo generosos) que vivimos en esta sociedad, tienen su origen en una serie de interdependencias que funcionan como un engranaje perfecto cuyo objetivo es restar bienestar a los que poco tienen para aumentar el de los que siempre lo han tenido. Otra cosa es opinar sobre si todo esto está planeado desde una sola o unas pocas mentes pensantes, o simplemente la dejadez de la gente, que ha perdido la esperanza, contribuye a que todo caiga por su propio peso. Pero el caso es que estamos jorobados.

Por ejemplo, el hecho de que los periodistas se dediquen únicamente a copiar y pegar los teletipos de las agencias puede tener una explicación muy sencilla. En primer lugar, se está despidiendo a la gente a porrillo, no solamente en los periódicos, radios y televisiones, sino en prácticamente todos los ámbitos empresariales del primer mundo. Pero los periódicos quieren seguir saliendo con el mismo número de páginas, y las televisiones emitir el mismo número de horas al día. Así que ahora, un solo periodista tiene que encargarse de realizar el trabajo que anteriormente realizaban dos o tres. ¿En qué tardaría más? ¿En elaborar una noticia documentada y redactada con cuidado, o en copiar diez o veinte teletipos? Por otra parte, nos han acostumbrado en esta sociedad a preferir la cantidad antes que la calidad. Preferimos diez notas escuetas sobre temas sin importancia que un reportaje en profundidad sobre algún tema crucial. Así nos creemos mejor informados, y nos olvidamos del simple hecho de que es preferible y más aprovechable leer un clásico de literatura que veinte novelas del oeste.

La obsesión por disparar los beneficios hasta la estratosfera invirtiendo lo mínimo se puede ver en los periódicos, por ejemplo (EL PAÍS ha eliminado de la edición del domingo su suplemento infantil, «El pequeño País», y ha reducido la calidad del papel en que se imprime), pero donde es más constatable desde hace años es en las televisiones. Hay que recordar que una empresa no tiene cerebro, es una especie de virus que funciona de manera muy simple. Quiere ingresar más y gastar menos. Los consumidores tienen el poder de exigir más a una empresa: mejor trato, mejores productos, mayores garantías. Pero un país idiotizado no lo hace. La reducción brutal de costes comenzó con la aparición de programas donde no era necesario tener ninguna habilidad especial para salir en la tele, que siempre ha sido una de las mayores aspiraciones vitales de la gente en este país. Hace como una década alguien inventó Gran Hermano, y todo el mundo descubrió que en un país de alelados, metías a veinte despojos en un chalé y tenías a medio país pegado a la tele. La inversión es mínima: los concursantes no solo no cobran por ir, sino que ese tipo de gente pagaría por aparecer en la pequeña pantalla y convertirse en famosos (la RAE, por cierto, debería ir eliminando la tercera acepción de esta palabra). Todo el que tenga un cerebro medianamente funcional sabe que Gran Hermano es basura, pero a una empresa como una cadena de televisión eso no le importa: le importa lo que da dinero. El ejemplo extremo lo tenemos en los programas matutinos que han infestado todas las televisiones nacionales, donde unas cuantas calentorras del montón incitan a los jubilados a que tiren su dinero por el retrete intentando adivinar algún nombre de mujer que empiece por, pongamos, eme.

Lo de las ruedas de prensa sin preguntas, algo puesto de moda tanto por el Gobierno como por la oposición, también se puede explicar fácilmente en términos económicos. Uno de los principales miedos con los que la sociedad está controlada es el miedo a perder el empleo. Sobre todo, en un país donde, gracias al gran partido único, la precariedad ya es una característica eterna del mercado laboral. Si un periodista ve que no se permiten preguntas en una rueda de prensa (con lo que de rueda de prensa ya tiene poco, y es más bien una declaración institucional como mucho), puede mostrar el dedo medio al que habla y largarse, o bien quedarse y grabar lo que tenga que decir y luego repetirlo como un loro. La primera opción es valiente, ética, sí, pero también arriesgada. A no ser que haya una acción al unísono, puede ser que te levantes y te largues y tu periódico sea el único que no tenga nada que decir sobre la noticia. En ese caso, el resultado sería que la cola del INEM se apuntaría un +1. Y cuando hay hambruna los lobos se pelean entre ellos por la poca comida disponible. ¿Quién se arriesga a perder la tajada?

En cuanto a la cansina extensión de los espacios de opinión en los medios de comunicación de masas, pues tampoco tiene mucho que explicar. Es más barato poner a dos periodistas que repitan la voz de su amo y algún famosete a despotricar contra lo que sea que realizar un buen programa informativo. Además, el morbo que despiertan las opiniones exacerbadas es mucho mayor que la atención que puede lograr un reportaje documentado sobre tal o cual tema de actualidad.

La COPE, por ejemplo (y repito que es solo un ejemplo, creo que son todas más o menos iguales, a excepción tal vez de Radio 1 de RNE), llegó a convertir prácticamente toda su programación en opinión, y vio que sus ganancias publicitarias subían casi hasta el infinito. Pero hay un detalle que no debe perderse de vista: si hablabas con alguien sobre la última barbaridad de Jiménez Losantos (yo lo escuchaba todas las mañanas para despertarme, te ponía como una moto, más que el café o la cocaína), todo el mundo estaba al tanto: gente de derechas, gente de derechas que se considera de centro, gente de centro que se considera de izquierdas, e incluso alguno de izquierdas, que aún los hay por ahí. Había gente que lo escuchaba por convicción y gente que lo escuchaba para criticarlo —y alguno, como yo, que lo utilizaba como sucedáneo de las anfetaminas—. Pero el caso es que nada gustaba más a la gente que las chirriantes palabras de este hombre por las mañanas. Da igual que lo que dijera fuera verdad, mentira, demostrable o no; si luego en los tribunales tenía que pagar, más había ingresado en publicidad, y las empresas son como un virus. Lo que importan son los resultados.

Todo está, como siempre, relacionado con la educación. Quizás un país mejor educado no escucharía la COPE ni la SER, desde luego. Pero este país sí. Hoy he oído en un telediario que las guarderías y colegios empiezan las clases antes para que los padres puedan incorporarse a sus trabajos. Seguramente el periodista que ha escrito esto no ha comprobado el dato, pero en cualquier caso es cierto. Todo, los horarios, las vacaciones, los temarios, el proceso de Bolonia y la forma de dar clases va orientado a un único fin: acomodarse al mercado laboral. Que los padres puedan cumplir los horarios de sus empresas, en lugar de que las empresas amolden sus horarios a la necesidad de la educación. Que la universidad sirva para formar trabajadores, no élites culturales ni sociales. En lugar de luchar por que los horarios de los padres de niños pequeños se reduzcan y adapten para que puedan criarlos y educarlos, como es natural, ponemos guarderías en los centros laborales. O mejor aún: las guarderías cuestan dinero a las empresas, así que lo que hacen los gobiernos es ampliar los horarios escolares y el lapso de edad durante el cual los niños y jóvenes están obligados a ir a clases. Dentro de no tan poco se impondrá la educación obligatoria desde los 2 hasta los 18 años. No me estoy inventando esto, estoy parafraseando las palabras de un inspector de Educación.

¿Qué es lo que se ha puesto de moda criticar ahora, tanto en institutos como en universidades? Las clases magistrales. Algunos memos nos han intentado meter en la cabeza una idea equivocada de democracia. La democracia real debería servir para extender el elitismo, la calidad, la cultura y todas esas cosas de derechas a toda la población; sin embargo, en este país se entiende como el desprecio por todas esas cosas. Que además cuesta menos dinero. Es mucho más fácil machacar la cabeza al que destaca y convertirlo todo en una rasante mediocre que intentar elevar la calidad media de lo pobre. Así que debemos odiar todo lo que suene a elitismo. Y una de esas cosas es el adjetivo «magistral».

Una clase magistral consiste, grosso modo, en que un profesor que sabe mucho sobre algún tema llega, suelta su discurso y los oyentes lo aprovechan de la mejor manera que puedan, que suele ser tomando apuntes. Hoy nos obligan a odiar ese concepto de enseñanza, y los profesores tienen que coger de la mano a los alumnos y llevarlos del punto A al punto B, intentando que no reflexionen por sí mismos, proporcionándoles todas las facilidades posibles. Se elimina la dificultad de ser alumno, y se consigue precisamente lo que, en teoría, no queremos: llenar las cabezas de procedimientos y datos, y abotargarlas para que no sean capaces de llegar a conclusiones distintas. Ya no solo en la Secundaria es necesario adaptar la enseñanza a cada uno de los alumnos para que todos consigan lo mismo: también en la universidad. La universidad no tiene que formar ni un Ramón y Cajal o un Ortega y Gasset más: tiene que formar empleados de banca.

Un cómplice involuntario de todo esto ha sido Internet. El último invento maravilloso de la humanidad tenía que tener algo malo. Y es la creencia de que un chico no necesita más que un ordenador y la Wikipedia para aprender. A todo el mundo le ha dado por los powerpoints, los ordenadores y Google, y parece que la enseñanza de los chicos podría conseguirse con un montón de correos de estos que te cuentan que el graznido del pato, cuac, cuac, no produce eco y nadie sabe por qué. La información está ahí, y va a estarlo siempre. ¿Por qué ir ahora mismo a por ella? Como decía aquel: ¿tienes la mayor acumulación de conocimiento que ha producido la humanidad, y lo único que se te ocurre buscar es «Britney Spears»? Reconozcámoslo: la Wikipedia está ahí, pero se usa sobre todo para ganar debates entre trolls de los que comentan en los blogs que para lograr un conocimiento que convierta a uno en una persona un poco más elevada. Un ejército de eruditos a la violeta es lo mejor que estamos sacando de todo esto.

Periodismo: que nos den un montón de datos mínimos sobre un montón de asuntos. Cantidad de información, pero no calidad. Que nos den la opinión mascada: que la radio nos diga lo que tenemos que opinar, y nosotros, sentados en el sillón o en el taxi, asentimos como ratitas. Que los políticos suelten sus discursos y que los medios nos los repitan como loros, sin hacer preguntas, como si los medios de comunicación fuesen gabinetes de prensa de este u otro partido. Y la gente cada vez más aborregada. Pues todo funciona como debe, digo yo que estará pensando alguien.

6 comentarios en “Neo Periodismo”

  • # Truman dice:
    1 de September de 2009 a las 18:19

    Me tocan de cerca los tres temas de los que hablas, ya que mi mujer es Profesora, tengo dos niños que van a a entrar ahora al cole una semana antes de lo habitual, mis dos mejores amigos son periodistas y las están pasando putas y yo tengo una empresa (bueno, empresa familiar fundada por mi padre y continuada por mi). Y chico, que quieres que te diga, se puede estar de acuerdo con todo, con algo o con nada de lo que dices, pero tus reflexiones son extremandamente acertadas, pareciera de verdad que estas viviendo todo lo que dices por el modo tan preciso del que hablas.

    Lo del periodismo es infernal. No quiero dar nombres, pero te diré que estos amigos míos (director y redactor jefe una publicación) lo están pasando bastante mal. Solo decirte que a día de hoy, están sacando adelante dos periódicos del mismo grupo con el 60% de los redactores que tenían en la redacción original (cuando solo hacían una publicación). Como para no copiar teletipos.

    Respecto a la empresa, yo puedo decir que debemos de ser unas de las pocas pequeñas empresas en España en las que no solo no se ha despedido a nadie, sino que tengo más trabajadores en 2009 que en 2008. Cierto es que las grandes empresas del sector cada vez te obligan a trabajar con menos márgenes, y veremos a ver hasta donde podemos sostener nuestro modelo de negocio, pero a día de hoy a base de trabajo trabajo trabajo y esfuerzo, estamos vivos. Evidentemente, no voy a tener 3 personas para hacer el trabajo de una, pero es que el problema actual no es ese, sino todo lo contrario: se tiene una persona para hacer el trabajo de 3, y claro, la calidad y el servicio desaparecen rápidamente en detrimento de unos precios que nunca bajan lo suficiente, lo único que si aumenta es el beneficio de la empresa.

    Y de los niños, educación y horarios que te voy a decir: si con estos nos va mal, deja tu que se consiga la libertad horarios de apertura para las empresas. A las PYMES que nos dedicamos al comercio de cara al público nos va a hacer picadillo, así de claro. Más Zaras, más Springfields, más Media Markts y más Mercadonas. Pero bueno, eso será mañana, bastante tenemos de lo que preocuparnos hoy.

  • # El (neo) periodismo español : DanielTercero.net dice:
    1 de September de 2009 a las 23:30

    […] Elías Gómez escribe del neo periodismo, como él lo define, después de encontrarse con el apunte de Rosa María Artal acerca del periodismo español y su actual situación: Lo de las ruedas de prensa sin preguntas, algo puesto de moda tanto por el Gobierno como por la oposición, también se puede explicar fácilmente en términos económicos. Uno de los principales miedos con los que la sociedad está controlada es el miedo a perder el empleo. Sobre todo, en un país donde, gracias al gran partido único, la precariedad ya es una característica eterna del mercado laboral. Si un periodista ve que no se permiten preguntas en una rueda de prensa (con lo que de rueda de prensa ya tiene poco, y es más bien una declaración institucional como mucho), puede mostrar el dedo medio al que habla y largarse, o bien quedarse y grabar lo que tenga que decir y luego repetirlo como un loro. La primera opción es valiente, ética, sí, pero también arriesgada. A no ser que haya una acción al unísono, puede ser que te levantes y te largues y tu periódico sea el único que no tenga nada que decir sobre la noticia. En ese caso, el resultado sería que la cola del INEM se apuntaría un +1. Y cuando hay hambruna los lobos se pelean entre ellos por la poca comida disponible. ¿Quién se arriesga a perder la tajada? […]

  • # Si dice:
    2 de September de 2009 a las 8:51

    Y esta bola va cada vez mas deprisa. ¿Cómo se para?

  • # Manuel dice:
    2 de September de 2009 a las 16:50

    Pues tienes mucha… no, mejor dicho… tienes TODA la razón.

    Yo lo he notado con los periódicos gratuitos, donde se limitan a copiar-pegar las notas de las agencias para rellenar el espacio en blanco que queda alrededor de los anuncios.
    Y esos periódicos han triunfado, pese a que no tienen buenos redactores ni grandes firmas.

    Añoro los tiempos en que compraba cada día el Diario16, hace 10 años, y me entretenía leyendo las opiniones de sus redactores, que lejos de dar opiniones sesgadas afines a uno u otro sector, daba opiniones diversas con las que podías escuchar distintas versiones del mismo tema.

    En la radio ya solo busco emisoras de música, porque los programas de tertulia y opinión me cansan. Nunca he escuchado la COPE porque no soporto a ese personajillo provocador, y hasta hace poco escuchaba Ondacero por las mañanas, hasta que me empecé a cansar de escuchar a ‘tertulianos’ que hablan de todo y son incapaces de escuchar a nadie más que a sí mismos.

    Pero resulta que ahí están, y que la gente lo escucha y lo sigue. Y lo hace porque aquí uno al igual que es del Madrid o del Barça, es de tal o cuál partido. Así que en el fondo a la gente les gustan esos programas de opiniones sesgadas e interminables discusiones.

    Lo de las clases magistrales no lo sabía… y me parece patético que se critique algo así.
    Recuerdo que cuando llegué a la Universidad era un yogurín que estaba malcriado en lo de ir a clase. Por aquel entonces el Instituto te ‘guiaba’ ya demasiado, por lo que el paso a la Universidad se me hizo duro.

    Pero siempre he dicho que lo principal que aprendí allí, fue que aprendí a aprender (aunque suene recursivo). Aprendía a escuchar, a entender lo que me estaban contando, a cuestionarlo con dudas, a exponer mis dudas, a escuchar las explicaciones a mis dudas, a aclararlas o seguir cuestionándolas y sobre todo a pensar por mí mismo.

    De hecho, para mi eso es lo que principalmente puede distinguir a alguien que ha pasado por la Universidad a alguien que no lo ha hecho.
    Y es algo que he visto en mi profesión, Informática, entre los ingenieros y los titulados de FP.

    Pero sí, parece que desde hace tiempo se quiere acabar con eso, y viendo cómo se busca reformar la Universidad para ‘ajustarse a lo que el mercado laboral demanda’ (qué miedo me da esta frase), está claro que van en esa dirección.

    Dentro de poco ya no habrá un Ingeniero que piense, sino un Ingeniero entrenado en obedecer y trabajar como se le diga que debe de hacerlo.

    Lo peor, para mi, es que va a pillar a mis hijos por medio. De hecho al mayor ya le ha pillado y pese a lo listo que es, tengo que ver con tristeza las pobres notas que trae y su poca voluntad para hacer las cosas mejor o intentar resolver cualquier tipo de problema.

    Un país de borregos adictos a la vida fácil (este es el título de una entrada que tengo que terminar para el blog, a ver si esta noche tengo tiempo), al me lo das todo hecho, al no me hagas pensar, al no me compliques la vida y sigue la corriente de la manada… y sobre todo, al no cuestiones las cosas.

  • # Ikima dice:
    3 de September de 2009 a las 8:44

    Estas palabras tuyas:

    “Todo, los horarios, las vacaciones, los temarios, el proceso de Bolonia y la forma de dar clases va orientado a un único fin: acomodarse al mercado laboral. Que los padres puedan cumplir los horarios de sus empresas, en lugar de que las empresas amolden sus horarios a la necesidad de la educación. Que la universidad sirva para formar trabajadores, no élites culturales ni sociales.”

    me han hecho recordar algunas cosas y hasta ma han inspirado para un post de “reflexión profunda” sobre la educación del alma humana, y, como siempre, sobre la lectura.

    Por si quieres echar un vistazo, aunque en verdad me vaya por las ramas: http://parrilladeliteratura.blogspot.com

    Un saludo,

  • # Recuperación de datos dice:
    9 de September de 2009 a las 13:26

    Hoy en día, incluso los telediarios se basan en dar 4 noticias tontas que además son cíclicas: en mayo la operación bikini, en agosto el calor y los incendios con todo lujo de detalles, las operaciones salida, lo caros que son los libros de texto, etc. Es el cuento de nunca acabar…

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