Ars longa, vita brevis

Noticias cachondas

29 de June de 2009

Últimamente los telediarios no me dan un respiro, así que me he tenido que buscar yo solo la información surrealista que necesito. Os recomiendo El Garrofer, donde podréis leer cada día las noticias más traviesas de la la información del mundo, España y Elche. Un botón de muestra (ojo, no os recomiendo leerla si estáis comiendo, os podéis atragantar):

Un señor pide hora en la Seguridad Social y luego no va

Un señor de Pontevedra pidió hora para su médico de cabecera de la Seguridad el pasado viernes, y luego no acudió a la cita, provocando un breve instante de silencio cuando se le llamó para entrar en la consulta, puesto que al no estar presente, nadie contestó.

“Fue un momento incómodo”, dijo una señora que sí estaba allí y tenia hora para más tarde. “Yo había ido un poco antes porque no me importa esperar ahí, pasando el rato. De repente se abrió la puerta de la consulta y la doctora llamó al señor ese, pero nadie contestó, los que estábamos ahí nos miramos un momento y luego la doctora llamó al siguiente en la lista”.

La doctora encargada de pasar consulta dijo a El Garrofer: “Eso es un hecho que acontece esporádicamente, si sumamos los instantes de silencio que se producen cada año debido a la ausencia de alguien que había pedido hora, puede que estemos hablando de seis minutos o seis minutos y medio”.

Al parecer no era la primera vez que el señor que se ausentó de su cita hacía lo mismo. Localizado en su domicilio, no quiso hacer comentarios. Sin embargo varios vecinos aseguran que pedir hora y luego no ir lo hace “a menudo” y “para divertirse”.

“A mí me dijo que lo hacía casi todos los días”, aseguró un vecino con el que frecuenta el bar de la esquina. “Cuando le pregunté por qué, me dijo que lo hacía como broma y que luego en el día y hora de la cita, se quedaba en casa pensando en que justo en ese momento estarían llamándole para entrar en la consulta. Le pregunté qué era lo que le hacía gracia de eso, y me contestó que no lo sabía”.

Más ejemplos: El 73 % de los españoles vería “bien” que Zapatero cometiera un asesinato; Los Aznar dicen que tratarán a Obama como a una persona normal; y así podría seguir durante días.

Si tenéis un par de horas libres, no dudéis en pasaros.

Esclavos

28 de June de 2009

Desde que en el Reino Unido —y en todo el mundo, pero los datos que vamos a dar son de ese país— se impusieron los paranoicos y antilibertarios controles que, en los aeropuertos, te hacen pasar por varias máquinas, quitarte el cinturón y, si se tercia, bajarte los pantalones, en sentido figurado y literal, se han realizado unos 50 millones de registros. La consecuencia más fácilmente mesurable de esta barbaridad es el número de detenciones durante el período: 2.100.

En Microsiervos, donde leí la noticia (y donde no citan fuente), se equivocaron al calcular una efectividad del 0,0042 por ciento, ya que, como ellos mismos aclaran luego, ese sería el número si los cincuenta millones de pasajeros hubiesen sido susceptibles de ser detenidos.

(No está de más aclarar que, al menos para mí, el que un agente de la ley o un guardia de seguridad te haga pararte para preguntarte las más peregrinas chorradas o para quitarte una botella de agua también lo considero una detención, aunque quizás no esté definido como tal en nuestro Código Civil.)

A falta de más datos, porque como digo no sé cuál es la fuente, presumiré que los 2.100 detenidos no eran todos terroristas, ya que no recuerdo haber visto tantas noticias sobre ellos en la tele. Y si lo hubieran sido, nos las habrían puesto, ya que el objetivo de los terroristas y el de los estados suele ser el mismo: meterte miedo y paranoia para que hagas lo que ellos quieran. Pero sigamos. Como digo, entre ese par de millares de detenciones supongo que habría de todo, desde el adolescente con acné al que le encuentran un par de gramos de hachís hasta el viajero que protesta porque no quiere quitarse el cinturón y lo obligan a meterse en un cuartito para hacerle un registro en profundidad, por desobediente, ceremonia presenciada por mí no hace mucho. ¿Que por qué lo obligaron a someterse a un registro exhaustivo, cuando ya habían comprobado que el señor aquel no suponía ningún peligro para él ni para los demás pasajeros? La razón es clara: demostrar que uno de los motivos, tal vez el principal, de la penosa y lamentable nueva política de seguridad, no es en realidad garantizar tu seguridad, sino tu obediencia. El cuestionamiento del sistema es en sí mismo una actividad sospechosa, peligrosa y punible. No conviene que el ciudadano llegue a pensar que tiene verdaderamente el poder en ningún momento. Seguimos siendo un estado esclavista. Un mundo esclavista. Lo bueno es que, habiendo sido los esclavos normalmente un porcentaje no exagerado de la población (y cuando llegaban a serlo, se organizaba una matanza, recuérdese lo de los judíos en Egipto), ahora somos probablemente más del 90%. Los esclavos del antiguo Egipto construyeron las pirámides, lo que es de hecho impresionante. Pero pensad en lo que conseguimos los esclavos contemporáneos: hemos puesto a gente en la maldita luna. Eso es más meritorio.

Eres un esclavo, eso no lo dudes. Un esclavo es una propiedad de un señor, propiedad que trabaja a cambio de cierta protección, cobijo, y tener sus necesidades mínimas cubiertas. Los esclavos de la antigua Roma iban vestidos y comidos. Tú puedes pensar, si te gusta el autoengaño, que tienes mucho más que lo mínimo necesario, pero no es así. Se te ha creado una constelación de necesidades, y crees que no puedes vivir sin ellas: ADSL, un coche, una casa en propiedad (en propiedad del banco, quiero decir, al menos hasta dentro de unos 25 años como mínimo), un televisor TFT, unas vacaciones en otro continente. Veo en las noticias que la gente está preocupada porque no va a poder viajar este verano y me cuesta creerlo. ¿Es eso una necesidad? No. Pero te han hecho creer que necesitas toda esa basura para vivir, así que, teniendo en cuenta que la mayor parte de nosotros no puede permitirse cubrir todas esas necesidades vitales, podemos considerar que en realidad se nos trata peor que a los esclavos romanos.

En la antigua Roma, se estableció una división tripartita de las herramientas: herramientas inertes, herramientas vivas, herramientas parlantes. Una herramienta inerte era, por ejemplo, un martillo; una viva, un asno; y una parlante, tú. Pero había una cosa más en la que podemos envidiar a los esclavos de hace dos mil años: ellos tenían el derecho de manumisión, si pagaban cierta cantidad de dinero a su amo (incluso había quien los liberaba por nada, en agradecimiento a su trabajo o lealtad). Hoy en día, ¿cómo puedes escapar de la esclavitud? ¿Y de la obediencia? Un dato: si un agente del orden te pide en medio de la calle que te pares y te identifiques, no hacerlo te puede acarrear una detención y una multa. Sin provocación previa, a no ser que consideres que estar caminando tranquilamente por la calle es una provocación (que no me extrañaría). ¿Es que es esto libertad?

Recojamos el hilo que dejamos inconcluso hace unos párrafos. Digamos que, de esos 2.100 detenidos, unos 25 fueran terroristas, y que algunos de ellos, de no haber sido detenidos, hubiesen cometido un atentado. La mayoría, como dije, creo que serán adolescentes consumidores de hachís, que no hacen daño a nadie más que a ellos mismos, contrabandistas de animales, cosas así, supongo. Creo dos cosas: primero, que probablemente a esos «terroristas», si es que de verdad había alguno entre los detenidos, habrían sido detectados igualmente sin los controles demenciales de ahora (recordad que ninguno de los que estrellaron los aviones del World Trade Center portaba armas). Y, aunque no lo hubieran sido, tenemos que comprender que la vida es así. A veces es necesario aceptar que quizás sales a la calle y te pueden volar la cabeza, por no pagar el precio de que te puedan registrar a cualquier hora y en cualquier lugar.

¿Quiénes han sido los beneficiarios de estas medidas, en realidad, ya que no nosotros? Las compañías aéreas, por ejemplo, que se han hartado a vender billetes dobles, ya que mucha gente ha perdido su vuelo por el retraso que provocan estos controles. Las tiendas del interior de los aeropuertos, que han vendido millones de botellas de agua y otros líquidos. Los estados, que han logrado aplastar nuestra cara contra el suelo un poquito más con su bota negra, sin que casi nadie protestara (y, el que proteste, al cuartito, a bajarse los pantalones; mi novia me ha librado un par de veces de esa situación, haciendo prevalecer su sensatez sobre mi enorme bocaza, pero en el aeropuerto de Melilla sé de uno al menos que tiene ganas de conocerme en profundidad). Por último, los terroristas, esa amenaza tan ínfima que produce muchísimos menos muertos al año que las enfermedades víricas, que las guerras, que los accidentes de tráfico, que el alcohol, que el tabaco, que los desastres naturales y que los accidentes en el cuarto de baño. Estos también se han visto beneficiados, ya que los han obligado a agudizar el ingenio. Además, estos controles les han aportado dos beneficios incalculables: primero, la ayuda en la consecución de su objetivo final, el miedo, la paranoia de sentirte siempre amenazado; segundo, los millones de simpatías que han despertado por todo el mundo, viendo que la Ley te tiene más o menos el mismo respeto que ellos.

La esclavitud solo puede conseguirse con un arma: el miedo. Para convertirnos en esclavos, ya sea del Islam radical (¿es que hay otro? ¿Es que hay alguna religión que no sea fundamentalista?), de la patria vasca (sustituir por el gentilicio que cada uno prefiera) o del estado. Solo mediante el miedo es posible convertirte en un esclavo. Con el miedo al látigo de siete colas pueden hacer que construyas una pirámide. Con el miedo a perder otros derechos humanos —como unas vacaciones en el Caribe— pueden obligarte a que construyas todo un complejo sistema económico basado en la sangre de los pobres y destinado a crear y perpetuar inimaginables fortunas en manos de unos pocos hijos de perra.

Qué queréis que os diga, al menos las pirámides más antiguas ya han durado casi 5.000 años. Y este sistema económico… pues ahí lo tenéis. Ya es que ni los negreros los hacen como los de antes.

ABC – The Jackson 5

26 de June de 2009


Enlace al vídeo en YouTube

La lectura, la escritura y la aritmética
son las ramas del árbol del aprendizaje.
Pero sin las raíces del amor cada día, nena,
tu educación es incompleta.

El profe va a enseñarte cómo sacar un sobresaliente.

Que descanse en paz Michael Jackson, uno de los últimos monstruos absolutos del espectáculo que quedaban vivos.

La vida falsa

23 de June de 2009

La breve película que tenéis sobre estas líneas la podéis encontrar en Life, Inc., la web de un libro de Douglas Rushkoff sobre cómo nuestra vida hace tiempo que no nos pertenece, y somos simples activos de las empresas que en realidad mueven y rigen el mundo. Una idea que me ha llamado mucho la atención en el corto es la de que el Renacimiento no fue el principio de la era moderna ni del antropocentrismo ni de nada bueno, sino más bien el olvido de la persona en favor de los intereses comerciales y monetarios, con la generalización de la moneda —tanto en metal como en papel— como materia de trueque, como si en realidad un billete tuviese algún valor, y el abandono de la saludable práctica de cambiar bienes por bienes. Bienes de verdad, quiero decir, no papeles pintados.

El invento y uso general del papel moneda ha dado alas a la figura del intermediario, una persona que no te da nada pero sí te quita cosas (no tiene por qué ser un banco, pero encaja perfectamente en la definición, desde luego). El banco no tiene nada, y tú le llevas unos papelitos que has cambiado por cosas reales (tu tiempo y trabajo, una casa, un vehículo, comida). El banco lo guarda y hace millones de euros al día. ¿Sería esto posible sin la existencia del papel moneda? Lo dudo. Durante la Edad Media, hábilmente desprestigiada desde todos los frentes, el que quería prosperar tenía que trabajar. Y, además, normalmente tenía su trabajo: era zapatero, agricultor o soldado. Hoy en día seguimos siendo vulgo, villanos; pero ya no trabajamos en lo nuestro, sino que una empresa decide lo que tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo. Y nos paga con papelitos, que llevamos al banco, que los devuelve a las empresas. A veces veo con tanta claridad el comportamiento tan estúpido al que hemos llegado, que siento que me va a estallar la cabeza en mil pedazos.

No solo entregamos nuestro tiempo, esto es, nuestras vidas, a las grandes empresas, sino que además les debemos permitir que nos chuleen, y nos llamen ladrones ellas a nosotros:

ipod2

El escritor del documental me parece demasiado optimista en algo: piensa que esta crisis podría cambiar las cosas. Yo creo que no. La bobosociedad actual es algo parecido a un gas: puede comprimirse casi ilimitadamente. Por muchos puestos de trabajo que perdamos, no creo que el número de personas que mueren de hambre en el mundo varíe demasiado. Mucha gente tendrá lo justo para comer, o tendrá que pedir para comer, y se sentirán enormemente desgraciados, porque nos han creado la ilusión de que necesitamos llenar nuestras casas de cosas para ser felices. ¿Te das cuenta? El hecho más extraordinario que va a ocurrir en la historia del universo es que estás vivo ahora mismo. ¿Por qué eso no te hace sentir feliz y realizado? ¿Por qué necesitas comprar una casa más grande? Recuerda una cosa: veinte años después de que tú hayas muerto, la casa seguirá ahí. ¿No es una injusticia? ¿Es que la casa es más importante que tú?

Pues no, en absoluto. La importancia de las personas reside en su carácter efímero. Solo se vive una vez, y por poco tiempo. Decide cuánto tiempo vas a dedicar a vivir y cuánto a fabricar papelitos verdes. Y sobre todo, piensa en si vas a seguir delegando la decisión en otras entidades.

Lo sé, esta hipnosis colectiva hace muy difícil salirse del camino trazado. Si te pones a fabricar cosas y a intentar venderlas tendrás dos consecuencias negativas: serás el freak del barrio, un bufón; y además, por mucho que quieras escapar del dinero, el Estado te acosará intentando que transformes tus cosas en papeles porque tienes que pagar impuestos. Tienes que transformar las cosas en dinero, el ser en la nada. Pero tal vez merezca la pena intentarlo. Quien esté de vacaciones, que lo haga.

Por otra parte, el dinero es una puta. Si mañana te ofrecen un trabajo de diez mil euros al mes, ¿qué harás? El dinero puede proporcionarte rápidamente cosas que de otra manera te costaría trabajo conseguir. Tuya es la decisión de si eso que consigues tan rápido de la puta te ofrece el mismo placer que lo que te da la chica que te ha costado tanto conquistar.

Post muy largo sobre crisis, música y educación (sin ningún orden concreto)

20 de June de 2009

metallica-grupo2

Pido, ante todo, disculpas por el título de este artículo, pero como habréis notado por la escasa frecuencia de entradas nuevas en este blog, el que os escribe estas líneas no está en su mejor momento de inspiración, amén de otros factores externos que me quitan tiempo de pasar golpeando teclas. Bueno, no todas las teclas, porque gracias a algún que otro new gear, algunas teclas sí que las golpeo bastante últimamente (1, 2).

El caso es que este viernes estuve charlando un buen rato con un amigo, lector del blog, sobre varios temas, y gracias a esas largas conversaciones suelen venirme bastantes ideas que se mezclan en mi cabeza y de las que a menudo saco algo en limpio. Si estas ideas son simples desvaríos de una mente podrida o perlas del pensamiento norteafricano, lo dirán los jueces (o, mejor aún, que se callen). Vamos allá.
(more…)

Conductrices

14 de June de 2009

En la historia de nuestro mundo, pocas cosas han sido tan productivas como echar dos tontos a pelear. Se puede hacer por mera diversión (un ejemplo son los combates de boxeo), pero lo normal es que el objetivo sea quitarles la comida a los dos tontos mientras están entretenidos intentando partirse la cara.

Casi todas las guerras que ha habido consisten en eso. Mirando los poderosos por su propio beneficio (dinero, poder, territorios, realidades a las que la gente que lucha en combate nunca tiene acceso), nos meten en la cabeza ideas sobre nacionalismo, sobre religiones, sobre ataques más o menos reales o inventados, y mientras tanto hacen sus negocios. Sin embargo, las guerras cuestan caras, y aunque los que las provocan suelen estar dentro del mismo negocio de compraventa de armas y otro material bélico, llega un momento en que la guerra empieza a salir más cara que la paz. Por eso ahora se intenta que la gente siga peleándose por cualquier cosa, sin llegar a las manos, o a los cuchillos. Así, viendo los pobres que no tienen delante a un ejército armado, creen que está bien pelearse por la causa de sus amos, ya que no hay peligro. En esos momentos, los que han picado a los incautos, como si fueran perros, para que se muerdan, siguen haciendo caja.

Ejemplos los tenemos a puñados: ¿PSOE o PP? ¿Cristiano o ronaldo musulmán? ¿Barça o Madrid? ¿Español o gallego, andaluz, catalán? Qué más da, si los bancos y las multinacionales que mueven los hilos de esos partidos políticos, de esas estructuras religiosas, de esos equipos de fútbol y de esos gobiernos autonómicos siguen haciendo negocios entre ellos, negocios con nuestros puños. Pero vosotros seguid votándoles, rezándoles y comprando sus partidos en pay per view. Hay pocas cosas que asusten tanto como el cambio, incluso el cambio a mejor. Por eso hay tanta gente empeñada en que todo el mundo vote: para que este sistema donde los ciudadanos no pintamos nada siga igual que siempre. Había más lucha social en los últimos años del franquismo, y eso que los derechos de los trabajadores, como tales —no hablo de derechos humanos, que ahí sí estaban un poco peor que nosotros— eran bastante más amplios que los de ahora. En el 70, ni en sus sueños más húmedos podía un empresario soñar con las condiciones de contrato y despido que gozamos ahora, gracias a nuestros sucesivos gobiernos democráticos populares y progresistas. Pero ya sabéis, y os lo recuerdo: id a votar, que no se os olvide.

Otro entretenimiento del vulgo actual es la lucha de sexos. Para tener a la gente entretenida en ella se pueden hacer muchas cosas (por ejemplo, un ministerio), pero lo que más gusta por estos lares es sacar estadísticas de su contexto y publicarlas, para que la gente diga ¡ahivá! y las mujeres sigan pensando que el enemigo es el hombre que tienen al lado, y no el hombre o mujer que tienen por arriba. Y viceversa, que esto vale para ambos sexos.

Vamos con la última, que ha provocado un buen número de divertidos comentarios en Menéame. Dice una estadística aislada que más del 91% de los conductores que han perdido todos los puntos del permiso de conducir son hombres, y, por tanto, menos del 9% son mujeres. Esto causa muchas reacciones y muchos comentarios, menos el más inteligente de los que se podrían hacer, a saber: «¿Qué? ¿Qué clase de mentira es esta? Es posible, aunque dudoso, que los hombres conduzcan peor que las mujeres, pero lo que es una patraña clarísima a todas luces es que los hombres conduzcan diez veces peor que las mujeres.»

Sin embargo, mirando los números fríos y aislados podría llegarse a esa conclusión. Algunas mujeres se congratulan con la noticia y dicen que con razón los seguros les cobran menos a ellas. Pero la realidad no es esa.

Los seguros cobran más a las mujeres, aunque el precio que paguen anualmente sea inferior. Porque una mujer, por el mismo modelo de seguro, suele conducir de media menos kilómetros y horas que un hombre. Así que si, pongamos por caso, porque no sé los números reales, el seguro cuesta a un hombre 300 euros y a una mujer 250, en realidad la mujer está pagando más, ya que está pagando ese precio por —inventemos números otra vez— 5.000 kilómetros conducidos, mientras que el hombre paga 300 euros por 10.000 kilómetros. Los hombres disfrutan más la conducción, somos más propensos a conducir simplemente por el placer de hacerlo, somos bombardeados sin descanso por anuncios y películas que presentan la conducción como uno de los atributos de la virilidad. Fijaos en los anuncios de coches. Hay anuncios en que conducen mujeres, pero normalmente mientras conducen están haciendo otra cosa: cantan, ríen con sus amigas, están llevando a los críos al colegio. Pero, cuando aparecen hombres, es más frecuente que aparezcan solos, conduciendo hacia nadie sabe dónde, puede ser el trabajo, la playa o cualquier otro sitio. Es la conducción por la simple conducción. Sí, me gusta conducir. A las mujeres les venden más el prototipo de macho alfa – príncipe azul, que ya no va en un caballo, sino en un BMW. Si la mujer aparece en un anuncio de coches, normalmente está llevando los cachorros del varón a la representación del cole, o intentando ponerse atractivo – tontita para ver si caza. No os echéis encima: no es una crítica a las mujeres, sino a los anuncios.

Y así consiguen vender más seguros, intentando que ellas crean que los compran más baratos. Una de las formas más eficientes de venderte algo es hacerte creer que eres mejor. Así se vende la religión: tu religión es la única y verdadera, las demás son mentira; así, el nacionalismo: nuestro pueblo es mejor que el de al lado, y nuestro idioma y nuestra comida; así, todo. Es como las pastillas de la belleza que intentan venderle a Peter Griffin en Padre de familia: si son capaces de hacerte creer que eres mejor, son capaces de venderte cualquier estupidez.

La realidad es distinta. En la estadística citada al principio de este post faltan varios números. ¿Cuál es el porcentaje total de hombres conductores y de mujeres? Eso ponderaría algo los números. Y más: ¿cuántas mujeres son profesionales del volante, taxistas, transportistas, guardias civiles, conductoras de autobús, y cuántos hombres? El 91-9 probablemente iría balanceándose hacia el centro. Más aún: cuando hay una pareja de conductores, suele conducir él o ella? Y yo sé de dos que me están leyendo en este instante y que saben de lo que hablo: el coche es de ella, pero cuando van juntos lo conduce él. ¿Por qué no dan esos números? Tal vez porque nos daríamos cuenta de que en realidad la lucha de sexos al volante no es un problema, y empezaríamos a darnos cuenta de cuáles son nuestros problemas verdaderos.

Otras reflexiones son menos comprobables, pero no quiere decir que no existan. Nunca defenderé aquí que las chicas más guapas son más tontas (bueno, tal vez lo haga algún día, pero hoy no lo haré). Las chicas tontas, igual que los chicos tontos, es más probable que conduzcan peor que las listas. ¿Qué porcentaje de chicas guapas paga multas? Esa estadística, como digo, es virtualmente imposible de realizar, porque cuando un policía hormonado detiene el coche de una chica joven y guapa y decide no ponerle la multa, no queda constancia de ello en ningún lado. Muchos hombres, por otra parte, tenemos el defecto de ablandarnos exageradamente ante las lágrimas de las mujeres (no sabéis lo duro que se hace en estos momentos de final de curso). ¿Cuántas multas y retiradas de puntos son evitadas por unas lágrimas a tiempo? Un hombre, además, casi nunca lloraría ante la posibilidad de 150 euros de multa y la retirada de unos puntos. Somos más del modelo insulto y patada a alguna cosa.

[Editado]

Barkin’ – HollywoodCA

12 de June de 2009


Enlace a la canción en goear.com

Sé que tu mente está muy ocupada
con cosas y personas que no son yo.
Pero todo entre estas cuatro paredes
me recuerda a ti,
las ventanas, las puertas,
las cosas viejas y las nuevas.

Y todo parece derrumbarse
cuando no estoy tocando tu pecho,
y la caída se hace más profunda y negra
cada vez que en mi corazón suenan las doce
llamando a tu puerta,
esperando en ella como un perro,
ladrando tu nombre.

Human FX

11 de June de 2009

Recomiendo escuchar este vídeo con los ojos cerrados y el volumen de los altavoces bien alto. Y luego verlo, esta vez con los ojos, para no creer lo que estás viendo. Es impresionante.


Enlace al vídeo en YouTube

Vía Neatorama.

Misión amarte

10 de June de 2009

mars-fresh-impact

Imposible no amar al planeta rojo. Nunca habías estado tan cerca de Marte, vía Menéame.

Timeo danaos et dona ferentes

8 de June de 2009

Timeo danaos et dona ferentes

«Desconfío de los griegos hasta cuando traen regalos.»

Virgilio, Eneida, II, 49.

Los hechos:

1. En octubre de 2004, si no recuerdo mal, contraté con mi banco (ja, como si fuera mío) una hipoteca para pagar la casa que me compré a medias con mi media naranja. Como la casa tiene unas cuantas décadas ya, nadie la quería comprar, así que estaba prácticamente regalada de precio: 36.000 euros, o, dicho a lo antiguo, 6 millones de pesetas. Enfrente de mi bloque, algunos amigos míos han comprado casas como la mía (unos 70 metros cuadrados) o más pequeñas por precios que oscilan entre 120.000 y 180.000 euros (entre veinte y treinta millones). Cuando discutía con ellos, me decían que preferían comprarse una casa nueva, que una casa tan antigua no la querían ni por ese precio. A lo que yo respondía, tan jovial como siempre, que a) probablemente, dentro de veinte o veinticinco años, cuando está previsto que saldemos nuestra deuda con el banco, ni ellos ni yo viviremos ahí, sino en otra casa, quizás incluso en otra provincia; y b) mientras ellos pagan entre tres y cinco veces al mes, durante veinticinco años, lo que yo, me iré gastando la diferencia en ron, guitarras y videojuegos. Y algunos zapatos de vez en cuando, que uno es muy coqueto.

2. Firmé una hipoteca de unos 50.000 euros, con lo que tenía para el precio de la casa, la minuta del notario, y para las reformas y muebles que, de facto, hacían que el interior de mi casa (que es donde vivo, y no en la fachada) quedase más bonita y de más calidad que las de mis amigos. Contraté la hipoteca a interés variable, dependiendo del Euribor. Comencé pagando una cuota de unos 280 euros al mes, lo que, sinceramente, me da vergüenza llamar hipoteca.

3. Desde el momento en que firmé el contrato, el Euribor no paró de subir, lo que provocó que unos tres años y medio después de firmarlo, mi cuota se incrementara hasta unos 333 euros (¡53 euros más que la cuota inicial!).

4. El 10 de abril del año pasado, mi banco me envió una carta proponiéndome un trato: pasara lo que pasara con el Euribor, mi cuota no subiría. En esos momentos, el Euribor llevaba años subiendo sin parar, como atestiguaban mis recibos. Os lo conté en un post. Lo lógico era pensar que seguiría subiendo quién sabe hasta dónde.

Entonces pensé una cosa: todo el mundo sabe que el banco es muy bueno y que siempre mira por tu interés, pero… ¿tan bueno? ¿Me va a proponer que mantenga mi cuota durante tres o cinco años, perdiendo dinero él? Aquí hay gato encerrado… Así que los mandé a paseo.

5. Durante los meses siguientes, el Euribor siguió subiendo, por no hacer mudanza en su costumbre. El último recibo que he pagado asciende a 347 euros, 67 euros más que la cuota inicial.

¿Debería haber hecho caso al banco? ¿Debería haberle escuchado, cuando me hablaba únicamente por mi bien? ¿Debería haber aceptado la cuota fija, para que no siguiera subiendo mi hipoteca?

6. Hoy abro el extracto del banco que ha llegado a mi buzón. Próxima cuota a pagar, 272 euros. Una bajada, de un mes a otro, de 75 euros. Visto así, no parece gran cosa, pero no está de más recordar que, en mi barata hipoteca, esto constituye una bajada de más de un 20% en la cuota de un mes a otro.

Moraleja: si gana el banco, pierdes tú. Y viceversa. Si te regala un caballo, hazle una buena inspección dental.

Hay que comer

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