Ars longa, vita brevis

El guateque (2009)

7 de June de 2009

Hoy estaba viendo las noticias en casa de mis padres y mi hermano me ha hecho notar una de esas chorradas que tanto les gustan a los telediarios: cogen a una persona que no tiene ninguna relevancia social, y le preguntan qué opina sobre esto o aquello, o qué ha hecho esta mañana, para que así pensemos que les importaría más de un pimiento que nos llevase a todos los curritos una gripe A o un meteorito, mientras sigamos viendo sus anuncios. El caso es que la señora, de avanzada edad, ha declarado que desde 1936 no se ha perdido una votación, y que cada década ha votado no sé cuántas veces.

Yo comprendo que la mayoría de la gente es idiota, y que además es necesario que siga siendo así, para que la gran masa de idiotas siga pagando la gran vida al escaso número de listos, entendiendo por listos a los grandes empresarios, los banqueros, los políticos, los líderes religiosos y los fabricantes de armas (y las especies autóctonas de este país: los artistillas y los deshechos humanos que salen por televisión a contar asuntos reproductivos propios y ajenos). Comprendedlo: si todos fuéramos inteligentes, ¿quién compraría los productos que, una y otra vez, cambiando el envoltorio, fabrican las multinacionales? ¿Quién dejaría su dinero al banco, que nos lo guarda con las condiciones de que 1) nos cobra por ello; 2) se lucra con ello, prestando nuestro dinero; y 3) nos hace firmar que si el banco quiebra nos podemos quedar sin casi nada? ¿Quién votaría a nuestros gobernantes? ¿Quién rezaría a unos dioses que —se ha comprobado durante miles de años, no me lo discutáis ahora— hacen, como mucho, oídos sordos a nuestras plegarias y suelen favorecer al más hijo de su madre? Si realmente fuéramos listos, ¿nos mataríamos por millones cada año para que unos cuantos fabricantes de armas esnifen cocaína preparada sobre los lujuriosos pechos naturales de unas prostitutas de lujo? No, yo no lo creo. Para que el mundo funcione, al menos para que funcione de la manera en que lo hace, necesitamos una constante inyección de estúpidos que mantengan la maquinaria engrasada y les den a los botones.

Por eso me hace gracia, aunque maldita y amarga, que haya gente que tome por tontos a los que no votamos. Y no solo por tontos, sino por anti demócratas. Así que quizás ha llegado la hora de explicar un par de cosas.

La democracia no es un acto físico ni mecánico. No consiste en el movimiento de una mano depositando un voto en una urna (ni siquiera en los países donde hacen eso, aquí no tenemos siquiera el derecho de meter nuestro propio voto). Ese acto está incluido en una democracia, como lo está incluido en muchas otras cosas. La señora que vota desde 1936 habrá votado en decenas de ocasiones en que Franco puso unas urnas a disposición de los que quisieran jugar. Hoy en día, sin ir más lejos, se vota en lugares como Cuba y Marruecos. ¿Son democracias? No. Porque el que en un país se pongan unas peceras a disposición de quien no tenga nada mejor que hacer que acudir a un colegio electoral no convierte a la sociedad en democrática, como el que yo me ponga faldas no me convierte en una mujer.

La democracia española El régimen político español, y corríjanme en los comentarios si me equivoco, consiste en los siguientes pasos:

a) una junta electoral, o unos jueces, deciden si tus ideas son defendibles democráticamente, y entonces te dejan, o no, presentar una candidatura;

b) se desarrolla una campaña electoral, en que cada partido promete unas cosas;

c) el 60% de los ciudadanos con derecho a voto votan a su equipo de fútbol, que, dependiendo del sitio donde se viva, puede ser el PSOE, el PP o un partido nacionalista; el 15% vota más o menos en conciencia, porque cree que un partido es mejor que el otro, o mejor dicho, porque cree que los otros son aún peores que este; el 25% restante somos los tontos que nos quedamos en casa o vamos a la playa;

d) se cuentan los votos, y con un extraño y cuasi incomprensible sistema arcano se reparten los puestos remunerados entre dos o tres partidos;

e) los que quedan con el poder comienzan a recaudar nuestro dinero y lo reparten entre sus grupos de amigos (bancos, empresas constructoras, sociedades de gestión de derechos de autor; tener un gobierno de izquierdas como este me sirve para poner muchos ejemplos que os sonarán a todos) y, de vez en cuando, siempre que no perjudique a sus amigos, llevan a cabo alguna que otra medida para que los imbéciles crean que los políticos trabajan para nosotros. Si alguna medida justa, se haya propuesto en el programa electoral o no (eliminación del canon, mejora de las condiciones laborales, ampliación de los derechos de los consumidores frente a bancos, empresas de telefonía e Internet y demás), corre el riesgo de molestar a alguno de los poderosos grupos que en realidad rigen nuestro país, aunque sea beneficiando al mismo tiempo a la mayor parte de la población, la medida cae en el olvido de inmediato. Sin embargo, si alguna otra medida, se haya propuesto en el programa electoral o no (ampliación del canon digital, propuesta de leyes para espiar a las personas en Internet, inyecciones de dinero público para salvar la cocaína de los bancos), beneficia a los grandes empresarios y demás, aunque sea perjudicando a la masa boba, que lo pone de su bolsillo, esa medida se toma sin más.

f) como el hecho de que no votara nadie tendría el mismo efecto que el que tuvo aquel niño cuando gritó: «¡El rey va desnudo!», entonces es muy importante que vote la máxima cantidad de gente posible. Para ello se cuenta con dos cosas, fundamentalmente: a) que la gente es estúpida, y b) que los que manejan el cotarro… pues eso, manejan el cotarro. Así que cogen un poquito más de vuestro dinero y nos ponen infinidad de anuncios y escriben sesudos editoriales en los medios de comunicación. Algún que otro blogger, no se sabe si por complicidad o por simpleza, no deja tampoco de recordarnos la importancia de que votemos (yo creo que es por complicidad más que por simpleza, ya que este tipo de lacayos suele pensar que los votos de los que no votamos pertenecen a su partido).

g) a los cuatro años, vuelta a empezar. La gente ha ido comprobando que el partido, se llame Pepe o Juan, ha hecho lo mismo de siempre: quitarle dinero y derechos para ampliar los derechos y las cuentas corrientes de los peces gordos. Sin embargo, ahí estarán los cómplices y los simples, para, o bien haciéndole creer que su voto decide algo o que es importante, o bien sencillamente asustándolo con cuentos de masones, cabezas rapadas y curas que comen niños, convencer al votante apático para que con su voto rubrique el reparto del dinero que tanto le cuesta ganar entre los grandes empresarios y sus amigos políticos. Ya lo dijo Chomsky: en las democracias occidentales modernas, hay una pequeña élite que dirige el cotarro y se reparte los beneficios, y una gran masa no pensante cuya función se limita a pagar y a meter un sobre en una urna de vez en cuando.

Que no os engañen. Y no, ya he leído vuestros comentarios en el otro post, no es que no crea en la democracia. Precisamente porque creo en la democracia es por lo que no voto. Porque la democracia, según me la explicaron, consiste en que la gente vote a unos representantes que han prometido hacer unas cuantas cosas, que esos representantes hagan esas cosas, y que unos cuantos años después votemos a otros representantes, o a los mismos, o a quienes nos salga de las narices. No consiste en este guateque de mal gusto.

Y, además, como me repetía siempre un ex amigo —que ahora vive del cuento este que vosotros votáis—, la democracia no consiste únicamente en votar cada cuatro años. Eso podría hacerlo mi perro, y creedme, no es ninguna lumbrera. Consiste, además, en más cosas: en que uno piense lo que hace, en que uno hable en el ágora, en que exija responsabilidades a los que manejan el dinero de todos, en pequeñas organizaciones que intenten recabar y restar un poco de poder a los bancos y las multinacionales. En último extremo, un poco de vandalismo o sabotaje creo que casan mucho más con la idea de democracia que el prostíbulo apestoso este donde nos tienen metidos hasta las orejas.

Hijos contra padres

El único párrafo que he leído en mi vida, soltado por un pedagogo, del que no cambiaría ni una coma:

“La mayoría de los menores delincuentes surgen en un modelo permisivo e indulgente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración”, explica Ana Rodríguez, pedagoga del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. “Como el modelo autoritario de familia no ha sido sustituido por un modelo alternativo verdaderamente educativo, muchos padres no saben qué deben hacer con sus hijos, más allá de transmitirles los afectos. Detectamos con frecuencia un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado, porque se trata de una familia monoparental o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo”, afirma la fiscal Consuelo Madrigal.

El resto del artículo lo podéis leer en El País.

(El final del párrafo, me doy cuenta ahora, es la opinión de una fiscal, pero igual de válido.)

Europa

3 de June de 2009

¡Anda! Resulta que con la sequía escriptoria no me había dado cuenta de que tenéis que votar este domingo, y no había escrito nada sobre ello. Así que a ver si puedo aportar mi granito de arena a la previsible abstención en masa en las urnas de Europa. Mirad este vídeo:


Enlace al vídeo en YouTube

Es uno de los que ha realizado y publicado el Partido Socialista para esta campaña electoral. En él podemos ver a varios actores interpretando a diversos extremistas derechistas típicos de este continente, como los cabezas rapadas, los cristianos fundamentalistas y los señores que gustan de vestir con traje, a los que por algún motivo —sí, ya sé el motivo: el populismo— ciertas personas nos tienen manía, como los del PSOE, partido conocido por su aversión a los trajes, los coches de lujo, los enchufismos y los viajes privados pagados por los impuestos que pagan los del andamio.

Dos cosas me llaman especialmente la atención del vídeo. Las dos tienen que ver con tomarnos a los españoles por imbéciles. Ojo, no digo que no lo seamos, Dios me libre, digo que nos están tratando como tales. Por ejemplo, al intentar inculcarnos la creencia de que los derechos de los homosexuales, la pena de muerte o la libertad religiosa son cosas que se deciden en Bruselas, como si en ese parlamento de señores que cobran una millonada y van quince minutos semanales a no se sabe qué decidieran esas cuestiones, por encima de las leyes y constituciones particulares de cada país. Lo que, por si alguien se lo está preguntando, no es así. Pedir a la gente que vote en las elecciones europeas para luchar por los derechos de los homosexuales es tan inteligente como pedir que se vote en las municipales para que a Plutón vuelvan a considerarlo un planeta.

Lo segundo es el mensaje de fondo del vídeo. Y el mensaje de fondo es el de siempre: «No tenemos nada bueno que decir de nosotros, porque no tenemos nada bueno. Pero mira lo malo que tienen los otros. De los males, el menor. O, dicho de otro modo: ten miedo, ten mucho miedo, deja que el miedo te impida actuar con libertad y permítele que te obligue a votarnos a nosotros, para que sea gente con nuestras siglas los que cobren esos sueldazos por hacer poco más que nada».

Si alguno no está aún muy convencido de esto, que compruebe el vídeo otra vez y recuerde la frasecita con la que acaba. «El problema no es lo que piensan. Es lo que van a votar.» Dos canalladas juntas. La primera, que los pensamientos fascistas y discriminatorios no son un problema. ¿No? ¿No habéis pasado meses dando la vara con la asignatura de Educación para la ciudadanía? ¿Y uno de sus objetivos no era ir acabando con estos pensamientos? Ah, que habéis mentido. Bien, nada bueno.

La segunda canallada va pareja: el problema es que van a votar. Es decir: los que piensan de forma distinta a la nuestra también tienen derecho a votar. Así que, mientras lo vamos arreglando, votadnos a nosotros, que somos el mal menor.

Vosotros mismos. Yo lo tengo claro: mientras la cosa siga así, van a votar sus madres. Que me consta que son muy honradas… pero sus hijos son lo que son.

Hay que comer

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