Ars longa, vita brevis

Apología del mal comportamiento

25 de February de 2009

Eso de tomarse la justicia por su mano está mal, muy mal, mal. El Estado elige mediante oposición a unos señores y les paga un buen sueldo para que la administren. Ahora la Justicia permite los jurados, pero cada vez que un jurado mete la pata, los medios de comunicación, tan serviles con quienes no deberían serlo, se dedican a airearlo, para que dejemos de pensar que el pueblo puede juzgar al pueblo¹. Pero raramente veréis una noticia en que se os informe sobre lo bien que funcionan los juicios con jurado, si es que funcionan bien, que yo tampoco lo sé. Recordad que el sistema judicial es un instrumento para mantener a los pobres a raya, bien lejos de las mansiones de políticos, directores de banco y directores de periódicos.

Sin embargo, cuando doy una clase sobre el origen del lenguaje humano, siempre hablo con mucho cariño de esta extremidad, la mano, gracias a la cual podéis leer esto. Y no sólo porque lo esté escribiendo en un teclado. La postura bípeda que alcanzaron nuestros antepasados, forzada por la desaparición de los bosques de altos árboles en el África central y la proliferación de altas hierbas –necesitábamos ponernos de pie para ver a los depredadores, ya que nuestros antepasados monos ya no tenían árboles desde los que otear el paisaje–, dejó libres nuestras extremidades superiores, que pudimos empezar a usar para transportar objetos y comida. Esto, a su vez, liberó la boca, con la que gorilas y chimpancés portan las manzanas y otras viandas, así que la evolución buscó alguna utilidad: el lenguaje. Si no hubiéramos desarrollado unas manos tan bonitas y con unos preciosos pulgares prensiles, no podríamos haber gozado de un lenguaje como el que utilizamos hoy en día.

Por eso desconfío de las personas que hablan mal de las manos.

Puedes llamar cincuenta veces a la policía, pero hasta que no te pongas el batín encima del pijama y bajes hecho un basilisco, no te librarás de los sinvergüenzas que orinan en tu portal y rompen los recipientes de su botellón para que por la mañana tus hijos jueguen con sus cristales. En un mundo neurótico, a veces a la gente no le queda más remedio que administrarse su propia justicia, mientras la policía y los jueces se dedican a velar por los intereses de las multinacionales (ya sabéis: la importantísima lucha contra la piratería de prendas de alta costura).

Está muy mal armarse con una maza y destrozar un lugar de propiedad ajena. Los que tomaban sus chatos en la herriko taberna, mientras se reían y felicitaban por la bomba que había dejado sin hogar a unas cuantas personas, no habían, seguro, accionado el mecanismo a distancia, y probablemente no serían capaces ni de hacer daño a una mosca. Esto no hace sino crispar más a la sociedad vasca (TM), y no es el camino para arreglar las cosas. En fin, no voy a seguir repitiendo tópicos, poned las noticias y escuchad a cualquier político con sus buenas palabras.

Pero ayer ese hombre, cuyo nombre no voy a citar, cuya foto no voy a poner y cuya noticia no voy a enlazar, explicó casi sin palabras el significado de la expresión «tenerlos bien puestos». Y hoy es mi héroe.

(Mañana, quizás, empezará a pagar el resto de sus treinta o cuarenta años de hipoteca de una casa destrozada, mientras busca algún otro sitio donde vivir y los noticieros se hayan olvidado de él.)

(1) Utilizo el término «pueblo» como sinónimo de «gente», igual que en inglés, ya que no creo en las nacionalsocialistadas estas de «pueblo vasco», «pueblo español», «pueblo ario» ni otras por el estilo.

1 comentario en “Apología del mal comportamiento”

  • # A.H.Lippincott dice:
    26 de February de 2009 a las 23:22

    Mal, muy mal tienen que estar las cosas para que un vándalo sea el héroe nacional (y el mío, claro). Pero así están las cosas.

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