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La Lengua » Basura

Ars longa, vita brevis

Basura

15 de February de 2009

Parte 1. Cuando Charles Darwin empezó a sospechar que venimos del mono sabía que la idea no iba a gustarle demasiado a la gente. Todas las personas que he conocido, sin excepción, tienen un alto concepto de sí mismas, ya sean premios Nobel de cualquier disciplina o criminales reincidentes (estoy exagerando, no conozco personalmente a ninguna persona que entre en esos dos grupos). Actualmente casi todo el mundo tiene ese del parentesco monil bien aceptado, a pesar del inexplicable auge que el creacionismo está viendo en estos tiempos. Algunos alumnos, incluso, especialmente los creyentes en religiones, me intentan discutir el asunto cuando lo comento en clase, pero las pruebas están ahí, como suele decirse ahora, y son tan aplastantes que casi no merece la pena discutir. Además, estos no lo niegan porque les parezca mal venir de unos simpáticos cuadrúpedos peludos, sino porque algún talibán les ha comido la cabeza en su barrio. Nada demasiado grave; es solo una demostración de que no hay nada en el mundo, ni la educación, ni Internet ni Brain Training que garantice que no vayamos a volvernos un poco más tontos cada vez.

El caso es que Darwin dio, con las mejores intenciones, una patada en los bajos de nuestro orgullo. Ni somos una copia de un dios, ni los pobladores de Atlantis, ni marcianos abandonados a nuestra suerte en este sucio planeta: somos algo que está cambiando continuamente, fuimos unas despreciables amebas, unos peces apestosos y quién sabe lo que seremos algún día. Es desagradable, sí. La verdad a veces lo es. Y a veces, cuando es tan desagradable, es difícil de aceptar.

Una de las verdades que más duelen a la gente es la de que nos pirramos por la basura. Nos encanta, nos sentimos atraídos hacia ella de forma irresistible, nos gusta revolcarnos en ella, metérnosla por la boca y bañarnos en la inmundicia. Quizás esto se pueda cambiar –ya que no lo de los monos–, pero hoy en día es lo que tenemos. En todos los aspectos.

No sé si es bueno o malo, pero lo que le gusta a la gente es la música que emiten en Los 40 Principales, las películas de alto presupuesto y mala calidad, los programas en que la gente se insulta, los libros esos que bien sabéis.

En España hubo, en vida de este blogger, un político inteligente, honesto, sincero y decente, que dijo un día por la radio: «Ya sé que la gente no quiere lo que quiere mi partido. Pero yo no voy por eso a cambiar mis convicciones ni mi programa; lo que intentaré será educar, convencer a la gente de que lo que yo propongo es lo mejor». Vino a decir, en resumidas cuentas, que la política no debe ser un restaurante donde a la gente le pongan lo que le pida, ya sea kobe o mierda, sino otro donde solo se sirva kobe y donde se enseñe a la gente a comer.

El ex político se llama Julio Anguita, y tuvo mi voto la única vez que he votado en mi vida, cuando cumplí dieciocho años. Hoy, con treinta y cuatro (y un día) volvería a hacerlo, pero mis paisanos no lo hicieron, porque no quieren un presidente del gobierno inteligente, honesto, sincero y decente; quieren González, Aznar, Zapatero o Rajoy, o cosas peores. A la gente le gusta la basura. Les gusta un político que se menee al viento, cual Bruce Lee, sondeando las opiniones de la gente, y ofreciéndole no lo que necesita, sino lo que va a apetecerle en ese momento concreto. No os preocupéis, ya haremos otras cosas cuando nos hayamos ganado el voto y no haya quien nos eche del sillón en cuatro años.

Parte 2. Dicen que Telecinco se hunde en las audiencias, y hay gente que lo achaca a su obsesión con los programas llamados del corazón (con perdón, yo creo que deberían llamarse del coño y de los cojones, porque cuando alguna vez uno de esos programas me ha atacado, indefenso yo, he visto a comentaristas y tertulianos más preocupados por esos órganos que por aquel). No, tal vez sea porque, simplemente, baja la calidad general de la sociedad en todos sus niveles; cuando solo se consume basura solo se produce basura. Es posible comer solomillo y producir heces, pero comiendo heces no se produce solomillo.

Me explico. La televisión ha sido una mierda toda la vida, es un instrumento que sirve para dejar de pensar, y así lo asumen productores y consumidores. A nadie le da ya vergüenza admitir que es un producto «de entretenimiento» y que esa es su finalidad y no otra. Pero hasta para esto, pueden hacerse las cosas mejor y peor. La tele de cuando yo era niño no valía un pimiento, pero el programa estrella se llamaba «Un, dos, tres». Era un espacio que duraba varias horas (si no recuerdo mal, al menos dos o tres), que se estaba produciendo durante una semana entera, donde aparecía un batallón de artistas, buenos o malos, de todas las disciplinas; donde cada semana había un tema, que podía ser la antigua Grecia o las novelas de misterio, y todo se trabajaba alrededor de ese tema: un decorado, un vestuario, unas actuaciones, unas canciones, unas preguntas. El programa podía no gustarte. Mis padres lo odiaban con todas sus fuerzas, aunque lo aguantaban estoicamente porque mi hermano y yo lo adorábamos. Pero, te gustase o no, era un producto desarrollado durante varios días con cientos de profesionales implicados y con una voluntad de hacer las cosas bien.

Hoy, quizás un 98% de los productos de las televisiones, excluyendo las películas y series, consisten en meter a veinte retrasados mentales en una casa a desarrollar las más variopintas habilidades (habilidades para las que, en la mayoría de los casos, no tienen ningún talento, y por eso no han podido dedicarse a ello), como cantar, bailar, convertirse en aventureros, o simplemente dejarlos a su albedrío hasta que empiecen a masturbarse mutuamente o a insultarse (como en Gran Hermano). Sé que la gente se ha tragado esos programas y han tenido audiencias millonarias –a la gente le encanta el sabor de la mierda–, pero el punto que quiero destacar es este: esos programas no cuestan un duro. A cuatro imbéciles que no tienen donde caerse muertos no es necesario pagarles para que salgan por televisión; de hecho, como son imbéciles, pagarían por salir. Después se construye una casa o una especie de escuela, y se coloca un par de cámaras, y a rodar. Es un formato muy barato.

Cuando haya acabado el concurso, se les lleva a hablar de penes y vaginas en los programas de las tardes, y van cobrando su dinero, pero siguen costando mucho menos que un Julio Iglesias o que cualquier otro profesional. Julio Iglesias también puede gustarte o no –a mí no me gusta–, pero es un «profesional», una persona que tiene una profesión, que la desarrolla con calidad y que por eso cobra su dinero. Los otros no son profesionales, ni siquiera del insulto, aunque vivan de ello. Para ser un profesional no basta con cobrar por hacer algo, sino que es preciso hacerlo bien, y muchos de mis alumnos insultan bastante mejor que los basuras televisivos (y lo hacen gratis, además).

¿Es eso? Antes, los programas del corazón se dedicaban a hablar de príncipes, actores y cantantes. Hoy, de una cualquiera de un extrarradio que ha dejado a algún idiota penetrar en su templo sagrado, y va a explicar los detalles. Muchas veces, ni siquiera el eterno requisito televisivo del atractivo físico es necesario, siempre que hayas intercambiado algún fluido con alguien que a su vez lo haya hecho con otra persona que en su momento salió por la tele con alguna peregrina excusa. Quizás es eso lo que pasa: la gente se ha dado cuenta de que la basura que consume hoy ni siquiera contiene gente guapa, sino los mismos anodinos vecinos que nos encontramos en la escalera todos los días. Y tal vez para eso no queramos ya encender el aparato, con esto de la crisis y las subidas en las tarifas de la luz.

Dad a la gente basura de calidad, y quizás vuelvan al redil. A mí dejadme con mis videojuegos.

8 comentarios en “Basura”

  • # A.H.Lippincott dice:
    15 de February de 2009 a las 23:58

    Siento lo que voy a decir, porque quedo de talibán, pero soy de ciencias, y aunque todo tiene un barniz científico bastante agradable me resulta tan increíble (literalmente) el creacionismo como el evolucionismo, con sus parentescos extraños y sus eslabones eternamente perdidos. No me trago ninguno.

  • # V. dice:
    16 de February de 2009 a las 0:45

    Uli, estoy de acuerdo plenamente contigo,como en tantas otras cosas.Yo también he pensado muchas veces qué coño está pasando,incluso a veces acabo con taquicardia o un desasosiego injustificado cuando paso más de lo preciso frente a la tv.Pero es mejor así,yo quiero que sigan emitiéndose esta mierda de programas,que el Mariñas,la Ana Rosa esa y todos los deficientes sociales que habitan Gran Hermano,con Mercedes Milá ala cabeza ,sigan copando audiencias,porque así las calles son paseables,las tiendas de libros tienen la clientela justa,los cines ofrecen ,especialmente el Perelló,el placer de la casi soledad,siempre hay stock en lo referente a plantas,los pájaros son poco observados, y por tanto,no ofrecen el suficiente atractivo como para ser objeto de caza,y así podría seguir…

    Ojalá todo siga así, más Chavelis,más Rocíitos,más Raqueles Bollo,más maderaaaaaaaa!!que yo quiero seguir tranquilo en mi afición por lo minoritario.

    PD:Hay un pajarraco nuevo en la desembocadura,es negro y se zambulle por períodos largos…

  • # EVG dice:
    16 de February de 2009 a las 9:09

    Esto de la [tele]basura es problema de la globalización… antes las abuelas se sentaban en la calle del pueblo y se dedicaban a hablar de Fulano o Zutano. Ahora eso no existe, pero la gente continua con sus costumbres, así que tienen que ver por la tele a una Fulana hablando del que le metió la bombona de butano en la puerta porque su marido se la meterá más adentro…

    En fin una pena.

  • # Reset Reboot dice:
    16 de February de 2009 a las 13:56

    Había una ley por ahí, de estas que surgen en este mundo extraño que llamamos Internet (el Intenné para algunos, para que se me entienda) que dice que el 90% de cualquier cosa, es basura.

    Es decir, que incluso juntando el mejor catálogo de películas de los 80… o atrevámonos un poco más, el mejor catálogo de canciones de los 80 (escojo esa década por ser especialmente recordada como ‘buena’), el 90% de esa cuidad selección… es basura.

    En fin, una vez aprendí, por la vía difícil, que los sentimientos negativos hacia uno mismo son adictivos. Supongo que tendrá algo que ver con este gusto por la basura… quién sabe.

  • # Javi dice:
    16 de February de 2009 a las 16:53

    La televisión mantiene a la gente en casa. O lo que es lo mismo, hace que la gente no esté en la calle.

    A buen entendedor…

  • # Basura (1 y 2) dice:
    16 de February de 2009 a las 17:06

    […] Basura (1 y 2)lalengua.info/2009/02/basura/ por Señor_Pepino hace pocos segundos […]

  • # julifos dice:
    16 de February de 2009 a las 22:08

    No meterse con las cosas sin dar soluciones, por favor, que lo único que hacemos es perpetuar el “sino” (yo suelo hacer eso, llorar sin dar soluciones).

    El otro día vi un cacho de un programa de telebasura (de telecinco, en este caso) y escuché en cuatro minutos dos afirmaciones la mar de interesantes: la primera, que la adolescencia es una enfermedad (hablaban de nosequién que había asesinado a nosecuál chavala por ahí); la segunda, que los adolescentes se llenan el cerebro de mierda viendo la tv-basura. Eso, dicho en un programa de tv-basura. Y todos los invitados asentían mecánicamente. Y nosotros lo mismo, desde casa (no me queda más remedio que incluirme en el montón de caca del otro lado de la tv, porque vi aunque fuesen cuatro minutos). O sea, que ellos lo saben y nosotros lo sabemos, y entre todos lo seguimos haciendo y sabiendo. La alternativa es la mediocridad alternativa (o sea, otros programas de mierda en otras cadenas de mierda) y La 2, que lleva veintisiete años emitiendo “saber y ganar” y una buena pila de programas “duermeniños” (que ya he visto a los mismos putos leones africanos ochocientasmil veces en los últimos treinta años y ya sé cómo hacen las tortas de maíz en el pueblo nosecuántos de nosedónde, si hasta las he hecho yo mismo de puro aburrimiento). Eso, de gratis. De pago, lo desconozco, pero me lo imagino: tirando de archivo a saco (pelis, series, videoclips y documentales).

    ¿Os imagináis si la tele fuese como el cole? (pero bien, claro) En cada canal se hablaría de una cosa distinta: el de mates, el de lengua, el de literatura medieval, el de nutrición, meteorología, pensamiento filosófico, cine clásico… Cada uno con sus concursos, documentales, películas, etc. Todo relativo al tema en cuestión. Cosas para que los televidentes pudiesen *disfrutar* de cada materia, ya que el canal de botánica estaría pensado para amantes de la botánica y el de porno para los amantes del porno. También habría canales específicos para “noticias amarillas” (tipo “que nos viene la gripe aviar”, telediarios, cotilleos, realities, etc.): cosas políticas, tendenciosas o sin fundamento científico ni empaque cultural. Y canales residuales con telefilmes, teleconcursos, sectas, pitonisas, etc. O sea, como ahora, pero con emisoras “activas” de cosas interesantes. Y, por supuesto, gratis. Todo financiado por el estado. Que dinero para televisión interesante no habrá, pero pa’ tontás…

  • # Manuel dice:
    23 de February de 2009 a las 17:02

    Una tontería… ¿y si la evolución fuese producto de una mano ‘divina’?… a ver si va a resultar que llevan toda la vida enfrentados unos y otros, y mañana se va a descubrir que al final todo es una mezcla de ambas ideas… 😉

    Sobre la tele…

    Pues hombre, hay entretenimiento y entretenimiento… cuando éramos niños tuvimos la suerte (porque fue una suerte) de tener programas educativos… Barrio Sésamo, El libro gordo de Petete, las series de ‘Erase una vez…’, los Fraggle… que además eran entretenidas.

    Y como bien dices, los programas eran más elaborados, contaban con un guión y con profesionales que seguían el guión e incluso lo enriquecían.

    Pero hoy, mientras en los USA producen series como ‘Lost’ o ‘Heroes’ que poco o nada tienen que envidiar a las buenas películas, aquí se producen engendros como ’18’, ‘Física o Química’, o ‘Los Serrano’ que es como ‘Médico de Familia’ pero con tetas, culos y chistes guarros.

    Y si hacemos eso con las series… ¿qué podemos esperar de los programas en directo?… pues nada bueno.

    Hoy mismo, mientras comíamos, tenían puesto el programa de AR, donde entrevistaba a ¡¡¡Raquel Mosqueda!!!… una mujer, peluquera para más señas, cuyo máximo logro en la vida fue el haberse casado con Pedro Carrasco, un ex-boxeador.

    Y luego, se preguntan porqué pierden audiencia, porqué la gente no sigue sus series (no se si habéis visto el engendro ese de los domingos por la noche, el que discurre en un mercado) llenas de chistes fáciles, absurdos y gastados, o porqué la última edición de GH ha perdido audiencia.

    Yo, como tú, disfruto mucho más con un buen juego o una buena serie descargada del emule, que con cualquier basura de las que nos echan por la tele.

    De hecho, llevo 3 meses enganchado al GTA IV, disfrutándolo como un enano… y tranquilos, que aún no me ha dado por salir a la calle a matar a nadie.

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