Ars longa, vita brevis

Prohíbeme

26 de August de 2009

Smoke
Fumando en la terraza exterior del hotel en Londres, ya que en todo el edificio estaba prohibido por la Ley hacerlo (haz clic en la foto para verla a mayor tamaño).

Llego desde Menéame a esta noticia, en que la ministra de Sanidad dice que «España está madura para prohibir fumar en todos los espacios públicos».

Es curioso, porque o Trinidad Jiménez o yo tenemos un concepto de la madurez que está absolutamente equivocado. Yo pensaba que la madurez era precisamente aquello que hacía innecesarias las prohibiciones. Que al niño de dos años era necesario, con gritos o con un manotazo cariñoso, prohibirle que metiera los dedos en un enchufe o arrebate a sus compañeros una chuchería por la fuerza, pero se ve que no: que a medida que uno va madurando es necesario o bueno prohibirle más cosas. Yo creo que la equivocada es ella, aunque es posible que me equivoque yo, como he hecho tantas veces en mi vida.

Y hablando de madurez, uno alucina cuando lee bastantes de los comentarios del enlace de Menéame que he colocado en primer lugar en este post. Especialmente los comentarios más valorados, cuyos autores se muestran encantadísimos de que nos vayan a prohibir una cosa más, a sumar a las consabidas prohibiciones de no consumir las drogas que a uno le vengan en gana, de no ir por la calle sin un documento identidad en el bolsillo, de mantener tu dignidad en un aeropuerto y tantas otras. Más que el hecho de que se llegue a no fumar, parece que alivia y alegra el hecho de que pongan un remache más a la vía única en que quieren convertir nuestras vidas. Da mucha tranquilidad, eso es cierto, saber que toda tu vida está dirigida y programada, que tu libertad —eso que te permite tomar decisiones y te obliga a asumir sus consecuencias— tiene un cerco cada vez más estrecho alrededor, que desde pequeños nos ponen en un carril y que no debemos salirnos de ese carril si no queremos recibir represalias. La falta de libertad es una de las situaciones más cómodas para el hombre. Sin remordimientos, sin dilemas, sin emociones fuertes.

Me recuerda a cuando nos dijeron, en el curso de funcionarios en prácticas del Ministerio de Educación, que se está planeando imponer la enseñanza obligatoria desde los dos hasta los dieciocho años, y que nos vayamos haciendo a la idea. Dentro de poco va a haber en el paritorio un compañero mío esperando a que la madre dé a luz para llevarse al niño a la guardería. Así serán las cosas mucho más fáciles para todos, especialmente para los de siempre: si te tienen enclaustrado en una escuela hasta los dieciocho años, una vez te pongan en la calle, ¿quién va a ser el guapo que no doble la cerviz ante las exigencias del mercado laboral y las empresas? El mundo es de ellos, no lo olvides.

Pero sigamos fumando. Hay una serie de conceptos que, en su madurez, hay gente que parece no entender. El primero es que a los fumadores tampoco nos gusta entrar a un local lleno de humo. No, pese a lo que muchos piensan, a nosotros tampoco nos gusta oler a tabaco, que la ropa se ensucie, que los ojos se irriten ni nada de eso. No. Es más: a los fumadores no nos gusta fumar, aunque muchos piensen que sí (para imponerse una falsa sensación de libertad). No nos gusta. Y, aunque nos gustase, como nos puede gustar el solomillo, nadie pagaría los precios abusivos que el tabaco alcanza gracias a los impuestos para hacer una cosa que destruye tu salud casi inmediatamente y que además te convierte en una especie de paria. No, por algo que te gusta no se hace eso. Ni siquiera por algo que te guste mucho. A mí me encanta correr con mi coche, y si no lo hago no es ni siquiera por el elevado gasto de gasolina, sino porque me gusta estar vivo y tener intactas las funciones de mi columna vertebral. Por mucho que me guste, no lo hago. Y no fumo porque me guste: como todos los fumadores habituales, fumo porque un elemento adictivo del tabaco ha creado en mí esa necesidad, que me hace ir a un comercio y pagar varios euros por una cajetilla de algo que es fundamentalmente veneno, y que convierte mi vida y las de los que me rodean en algo incómodo. Así que, en primer lugar, amigos y lectores no fumadores, el fumador no es un cretino (producto tan típico de nuestra tierra) que disfruta yendo a un lugar y fastidiando a los demás; el fumador es un enfermo de una dolencia llamada tabaquismo, reconocida por la Organización mundial de la salud y que causa millones de muertes al año en el mundo. No fuma por fastidiarte, fuma porque padece una adicción difícilmente superable.

Otros comentarios del post meneado se quejan de las ingentes cantidades de dinero que costamos, al parecer, a la Seguridad Social los que sufrimos de esta adicción. Y además parecen pensar que lo hacemos por capricho, y que por una actitud infantil estamos gastando mucho dinero que podría dedicarse a otros fines. Y esa idea también está equivocada. Fundamentalmente por lo dicho en el párrafo anterior: el fumador no es libre. No gasta dinero de Sanidad como un divertimento caprichoso, fuma por las razones expuestas anteriormente. Por muy poca gracia que te haga que un fumador gaste recursos médicos, no dudes ni por un momento que al fumador le hace muchísima menos gracia que a ti. Piénsalo. Pero esto además me trae a la mente inevitablemente otras situaciones parecidas. Por ejemplo, pienso en que las enfermedades coronarias no son causadas solo por el tabaco, sino también por el alcohol o por las comidas altas en grasa. Y a nadie se le impide beber, prácticamente en cualquier parte. Pero bueno, la bebida puede ser también una terrible adicción (no tan terrible como el tabaquismo, ya que hay muchos menos alcohólicos que adictos a la nicotina). Pero ¿y los filetes? El que se atiborra a filetes, ¿sufre también una adicción, o ese sí que de verdad come todos los días una dieta irresponsable por capricho? Si pasa dos días sin comer filetes, ¿le entra síndrome de abstinencia? ¿Se pone nervioso e irritable? ¿Necesita parches de colesterol? No lo creo. ¿Alguien ha planteado imponer a la carne roja unos impuestos del 500% de su valor, para sufragar los gastos médicos que genera esa dieta y que proceden de los impuestos de todos? No, claro que no. ¿Y a la gente sedentaria, y a los que no consumen suficiente fibra? No, sería una locura. Y esas actitudes sí provienen del capricho o del libre albedrío, no de una adicción física o psíquica.

Un argumento a favor de la prohibición, y uno de los que más comprendo y comparto, es el de lo desagradable que resulta para un no fumador la entrada en un local cerrado donde se fume. Eso es imposible de negar, aunque debemos recordar lo dicho antes: no solo es desagradable para los no fumadores, sino también para nosotros. Pero es curioso que la propaganda, como siempre, dirige nuestros pensamientos, y que cuando abrimos la boca lo hacemos para repetir eslóganes y no para expresar pensamientos.

(Durante unas décadas los Estados Unidos lideraron la propaganda a favor del tabaco, haciendo que todos sus héroes fumaran y poniendo publicidad sobre el tabaco en todos lados como una manera de hacerse al american way of life. Hoy, ese mismo país ha convertido a los fumadores en nazis, y el peor crimen que puede cometer una persona es fumar. Tanto en un caso como en otro, no somos más que monos que repetimos lo que hace y dice nuestro hermano mayor, ya sea en lo referente al tabaco, a la seguridad ciudadana, a la ropa, la música o cualquier otro aspecto.)

El ruido es lo que más detesto yo. No poder sentarte en ningún sitio, no digo ya en un local público, sino en tu casa, y escuchar en silencio. El ruido en este país no es que no esté mal visto, sino que es una de nuestras características más apreciadas por nosotros mismos. Un español no entiende que pueda haber felicidad sin ruido. Pero a mí, sin embargo, me causa unas molestias de intensidad similar a las que me causa el humo que encuentro en un local cerrado donde la gente fume. Además, ha causado no pocas desgracias sociales, como gente que ha tenido que malvender pisos porque tenía una zona de copas cerca y no podía dormir, además de enfermedades mentales asociadas a la tensión de los nervios causadas por la permanente presión en que te sumerge una vida sin un minuto de silencio. Pero eso no molesta tanto, al parecer. Ni siquiera a los preocupados por la salud. Uno puede incluso llamar a la policía a las dos de la madrugada para denunciar que alguien está haciendo un ruido excesivo que te impide dormir, y la policía, como mucho, se presenta en tu casa con un medidor de decibelios. Y, en este país, quedarás siempre como el vecino delicado, como una especie de traidor a la patria al que le parece una barbaridad que un martes a las dos de la madrugada algún imbécil esté celebrando no sé qué fiesta. Pero no molesta esto. Tampoco el CO² que expulsan los centenares de miles de coches que habitualmente circulan por una ciudad de tamaño medio, y que pueden hacer que el aire en una urbe sea irrespirable. No logro ver en ningún telediario los porcentajes de enfermedades y de muertos causados por esta causa: primero, porque no interesa meterse con las industrias petroleras; segundo, porque en cualquier caso es mucho más fácil y productivo para cualquier gobierno convencer al ciudadano de que su enemigo es el que camina por la acera a su lado, que además es mucho más débil. Y si mantenemos a los de abajo peleados entre ellos, por banderas, idiomas, tabacos y demás, es mucho más difícil que se ponga a pensar en problemas reales como el desempleo o los exiguos derechos laborales.

Y, en fin, para un gobierno con aires dictatoriales es mucho mejor tener a la gente convencida de que la prohibición es la solución a todos los problemas.

Este post no trata sobre el tabaco, sino sobre las prohibiciones; sobre el gusto que está tomando la gente a que le impongan y prohíban cosas. No deseo que sea libre fumar en cualquier parte, y comprendo que es un fastidio para mucha gente (aunque estoy convencido de que las cifras sobre muertes de fumadores pasivos están vergonzosamente exageradas), no deseo que mi adicción a fumar sea una molestia para los demás ni un gasto público, es más, no deseo fumar. Lo que me joroba enormemente es lo cómoda que se siente la gente con esta especie de dictadura donde de vez en cuando se echa un papelito en una urna. La dejadez social que hemos alcanzado. El olvido de que la educación y la vida social son los pilares sobre los que debe construirse una sociedad, y no el miedo a las sanciones.

Nos hemos convertido en un país en que antes de dar un paso (salir a la calle indocumentado, fumarte un pitillo, dar un cachete en el trasero a tu hijo, decirle a tu pareja que es una desgraciada) tienes que pensar primero en si te estás convirtiendo en un delincuente. Antes, durante la dictadura, no había tanta cuestión, porque supongo que casi todo era ilegal. Hoy en día no todo, por suerte. Sigue habiendo cosas que están permitidas. Pero, por desgracia, parece que hay mucha gente que quiere que cada vez sean menos.

Ideas para las lumbreras que nos gobiernan: 1. Realizad un estudio serio sobre las sustancias añadidas al tabaco que sirven exclusivamente para aumentar la adicción de las personas que lo consumen (hay poca gente adicta a los puros; el nombre proviene de la expresión cigarro puro). 2. Dad a la gente información real sobre los efectos no solo del tabaco, sino de todas las drogas. Cuando intentáis meter miedo y prohibir cosas, lo único que hacéis es generar morbo y hacer ciertos comportamientos más atractivos. 3. Dejad de dar subvenciones a proyectos inútiles de vuestros amigos y dedicadlos a ayudar a la gente a dejar de fumar. Sí, es cierto que el Estado no tiene la obligación de ayudarme a dejar de fumar, pero por otra parte no la tiene tampoco de gastar en tantas chorradas como hacen. Y además, se ahorrará dinero en Sanidad y molestias a nuestros compatriotas no fumadores. O tal vez preferís el dinero que os dejamos en los impuestos. 4. Dejad de copiar lo que hacen los países de nuestro entorno. El primer paso para dejar de considerarnos inferiores es dejar de considerarnos inferiores.

Son solo las primeras que se me ocurren. Y a los lectores, habituales o anecdóticos: el tabaco es una porquería inmunda digna de odiar. Hacedlo con todas vuestras fuerzas y desead que desaparezca. Pero nunca deseéis que os prohíban cosas. Y, sobre todo, no lo digáis en voz alta. Ellos lo están deseando.

16 comentarios en “Prohíbeme”

  • # antonio molina dice:
    26 de August de 2009 a las 18:24

    Me encanta leer cosas que exhalan un cierto perfume a teoría conspiratoria (puede no ser la expresión más acertada). Básicamente porque creo que muchas son verdad. Estoy empezando a leer el libro “El hombre unidimensional” de Marcuse y, aunque aventuro que no voy a estar de acuerdo en todo, me ha zarandeado una afirmación inicial del autor: No existe gran diferencia entre la democracia en la que vivimos y una dictadura. A fin de cuentas, hacemos lo que otros quieren…

  • # franci dice:
    26 de August de 2009 a las 18:36

    Estube de nuevo en Londres en Julio y una cosa que adoro, es entrar a cualquier sitio y no de desear una mascara de gas, también la cantidad de museos a los que ir.

    – No soy fumador y nunca lo fui (pasivo sí durante años).

    – Nunca un fumador me preguntó si me molestaba antes de ponerse a fumar.

    – Muchos fumadores no respetan las zonas de no fumadores.

    – He visto durante años como un fumador, recaía repentinamente de su dolencia pulmonar, en cuanto tenía fuerzas para salir a comprar tabaco, hasta que finalmente murió, un año después su mujer, fumadora pasiva lo hizo de cancer de pulmón.

    – El humo del tabaco no es sólo una molestia, es un atentado contra la salud de los demás.

    Por todo esto anhelo la prohibición. Entiéndeme, no es que quiera que tú “no fumes”, es que no quiero “fumar yo”, no es que quiera “prohibir fumar”, es quiero tener de derecho a “respirar aire limpio”.

    Soy partidario de “dar derechos” frente al “prohibir”, pero dudo que mi derecho al “aire limpio” llegue sin prohibición.

  • # Prohíbeme dice:
    26 de August de 2009 a las 20:06

    […] Prohíbemelalengua.info/2009/08/prohibeme/ por Caballo_Loco hace pocos segundos […]

  • # megsel dice:
    26 de August de 2009 a las 20:58

    Como fumadora,no me ha supuesto mayor problema el hecho de tener que respetar espacios en los que no se pudiera fumar; yo también agradezco la oficina sin humos, y en los lugares de ocio pregunto siempre si se puede fumar y donde.
    Lo que resulta verdaderamente curioso y pesado es la existencia de un nuevo tipo de persona: el no-fumador con derecho a inmiscuirse.
    Si fumas en la calle antes de entrar al trabajo, aparece como por arte de magia alguien con quien probablemente no cruces más del “hola” y “adiós” y que de repente se encuentra con derecho a “aconsejarte”, amonestarte, o simplemente darte la vara. Armado de una “superioridad legal” que de repente le anima, es curioso que siempre aparezca en aquellos momentos y lugares donde te diriges a fumar, y que en principio debiera evitar como la peste…….
    Me temo de que ya no se trata de evitar que la gente que no quiera fumar no respire humo de tabaco, sino de la posibilidad de poder mandar o imponer a los demás otras conductas, que nos encanta a todos.
    Y completamente de acuerdo respecto al ruido; va a ver que empezar una campaña para desterrar la megafonía.

  • # rafagames dice:
    27 de August de 2009 a las 1:13

    Suelo estar muy de acuerdo contigo en la mayoría de tus entradas, pero en este caso creo que no tanto.
    Odio el tabaco. Lo detesto. Me parece una plaga digna de ser erradicada.

    En los primeros párrafos insistes en la libertad de fumar. Pero, ¿acaso no es la adicción una forma de esclavitud?

    Yo no digo que haya que prohibir el tabaco por completo, es más, estoy a favor de la despenalización de ciertas drogas. Es mejor que se haga de forma controlada y no clandestina.

    Con respecto a que a un fumador no le agrada fumar, bueno la mayoría de fumadores que yo conozco fuman por gusto, porque ellos quieren. Y ese es el tipo de actitud que se debe eliminar.

    El que se emborracha cada fin de semana, o ese que se atiborra a filetes, perjudica su propia salud y es LIBRE de hacerlo. Pero estar sentado en alguna parte tranquilo hablando con los amigos, y saber que ese humo que te está entrando en los pulmones proveniente de un cigarrillo cercano te está haciendo daño no es muy agradable. En esa situación, dado que el otro es libre de fumar, soy yo el que tengo que elegir: mi salud o irme de ahí. Y ahí, pienso yo, pierdo yo gran parte de mi libertad.

  • # Manuel dice:
    27 de August de 2009 a las 8:22

    No fumo, y odio entrar en cualquier sitio teniendo que tragarme una puta nube de humo tóxico (el humo del tabaco lo es) porque haya personas con tan poco voluntad para realmente desear dejar de fumar.

    Sí, es cierto que el tabaco realmente no es tabaco y está más cerca de un proyecto de química por la cantidad de sustancias orientadas a aumentar la dependencia y el efecto de determinados productos químicos.
    Pero siento decirte que escudarse en eso para seguir fumando es una excusa, y punto.

    Si realmente desearas dejar de fumar, encontrarías la fuerza de voluntad para hacerlo. De hecho en la Seguridad Social ya se ofrece ayuda para dejar el tabaco, y hay productos que alivian el síndrome de abstinencia que te embarga durante los primeros días en los que intentas dejarlo.

    Pero coincido contigo en que no hay madurez.
    Precisamente hace unos días hablaba con unos compañeros de trabajo, y comentaba lo mucho que me molesta que un fumador se encienda un cigarro y me esté echando el humo a la cara mientras habla conmigo, o no tenga en cuenta que el cigarro que sujeta entre sus dedos amarillos (por la nicotina) suelta humo mientras se consume que dirige a mi cara al gesticular.

    Inmediatamente fui tildado de extremista por los fumadores, que es la reacción típica de quienes fuman en cuanto alguien les hace ver lo molesto de su vicio para terceros.
    Así que tuve que explicarles, con muy buenas formas, que realmente me la suda si desean matarse con miles de productos químicos cancerígenos, como me la traería al fresco si decidiesen ponerse los calzoncillos por fuera del pantalón para saltar desde la azotea al grito de ‘¡¡puedo volar!!’.
    Pero tienen que entender que quienes optamos por no fumar, no tenemos porqué tragarnos la mierda que ellos sí han decidido tragarse.

    Tus ideas me parecen buenas, pero te comento:

    1. A estas alturas ya existen estudios sobre los componentes de los cigarrillos, pero obviamente no salen a la luz porque: A) La Industria Tabaquera podría ser llevada a los tribunales por millones de perjudicados, al ser responsables directos y conscientes del mal que provocan. B) El tabaco da mucho dinero a las arcas públicas, en forma de impuestos, aunque sea pan para hoy y hambre para mañana por los gastos médicos que generan.
    2. Realmente ya hay información, y mucha, sobre los males del tabaco. Pero curiosamente los fumadores se niegan a ver la realidad. Y no lo digo por ti, lo digo por ejemplo por mi mujer (fumadora), mi suegro (fumador), mi cuñado o mis cuñadas… les he enviado más de un artículo por email sobre las ‘bondades’ del tabaco, pero directamente pasan de leerlo. Es decir, no quieren ver la realidad.

    3. Como te he dicho antes, tu médico de cabecera te ayudará a dejar de fumar, e incluso te podrá recetar productos eficaces contra esta insana dependencia.
    4. No puedo estar más de acuerdo contigo.

    Sobre el ruido, el humo de los coches o el colesterol, también creo que son otras lacras que deberían ser erradicadas.
    Mucho del colesterol que hoy navega y tapona nuestras arterias, está provocado por el uso industrial de grasas hidrogenadas de origen vegetal, más baratas e insanas que las animales, pero todavía no he escuchado a Sanidad alertando sobre ello y prohibiendo su uso.
    El humo de los coches se podría evitar con un mejor diseño de las ciudades, concentrando las zonas de trabajo y dotándolas de buenas infraestructuras de transporte comunitario, pero igual no interesa por los beneficios astronómicos derivados de los impuestos a hidrocarburos.
    Y el ruido… buff… el ruido parece no interesar a nadie, viendo que son las Administraciones las primeras en incumplir cualquier normativa sobre ruido con las ruidosas ferias de verano, las ruidosas máquinas para limpiar(?) las calles, las aún más ruidosas obras municipales y un largo etcétera…

  • # Jaime dice:
    27 de August de 2009 a las 9:46

    Es cierto que no hay madurez: si los fumadores fueran maduros NO fumarían en lugares cerrados. Nunca lo hubieran hecho. Como siguen haciéndolo, hay que prohibirlo. Porque molesta y hace daño. Igual que el ruido, que también está prohibido (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/30/espana/1246362931.html).

    Y sí, quedarás como el vecino delicado si te quejas del ruido, pero si le pides a alguien que está contigo en un bar que no fume, quedarás como el intolerante que no aguanta nada. Aunque en ambos casos tengas razón.

  • # Alber dice:
    27 de August de 2009 a las 10:54

    Yo no soy fumador y nunca lo he sido y aunque odio entrar a los sitios y que haya una nube de humo o, mucho peor, que no haya gente fumando y aún así salgas del local apestando a tabaco, estoy en contra de la prohibición de fumar en todos los sitios. Pienso que se debería partir de la EDUCACIÓN y no conseguir las cosas mediante PROHIBICIÓN.

    Se está llegando ya a unos puntos en los que se criminaliza a los fumadores, bien sea por la necesidad que tienen o que les gusta o qué sé yo. A este paso, se criminalizará a cualquier individuo por cualquier cosa que se salga de los canones de lo que es “correcto” para los políticos (otro ejemplo, a los usuarios del emule y demás :P).

  • # Elías dice:
    27 de August de 2009 a las 13:27

    Me temo que algunos de los que comentan no han leído bien el artículo, o no han comprendido los argumentos que expongo.

  • # Ana dice:
    28 de August de 2009 a las 11:00

    plas plas plas plas. Comletamente de acuerdo.

    Vamos a ver, siento decir a los que hablan de la poca voluntad de los fumadores, que el tabaco es una droga. Dura. De las peores. Dejarlo no es una simple cuestión de voluntad. Es cierto qeu hay ayudas y medicación, y que la adición se supera en unas semanas, la física. Pero no la psicológica, que es para toda la vida, y la que hace recaer. Yo soy fumadora, y he sido ex-fumadora, y entiendo y comparto el cabreo de los no fumadores. En cualquier caso, que me lío, creo que ese no es el tema del post.

    Por la misma regla de tres también deberían prohibirse otra cosas, como una cantidad innumerable de productos químicos, emisiones de los coches, las fábricas,ruidos, etc etc,
    El tema es que cada vez se educa menos, se forma menos, y se prohibe más, y eso en mi pueblo se llama dictadura (liderada por las empresas y sus intereses, que no por los políticos)
    Y encima encubierta, mucho peor. Entretenemos al personal con gilipolleces y miedos varios, y mientras tanto hacemos lo que nos sale de los webs.

  • # Ikima dice:
    28 de August de 2009 a las 11:09

    Creo que le concedes demasiada importancia al ciudadano de a pie desde el punto de vista del Poder, es decir, creo que los poderosos no piensan tanto ni le dan tantas vuelta a las cosas para ponernos el pie en el cuello. La razón es sencilla: no les hace falta. La sociedad de este país es arrevolucionaria, vaga, cómoda. No movería un dedo para quejarse ante nada porque es cansado. Ni siquiera necesitan ya prohibir para controlar, ni imponer… nada. Ya se hace solo. Es algo así como el extendido caso de las mujeres machistas, que predican y defienden la doctrina del quien las ata.

    Por lo demás, me gustaría añadir un comentario con respecto a tu comparación adicción al tabaco – adicción a los filetes. A parte de que no tenga sentido poner impuestos por cualquier cosa (a este paso nos pondrán impuestos por estar vivos, porque el hecho de estarlo perjudica al planeta) hay que destacar que un filete puede formar parte de una dieta sana. Un individuo que tome ese filete en su justa medida, combinado adecuadamente con otros alimentos, no perjudicará su salud, sino que la fortalecerá. No se puede demostrar que el que va al súper es un “adicto a los filetes” pero, en todo caso, cualquier persona que va a comprar tabaco es un adicto al tabaco (o lo compra para un adicto), y ese cigarrillo no formará parte de una dieta sana con una probabilidad del 100%.

  • # satch dice:
    28 de August de 2009 a las 20:29

    Hablando de prohibiciones, me ha llamado la noticia del juez que retira la custodia de su hija que quiere dar la vuelta al mundo en barco. Me llamó especialmente el comentario que afirma que nadie mejor que el padre para saber lo preparada que está su hija y que en caso de desastre los más perjudicados son justo los que ya han dado su visto bueno, la hija y la familia.

    http://www.20minutos.es/noticia/505615/0/custodia/menor/travesia/

    Por otra parte, para dejar de fumar, el libro de “Es facil dejar de fumar si sabes como” parece tener un efecto talismán. Un efecto comprobado en mi entorno por lo menos, es pillar el libro y fuera…

  • # John Constantine dice:
    29 de August de 2009 a las 12:01

    El problema de todo esto es que el tabaco es la peor razón (o excusa, según se mire) para utilizar contra el aluvión de prohibiciones que nos invaden.

    Jamás he ido de prohibicionista, si alguien fuma a mi lado procuro respetar su libertad -o su adicción- y sobrellevo lo de los bares lo mejor posible… pero me gustaría saber que pensaría de mi cualquier fumador si yo me pusiese a toserle directamente a su cara.

    Por no decir que todavía estoy esperando a que alguno de los sindicatos recurra la ley del tabaco por anticonstitucional. Si yo trabajo en la hostelería, ¿porque debo estar discriminado y tragar humos de mis clientes, cosa que no ocurre si trabajo en una oficina? Es tan simple que en estoy seguro que en los USA cualquier juez habría aceptado demandas multimillonarias de cualquier camarero.

  • # John Constantine dice:
    29 de August de 2009 a las 12:10

    Por explicarme de manera clara: para algo que- con todos los reparos éticos, filosóficos y morales que nos dan la prohibiciones- si tiene sus razones fundamentadas para prohibirse, resulta que por razones económicas (“pa” qué engañarnos) no se hace, se hace a medias o mal. Y luego para estupideces como las de los aeropuertos y los líquidos noy hay presión social ,salvo la de cuatro gatos como Elías y un eurodiputado de CIU de cuyo nombre no puedo acordarme (no sé si es Ignasi Guardans). Pues mira, no. Lo siento, pero si por narices tenemos que tragarnos prohibiciones varias y el mundo no se hunde, vamos a por la del tabaco.

  • # Ángel dice:
    30 de August de 2009 a las 23:04

    Hola:
    Soy un tóxicomano adicto a a los componentes del tabaco, cuando yo empecé a fumar no existía información. Dejar de fumar es fácil, yo lo he hecho muchas veces, pero recaer también es fácil.No estoy negando que el tabaco sea tóxico, pero hay mucho terrorismo informativo. Si tienen tiempo y ganas http://www.mitosyfraudes.org/Humo/matar_debate.html.
    La política de Sanidad tiene asignado para el año 2009 un importe de 4.622,32 millones de euros, lo que se supone un incremento del 4,3% respecto al año anterior, cuando el presupuesto se situó en 4.430,82 millones de euros.

    Esta cifra incluye las transferencias realizadas a las comunidades autónomas, ya que la Sanidad es competencia regional. De hecho, el departamento ministerial sólo dispone de 705 millones de euros.

    Pues bien, esta cantidad es la mitad de los ingresos derivados del consumo de tabaco. El Estado recaudó 9.266 millones de euros a través de impuestos especiales e IVA del tabaco en 2008, lo que representa un aumento del 4,5% respecto a lo embolsado el año anterior y un nuevo récord histórico de ingresos por este concepto. Desde 1990, la caja estatal ha multiplicado casi por siete sus ingresos gracias a los fumadores.
    Saludos y comprensión.

  • # patatamon dice:
    1 de September de 2009 a las 13:24

    Buenas

    Veo que con este tema salen los argumentos de siempre, que los fumadores somos (si, yo tambien soy fumador) unos desgraciados que os contaminamos y que os hacemos enfermar, que es un asco, que habia que prohibirlo en todas partes, que gastamos el dinero de la Seguridad Social en nuestros problemas… bueno, unas cuantas cosillas:

    De primeras yo debo ser un tipo muy raro, porque cuando fumo trato de hacerlo en lugares abiertos, me molesta entrar en un sitio con una capa de humo que llega desde el techo hasta un metro del suelo, y tambien trato de no molestar a nadie. cuando estoy con gente que no fuma (en algun sitio cerrado) les pregunto si les molesta si lo hago, y si no hay problema, trato de colocarme cerca de alguna ventana/salida de aire para no “ahumarlos”, de la misma forma, si realmente les molesta y quiero fumar, simplemente salgo y vuelvo a entrar a los 5 minutos, que tampoco pasa nada. Esto es algo que es de sentido comun y civismo, pero casi nadie lo hace (y nos ahorarriamos muchos problemas).

    Ya digo que debo ser alguien muy extraño en este mundo, porque comprendo que aunque a mi me guste fumar (si, me gusta fumar, no me autoengaño, es malo, pero tambien ir por madrid con los humos de los coches y autobuses y nadie dice nada) trato de no molestar a la gente con mi humo, eso si, si me molesta, me voy. Ahora mismo hay cantidad de bares y lugares publicos donde no se fuma, por tanto, hay opciones de sobra si no se quiere respirar el humo del tabaco. Si yo entro en un bar y hay 100 personas oliendo a trabajador de la construccion que no se ha lavado en 3 dias y gritando porque hay partido, simplemente me doy la vuelta y me voy, nadie me obliga a entrar, lo que no voy a hacer es tratar de imponer mis “derechos” y exigir que todo el mundo que no este lavado y perfumado salga del local, lo limpien y me quiten el fumbol, que no me apetece verlo, solo prque quiero estar en ESE bar con MIS condiciones (la comparacion es chorra, pero la idea esta ahi).

    Ah, y como decian un poco mas arriba, el tema de la sanidad y los gastos en fumadores es bastante gracioso. Yo pago mis impuestos al igual que cualquier otra persona, pero como ademas soy fumador, ingreso al estado aun mas cantidad (mucha mas) que un no-fumador, de modo que no es que me paguen mis tratameintos (si llego a tenerlos) relacionados con el tabaquismo, si no que yo me pago lo mio y probablemente los de los no-fumadores, las vacunas de sus niños y las operaciones de los accidentados. Si siguieramos la idea de “es que gastas de lo mio”, por esa regla de tres deberian obligar a mas gente a fumar para obtener mas ingresos(evidentemente esto es una broma, antes de que alguien trate de arrancarme la cabeza por decir eso).

    Pues lo dicho, mientras se haga si molestar, que se fume o no es lo de menos, lo importante es la educacion de ambos “bandos”. Y por otro lado… tantas discusiones, problemas, estudios, enfermedades, gastos… porque no se prohibe la venta directamente? no sera que lo que no nos importa es la gente, si no los beneficios y quedar bien?

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