Ars longa, vita brevis

Esclavos

28 de June de 2009

Desde que en el Reino Unido —y en todo el mundo, pero los datos que vamos a dar son de ese país— se impusieron los paranoicos y antilibertarios controles que, en los aeropuertos, te hacen pasar por varias máquinas, quitarte el cinturón y, si se tercia, bajarte los pantalones, en sentido figurado y literal, se han realizado unos 50 millones de registros. La consecuencia más fácilmente mesurable de esta barbaridad es el número de detenciones durante el período: 2.100.

En Microsiervos, donde leí la noticia (y donde no citan fuente), se equivocaron al calcular una efectividad del 0,0042 por ciento, ya que, como ellos mismos aclaran luego, ese sería el número si los cincuenta millones de pasajeros hubiesen sido susceptibles de ser detenidos.

(No está de más aclarar que, al menos para mí, el que un agente de la ley o un guardia de seguridad te haga pararte para preguntarte las más peregrinas chorradas o para quitarte una botella de agua también lo considero una detención, aunque quizás no esté definido como tal en nuestro Código Civil.)

A falta de más datos, porque como digo no sé cuál es la fuente, presumiré que los 2.100 detenidos no eran todos terroristas, ya que no recuerdo haber visto tantas noticias sobre ellos en la tele. Y si lo hubieran sido, nos las habrían puesto, ya que el objetivo de los terroristas y el de los estados suele ser el mismo: meterte miedo y paranoia para que hagas lo que ellos quieran. Pero sigamos. Como digo, entre ese par de millares de detenciones supongo que habría de todo, desde el adolescente con acné al que le encuentran un par de gramos de hachís hasta el viajero que protesta porque no quiere quitarse el cinturón y lo obligan a meterse en un cuartito para hacerle un registro en profundidad, por desobediente, ceremonia presenciada por mí no hace mucho. ¿Que por qué lo obligaron a someterse a un registro exhaustivo, cuando ya habían comprobado que el señor aquel no suponía ningún peligro para él ni para los demás pasajeros? La razón es clara: demostrar que uno de los motivos, tal vez el principal, de la penosa y lamentable nueva política de seguridad, no es en realidad garantizar tu seguridad, sino tu obediencia. El cuestionamiento del sistema es en sí mismo una actividad sospechosa, peligrosa y punible. No conviene que el ciudadano llegue a pensar que tiene verdaderamente el poder en ningún momento. Seguimos siendo un estado esclavista. Un mundo esclavista. Lo bueno es que, habiendo sido los esclavos normalmente un porcentaje no exagerado de la población (y cuando llegaban a serlo, se organizaba una matanza, recuérdese lo de los judíos en Egipto), ahora somos probablemente más del 90%. Los esclavos del antiguo Egipto construyeron las pirámides, lo que es de hecho impresionante. Pero pensad en lo que conseguimos los esclavos contemporáneos: hemos puesto a gente en la maldita luna. Eso es más meritorio.

Eres un esclavo, eso no lo dudes. Un esclavo es una propiedad de un señor, propiedad que trabaja a cambio de cierta protección, cobijo, y tener sus necesidades mínimas cubiertas. Los esclavos de la antigua Roma iban vestidos y comidos. Tú puedes pensar, si te gusta el autoengaño, que tienes mucho más que lo mínimo necesario, pero no es así. Se te ha creado una constelación de necesidades, y crees que no puedes vivir sin ellas: ADSL, un coche, una casa en propiedad (en propiedad del banco, quiero decir, al menos hasta dentro de unos 25 años como mínimo), un televisor TFT, unas vacaciones en otro continente. Veo en las noticias que la gente está preocupada porque no va a poder viajar este verano y me cuesta creerlo. ¿Es eso una necesidad? No. Pero te han hecho creer que necesitas toda esa basura para vivir, así que, teniendo en cuenta que la mayor parte de nosotros no puede permitirse cubrir todas esas necesidades vitales, podemos considerar que en realidad se nos trata peor que a los esclavos romanos.

En la antigua Roma, se estableció una división tripartita de las herramientas: herramientas inertes, herramientas vivas, herramientas parlantes. Una herramienta inerte era, por ejemplo, un martillo; una viva, un asno; y una parlante, tú. Pero había una cosa más en la que podemos envidiar a los esclavos de hace dos mil años: ellos tenían el derecho de manumisión, si pagaban cierta cantidad de dinero a su amo (incluso había quien los liberaba por nada, en agradecimiento a su trabajo o lealtad). Hoy en día, ¿cómo puedes escapar de la esclavitud? ¿Y de la obediencia? Un dato: si un agente del orden te pide en medio de la calle que te pares y te identifiques, no hacerlo te puede acarrear una detención y una multa. Sin provocación previa, a no ser que consideres que estar caminando tranquilamente por la calle es una provocación (que no me extrañaría). ¿Es que es esto libertad?

Recojamos el hilo que dejamos inconcluso hace unos párrafos. Digamos que, de esos 2.100 detenidos, unos 25 fueran terroristas, y que algunos de ellos, de no haber sido detenidos, hubiesen cometido un atentado. La mayoría, como dije, creo que serán adolescentes consumidores de hachís, que no hacen daño a nadie más que a ellos mismos, contrabandistas de animales, cosas así, supongo. Creo dos cosas: primero, que probablemente a esos «terroristas», si es que de verdad había alguno entre los detenidos, habrían sido detectados igualmente sin los controles demenciales de ahora (recordad que ninguno de los que estrellaron los aviones del World Trade Center portaba armas). Y, aunque no lo hubieran sido, tenemos que comprender que la vida es así. A veces es necesario aceptar que quizás sales a la calle y te pueden volar la cabeza, por no pagar el precio de que te puedan registrar a cualquier hora y en cualquier lugar.

¿Quiénes han sido los beneficiarios de estas medidas, en realidad, ya que no nosotros? Las compañías aéreas, por ejemplo, que se han hartado a vender billetes dobles, ya que mucha gente ha perdido su vuelo por el retraso que provocan estos controles. Las tiendas del interior de los aeropuertos, que han vendido millones de botellas de agua y otros líquidos. Los estados, que han logrado aplastar nuestra cara contra el suelo un poquito más con su bota negra, sin que casi nadie protestara (y, el que proteste, al cuartito, a bajarse los pantalones; mi novia me ha librado un par de veces de esa situación, haciendo prevalecer su sensatez sobre mi enorme bocaza, pero en el aeropuerto de Melilla sé de uno al menos que tiene ganas de conocerme en profundidad). Por último, los terroristas, esa amenaza tan ínfima que produce muchísimos menos muertos al año que las enfermedades víricas, que las guerras, que los accidentes de tráfico, que el alcohol, que el tabaco, que los desastres naturales y que los accidentes en el cuarto de baño. Estos también se han visto beneficiados, ya que los han obligado a agudizar el ingenio. Además, estos controles les han aportado dos beneficios incalculables: primero, la ayuda en la consecución de su objetivo final, el miedo, la paranoia de sentirte siempre amenazado; segundo, los millones de simpatías que han despertado por todo el mundo, viendo que la Ley te tiene más o menos el mismo respeto que ellos.

La esclavitud solo puede conseguirse con un arma: el miedo. Para convertirnos en esclavos, ya sea del Islam radical (¿es que hay otro? ¿Es que hay alguna religión que no sea fundamentalista?), de la patria vasca (sustituir por el gentilicio que cada uno prefiera) o del estado. Solo mediante el miedo es posible convertirte en un esclavo. Con el miedo al látigo de siete colas pueden hacer que construyas una pirámide. Con el miedo a perder otros derechos humanos —como unas vacaciones en el Caribe— pueden obligarte a que construyas todo un complejo sistema económico basado en la sangre de los pobres y destinado a crear y perpetuar inimaginables fortunas en manos de unos pocos hijos de perra.

Qué queréis que os diga, al menos las pirámides más antiguas ya han durado casi 5.000 años. Y este sistema económico… pues ahí lo tenéis. Ya es que ni los negreros los hacen como los de antes.

4 comentarios en “Esclavos”

  • # Manuel dice:
    29 de June de 2009 a las 22:34

    Como diría un antiguo jefe…

    “Si es que no os implicáis… y si no os implicáis el trabajo no se hace bien”

    Vamos, que encima es culpa nuestra… cachis…

  • # Cristina H.G. dice:
    30 de June de 2009 a las 11:59

    Magnífico post, Elías. Soberbio.
    Mi pequeña contribución al tema:
    http://caosmosis.acracia.net/?p=721

  • # Alber dice:
    2 de July de 2009 a las 20:42

    A mis suegros, en el aeropuerto de Nueva York (bueno, más bien el que está en Nueva Jersey), los metieron en el cuartito famoso porque sus nombres eran muy comunes (nombre y apellido) y tenían que comprobar y recibir la notificación oportuna de Washington. Es una situación muy jodida la verdad, porque los separaron de su hija, sin ningún tipo de explicación, les quitaron la documentación y los móviles, el intérprete tardó más de una hora, en todo momento los trataron casi como criminales, rodeados por policías enormes con automáticas (nada de pistolitas no sea que fallen el primer tiro)…

    Si yo que fui por las mismas fechas a EEUU, pero a Philadelphia (fue mi aeropuerto de entrada, ya que luego pillaba otro avión) y ya me sentí fatal por las preguntas que te ves obligado a responder, la documentación que tenías que firmar antes, en la que renunciabas a tus derechos, los 3 ó 4 controles que tienes que pasar ya desde Barajas (que antes de entrar al avión, la propia compañía ya te “analiza”), quitarte los zapatos, el cinturón, el portátil (yo la noche de antes me lo vacié de mp3 ya que pueden pedirte que lo enciendas para analizarlo e incluso confiscarlo)… Viajar a EEUU es horrible sólo por eso. He volado mucho por Europa y los controles me parecen más o menos lógicos (excepto lo de las botellas de agua y demás), pero es que entrar a EEUU es una auténtica odisea. Al menos tengo suerte y mis apellidos (ambos) no son nada comunes.

    Vamos un rollo que en breve voy a tener que volver a sufrir, ya que el hecho de ir, es porque mi chica está estudiando allí y con amor, todo es más llevadero XDD

  • # julian dice:
    26 de October de 2009 a las 19:50

    no entendi nada de lo qe quisite decir

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