Ars longa, vita brevis

Mayores de edad

11 de March de 2009

El otro día, durante el recreo, unos cuantos compañeros y yo estábamos criticando el sistema educativo español –principal pasatiempo de los profesores en sus ratos de ocio– cuando uno basó la aparente podredumbre actual en los residuos del franquismo que sobrevivieron a la transición. Siempre dispuesto a crearme nuevos enemigos por las reflexiones más peregrinas de mi atolondrado cerebro, me pregunté en voz alta si después de 34 años no iba siendo hora de que dejásemos de echarle la culpa al funesto dictador y aceptáramos nuestras propias responsabilidades. Se ve que le molestó; siguió argumentando medio a gritos y abandonó la congregación, visiblemente malhumorado. O eso me pareció.

Un tribunal europeo ha dado la razón a un ciudadano austríaco al que se le impidió disfrutar el vuelo que había comprado por llevar en su equipaje de mano un par de raquetas de tenis. El principal motivo de la sentencia es que no hay una lista oficial de objetos prohibidos: cuando vas a volar, tienes que jugar a adivinar qué se te permitirá llevar y qué no –como si volar fuera un juego–, y rezar, si eres creyente, para que la autoridad de turno decida, graciosamente, que lo que llevas en el bolso no es un arma terrorista. Entiéndase por arma terrorista, entre otras cosas, una botella de agua de un litro.

Semanas atrás, discutía este asunto con un amigo mío, lector del blog, de quien espero que mantenga su invitación de cenar en su casa el sábado después de leer esto (le recuerdo, por si acaso, que el vino con el que acudiré ya cuenta su edad con dos cifras). La conversación surgió a raíz de una especie de anécdota sufrida en mis propias carnes. En mi último regreso de la Península, una agente de la Guardia civil me hizo pasar a un cuartito para identificarme. Lo conté aquí. La conversación entre Carlos y yo terminó, por supuesto, como termina toda buena conversación entre dos españoles: llamándonos fascistas mutuamente. Y no llegamos a un acuerdo.

Yo creo que el verdadero residuo del franquismo, la verdadera lacra antigua y negra que aún persiste, es la negación del español de aceptar su mayoría de edad. En España nadie parece cuestionar las normas. No digo incumplirlas, que en eso somos campeones mundiales; digo acatarlas, como buenos ciudadanos, y al mismo tiempo preguntarnos acerca de su legitimidad, como ciudadanos. Ciudadanos a secas. Porque esa es la diferencia entre un ciudadano y un súbdito: el ciudadano crea sus propias normas mediante un consenso, llamémosle democracia, si queréis. Pero el súbdito asume que las normas emanan de un poder ultraterrenal, ininteligible, y que debe cumplirlas por medio al castigo, si bien cuando ve que el gato duerme se permite uno o dos valses.

Un español ni entiende las normas ni quiere entenderlas, y tampoco las cuestiona. Simplemente, respeta los semáforos si hay cámaras o un coche de la policía de tráfico. Cuando no mira nadie, se los salta en rojo.

Exactamente igual que cuando eres un niño pequeño: papá dice «no hagas eso, nene», y tú no lo haces, pero cuando papá está en el trabajo y tú estás en casa, vas a la cocina y te pones a jugar con las cerillas. No te interesa saber por qué se te prohíbe jugar con las cerillas, ni en base a qué autoridad paterna. Simplemente deseas hacer lo prohibido, y cuando él no mira tú lo haces. Cuando eres un niño pequeño, esto es un comportamiento normal, y perdonadme, pero pienso que es incluso un comportamiento sano. Pero cuando lo hace un adulto, lo que tenemos es… Pues eso, España.

Cuando visité Austria, hace ya muchos años, las calles estaban tan limpias que daba la impresión de que se podía comer directamente sobre ellas. Y no vi un solo barrendero. Simplemente, la gente no tira las cosas al suelo. Es una norma que se cuestionan, aceptan su utilidad y cumplen. Pero si alguien les dice que no pueden hacer algo porque no, y no les quieren dar explicaciones, se las verá con ellos. Pues qué queréis que os diga: eso sí que es furia latina, y no nuestra vergonzosa y sucia irresponsabilidad pueril autoalimentada.

¿Quién nos librará de los ordenadores?

10 de March de 2009

Lo siguiente es una de las preguntas de un examen que he puesto a los alumnos de 2.º de la ESO, de entre 13 y 15 años, en la asignatura de Lengua castellana y literatura. Después viene el principio de la respuesta que ha dado una de las alumnas. Es un ejemplo, ya que muchas de las respuestas de los demás empiezan de forma parecida:

Pregunta 6. Elige entre uno de los dos siguientes procesos y explícalo: a) el desarrollo desde un gusano de la seda hasta una mariposa; b) la confección de un texto en el ordenador, desde que enciendes la máquina hasta que tienes la hoja impresa. […]

b) La confección de un texto en el ordenador, desde que enciendes la máquina hasta que tienes la hoja impresa.

En primer lugar, nos dirigimos hacia el ordenador, presionamos el botón de encender y esperamos un minuto o dos a que se encienda. […]

La negrita es mía. ¿No creéis que debería darles vergüenza a los fabricantes de ordenadores y de sistemas operativos? Mi generación, cuando era joven, pensaba que la informática se había inventado para hacer las cosas más fáciles, y sobre todo más rápidas. Las nuevas generaciones ya tienen asumido que no es así.

Es triste, pero lo veo del siguiente modo: las generaciones anteriores confiaban en el ordenador para que les facilitase las tareas. Creo que los jóvenes están empezando a esperar el gran invento que los libre de los lentos, falibles y ruidosos ordenadores que sufrimos en la actualidad. Y luego Microsoft se pregunta por qué Apple le está quitando cuota de mercado. Es la filosofía it just works, amigos. Y eso que últimamente sacan productos con precios para estúpidos, que si no fuera así, creo que a la supremacía de Microsoft le quedarían dos telediarios. O dos arranques de Windows.

Contraseña

8 de March de 2009

Intenté poner «pene» de contraseña en mi cuenta de Hotmail.

La página me ha dicho que mi contraseña es demasiado corta. 🙁

Un poco de humor para daros ánimo el lunes. Vía bash.org.

Un tema delicado (debates)

7 de March de 2009

Hoy toca debatir.

Ha tocado alguna que otra vez, también, en mi clase de Historia y cultura de las religiones, en 1.º de Bachillerato, con chavales de entre 15 y 18 años. Dediqué un par de sesiones a que expusieran sus posturas sobre temas que están candentes en una sociedad muy influida por la religión católica, como es la sociedad española, y, dentro de ella, otra muy influida por el Catolicismo y el Islam, como es la melillense.

Estoy recordando, y quiero que lo discutáis vosotros también es los comentarios, el día en que saqué a discusión el aborto. Porque jamás lo he visto tan claro como lo ven los extremistas de un lado –quienes piensan que desde el mismo momento de la concepción un aborto es un asesinato– y los del otro –quienes piensan que hasta el minuto anterior al nacimiento un feto es una simple parte del cuerpo de la mujer, como una uña o un pelo–. Curiosamente, entre mis alumnos había varios que mantenían la primera postura, pero ninguno la segunda.

A nadie le gusta ser un asesino. Y estoy convencido de que quienes defienden que el aborto debe ser libre durante todo el embarazo, no piensan que se acabe con la vida de una persona, sino que extirpan una especie de tumor.

Lo malo es que, al menos para mí, es muy difícil verlo tan claro. Mis conocimientos científicos no son sobresalientes, pero mi intuición me dice que un embrión fecundado hace unas horas no es un ser humano, y me dice también que un feto de ocho meses sí lo es (es lo que yo estuve en el cuerpo de mi madre). Ojo, digo que lo es, no que podría serlo, porque hay muchas cosas que podrían llegar a ser una persona, y si nos ponemos muy quisquillosos, lo que algunos hacéis en el cuarto de baño con esa revista de Jessica Alba sería algo así como un genocidio.

¿Se es persona desde el momento de la concepción? ¿Se empieza a serlo en el alumbramiento? Algunos dicen que no se debería abortar desde el momento en que el feto es viable fuera del cuerpo de la madre. Pero con los adelantos médicos, ese plazo podría ir cambiando progresivamente hasta aproximarse a cero. Hoy en día sobreviven bebés que han tenido un período de gestación brevísimo, gracias a las técnicas de la medicina moderna.

En España tenemos una ley de supuestos, que permite que se aborte cuando una mujer ha sido víctima de una violación de la que queda embarazada. Sin embargo, con el mismo tiempo de gestación, se prohíbe abortar a otras. En mi opinión, una ley de supuestos, en lugar de una de plazos, es una gran hipocresía, tanto desde la derecha como desde la izquierda, que ambas la apoyan. Vamos a ver: ¿un aborto es un asesinato? Entonces, con todo el dolor del corazón, no debe permitirse abortar ni a las mujeres violadas. Si no se mata al violador, ¿cómo podemos matar al fruto inocente? Entiéndase que utilizo el verbo «matar» de forma intencionada, ya que si no se deja a una mujer no violada abortar, es porque –supongo– se considera que el feto es un ser humano.

Si se deja abortar a la violada, debe dejarse abortar a la no violada. Y si no se deja a la segunda, tampoco debería dejarse a la primera.

Y, por último, un tema que me llama la atención que no se saque casi nunca a colación. Los defensores del aborto suelen insistir en que la decisión es de la mujer, y que solo la afecta a ella. También defienden que el feto no es una persona. En esto último no me meto ahora, pero las implicaciones de la primera cuestión van más allá de lo que parece. Veamos: si una mujer aborta, aparte del sufrimiento físico y moral que, sin duda, debe de sufrir, después de ello no hay más consecuencias. Sin embargo, quizás el padre sí quería tener al hijo. Pero no se le deja opinar. Pero pongámonos en el caso contrario: si hay aborto libre, imaginemos que un hombre no desea tener al hijo. Y la mujer sí, y como la decisión es suya, no aborta (desde luego, me parecería una brutalidad fuera de todo derecho el obligar a una mujer a someterse a esa operación). Según la ley, el padre biológico tiene el deber de asumir, junto con la madre, las responsabilidades de la paternidad, especialmente –aunque no únicamente– las económicas. Dicho de otro modo: se le impone una obligación económica durante prácticamente el resto de su vida. Si hubiese una ley de aborto libre, o al menos una de plazos (más coherente, en mi opinión, que una de supuestos), ¿debería el hombre poder decidir sobre el aborto? Yo creo que no. Pero, entonces, ¿debería seguir obligándoselo por ley a que mantuviese a su hijo?

Ya os he dicho en el título que era un tema muy delicado, y yo no tengo casi ninguna certeza sobre el asunto. Pero me gustaría leer vuestras opiniones, donde siempre.

Venganza

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–Billy, no existe Santa Claus (Billy llora).
20 años después.
–Mamá, no existe Dios (mamá llora).

Vía demonicious.com.

Sweet Child O’ Mine – Guns N’ Roses

6 de March de 2009


Enlace al vídeo en YouTube

Tiene una sonrisa que me hace evocar
los recuerdos de mi niñez,
cuando todo era tan fresco
como el brillante cielo azul.

Algunas veces, cuando veo su cara
me transporta a ese sitio especial,
y si me quedara mirando demasiado tiempo,
probablemente me derrumbaría
y rompería a llorar.

Oh, oh… dulce niña mía.
Oh, oh… dulce amor mío.

Tiene los ojos del color del cielo más azul,
como si pensaran en la lluvia.
Odio mirar en el interior de esos ojos
y descubrir un atisbo de dolor.

Su pelo me recuerda a ese sitio caliente y seguro
donde me refugiaba cuando era un niño,
y rezaba para que el trueno y la lluvia
se alejasen silenciosamente
si percatarse de mi presencia.

Oh, oh… dulce niña mía.
Oh, oh… dulce amor mío.

Han suspendido las clases en Melilla por el viento, así que toca trabajar en casa. Escuchad esta bonita canción, pasadlo bien el fin de semana, ¡y cuidado con las ramas de los árboles!

Awesome

4 de March de 2009

Si tuviera que explicarle a alguien que no sabe inglés el significado de esta palabra, utilizaría la siguiente imagen:

leon

Vía Demotivator Blog.

Para ellos y para vosotros

Hace unos días os pedí ayuda para crear una página de inicio para mis padres, con el objetivo de que vieran las paridas graciosas que encuentro para ellos cuando iniciaran el navegador. De entre todas vuestras propuestas, que agradezco infinitamente, me decanté por la página pública de Google Reader, que tiene prácticamente todo lo que necesitaba en la forma en que lo necesitaba.

Esto ha hecho que abandone el lector de noticias que llevo usando por lo menos cinco años, Bloglines. Me sigue pareciendo un lector excelente y que me da lo que necesitaba de una forma sencilla, pero con la inexplicable ausencia de una página pública donde compartir las noticias que uno considere de interés para otros. Siempre lo recordaré con cariño, pero de momento dejo de utilizarlo. Para los que os planteéis algo parecido, sabed que tanto Bloglines como Google Reader tienen la opción de importar y exportar vuestros feeds, así que el cambio en uno u otro sentido puede hacerse en cuestión de un par de minutos. Si no usas ningún lector de noticias y lees La Lengua habitualmente, te recomiendo que empieces a usar alguno, pues es bastante conveniente. Si alguien necesita ayuda sobre cómo hacerlo o no sabe ni de qué demonios estoy hablando, puede pedir auxilio en los comentarios.

Mi página compartida, que contiene enlaces casi del todo blancos y entrañables, esta aquí. Tal vez alguno de vosotros quiera pasar el enlace a sus padres, si os encontráis en una situación parecida a la descrita en el primer post enlazado. Os garantizo que no aparecerán nunca fotos de cadáveres, desnudez ni cosas por el estilo.

Y una para vosotros, que por vuestra edad entendéis el inglés perfectamente y además aún apreciáis el humor negro. La historia de la II Guerra Mundial contada con unos geniales dibujos y una asombrosa fidelidad histórica. Pulsad en la imagen para leer el cómic completo (vía digg.com).

war

Aprende estos números

2 de March de 2009

Desde hace unos años proliferan los programas de televisión que intentan convertir a unos ineducados jóvenes en estrellas profesionales de varias artes, como la música o el baile. ¿Te has preguntado alguna vez por qué los resultados son tan lamentables? De entre tantísimas ediciones de tantos programas, se pueden contar con las pinzas de la pata de un cangrejo aquellos cuyos nombres aún aparecen de vez en cuando en la tele. Y, de estos dos o tres, es muy dudoso que escapen de ser repartidores de pizza o servidores de gasolina cuando esta generación de chicas salga de la edad del pavo. ¿No es curioso que parezcan tener una fama más perdurable algunos elementos salidos de ‘Gran Hermano’, programa en que el único requisito para participar es tener cuatro extremidades, que de otros programas que prometían vendernos talento? En este memorable artículo de Héctor García tenéis unos cuantos números para que reflexionéis sobre ello:

  • Según un libro de reciente publicación, para ser un maestro en cualquier disciplina son necesarias unas diez mil horas de práctica y aprendizaje. Esto supone unos diez años de practicar unas tres horas diarias.
  • Si estas diez mil horas se empeñan antes de los veinte años, el resultado parece ser mucho mayor.
  • Una biografía calcula que Mozart practicó unas veinte mil horas con el clavicordio antes de cumplir diez años.
  • Henri Cartier-Bresson, considerado el padre del reportaje fotográfico, daba el siguiente consejo a los fotógrafos principiantes: «Tus primeras diez mil fotos son las peores». Esto lo dijo en la era predigital, cuando tras disparar una foto había que pasar una hora revelándola en el cuarto oscuro.
  • Ernest Hemingway decía que antes de ser un buen escritor hacía falta «un millón de palabras de mierda».

No hay atajo, amigos. Si queréis hacer algo realmente bien, dedicaos en cuerpo y alma a ello.

¿Cambio?

1 de March de 2009

Es curioso que las palabras significan lo que queramos que signifiquen. Parece que el sentido no lo tienen en su esencia, ni, por supuesto, en un diccionario, sino en la intención del hablante. Esto es: se diría que uno tiene el significado de lo que quiere decir dentro del cerebro, y al expulsarlo utiliza las palabras como si fueran de plastilina. Yo produzco un sonido o dibujo unas letras, y el significado de lo que digo puede variar según mis intereses.

Todo esto lo estudia la Pragmática, una rama relativamente nueva de la Lingüística que nos avisa de que el significado de una oración no es el de la suma de los significados de las palabras en un diccionario, sino que ese significado viene dado por el análisis a una velocidad cercana a la luz –es un decir– de un sinnúmero de elementos: el contexto textual (palabras que se han dicho antes o después); las características personales del hablante y del oyente (no significa lo mismo la palabra «tío» dicha de una persona a su tío carnal, veinte años mayor, que entre dos adolescentes); el momento y el lugar, etc. Estos y otros factores pueden hacer que un mensaje verbal compuesto por las mismas palabras exactamente en el mismo orden tenga significados distintos, o incluso opuestos, en diferentes situaciones.

Una de las últimas víctimas de la hipocresía de los hablantes es la palabra «cambio». Está muy de moda por haber sido uno de los eslóganes del presidente Barack Obama durante su campaña electoral. Aquí tenéis una imagen que he encontrado en digg.com:

cambio

Aquí está la original. En Digg el título del artículo es «CHANGE has come?». O, lo que es lo mismo: «¿Ha llegado el CAMBIO?».

El esperado cambio, según piensan algunos, no es que a partir de ahora las personas de piel oscura no se vean obligadas a aceptar puestos de trabajo que nadie quiere. El cambio consiste en que los blancos se vean obligados a limpiar los zapatos de los negros. Y ello para satisfacer un pueril sentimiento de «justicia», tan estúpido que no es ni siquiera venganza: castigar a inocentes vivos para desagraviar a víctimas muertas. Quizás si un blanco norteamericano limpia los zapatos de un negro, Kunta Kinte reirá en su tumba. No lo veo probable.

El mismo estúpido sentimiento de venganza más allá de la muerte está presente en estas leyes tan idiotas que exigen una cuota determinada de mujeres en determinados puestos laborales. Discriminar a hombres mejor preparados, por lo visto, hará que en el cielo los millones de mujeres que históricamente han sido menospreciadas tengan una satisfacción. ¿Es así la cosa? Sí, o lo parece.

Un segundo ejemplo de manipulación perversa de la misma palabra lo encuentro hoy en el diario El País (enlace). El artículo habla sobre las elecciones gallegas, que se celebran hoy. El título es: «El cambio en Galicia pende de un hilo».

¿En qué consiste el cambio para el diario global en español? Pues en que el resultado de las elecciones permita seguir gobernando a los que ya están. Si los votantes gallegos provocan un cambio en el gobierno autonómico, entonces no se habrá producido este «cambio». Si, por el contrario, permiten que sigan gobernando los mismos que en los últimos cuatro años, entonces sí. Y todo por la bondadosa aura que, como buena colonia estadounidense que somos, causa en nosotros la dichosa palabrita.

Me recuerda al significado que dan algunos nostálgicos y sinvergüenzas a la palabra «revolución» en Cuba: revolución significa que el dinosaurio que lleva cincuenta años aplastando la joya caribeña siga dirigiendo, como un fascista de manual, las vidas de millones de cubanos.

Hay que comer

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