Ars longa, vita brevis

¿Y yo qué?

18 de March de 2009

protegenino

Hablando de la fiesta de los toros decía don Francisco Umbral, que en paz descanse, que España tiene gusto por la sangre. Yo creo que sí, pero a los 34 años ya no puedo nacer en otro país, qué le vamos a hacer.

Ahora la iglesia católica ataca a la Ley del aborto utilizando a los amenazados linces ibéricos. Y siempre me ha llamado la atención la habilidad que tenemos los españoles para pedir el maltrato a los animales usando las más pintorescas excusas.

Recuerdo, por ejemplo, que casi cada vez que me lamento en público por la vergüenza esta del toreo, o por el trato a los animales en las granjas, o por la matanza de crías de foca –qué horterada llamarlas bebés–, o por la salvaje tortura a la que se somete a algunos mamíferos para que unas señoronas lleven abrigos de pieles, hay algún listo que me dice por qué no me lamento igualmente de que mueran niños de hambre en África.

Dejando a un lado el hecho de que me quejo sobre el sufrimiento de los niños africanos con más frecuencia de la que me quejo por el maltrato a los animales, siempre veo en la expresión del sujeto la misma frase: «¡anda y que les vayan dando a los animales!». Lo siento, y espero que nadie se sienta ofendido, por las culturas que tienen como pilar fundamental en alguno de sus aspectos la tortura a algún animal (la «cultura» española, la «cultura» islámica o la de los pueblos castellanos que arrancan los testículos en vivo a diversos animales de granja para deleite y gran risa del personal), pero siempre he creído que una persona insensible al sufrimiento animal es también más insensible ante el sufrimiento humano. Me resulta muy difícil mirar a los ojos de un perro o de un toro y pensar en él como un trozo de carne al que puede darse cualquier trato sin ninguna implicación moral. Sé que la ética habla solamente de las relaciones entre personas, pero utilizo el escaso reducto que le queda a la libertad de expresión para decir lo que me sale del pecho, y quien se pique puede irse a alguno de los otros millones de blogs que hay por ahí.

(Es broma, me gustan mucho mis lectores, y muchísimo los que me llevan la contraria.)

Una persona que es capaz de agarrar un cuello caliente y rebanarlo mientras mira a unos ojos que, indudablemente, expresan emociones, creo que lo tendría más fácil para degollar a un humano que, pongamos, yo mismo.

Y creo que la mayoría de los psicópatas que asesinan a gente sin remordimientos llevan un largo historial infantil de torturas y matanzas de animales. Un psicópata tiene en España un paraíso: es difícil aquí aprobar o aplicar una ley que proteja a los animales del sufrimiento gratuito, visto que todos esos horteras que se visten como mamarrachos para torturar y matar nobles herbívoros son elevados por el populacho a la categoría de valientes héroes, y féminas de toda condición social sueñan en secreto con que ellos les entran a matar. El gusto general, y en especial, femenino (de muchas, no de todas) por la violencia, que tantos problemas y asesinatos mediáticos nos da. Pero no nos desviemos.

Psicólogos tendrá la Iglesia por un tubo para decir si hay alguna relación entre la insensibilidad de un psicópata que tortura personas y una persona, sin ninguna «enfermedad» y que no ha cometido «delito» alguno, que se dedica a alargar la agonía de un animal con el mayor sufrimiento posible por mera diversión. Mientras dicen algo, o no, yo sigo pensando lo que pienso.

Y ahora la iglesia católica española, esa que hasta hace poco –ignoro si lo sigue haciendo– estimaba aceptable la pena de muerte y las guerras en algunos casos, aprovecha el revuelo levantado por la posible modificación de la Ley del aborto para atacar a un animal. Pues que les aproveche: parece que esta gente siempre han sido unos hachas en esto de hacer amigos, y lo siguen siendo.

Solo me gustaría que ellos, y quienes apoyan la campaña, pensaran por un momento que proteger los linces, las ballenas azules y las águilas imperiales no es algo simplemente bueno para los animales. Es una medida de protección de las personas. Yo quiero que alguna vez mis nietos puedan ver estos fascinantes animales en movimiento, con sus ojos, y no en YouTube o en una tétrica momia de museo. Así que, si pensáis que un feto es una persona, es vuestro derecho, y siempre defenderé vuestro derecho a pensarlo. Pero no gastéis bromas con cosas que no tienen gracia. Por el amor del cielo.

Si a alguien le queda algo de sentido del humor, que visite estos enlaces (uno, dos). Falta hace.

En La Lengua:

3 comentarios en “¿Y yo qué?”

  • # antonio molina dice:
    20 de March de 2009 a las 14:31

    Creo que lo enfocas del revés: la campaña no dice “oye, ya que en España se matan niños no nacidos por un tubo, hagamos lo mismo con los putos linces”. No. Lo que propone es “oye, ¿cómo puedes proteger a un animal en peligro de extinción (lo cual es absolutamente loable)y manifestarte en Sol por las focas asesinadas y permanecer inmóvil ante tanto asesinato de personas humanas?”. La diferencia es muy grande.

  • # A.H.Lippincott dice:
    21 de March de 2009 a las 0:26

    Totalmente de acuerdo con el comentario anterior.

  • # Melecio dice:
    21 de March de 2009 a las 22:06

    Estoy totalmente de acuerdo con Antonio Molina, creo que te equivocas completamente. Me gustaría que nos explicaras dónde ves que la campaña de la Iglesia pida el maltrato de los animales.

    Por otra parte creo que la campaña de la Iglesia parte de un hecho cierto: en España tiene más protección legal un huevo de un reptil o ave protegida que un embrión humano.

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