Ars longa, vita brevis

Sweet Caroline – Neil Diamond

30 de January de 2009


Enlace al vídeo en YouTube

Y ahora, miro la noche
y no parece tan solitaria.
Solo nosotros dos ya la llenamos.
Y cuando sufro
el sufrimiento se aleja rápidamente de mis hombros.
Sufrir es imposible si te estoy abrazando.

Uno tocando a otro,
acercando las manos,
tocándome, tocándote.

Oh, dulce Caroline,
los buenos tiempos nunca parecieron tan buenos.

Feliz fin de semana.

Lost es increíble

29 de January de 2009

El último capítulo emitido por ahora (ayer en los Estados Unidos, y yo lo acabo de ver con subtítulos en castellano, que podéis obtener aquí) es el tercero de la quinta y penúltima temporada. Y creo que es el mejor de todos los que he visto hasta ahora. Se va poniendo mejor cada vez, y la trama tiene buena consistencia, al contrario que muchos episodios de la cuarta temporada, donde daba la impresión a veces de que cuando no sabían cómo seguir el capítulo le daban al botón de deus ex machina y mandaban la coherencia a tomar por viento.

Y, cuando creía que no podía ponerse mejor (alerta: viene un spoiler moderado)…
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Historia nacional de la infamia

28 de January de 2009

Intentaré ser breve, aunque ya sabéis que no es mi fuerte.

Para ser bueno y justo, a veces es necesario ser cruel. De esas cosas está hecha la vida: de emociones agradables y de sinsabores. Como decían en aquella película: si todos los días hace sol, ¿qué demonios es un día soleado?

El hombre es un animal libre, y todo lo que sea restarle parte de esa libertad contribuye a transformarlo en un psicópata. Ah, pero también es un animal preparado para convivir en pequeñas sociedades, y estas ciudades enormes hacen que nos volvamos locos. Por eso, cuando el grupo de personas es demasiado grande, es necesario hacer leyes, porque es casi imposible que entre cien mil personas quedemos de acuerdo en algo, lo hablemos y lo respetemos. Hasta aquí, todo bien. Decirle a un hombre qué puede y qué no puede hacer, aunque a todos los políticos –e incluso a algunos hombres– les parezca estupendo, es una barbaridad antinatural, pero es lo que hay: o eso, o te compras tu isla y allí haces lo que quieres.

El problema viene cuando nos entra esta especie de fiebre legisladora y queremos que absolutamente todo en esta vida esté reglado por una serie de normas, leyes, decretos y órdenes. No podemos funcionar así: no somos robots. Cuando te pueden poner una multa por estar hablando con unos amigos en la calle, o por negarte a enseñar tu documento de identidad cuando no has hecho nada y estás tan tranquilo… o, vamos un poco más allá: cuando te obligan a registrarte con un documento nacional de identidad obligatorio, y a llevarlo contigo cada vez que pisas fuera de tu casa, cuando cada clic que haces en el navegador de Internet queda registrado para su posterior utilización contra ti –en caso de que sea necesario, claro–; cuando pueden hacerte desnudar para tomar un avión para el que has comprado y pagado un billete, ya hemos traspasado la línea de lo que yo, en mi corto entendimiento, considero razonable y necesario para la vida en común con esos extraños seres bípedos que son llamados, comúnmente, el prójimo.

Pero vamos al pastel: ¿dar un bofetón a tu hijo es un crimen? No, creo, aunque a causa del guantazo el niño tropiece y se deje la dentadura en el bidé. ¿Es maltrato? Bueno, si entendemos maltrato como la acción encaminada a hacer daño, no hay duda: sí, es maltrato. Qué le vamos a hacer. Frío es el lenguaje. Pero ¿hay que hacer una ley para cuando una madre da un bofetón a su hijo? No respondáis aún, esperad un par de párrafos.

Todos estamos en contra de los bofetones. A nadie le gustan, ni siquiera a los que, racionalmente, defienden que a veces es la única alternativa para educar o para evitar un perjuicio al menor de edad. Bien. La mayoría piensa que lo mejor es el diálogo (aquí, casualmente, coincido con la mayoría), aunque no hay nadie que niegue que en determinadas circunstancias el diálogo es inoperante. Por ejemplo, cuando un niño de seis años se empeña en conducir su bicicleta por dirección prohibida esquivando coches. Ahí, después de haber hablado e intentado razonar con él cinco o seis veces, te das cuenta de que no va a hacer caso. Se presentan dos alternativas: bofetón o castigo. Los del bofetón que esperen un momento, vamos a mirar lo del castigo.

Podemos quitar al niño la bici durante un período razonable, como una semana, informándole de que la privación de su medio de transporte se debe a su terquedad. Después de esa semana, es posible que haya aprendido la lección. Tal vez no, y entonces puede que sea necesario extender el período de condena.

Suponemos que el castigo va a causar al niño un malestar psicológico, que lo va a hacer sentir triste y algo frustrado. Para eso lo hacemos, ¿no? No con el mero objetivo de que se sienta triste y frustrado, lo que podría considerarse una tortura, aunque mínima, sino con el fin de que cada vez que sienta el impulso de manejar la bicicleta por dirección contraria, se acuerde de esa tristeza y esa frustración, la tema, y se lo piense dos veces.

Ahora bien, ¿esto no es maltratar al niño? Le estamos haciendo un daño, aunque se lo hacemos por su bien. Pero lo hace sentir mal, como un bofetón, o más, o menos; pero es en todo caso un malestar cuyo objetivo no entiende y que lo hace sentir desgraciado, un poco, y lo hacemos por su bien. La diferencia entre un bofetón es que en el primer caso el malestar es psicológico, y en el segundo físico y en parte psicológico también.

Aquí alguno podrá argumentar que el castigo psicológico es aceptable –supongo que todos–, y algunos dirán que, mientras este lo es, el castigo físico no. Pero bueno, en la Ley contra la violencia «de género», ¿no se acepta el maltrato psicológico como un maltrato también, igual de punible que el maltrato físico? Ya, soy consciente de que el padre tiene el derecho y la obligación de educar y corregir a su hijo, y una mujer, como persona adulta y autónoma, no tiene por qué ser educada por nadie; pero creo que se entiende por dónde va la comparación.

¿Cuál es la solución? Y yo qué sé.

Tal vez la solución sea dejar de dar a los políticos el gusto por dirigir todos y cada uno de los pequeños actos de nuestra vida. El hombre funciona mejor cuando se lo deja en su medio de libertad natural: sin miedo a que a cada paso que dé pueda haber un poli leyéndole sus derechos antes de llevarlo a la comisaría. Porque todos sabemos diferenciar entre una madre que suelta un bofetón a su hijo después de que este le haya tirado una zapatilla a la cabeza y una desgraciada que da una paliza a su bebé o le apaga cigarrillos en los brazos, ¿no?

¿No funcionaría (funcionaba) mejor el asunto si no montáramos tanto circo por una simple hostia a destiempo?

Triste

27 de January de 2009

El osito está triste el día de su cumpleaños. Y, por la razón que sea, yo estoy un poco sensible hoy y la imagen me ha llegado adentro. ¿Creéis que no puede ponerse más triste la cosa? Haced clic en «más».
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¿Está Ud. de broma, señor Feynman?

26 de January de 2009

Bajo este título se narra, con un estilo que engancha desde el principio, una especie de autobiografía de Richard Phillips Feynman, físico estadounidense, músico aficionado, profesor de universidad y una de las mentes más dotadas que ha dado la ciencia en el siglo XX.

A lo largo de las páginas del libro Feynman da un repaso –a través de otra persona que recoge sus charlas– a algunas de las anécdotas más interesantes y graciosas de su vida, desde su infancia, cuando arreglaba antiguas radios de válvulas ante el asombro de todos, hasta un momento no muy bien determinado de su vida madura. Feynman participó en el famoso Proyecto Manhattan, mediante el cual algunos de los científicos más brillantes de los Estados Unidos, vigilados –coordinados, decían ellos– por el ejército, diseñaron las bombas atómicas que arrasaron las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

La parte dedicada al Proyecto es bastante divertida. Feynman, en ese momento, era un apasionado de los cierres de seguridad y el arte de la cerrajería, y demostraba día tras día a sus superiores que toda la seguridad del complejo de Los Álamos era en realidad bastante endeble, y en varias ocasiones esta habilidad estuvo a punto de causarle problemas. Por suerte, los espías del momento no eran tan hábiles ni estaban tan al tanto de los fallos de seguridad, y menos mal, porque si no podría haber sido que Hitler hubiera tenido la bomba primero. ¡Glups!

También se hacen muy amenos los capítulos en donde Feynman cuenta su estancia en Brasil como profesor invitado, su afición a tocar el tambor e incluso su participación en grupos de samba. Está claro que Feynman no era el típico nerd que cualquiera podría imaginarse cuando se habla de un científico superdotado (gafas de pasta con la patilla pegada con esparadrapo, camisa de manga corta con corbata y un forro interior de plástico en el bolsillo para protegerla de la tinta de los bolígrafos), sino una persona que, si bien en cuanto pensaba en física el resto del mundo a su alrededor desaparecía, era capaz de disfrutar de muchas otras cosas de la vida: el baile, la pintura, la música, etc.

Solo hay una cosa que a veces me exaspera de Feynman: cuando no entiende algo, o no le interesa, le niega todo interés y toda lógica. Un ejemplo de esto es la filosofía. Después de algún encuentro, o desencuentro, con un grupo de filósofos paletos, llega a la conclusión de que la filosofía no tiene ningún sentido, lo que es una lástima, porque creo que una mente tan asombrosa como la de este hombre podría haber dado unos buenos frutos a la ciencia de las ciencias. Pero no se puede tener todo en esta vida. Y a menudo, los genios son unos completos ineptos en los campos que no son de su interés. Mozart era un personaje aniñado, Einstein, un despistado casi absoluto, y Quevedo era una persona capaz de desarrollar una maldad y un rencor proverbiales.

No es infrecuente encontrarse esta misma actitud en mentes mucho más pequeñas que la de Feynman. Casi todos los que hemos estudiado letras hemos tenido que padecer, en la época de instituto, compañeros que tiraban por las ciencias y que constantemente insistían en el viejo prejuicio de que las letras son fáciles, son para gente fracasada, no inteligente o vaga. Y, lo peor, es que este prejuicio ha sido alimentado a lo largo de los años de profesores de ambas disciplinas, la de las ciencias naturales y la de las ciencias humanas. Los profesores de ciencias, diciendo a sus alumnos día tras día que lo suyo era lo único que merecía la pena, y menospreciando a las humanidades; los de letras, bajando el nivel de exigencia año tras año, hasta convertir la mayoría de las asignaturas de letras en auténticas marías a las que se iba la gente que no quería estudiar mucho, pero tampoco quería ponerse a trabajar.

Semejantes enanos mentales tenemos, en número considerable, en nuestros centros de enseñanza. Profesores que desprecian una gran parte del saber, precisamente la que tiene que ver con ser humanos. ¡Qué país! Por suerte, casi siempre las mentes grandes para la ciencia son, simplemente, mentes grandes, y admiran y respetan la grandeza de la obra humana tanto como la de la obra natural –divina, dirían algunos–. Desde Aristóteles hasta Clarke, recientemente fallecido, casi toda la gran ciencia ha sido desarrollada por mentes abiertas, generosas, y capaces de disfrutar con la belleza del baile del cosmos y con la de la destrucción de la Ilíada. Después ha habido siempre, y seguirá habiendo, cerebros pigmeos que se cierran ante todo lo que no sea su escaso –aunque especializado– entendimiento y acaban, por muy listos que se crean, de profesores de instituto. ¡Qué país! ¿Lo he dicho ya?

Lamentablemente, en España, la filología no es considerada propiamente una ciencia, en gran parte por culpa de los filólogos. Nos empeñamos en no tratar los versos con la fría vista del que mira por un microscopio, y explicamos los poemas como si fueran una especie de truco de magia, queriendo que se entiendan cosas que no dice la observación y la catalogación, sino el furor cuasi divino. Sin ir más lejos, en el mejor manual existente sobre la historia de la lengua española, una obra monumental y que todo el mundo debería tener en su estantería junto a El origen de las especies de Darwin, Rafael Lapesa sostiene astracanadas como que el castellano se impuso en la Península sobre otros dialectos latinos por su fuerza viril (sic, o casi). ¿Así pretendemos que se respete lo que estudiamos y enseñamos?

En la carrera no me dieron prácticamente ninguna formación científica. Y eso que era imprescindible para varias de las materias que se enseñaban, desde la fonética (donde había que leer extraños espectogramas, similares a las líneas ascendentes y descendentes que escriben los sismógrafos) hasta la lingüística matemática y computacional, que diseña procesos de compresión de la información (sí, también en los ordenadores), realiza estadísticas de palabras y sintagmas y programa software de traducción automática. ¿Quién creíais que hacía eso, los ingenieros informáticos? Sí, por supuesto; con la ayuda imprescindible de los filólogos. De los filólogos extranjeros, estadounidenses, por ejemplo, a quienes gente como Chomsky les enseña a ver el estudio de la lengua como lo que es: una ciencia. Pero estoy divaganado…

Por este grave déficit en mi formación científica, a pesar de la cual tengo un título universitario, siempre procuro leer varios libros de divulgación científica al año. Porque todo es maravilloso, amigos: desde el primer latido del Big Bang, hasta la primera línea de Cien años de soledad, todo maravilloso. ¿Creéis que merece la pena perderse cuaquiera de las dos cosas por la pobre y mezquina emoción de sentirse mejor que el compañero de pupitre? Bah.

Os recomiendo el libro, simplemente como una obra de entretenimiento, porque todo está narrado con una soltura y una simpatía que se contagian; o porque conocéis la persona de Feynman y queréis conocer el personaje; o porque os gusta la historia, o la ciencia. En cualquier caso, exceptuando algunos pasajes que son algo oscuros a los que en esto de la ciencia somos solo aficionados, todo el libro se lee con gran disfrute y aprovechamiento. Leed y disfrutad, este libro o cualquier otro.

Enter Sandman, por Lolcatz

23 de January de 2009

Todos conoceréis esta canción de Metallica, como es vuestra obligación:


Enlace al vídeo en YouTube

Say your prayers, little one,
don’t forget my son
to include everyone…

Pues aquí tenéis una nueva prueba de la superioridad evolutiva de los gatos: son capaces de cantar la letra de la canción completa, simpemente haciendo posturas. Para ver la imagen completa, haced clic en ella, o aquí.

Vía Digg.

This One – Paul McCartney


Enlace al vídeo en YouTube

Did I ever take you in my arms,
look you in the eye,
tell you that I do.

Thid I ever open up my heart,
let you look inside.

If I never did it
I was only waiting
for a better moment
that didn’t come.

There never could be
a better moment than this one,
this one.

¿Alguna vez te he cogido entre mis brazos,
te he mirado a los ojos
y te he dicho que sí?

¿Alguna vez he abierto mi corazón
y te he dejado mirar?

Nunca lo hice,
siempre estaba esperando
un momento más propicio
que no llegó a producirse.

Nunca habrá un momento más adecuado
que este, precisamente este.

Lo mismo, pero dicho a lo culto: carpe diem. Feliz fin de semana.

Relaciones bilaterales

22 de January de 2009

Ellos no cedieron, y yo tampoco. Estoy convencido de que en una situación como esa, en la que uno decide no bajarse los pantalones ante el Sistema, es preciso pagar las consecuencias si las cosas no funcionan. […]
Es uno de esos juegos que a mí me gustan. ¿Quieren un recibo? Pues no se lo voy a dar. Pues entonces no le pagaremos su dinero. Vale, no lo quiero. ¿Que no se fían de mí? Pues al infierno con ellos; no tienen por qué pagarme. ¡Ya sé que es absurdo! Ya sé que así es como funciona el gobierno. Bueno, que le den… al gobierno. De lo que estoy convencido es de que los humanos han de tratar a los humanos como seres humanos. ¡Y a menos que me traten así, no estoy dispuesto a tener nada que ver con ellos!

Richard P. Feynman: ¿Está usted de broma, señor Feynman?

Estupenda cita de este libro, que me reconcilia con un personaje que en otros pasajes me estaba cayendo un poco gordo. Condensa muchas de las cosas que pienso sobre el Estado. Especialmente hoy, que he tenido que tomar el avión para venir a Málaga. A mi padre, que traemos para que lo operen de la columna –una operación muy delicada, obligatoria porque tiene la espalda hecha polvo– le han hecho pasar el bastón por el escáner, por si llevaba dentro un láser o vete a saber qué. Eso en Melilla. Cuando llegamos a Málaga… otra vez a pasar por el escáner el bastón y todo el equipaje. ¿Se supone que hemos comprado una bomba en el avión? Porque a mí las azafatas solo me han ofrecido bebidas refrescantes.

A las mujeres, por cierto, les han hecho descalzarse y ponerse unas ridículas bolsas de plástico verde en los pies. Cada vez somos más ganado y menos seres humanos. Como la vaca, que en el matadero la empujan y va caminando sin protestar, a pesar del nerviosismo que le producen los mugidos de agonía de sus compañeras.

Lo digo una vez más: entendemos esto de la libertad a la inversa. Lo entendemos como si fuera un regalo que nos han dado los gobernantes y no es eso. Es una propiedad nuestra que nos arrebatan poco a poco, sin que levantemos un dedo para objetar. Pagas tu billete, y pasas por el aro: te quitas el cinturón, el reloj, te despojas de tu cartera, fuera zapatos, pendientes, collares, anillos. Te desprendes del bastón que te ayuda penosamente a caminar (¿qué harán con la gente que va en silla de ruedas?). Y, como se te ocurra protestar, te quedas en tierra. Quizás con alguno de tus orificios corporales, lo más privado que hay en la existencia, profanado por un lascivo guante de látex.

A un caballero que iba por delante de mí el guardia de seguridad –ni siquiera era un policía– le ha conminado a que se quitara el cinturón. «Perdone, es que no lo sabía». Cuando el señor ha pasado adelante, el guardia ha dicho medio por lo bajini: «Pues debías de saberlo (sic)». Imbécil.

¿De verdad os sentís más seguros con toda esta mierda? Y perdón por la palabrota, pero no se me ocurre término más preciso.

Amigos malagueños, no me llaméis, ya que estoy aquí en un viaje relámpago por motivos médicos y tengo el tiempo justo para estar con mi familia hasta que a mi padre lo metan en el quirófano. Sé que os preocupáis y que os acordáis de mí. Gracias.

Tu cara

21 de January de 2009

Creo que Dios me ha dado una hermosa cara. Estoy muy agradecida por mi cara. Creo que muchas cosas en mi vida tienen que ver con mi fe en Dios. Con mi fe en Dios expreso belleza, viene de mi interior, del Espíritu Santo. Cuando pienso en el Espíritu Santo siento que estoy proyectando belleza. Así que por eso tengo una cara hermosa, gracias a Dios.

El artista Simon Høgsberg disparó diez fotografías a diez rostros neoyorquinos, y les hizo una sencilla pregunta: ¿Qué opinas sobre tu cara? Aquí tenéis todas las respuestas.

Tu dinero

19 de January de 2009


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Esto es lo que hacen muchos europarlamentarios con tu dinero, vía Menéame. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Si alguien tiene una idea, ahí están los diminutos –por el momento– comentarios.

Hay que comer

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